29 de diciembre de 2008

Otro año que se acaba

Como según van las cosas parece evidente que voy a llegar viva al año que viene, y aprovechando que el jefe ahora mismo no me vigila, voy a tener un alarde de originalidad, y hacer balance de estos últimos doce meses.
¿Qué decir del año que nos deja? Pues así, de primeras, que menos mal que se acaba. Llega a durar un mes más y no garantizo haber llegado a nochevieja. Demasiadas cosas, tanto buenas como malas, para una recién rehabilitada a la no demasiado sana costumbre de vivir. Yo quería un añito tranquilo, sin demasiados contratiempos, a ser posible en el que todo se quedase igual que como había acabado el año anterior. Y si me pongo a hacer recuento, de hace doce meses no conservo ni la talla de pantalón.
Pero en fin, kilos no es lo único que he ganado. Y no todo lo que ha venido ha sido malo, así como no todo lo que se ha ido era bueno.... aunque eso no quiere decir que no lo vaya a echar de menos.
Tantas cosas han acabado, tantos planes se han truncado, tanto ha cambiado todo... Casi tanto como cosas han comenzado este año, planes se han retomado, e ilusiones se han recordado. Tantas que no me queda otra opción que admitir que, por primera vez en bastante tiempo, espero con ilusión que llegue el nuevo año. Y no solo para poder estrenar mis calendarios del Worl of Warcraft, dicho sea de paso. Se han puesto en marcha demasiados engranajes, me parece a mi, como para que en el 2009 se paren sin más todos de golpe.
En fin. Ya veremos lo que sucede. Por lo pronto, aún sigo por aquí. A ver por cuánto tiempo, pero aquí sigo.

¡Y hasta ocupa toda la página!

Abres el periódico. No esperas encontrar ninguna noticia relevante; a fin de cuentas, es un periodicucho gratuito, más un panfleto propagandístico que otra cosa, en manos del poder político y económico reinante en cada momento en este país en el que reina la libertad de expresión, siempre que digas lo que los que mandan quieren que digas. Pasas las páginas de noticias nacionales e internacionales, ojeas someramente las de sucesos, ignoras las de sociedad, y vas directo a las de programación, para decidir qué canal verás esta noche. Cuando acabas - y no has tardado ni la mitad de los minutos que afirma la portada que se tarda en leer -, doblas el periódico y lo colocas en el espacio entre la ventana y el asiento del tren, y paseas la mirada por el vagón, distraido, soñoliento, pensando en las pocas ganas que tienes de ir a trabajar un lunes, en la lista de la compra, en el plan para el fin de semana, en las tetas de la rubia que está sentada frente a ti...
Y al girar la cabeza hacia la ventana de tu derecha, algo te llama la atención. Repites a la inversa el arco que acaban de trazar tus ojos, y una fotografía en el periódico que está leyendo la anciana que se sienta a tu lado te hace soltar una exclamación. No estás muy seguro de que sea quien acabas de reconocer, así que recoges el periódico que acabas de desechar, buscas la página por la que la anciana lo tiene abierto, y lees el artículo.
Sí, el nombre coincide. Sí, la biografía y la profesión coinciden. Pero aún no te lo terminas de creer. Doblas apresuradamente el periódico, que se te cae al suelo en el proceso, pero no te agachas a recogerlo. Sacas el móvil, y marcas su número. Una voz perezosa te responde.
- ¿Mñsi?
- Oye, acabo de ver el periódico...
Una risa irónica te corta en mitad de la frase
- Eres el séptimo que me llama para decírmelo. ¿No podíais esperaros a que estuviera despierta? Por Dios, Alex me ha llamado a las seis y media
- Ah... perdona. - Pero aún no ha solucionado tu duda - Pero... ¿de veras eres tú?
Otra risa. Esta vez parece más una carcajada, de hecho.
- Pues sí. Ya sé que es difícil de creer, con la foto y el nombre y todos los datos avergonzantes sobre mi vida, que no dan ninguna pista sobre quién es... Pero sí, soy yo.
- Pero eso... ¡Es fantástico! ¡Felicidades! Yo...
- Son las siete y cuarto de la mañana, y es mi primer día de vacaciones... ¿Te importaría llamarme a partir de la una? Si quieres hasta quedo a comer contigo, o a cenar cuando salgas del curro. Pero tío, es que tengo sueño...
- Sí, si, vale - Pues sí que han tardado poco en subírsele los humos a la señorita... - Pues te llamo esta tarde entonces... ¡Y felicidades de nuevo!
Cuando cuelgas, recoges el maltrecho periódico del suelo, y vuelves a la página con el reportaje. No te lo puedes creer. Te entran ganas de decirle a la anciana de tu lado que la que sale en la foto de la página que lee es amiga tuya. Te entran ganas de decírselo a todo el mundo. Eres amigo de una famosa... Y te empiezas a morir de envidia al pensarlo.
- Tendrá suerte, la muy guarra...

24 de diciembre de 2008

I wanna be free - Dani Moreno

Es oír esta canción, y cambiarme el humor ^^ No creo que el estilo musical sea de vuestro agrado, pero a mi me encanta.



Es un vídeo de un fan, pero está bastante logrado.

23 de diciembre de 2008

Rodilla vs KFC

Hoy, en el descanso para comer, he decidido irme a dar una vuelta por La Vaguada. Además de porque los compañeros con quienes suelo ir a comer hoy no estaban, porque me apetecía estar sola. He comido en un Rodilla, y mientras me preguntaba la relación entre el nombre de la cadena y el tipo de comida que sirven - meditación que dejo para otro momento -, empecé a observar los zapatos de la gente. Observé anonadada la inmensa cantidad de mocasines y náuticos que abarrotaban las mesas. Al seguir con el escrutinio, vislumbré un par de botas de boxeo, unas converse, y dos o tres pares de esos zapatos que uno no sabe si son deportivas, zapatos o pantuflas.
Llevada por la curiosidad, levanté la vista hasta las indumentarias de aquellos zapatos. Y vi un montón de vaqueros de diferentes cortes, y muchos pantalones con la raya planchada. Al subir descubrí que no había apenas hombres, y que casi todas las melenas que había en el local eran rubio oscuro, con alisado de peluquería y el flequillo a un lado.

Giré la cabeza hacia el Kentucky Fried Chicken - nombre que no me hace preguntarme la relación que pueda tener con la comida que sirven, que es pollo frito -, y veo una cola kilométrica frente al mostrador, compuesta en su mayoría por grupos de dos o tres hombres vestidos con monos de trabajo, y adolescentes cuya manera de vestir debería estar penada con la cárcel.

Y yo me pongo a pensar...Con estos datos, ¿Deducimos que los sandwiches son la comida de las clases sociales acomodadas, y el pollo frito el del proletariado?

Lo gracioso es que tanto el Kentucky Fried Chicken como el Rodilla son tan insultántemente caros, que yo ni siquiera me planteé comer o merendar en alguno de ellos hasta que mi sueldo mensual neto superó los mil euros...

Y cuenta la leyenda...

Mi historia para el concurso de relatos de MFS, en el cual no puedo particpar porque soy juez. De nuevo me paso la restricción de longitud por el forro... A fin de cuentas, no participo en el concurso :P

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El niño se subió al regazo de su abuelo tan cuidadosamente como pudo, para no hacerle daño. Ya pesaba bastante más de lo que las piernas del anciano podían aguantar, pero aquella tarde le había pedido que le contase aquella historia de nuevo, y para contársela siempre le sentaba en su regazo.

- ¿Y cómo se llamaba? - preguntó el niño por enésima vez.

- Nadie lo sabe con certeza - el anciano entrecerró los ojos para darle más énfasis a sus palabras - Algunos, que tuvieron la suerte de verle, dicen que por su porte y armadura, debía ser un noble caballero. Blandía una espada tan brillante como el alba, y un enorme escudo en el que llevaba grabado su blasón.

- ¿Y no hay nadie que recuerde cómo era el blasón, para poder identificarle? - el niño se removió ansioso sobre las rodillas de su abuelo. Se sabía aquello de memoria, pero seguía encantándole que su abuelo se lo contara.

- No se sabe cómo era el dibujo del escudo, aunque algunos dicen recordar que llevaba dibujada, en el tabardo que le cubría la armadura, un águila negra con las alas extendidas y el pico abierto.

- ¡Pero no hay ningún escudo de armas con esa descripción en este el reino!

- Bueno, uno no tiene por qué llevar su escudo de armas dibujado en el tabardo - el anciano se rascó la cicatriz que le surcaba la frente de sien a sien, como pensativo - podía ser su animal de la suerte, o una cuestión de moda...

El niño volvió a encauzar la conversación.

- ¿Y cómo es que nadie guarda constancia de él? ¿No pertenecía a ningún ejército? ¿No había ningún registro en el que estuviera inscrito?

- Él no pertenecía a nuestro país. Era terrateniente en las tierras al otro lado de las montañas. Pero cuando noticias de la guerra llegaron a sus oídos, indignado por la masacre que estaba teniendo lugar en nuestras tierras, se unió a la lucha. Éste caballero era tan poderoso, que permaneció en el campo de batalla hasta que llegaron las tropas del Norte a protegernos. Peleó contra flechas, espadas y hachas, pero las heridas no podían frenarle. Era más fuerte su determinación de protegernos que cualquier herida que le infringieran.

El jovencito observaba a su abuelo con los ojos como platos, y la boca abierta en una exclamación muda.

- Hay quien dice que cayó en combate, tras haber logrado retener al invasor el tiempo necesario, débil por las heridas recibidas. Otros dicen que tras aquella batalla volvió al Norte, donde vive desde entonces. Y otros que tras reponerse de sus heridas, decidió quedarse en estas tierras, y dedicar sus riquezas a asegurar la paz y la prosperidad del país que le ha adoptado.

- Tú también naciste en las tierras del Norte, abuelo. ¿En tu país no hay ningún blasón como el que llevaba el caballero en el tabardo?

El anciano se recolocó el cabestrillo en el que llevaba el brazo derecho, inmóvil desde hacía años, y se rascó la cabeza, pensativo.

- No que yo recuerde... ¿Y sabes por qué?

- No - mintió el niño. Claro que lo sabía, habían tenido esa misma conversación un millar de veces.

- Hijo... ¿No crees que alguien tan valeroso y conocido podría desaparecer tras la batalla como desapareció éste? Si ese hombre hubiera existido, ahora sería rey. Está claro que este hombre es sólo una leyenda...

- ¡Seguro que no! Seguro que este caballero no buscaba poder, y su causa era totalmente desinteresada. ¡Por eso desapareció, porque no quería reconocimiento!

El anciano se rió entre dientes. Ese mismo guión lo seguían cada vez que a su nieto se le antojaba oír de nuevo aquella historia.

- ¿Así que crees que puede haber un hombre así en el mundo, eh?

- ¡Pues claro! - el niño se bajó de un salto de las piernas de su abuelo, e hinchó el pecho con orgullo - ¡Y yo voy a ser igual que él!. ¡Voy a ser un gran caballero que luche por la justicia y defienda al débil! ¡Ya verás como sí!

El niño se alejó con sus mejores pasos de indignación, mientras que el anciano, sonriente y orgulloso, le veía alejarse y salir de la habitación.

- Es sólo cuestión de tiempo, pequeño... A fin de cuentas lo llevas en la sangre - murmuró.

Sé que lo estás deseando...

Sé que estás muerto de curiosidad. Que quieres acercarte y descubrir si estoy realmente dormida o solo pretendo estarlo. Quieres levantar las mantas para descubrir qué pijama llevo puesto esta noche, o si llevo puesto algo o nada en absoluto. Te tortura el pensar que puedo estar desnuda bajo la ropa de cama, durmiendo a tu lado, indiferente a tus pensamientos, o esperando que vengas a hacerme compañía, muy consciente de ellos.
¿Pero y si sólo estoy durmiendo? No quieres despertarme. No quieres turbar mi descanso, aunque tú ya llevas turbado un buen rato.
Admite que lo que de verdad deseas es colarte bajo mis sábanas, despertarme si es que dormía, recorrerme con tus labios, calentar tu cuerpo con el mío... No es que quieras tener la certeza de lo que llevo puesto o de si duermo o no; lo que quieres tener es mi cuerpo.

Pues ven y tómalo. Ya sabes lo que me gusta que me despiertes de ese modo.

Y yo me pregunto...

Un día de esos que una se levanta preguntona, me dio por preguntar a mi jefe de proyecto - que es fotógrafo en su tiempo libre - sobre la rigidez de horarios. Me explicó que antes, en el departamento en el que estamos nosotros, la gente se tomaba lo de la "flexibilidad horaria" a coña, y las supuestas ocho horas y media diarias acababan reducidas a poco más de siete. Todo esto me lo dijo muy serio y con tono de total comunión con la decisión que se tomó para acabar con el cachondeo. Y yo, también muy seria, le pregunté: "O sea, que porque los jefes de proyecto no hicieron su trabajo, yo no puedo entrar una hora antes para poder salir una hora antes y atender a clase, ¿no?"
Porque son los jefes de proyecto los que deben controlar que sus subordinados hagan las horas de trabajo que tienen que hacer.
La respuesta fue "Si, pero algo tenían que hacer para que la gente se tomase el trabajo en serio"

Otro día, asistí a una pequeña discusión referente a unos tickets restaurante que no se habían entregado a tiempo. Curiosamente, a mi tampoco me los habían entregado a tiempo, aunque yo no montara el numerito en mitad del pasillo para mostrar mi indignación. Y de nuevo me dio el día tonto, y le pregunté a mi jefe de proyecto por qué había tanto cachondeo a la hora de dar los tickets restaurante, que supuestamente se daban una vez al mes, pero en la práctica se entregaban más o menos cada mes y tres semanas. Me respondió que antes se repartían más a menudo, pero que los empleados empezaron a coger tickets cada diez y quince días, y al final hubo que ponerse drástico. De nuevo, me lo dijo con el tono de quien opina que se hizo lo correcto. Yo, con los ojos como platos, con mi expresión de "entiendo lo que me quieres decir, pero voy a hacer como si no lo hiciera para tocar los cojones", le pregunto de nuevo: "O sea, que porque los de recursos humanos no hicieron su trabajo, yo no tengo tickets restaurante, ¿no?". Porque quien debe controlar que los tickets se den una vez al mes y no más a menudo son los de recursos humanos.
Y de nuevo la misma respuesta: "Sí, pero algo se tenía que hacer"

Ayer cuando sonó el despertador, observé con pasmo que mi cuerpo se había revelado. No solo a la hora de levantarme mis músculos se negaron a moverse, sino que mi estómago se negó a retener el café del desayuno, y mi garganta se negó a emitir sonidos inteligibles cuando intenté llamar al trabajo para decir que no iba a poder ir. Y para más inri, cuando me acerqué arrastrándome al centro de salud de al lado de donde vivo, para que me atendieran y me firmasen un justificante de no asistencia al trabajo, la muy bien maquillada - aunque de poco le servía - funcionaria que me atendió al otro lado del mostrador me dijo que como no estaba empadronada allí, no iban a atenderme, y que debía ir a mi centro de salud (que queda como a hora y cuarto de donde vivo ahora, dicho sea de paso) si quería que me viera un médico.
Conseguí llegar hasta el centro de salud al que estoy adscrita, y tras hora y media de espera y otra hora de reconocimiento y análisis, el dictamen del médico fue que lo que tengo son nervios. Me pregunto la envergadura de dichos nervios, que han sido capaces de impedirme moverme, e incluso hablar, durante horas.

Si es que últimamente no paro de preguntar tonterías...

15 de diciembre de 2008

Feliz Navidad ^^

Me gusta la navidad.

No, no me gusta porque sea especialmente religiosa. Tampoco porque me guste que me hagan regalos, o porque haya días de fiesta a patadas. Ni siquiera por la paga extra (bueno, por eso quizá un poco).

Me gusta por el ambiente que hay cuando uno sale a la calle: La gente vestida con abrigos que hacen que parezcan el doble de gruesos de lo normal, paseando en parejas o grupos por la calle, riendo, hablando más alto de lo normal, cargando enormes bolsas llenas de comida o regalos, o llevando diademas de reno, gorros de Papa Noel, o pelucas de colores. Niños empaquetados en gorros, bufandas, guantes y anoraks, con los ojos abiertos como platos contemplando los adornos navideños de las calles. Puestos de castañas asadas y mazorcas de maíz. Bocadillos de calamares y las aglomeraciones frente al Cortilandia (algo tan madrileño que muchos no sabrán a lo que me refiero)...

Me gusta ver Madrid iluminado por esas lucecitas tan horteras que siempre dan que hablar y cuyo mal gusto se comenta en las noticias durante una semana. Me pone de buen humor pasear por la Gran Vía embutida en mi plumas, viendo cómo mi aliento se convierte en vaho nada más salir de mi boca y mi nariz. Me gusta pasear por los centros comerciales y contemplar el frenesí consumista que invade a madres en particular, y a todos en general.

¿Y sabéis qué es lo que más me gusta? Cuando se acerca una fiesta, todo el mundo suele desearse que lo pasen bien. Pero en navidades, la gente se desea felicidad. ¿Nunca os habéis fijado? No dicen "pasa buena navidad", dicen "feliz navidad". Es una pequeña diferencia de matiz, pero aunque muchos lo hayan pasado por alto, que a mi me deseen que sea feliz me hace pensar que el ser humano no es tan malo como parece, cuando aunque lo diga sin darse cuenta del significado de sus palabras, les desea a los demás ser felices, y que tengan prosperidad en el futuro.

Así que feliz navidad a todos, y próspero año nuevo.

10 de diciembre de 2008

Primeros pinitos con los microrrelatos

Vamos a ver. Ultimamente, a raíz de mi acercamiento a la teoría de la escritura, he leído bastantes microrrelatos... Y mira tú por dónde, se me ha ocurrido uno. Ni sé si es bueno o malo, ni si es largo o corto, o una chorrada como una casa. Así que os pido a vosotros, los que sabéis más de esto, que me comentéis con vuestra opinión. Porfa. Que todos fuimos novatos en todo en su momento ^^U


Érase un hombre que fue.

9 de diciembre de 2008

Entrevista laboral

¿Qué le pides a un trabajo?
*Que me dejen atender a la facultad y que la conexión a Internet no esté capada*
Un ambiente cooperativo en el que poder aprender y desarrollarme como profesional

¿Dónde se ve dentro de dos años?
*Con mi primer libro editado, o empezando a hacer mis pinitos como actriz. Quizá me meta a la enseñanza, o me vaya a vivir a Japón una vez haya aprendido lo suficiente del idioma. Y con un piso de propiedad en la calle Fuencarral al que el portero del edificio subirá las cartas y paquetes de mis admiradores*
Pues espero haber pasado por programadora Junior y Señor, y empezar a trabajar más de cara al diseño de los proyectos que a su programación. Y quizá trabajando en el extranjero.

¿Cuál es su mayor virtud?
*Mi talla 110b de sujetador*
Mi capacidad de autoaprendizaje

¿Y su mayor defecto?
*Mi mal genio*
Que al ser programadora junior aún me quedan muchas cosas por aprender. Pero es lo malo de la informática, que siempre hay que estar aprendiendo cosas nuevas.

¿Estarías dispuesta a cambiar de domicilio?
*Pero vamos a ver. ¿El puesto no era para Madrid? ¿Entonces por qué me pregunta eso?*
Si es necesario, sí, por supuesto.

¿Qué puedes aportar a nuestra empresa como profesional?
*Si te soy sincera, nada. Bueno, dependiendo del porcentaje de trabajadores hombres que haya en su empresa, igual les alegro la vista…*
Mis ganas de aprender y mi capacidad de aprendizaje, además de los conocimientos con los que ya cuento.

¿Y qué te podría aportar la empersa a ti?
*Un sueldo y conexión a Internet durante todo el día. Ni se imagina lo liada que estoy desde que soy coordinadora de la sección de literatura en la asociación a la que pertenezco. Y el alquiler no se paga solo, por supuesto*
Un ambiente ameno de trabajo, e ir aumentando mis conocimientos sobre la programación

¿Cuáles son tus expectativas salariales?
*No sé. ¿Cuánto pagan a los escritores por libro editado? ¿Y a los actores por película o por capítulo de serie? Dios, cómo me molaría recibir un cheque por derechos de autor de alguno de mis libros*
Entre XXXXX y YYYYY euros brutos anuales.


Se admiten sugerencias sobre más preguntas tópicas que se me hayan olvidado xD

3 de diciembre de 2008

26 Cumpleaños

Hola, me llamo María Eugenia, y tengo 26 años.
Así, como en un grupo de ayuda a ex-alcohólicos. Y de fondo, tras decirlo, se oirá un coro: "Hola María Eugenia"

Desde el lunes tengo un añito más. Lo cual ya de base es una estupidez, porque cada día que pasa sólo se envejece un día más; uno no se levanta de pronto una mañana y descubre que es un año más viejo que cuando se acostó. Cuando me preguntan que cómo me siento, en mi cumpleaños, siempre respondo "pues un día más vieja". Una lástima que no todo el mundo sepa apreciar mi agudo humor inglés.

El caso es que ya he sobrepasado la frontera del cuarto de siglo. Para muchas personas, he pasado a ser considerada una adulta. Es gracioso, porque jamás me he considerado menos adulta que ahora. Pero bueno, siempre he dicho que cuanto mayor me hago menos entiendo a los adultos; no considerarme una adulta será un efecto secundario de esa aseveración.

Y bueno, uno de los efectos de cumplir 26 años, que tengo que agradecerle con todo mi corazón a esta mierda de sociedad en la que vivo, es que me están entrando los agobios. Que estoy a un paso de los treinta y aún no he terminado la carrera, que debería dejar de dar botes como una pelota de ping pong y sentar la cabeza, dejar de pasar de un trabajo a otro y quedarme de una vez en uno para conseguir estabilidad, ahorrar para conseguir una casa en propiedad, con tres habitaciones, trastero y plaza de garaje... Sí, el tiempo se me echa encima. No he hecho nada de lo que debía (o al menos me lo parece) en 26 años, y ahora de pronto me da por querer hacerlo todo en una semana.
¿Pero qué pasa con lo que quería hacer? Bueno, pues quería ser actriz. También quería ser escritora y dibujante. Y antes de eso, arqueóloga. Quería viajar a Egipto y a Japón. Quería vivir la historia de amor más bonita de todos los tiempos. Quería ser rica y famosa por méritos propios. Quería saber un montón de idiomas. Quería saber artes marciales.Quería tener un montón de ropa bonita y elegante que me hiciera sentir como una reina cuando saliera a la calle. Quería ser respetada y admirada por la gente. Quería ser feliz.
Y claro, al igual que con todas las cosas que debía haber hecho por estas fechas, tampoco he hecho absolutamente nada de lo que quería. De hecho, se me olvidó durante mucho tiempo qué era lo que quería, estando tan ocupada en sentirme culpable por no hacer lo que debía. Todo este tiempo no he querido hacer lo que debía, porque solo pensar en convertirme en uno de "ellos" me da nauseas. Y no he hecho lo que quería porque no debía hacerlo, pues me granjearía - aún más - la reprobación y la enemistad de mis familiares, y me colgaría el cartel de oveja descarriada (ey, un momento,¡ese ya lo tengo!).

He tenido 26 años para pensar en ello. Lo he meditado largo y tendido, ante los escaparates de las librerías, viendo series de televisión cuyos actores son más jóvenes que yo, trabando amistad con gente que hizo lo que debía, y con gente que hizo lo que quería.

Y creo que ya he pensado demasiado. Como he dicho antes, me han entrado los agobios. Me parece que ya es hora de empezar a hacer algo.

26 de noviembre de 2008

¿No crees, mamá?

Mírame mamá, mira que bien me queda este body, este tutú y estas medias rosas. Mira cómo me subo al escenario en la fiesta de fin de curso, mira cómo bailo con mis compañeras, mira cómo el lazo de mi tutú es más bonito. Mira cómo bailo mamá, mira cómo bailo.

Fíjate mamá, yo solita he escrito a Sopa de Gansos, y voy a salir en el programa. Fíjate cómo me he sentado en la primera fila, para que se me vea todo el tiempo. No sé cantar demasiado bien, pero mira como sonrío cuando salgo al escenario, cómo no me acobardo ante la cámara. Quiero que estés muy orgullosa de mi, mamá, por lo bien que lo he hecho.

Estoy preciosa con este manteo que has cosido para mi, mamá. Seguro que en el grupo de bailes regionales no hay un solo manteo tan precioso. Cuando salga al escenario a bailar seguro que es el que más bonito luce cuando demos vueltas. Y la camisa negra es preciosa también, con toda esa pedrería... Cuando vayamos al pasacalles de Talavera seguro que todos se fijan en lo guapa que voy y en lo bien que bailo. Fíjate mamá, cómo me van a admirar todos.

¿Te gusta cómo actúo, mamá? Soy la más pequeña del grupo, y dicen que lo hago muy bien. Me encanta subirme al escenario, aunque sólo sea el de un centro cultural. Y quiero que estés muy orgullosa cuando me veas subir, porque toda la gente me estará mirando, y lo voy a hacer muy bien para que todos vean qué genial soy.

¿Mamá? ¿No te sientes orgullosa? Mira, una historia cuyo guión he escrito yo ha sido publicada. Vale, es una revistilla con poco volumen de ventas, y no he cobrado, pero ahora mismo hay dos mil personas que están leyendo la historia que escribí yo. Y seguro que les gusta, y se quedan con mi nombre. Mira mamá, es para que te sientas orgullosa, ¿no?

Mira mamá, me han publicado otra historia, y esta vez yo también he dibujado. Oh Dios mío, dos mil personas van a ver mis dibujos y mi historia. No me lo puedo creer. Es genial, ¿no crees? Me siento tan orgullosa. Y seguro que tú también lo estás.

¿Has visto mamá? Salgo en un corto. Y está subido en internet, y presentado a un concurso. Un montón de personas van a poder verme en un corto (vale, de un minuto, y en el cual salgo un total de doce segundos), y saber mi nombre. ¿No crees que es para sentirse orgullosa, mamá?

¿Mamá? De veras, ¿no crees que es para sentirse orgullosa, mamá?

...

¿Mamá?

24 de noviembre de 2008

Primer Concurso Low Cost Film iBanesto

Cortometraje para 1er CONCURSO LOW COST FILM iBanesto.
Con la tematica: "Qué haces para gastar menos y ahorrar en tu vida cotidiana."

actores:
David Díaz & María Eugenia López

dirigida por:
León Pérez

¡¡Ya estáis poniéndole cinco estrellas, o maldeciré a todos vuestros primogénitos!!


Una última sonrisa

Ale, de nuevo mi historia para el concurso de relatos mensual de MFS, en el cual no puedo participar porque soy juez ._.
Esta vez sí que he respetado las bases en cuanto a longitud de la historia. Espero que os guste ^^
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Siempre me encandiló su sonrisa. Desde el momento en que la vi por primera vez, en aquel pub, me enamoré de aquellos labios. Cuando me la presentaron tenía los labios pintados de rojo sangre; siempre los llevaba de ese color. Seguramente sabía el efecto que causaban en los hombres, y quería aprovecharlo al máximo.

Sus labios siempre estaban curvados, siempre expresaban algo. Me encantaba observar cómo tenían una forma diferente según con quién estuviera hablando, pero siempre con las comisuras curvadas hacia arriba. Tardé tiempo en darme cuenta de que la mueca que siempre le encendía el rostro, y que yo comparaba con la expresión de un ángel, no era más que desprecio.

Pero para cuando lo supe ya era demasiado tarde.

Ella era pródiga con sus sonrisas; a todos nos regalaba un guiño, un frunce de labios, una mirada pícara. Todos nos sentíamos especiales por ser objeto de sus coqueteos, y cuanto más felices éramos nosotros, más irónica era su sonrisa. Normalmente las mujeres bellas no son inteligentes, pero ella no solo lo era, sino que además disfrutaba de su superioridad humillándonos a nosotros, su cohorte de vasallos.

Una vez me decidí a hacerle saber lo que sentía por ella. Como tantos otros antes, supongo. Y como muchos más después, me atrevo a adivinar. Y ella respondió a mi sinceridad con otra sonrisa.
Fue la primera vez, desde que la conocí, que no me gustó cómo sonreía. Después de revelarle mis más profundos sentimientos, el anhelo que sentía por ella, todo lo que le inspiré fue una carcajada.
Recuerdo cómo echó la cabeza hacia atrás, y antes de darme cuenta de que se estaba burlando, pensé que tenía un cuello muy hermoso. Un cuello hecho para ser besado. Sí, eso pensé por unos instantes, antes de que una risa aguda cargada de desprecio me atravesara los oídos y me hiciera ver lo monstruosamente cruel que era mi amada.
Sus labios, rojos como la sangre, no dejaron de ser hermosos aún teniendo la boca abierta en aquella carcajada. Pese a mí mismo, junto con el dolor del rechazo y el orgullo herido, se entremezcló en mi pecho el placer malsano que me producía observarlos...

Aquellos labios que tanto deseo, y que aún veo cuando cierro los ojos, en esa última sonrisa que me dedicó, tan llena de desprecio, y que a pesar de todo no hizo sino enamorarme más aún.

Sangre en el kimono

¿Es difícil de quitar la sangre de la seda natural? De pequeña, la primera vez que me puse un kimono, me hice justo la misma pregunta.
Me fascinaron los intrincados dibujos de la tela, teñida a mano. Los que teñían los kimonos debían de ser grandes pintores, para poder darle tanto realismo a aquellos dibujos. Las carpas que saltaban sobre el estanque, ondeando al movimiento de la tela cuando caminaba, parecían estar vivas, e intentando escapar de aquella cárcel de seda que las atrapaba. Las grullas que sobrevolaban el jardín, a la altura de mis mangas, batían las alas cuando yo movía los brazos, haciéndome creer en ocasiones que un pájaro se había parado junto a mi. Las plantas que bordeaban el estanque brillaban con un verde más intenso que los mismo juncos de verdad.
Pero por encima de la fascinación de la suavidad de la tela o lo fantástico de los estampados, tengo el recuerdo de aquella duda. ¿Se podría lavar si llegase a mancharse de sangre?
Nunca llegué a saber la respuesta mientras fui niña. Y la verdad es que me hubiera gustado no necesitar saberla.

Pero ahí estaba él, tirado sobre el tatami, los ojos abiertos fijos en el techo, el torso inmóvil, que había dejado de moverse al asestarle yo el golpe con el canto de la pequeña mesita lacada.
No tenía nada que temer, aquel día nadie me había visto entrar en la casa de té, y me cuidé mucho de que nadie me viera salir.
Pero a la mañana siguiente descubrí aquella mancha.
Un hombre muerto había aparecido en la casa de té que yo más frecuentaba, y mi mejor kimono tenía una mancha de sangre en la pechera del tamaño de un huevo de codorniz.

Tengo sirvientas que lavan mi ropa sucia, pero no podía darles el kimono a esas chismosas. Tampoco tenía idea de cómo lavarlo yo misma sin echarlo a perder. Y tirarlo a la basura no era una opción, porque alguien podía encontrarlo. Ese kimono era demasiado famoso, todo el mundo sabía que me pertenecía a mi.
Así que lo quemé. Y cuando me preguntaron por él, culpé a una de las criadas de su extravío. Las heridas que le dejaron los golpes que recibió la obligaron a guardar cama durante nueve días. Tiempo que se le descontó del salario.

Pero al menos yo me salvé.

Sequía entradil

Sí, lo sé, últimamente no es que esté muy prolífica en entradas nuevas de blog... Tengo que ofreceros mis disculpas a todos aquellos que leéis, e incluso disfrutáis, mis idas de tarro. Pero uno de los efectos colaterales de mi nuevo empleo es no tener un solo minuto para disfrutar de algo tan simple como pensar en algo que poner en el blog. Bueno, de hecho, es no tener un solo minuto para nada.
Como tengo poco tiempo para dedicarlo a pensar, todo lo que se me ocurre escribir son cosas que ya tenía danzando por la cabeza, por lo que solo me salen pasteladas. Y sinceramente, no me apetece convertiros a todos en estatuas de azúcar. Pero por otro lado no voy a postear cosas tontas, como tests chorras o cosas por el estilo, sólo para poder decir que actualizo el blog a menudo.
Así que sintiéndolo mucho, hasta que mi cuerpo no se acostumbre a mi nuevo ritmo de vida (que ya va siendo hora, leñe, que llevo casi un mes trabajando), me temo que el blog va a andar algo escaso de cosas nuevas...
Sorry ._.

20 de noviembre de 2008

.

No puedo dejar de pensar en la gracia que tiene que no tenga ni idea de jsp's ni de struts, lleve dos semanas trabajando con jsp's y struts, y absolutamente nadie se haya dado cuenta de que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo.

Si es que al final va a resultar que Ctrl^c+Ctrl^v e internet son útiles y todo...

17 de noviembre de 2008

¿Cuántos cafés crees que soy capaz de beber al día?

Haced vuestra estimación, os lo ruego XD

Los que ya lo saben no cuentan.

Sobre endorfinas y lunes por la mañana

Ayer, volviendo al piso, se me ocurrió llamar para avisar de que en una hora estaría allí, y de paso saber si me encontraría o no la casa vacía. Al colgar me disculpé con mi acompañante, porque me pongo bastante cursi cuando hablo con él por teléfono, y sé que la gente puede sentirse algo violenta cuando ve a alguien más basto que una mula de carga hablando como si la hubiese poseído media docena de princesas Disney.
Exactamente, las palabras que usé para disculparme fueron estas:
"Perdona que esté tan ñoña. Si te sirve de consuelo, cuando no tengo pareja soy una amargada de la vida"
Pero tras un silencio en el que pensé lo que había dicho, rectifiqué.
"Bueno, de hecho, soy una amargada de la vida aunque tenga pareja. Lo que pasa es que las endorfinas me cambian el ánimo"

En el autobús de vuelta a casa le estuve dando vueltas a esa afirmación. Es verdad que últimamente, aunque no me noto más animada ni tengo menos líos en la cabeza, la gente de mi alrededor me ve más... relajada (sí, relajada es la palabra, que no feliz). Soy totalmente consciente de que la causa de éste estado de ánimo tan ajeno a mi es una segregación masiva de endorfinas. Y me puse a meditar sobre qué es lo que ha hecho que en mi sangre haya tal cantidad de hormonas que esté a punto de recibir una demanda por abuso en el sindicato de Glándulas.

"Bueno, lo mejor de todo, de lejos, es el subidón que me da al despertarme y verle tumbado a mi lado", pienso. "Es como una droga, solo que mejor, porque no tiene efectos secundarios (bueno, de hecho sí que los tiene, pero al menos no son perjudiciales para mi salud) y es gratis".
Y esta afirmación me desvía del objetivo principal de mi reflexión.

Porque me paro a pensar... El hecho innegable es que me resulta totalmente imposible estar de mal humor (Señores, que es lunes por la mañana, ¡y me he levantado de buen humor! Si esto es normal, que venga Dios y lo vea) por muchos problemas que tenga, sólo por el simple hecho de ver a una persona tumbada a mi lado cuando me levanto. Y esto me pasa a mí, que soy la persona más amargada que conozco.
Entonces... ¿por qué toda esa gente que lleva anillos de oro en el dedo anular está tan enfurruñada?

La respuesta es obvia, al menos para mi. Y me hace sentir afortunada y muerta de miedo a partes iguales.

Pero está en mi mano no caer en lo que ellos han caído. Está en mi mano buscar la felicidad ante todo, porque a fin de cuentas nadie lo va a hacer por mi.

...

Cuando trabajaba en Indra, en la cafetería en la que desayunaba coincidía con una pareja bastante mayor, que desayunaban juntos antes de salir cada uno a sus tareas diarias. Se les veía felices siempre, y a veces dejaban de hablar y simplemente se miraban sonrientes, el uno al otro, cogidos de la mano. Eran realmente mayores para mostrarse tan enamorados, por lo que deduje que no llevarían mucho tiempo. Y me alegré de ver una pareja de personas mayores tan felices de estar juntos.
El amor es algo tan frágil, tan difícil de mantener, y tan fácil de perder... Que es inevitable que esa pareja me diera envidia.

Me apuesto a que esas dos personas también se levantan de buen humor los lunes por la mañana.

Epifanía de lunes por la mañana

Hoy he tenido lo que podríamos llamar una epifanía: Soy una escritora mediocre.

No tengo una sola idea original, todo lo que ideo o es una versión de algo que ya existe, o es "la típica historia de", contada con mi estilo. Puede que no escriba del todo mal, pero lo que escribo no tiene nada que merezca la pena ser leído. Lo mismo daría coger la sección de sucesos de uno de esos panfletos que reparten por la mañana temprano a la entrada de la Renfe.

Supongo que el soponcio que me ha dado al ser consciente de este hecho se me pasará pronto, porque a fin de cuentas yo soy más o menos mediocre en todo lo que hago; darme cuenta de que soy mala en algo no es nuevo para mi. Pero es que me había creído que al menos escribiendo era buena.

Y lo triste es que, siendo mediocre como escritora, sigue siendo de lejos lo que mejor se me da...

14 de noviembre de 2008

La esperanza

Hace unos días echaron en la tele Cadena Perpetua. Yo estaba apalancada en el salón cenando mientras la echaban, así que vi un poco. En un momento dado, uno de los protas, no recuerdo ni el nombre del personaje ni el del actor que lo interpretaba, dijo algo parecido a que la ilusión es lo último que te queda de humano cuando te lo han quitado todo. Que la esperanza es lo que nos hace humanos, y que sin ella dejamos de serlo.

Qué curioso. Está este señor diciéndonos que no hay que perder la ilusión ni la esperanza... cuando esos dos sentimientos son los que más daño pueden hacer a un hombre. ¿Será que uno es humano sólo si puede experimentar dolor, y por eso la esperanza es tan inherente a nuestra naturaleza? Si uno se para a pensarlo, los poemas más hermosos, los libros más inspirados, las obras de arte más destacadas, las vidas más memorables, estaban plagadas de esperanza e ilusión... y de dolor.

Y sin embargo, sigo esperando que un día, al abrir el correo electrónico, en la carpeta donde guardo sus mensajes aparezca uno nuevo. Y sigo esperando que ese correo sea amistoso. Sé que es una esperanza vana, y que cada día que abro el correo y no veo nada nuevo me duele de nuevo. Pero... a fin de cuentas, sin la esperanza, ¿qué le queda al hombre de humano?

6 de noviembre de 2008

Anna Tsuchiya - Crazy World

Increíble.
Una japonesa que rapea y se mueve con ritmo...
Y otra japonesa (aunque por sus ojos yo diría que yo tengo más de japonesa que ella, la verdad) que al cantar abre la boca, gesticula... ¡y baila!

Entre el presidente negro en estados unidos, el papa ultraviejo, y que hay japonesas que gesticulan... yo me huelo que el Ragnarok está cada vez más cerca... XDDDD



Hey oh Hey Collaboration

Get together now,
What you waiting for

Get together now

Get together now,
What you waiting for

Get get get, Get together now)

Get up girl it's to time to move
Fresh de pure with all your heart

Wake up boy, show your vibes
Kiss de fake All your mind

Ai no beads Rock me up
Yoku no parts dream me down
Kowarte iku kono days Oh Why

Revolution bi no mission kono kesshou

Butsukatte Fumaretatte We've gonna change it ! yeah yeah

*Get together and say so what's up
Kakuritsu nande 1% ashita no hikari kono te de Grab it from this crazy world
Get together and let's buckle up
Kakushin nara 100% sou dareka ga kono te de Break it up this crazy world*

Game is over, time is up
Yamanai battlefield
Sacred place, dried up
Count one, two and follow me

Ai no power heat it up
yoku no cage, break it down
Kowarete iku kono days, Oh why?

Destruction Nonfiction kono kanjyou
Dare datte itsu datte You wanna change it! yeah yeah

**Get together and say so oh oh
Hakudatsu nande tei Level zen ka waru ka
nobody knows Save me from this crazy world
Get together and let's kick it up
Genjitsu wa so survival aijyou naki monotachi yo
Wake up from this crazy world**

Oh
Oh

Come on!

Crazy World
Crazy World
(It's a crazy world)

Crazy World
Crazy World
(Yo Come on)

Crazy World
Crazy World uh uh uh

Were gonna change the world

Crazy World, Crazy World, crazy world, crazy world, crazy world crazy world, uh uh uh

Were gonna change the world!

If you don't know which way to go
michi ni mayotta no?
nara kocchi no hou
I'll take you to da wonder world!
Dope na melody
kanaderu no symphony
Oto ni no sete Come on baby follow me...
katsuka ni kikoete kurusa What we need
Ai wo sakebu koe to sono ime
"Zettai" wa nakutemo Maybe we can try
Atarashi sekai de So we all can fly!!!

Repeat *
Repeat **

29 de octubre de 2008

.

¿Aprenderé algún día a no preguntar cada vez que tenga curiosidad por saber algo?
¿Entrará en esta cabecita tan bien amueblada pero que tan poco uso, que hay cosas que, por nuestro propio bien, es mejor no saber?
¿Dejaré de pedir siempre sinceridad demoledora, en vez de contentarme con lo que realmente quiero oír?

Y lo que más me intriga de todo: Si sé que la respuesta me va a hacer daño, ¿por qué pregunto?

27 de octubre de 2008

Por qué los cuadros escoceses me sientan mal

Hoy, cuando he firmado el precontrato de mi nuevo trabajo, me ha parecido que estaba en una agencia de modelos.

La chica de recursos humanos con la que he hablado era todo elegancia y estilo: Pelo liso impecable, corte a la última, tipo escultural, ropa elegante a la vez que seductora, manicura francesa de salón de belleza, maquillaje casi imperceptible y muy elegante...

Yo había dormido mal, no me había lavado el pelo, estaba hinchada por la retención de líquidos del síndrome premenstrual - además de ser rellenita de por sí -, venía sudando porque debido a confundirme de tren en Chamartín llegaba diez minutos tarde, y me acababa de retocar el esmalte de uñas por tercera vez sin quitármelo antes.

Normalmente al compararme con mujeres de ese estilo se me hunde la moral, pero hoy, por algún extraño motivo, el resultado de la comparativa me ha hecho gracia. No sé, es que compararme con la mujer que me ha recibido hoy para firmar el contrato es como comparar las Churras con las Meninas. Simplemente, no jugamos en la misma división.

Seguramente influenciada por esta mujer, al llegar a mi barrio de vuelta a casa me he pasado por el centro comercial, me he metido en un Sfera, y he revisado meticulosamente todas las perchas, parabanes y estantes. Buscaba algo con estilo de verdad, algo que me redefiniera, que me diera una imagen nueva y radiante para mi nuevo trabajo. Quería reinventarme a mi misma, ponerme ropa que jamás me habría atrevido a llevar.
Cogí un vestido suelto de cuadros escoceses en tonos rojos y grises, un peto gris precioso y muy formal con jersey de cuello alto debajo, unos pantalones de vestir marrones (eso sí, con campana. Es lo único a lo que me niego a renunciar), una falda abullonada con cinturilla bordada, y una camiseta con el cuello anudado.

Ya en el probador, me puse primero el vestido rojo.
El aspecto que tenía ante el espejo era el de una muñeca repollo despeinada. Solo que más grotesca. Los cuadros escoceses no eran el problema, sino el vestido suelto, que me hacía parecer un saco de patatas.

El jersey negro pasó el examen, pero claro, necesitaba unos pantalones. Así que me probé los que había traído conmigo... sin demasiado éxito. No había talla 44, así que eran una triste 42, que si bien me entraba, dudo que hubiese aguantado de una pieza al sentarme.

Cuando me quité los pantalones y me puse el peto gris sobre el jersey, de pronto me pregunté desde cuándo estaba embarazada de seis meses... Cuando me di cuenta de por qué lo estaba pensando, me saqué el peto inmediatamente.

Lo siguiente fue la falda abullonada. Que al abrocharla, resultó ser la falda de la hermana gemela secreta de Steve Urkel.

La camiseta con el cuello anudado era preciosa, pero sin nada que ponerme debajo, no tenía ningún sentido comprarla...

Así que salí totalmente desanimada de los probadores, y me hundí aún más cuando me dijeron que no quedaba ninguna talla 44 de los pantalones que me gustaban.

Decidí darme otra vuelta, sólo por afán masoquista. Y encontré un parabán con vestidos negros de corte imperio. "Bueno", pensé, "no me reinventaré a mí misma, pero sigo necesitando ropa para mi nuevo trabajo". Así que me llevé al probador tres vestidos que eran básicamente iguales, salvo por los detalles del escote y las mangas. Y que eran básicamente iguales que el vestido que llevaba puesto, salvo por el escote y las mangas. Y, claro está, me encantaron, y se vinieron conmigo cuando salí de la tienda.

Para sentirme un poco mejor, además de una bonita bufanda a rayas de colores bastante llamativos, entré en la zapatería de al lado.
Bueno, realmente no fue por resarcirme, fue porque aunque los vestidos me quedaban bien, clamaban a gritos unas merceditas con tacón (calzado del que carezco).

Lo bueno fue que al menos el calzado sí que me quedaba bien: Unas preciosas merceditas de charol negro, con la suela atravesada por dos rayas blancas, con hebilla, y un tacón tremendamente alto y que se va estrechando hasta no ser más que una tira de caucho al llegar al suelo. Definitivamente, no es el tipo de zapato que llevo normalmente. Y así le añado un toque de picardía a mi manera de vestir, tan sosa y tan sobria.

La experiencia de esta mañana me ha hecho preguntarme por qué mi hermana está tan elegante con esos vestidos de estampados recargados, pero yo parezco un payaso de feria con ellos puestos... ¿No se supone que somos tan parecidas? ¿Entonces por qué la misma ropa a una le hace parecer la reina del glamour, y a otra la cerdita Peggy?

21 de octubre de 2008

Hubo un tiempo en que los dragones dominaban la tierra...

Como no lo voy a presentar al concurso, me he pasado un poco por el forro la restricción de longitud. Espero que os guste ^^

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Hubo un tiempo en el que el hombre no gobernaba sobre la tierra. Un tiempo en el que era un ser insignificante que se refugiaba en cavernas. En el que vivía atemorizado por el resto de los seres vivos, porque solamente era un raquítico ser con un cuerpo desprovisto de pelo, plumas o escamas, y con unas inútiles piernas que apenas le mantenían en pie.

Y en ese tiempo en que el hombre vivía atemorizado, en constante huida de sus depredadores, quienes reinaban en el planeta eran otros. Otros cuya sombra, al proyectarse sobre las colinas, provocaba el terror de todo ser vivo, y cuyo rugido hacía temblar las mismas raíces de la tierra.

En aquel tiempo, los dragones dominaban la tierra. Doblegaban a las mismas fuerzas de la naturaleza bajo su poder, provocando lluvias y vendavales allá donde lo deseaban, por el mero placer de ver la destrucción avanzar a su paso. Mataban, por necesidad y por placer, a todo animal que fuera lo bastante descuidado como para salir a campo abierto mientras ellos estaban observando. Elegían a unas razas como sus abanderados y luego las abandonaban, escogiendo otras a las que antes hubiesen perseguido, sólo para crear odio y envidia entre las especies inferiores.

Así de caprichosos eran estos monstruos. Caprichosos, y muy orgullosos. Pero por encima de su orgullo se alzaba el de alguien más poderoso que todos ellos, más grande en tamaño y en maldad, que con su fuerza se había impuesto a todos los demás dragones y se había ganado su respeto. Un monstruoso reptil rojo era quien gobernaba en aquellos tiempos. Rojo, con escamas que brillaban como rubíes a la luz de las llamas de su aliento. De tal envergadura, que con sus alas extendidas podían traer la noche a montañas y valles. Gustaba de demostrar su poder rugiendo, y qué rugidos eran aquellos. Si algún Dios hubiera existido por aquel entonces, habría salido huyendo al oírlos.

Como con toda raza orgullosa, el ansia de poder les trajo la destrucción a los dragones. Envidiosos por naturaleza, se unieron y alzaron contra su señor. Pero no había alianza que durara mucho, pues todos querían ser quien reinara en solitario.

Siglos y siglos pasaron, y el cielo fue testigo de las cruentas batallas que se libraron entre los reptiles, todos atacando a todos, sin bandos, sin aliados, sin piedad. Sólo les importaba matar al mayor número de ellos. Se aniquilaron los unos a los otros, hasta que el último murió desangrado por las heridas que le infringiera su último contendiente.

Aunque decir que todos los dragones murieron quizá es demasiado ingenuo, pues el gran dragón rojo, quien les gobernó a todos una vez, desapareció poco después de comenzar la guerra. Muchos se atribuyeron su muerte, pero nadie pudo acompañar su aserto con un cadáver. Aunque tampoco se le volvió a ver vivo nunca más. Desapareció junto con todos los de su raza, y con su desaparición, el resto de los dragones se olvidó de él, tan centrados estaban en matarse unos a otros.

Así que el mundo quedó libre del yugo de estos reptiles. Y muchos siglos después, es el hombre quien gobierna sobre la tierra. Esa criatura patética que, cuando se atrevió por fin a asomar fuera de sus cavernas, descubrió que su poder radicaba no en su cuerpo, sino en su inteligencia. Y que está viendo cómo su orgullo le lleva por el mismo camino que destruyó a los dragones.

A todos... salvo a uno. A uno que, quizá, está esperando el momento en que los humanos nos hayamos eliminado unos a otros, para volver a asomar su hocico al mundo, y reclamar el lugar que una vez le perteneció, y que ahora ostenta un pusilánime bípedo...

La pobre princesita - Final

Me dijeron que mi madre era una mujer bellísima. De cabellos largos y sedosos, ojos azules como el mar, modales intachables, risa cristalina...

Sí, me han contado un millar de cosas sobre mi madre, que murió dándome a luz. Me han dicho que tenía los cabellos negros como la noche más oscura, y también que los tenía dorados como un campo de maíz en verano. Que era delgada y de movimientos ágiles, y que era voluptuosa como una matrona. Que era enfermiza y delicada, y que era lozana y trabajadora...

Lo único que tiene aspecto de ser cierto es que mi madre era la criada del molinero. Y a todas luces, también su puta, porque cualquiera que nos vea juntos a él y a mi, por muy tonto que sea, es capaz de ver el parecido. Y nos ven juntos muy a menudo, porque no sé qué más habré heredado de mi madre, pero lo que sí ha pasado a mí es la condición de criado del molinero.

A veces, cuando me manda a limpiar la posada - la posadera enviudó recientemente, y a cambio de "ciertos favores", le está ayudando a llevar el local -, tengo la suerte de oír cosas interesantes mientras restriego el suelo de madera con arena y lejía. Oigo cómo caballeros bien vestidos, ataviados con capa y sombrero de ala ancha, conversan sobre la situación del reino. Reino, qué palabra más grande, cuando lo único que yo conozco es esta sucia aldea y estos suelos de madera que nunca terminan de estar limpios.

Escucho conversaciones sobre la caída de un reino. Sobre un ataque sorpresa, sobre una gran matanza en un castillo.

Parece ser que la única hija de los reyes no apareció entre las decenas de cadáveres. Nunca encontraron su cuerpo, y todos estos hombres con capa y sombrero que veo un día tras otro se dedican a buscarla desde hace muchos años. Algunos han desistido, otros siguen en su búsqueda. Porque esa niña es la heredera legítima del reino, y si ella o algún descendiente suyo les liderase, tendrían poder legítimo para levantarse contra el déspota de su actual señor.
Por no mencionar que todos y cada uno de los caballeros a los que he visto quieren desposarla, pese a que de encontrarla, podría ser la madre de la mayoría, y la abuela de alguno...

A veces fantaseo con que soy el hijo de esa mujer. He hecho cuentas, y no es del todo imposible, teniendo en cuenta que yo nací unos quince meses después de la caída de la familia real. Además, esta aldea queda muy cerca del castillo, la princesa podría haber llegado hasta aquí a pie.
Qué agradable sería ir vestido con suntuosas ropas en vez de con estos harapos, y que me sirvieran, en vez de ser yo quien sirve. Además, he visto alguno de los retratos de la princesa, y creo que me doy un aire a ella. Qué bonito sería salir de esta pocilga y ver el mundo que se extiende más allá de los campos de maíz y hortalizas...

Tengo que dejar de fantasear con estas estupideces. Me están retrasando, y aún tengo que limpiar las habitaciones y volver para prepararle la cena a mi padre antes de que vuelva de los campos, o me ganaré otra paliza...

20 de octubre de 2008

Feliz Mesversario ^^

El ron con lima me ha sentado fenomenal. La música me resulta muy agradable, me anima a bailar, a saltar al ritmo de los redobles de batería, de las melodías de las guitarras eléctricas. Me siento bien por primera vez en varios días, despreocupada, disfrutando de las sonrisas que me dirigen mis compañeros de garito cuando nuestras miradas coinciden.

Me preguntan qué tal me va. Me sorprendo de verlos tan cambiados. Me intereso por la nueva acompañante de uno de ellos. Pero el volumen de la música no da lugar a una conversación muy profunda. Así que simplemente bailamos, hacemos el ganso siguiendo la música, gritamos a pleno pulmón las letras de las canciones que estamos oyendo.

Y de repente me quedo paralizada. Es solo un momento, porque me pasa tan a menudo que he aprendido a disimular la impresión que me causa. El caso es que ahí, en mitad del garito, saltando al ritmo del Mago de Oz, y riendo mientras él despotrica sobre el grupo en cuestión, me asaltan las mismas preguntas de siempre.

¿Qué hago aquí con él?¿Es más, qué hace él aquí, conmigo? ¿Y por qué me mira de esa manera, como si estuviera viendo poco menos que a una diosa? ¿Qué narices me ha visto para querer estar conmigo? ¿Qué cable se le habrá cruzado, y cuánto tiempo tardará hasta que se arregle la avería? ¿Qué hay en mí que valga tanto como para que me quiera?
En esos momentos, le veo como un extraño que se ha equivocado de puerta, y sólo espero el momento en que se dará la vuelta en busca de su verdadera casa.

¿Y sabéis qué? Me encanta que me pase esto. Porque cada vez que le vuelvo a ver como a un extraño, cada vez que me sorprendo de verle a mi lado, de que me abrace o me bese, es como si todo empezara de nuevo. Todo lo que sentí al principio vuelve a estallarme en el pecho, con la misma fuerza, y me siento tan feliz que a veces me cuesta aguantarme las lágrimas.

Es como si llevase seis meses viviendo aquel primer día.

Feliz mesversario ^^

Trabajo fijo de funcionario, ¡Qué guay!

¡Ala! ¡qué suerte! ¡Un trabajo fijo asegurado! Qué envidia me da, y yo que aún ando con la carrera a cuestas, buscando trabajo, y siempre preocupada por el día de mañana... Debe ser una sensación genial saber que no tienes que preocuparte por el trabajo, que lo tienes asegurado para el resto de tus días. Sí, debe ser genial saber que pase lo que pase, el estado te asegurará ese puesto de trabajo durante toda tu vida...

Ehm... Sí, es genial, de veras, eso de tener el futuro resuelto, de saber que ya no tienes que preocuparte más por qué va a ser de ti, sin la preocupación de final de contrato, o reajuste de plantilla, sabiendo que vas a conservar el mismo trabajo hasta que te jubiles...

El mismo trabajo hasta que te jubiles... Día tras día, el mismo trabajo... Quiero decir, es excelente, saber que hagas lo que hagas no pueden echarte, porque tu puesto está asegurado... Ese puesto, no uno más arriba o más abajo; simplemente, ese, por los restos...

... Día tras día, repitiendo la misma tarea una y otra vez, sabiendo que nunca va a ser diferente, que mañana será igual que hoy, que ha sido igual que ayer...

Que tu vida ha llegado a su punto álgido, y a partir de ese momento va a mantenerse exactamente igual hasta el día de tu jubilación, sin estimulación intelectual, sin ambición, sin ninguna otra meta que conseguir, porque la meta era asegurarse un futuro, y ya que se ha logrado, no queda nada más que dejarse llevar por la monotonía, sin preocupaciones, sin emociones, sin...

No me malinterpretéis, sigo pensando que es genial... Dejar de preocuparse por tener que luchar para llegar vivo al final de cada día... Dejar de tener que superarse a uno mismo para que reconozcan su trabajo y su esfuerzo, quizá con un aumento, o quizá con una triste palmadita en la espalda... Poder vivir tranquilo, sabiendo que el futuro no te depara absolutamente ninguna sorpresa, ni buena ni mala, porque todo va a seguir igual a no ser que tú decidas lo contrario, y ese caso no se va a dar...

Dios Santo, no permitas que yo acabe igual...

18 de octubre de 2008

Plagiando a Shodan

Mírate, mujer. Una criatura patética llena de barreras y complejos, intentando imitar a aquellos a quien nunca les llegarás ni a la suela de los zapatos, mientras te adornas con estúpidas ropas y pinturas, pretendiendo que así podrás engañarte a ti misma. ¿Cómo te atreves siquiera a respirar el aire que les está destinado a los humanos de verdad?

No hay sitio para "Uno más"

El concepto "una más" siempre me ha molestado bastante. Me molesta pensar que he sido una más para personas que han tenido un significado especial para mi. Y me molesta porque para mi nunca ha habido alguien que fuera "uno más".
Sobre todo, tratándose de los hombres a los que he amado, no hay sitio para ese concepto. Todos ellos entraron en mi corazón, ahí se quedaron, y lo sepan o no, cuido y mimo su recuerdo, y les guste o no, no tengo ninguna intención de echarles de ahí.
Y todos ellos, aún aquellos para los que no signifiqué nada, me guardan en el suyo. Porque les di un pedazo de mi alma, y ni me arrepiento de habérselo dado ni quiero recuperarlo. Ahí está bien, con ellos, donde quiero que se quede. Lo sepan o no. Les guste o no.

14 de octubre de 2008

Entrevistas laborales

Hoy quiero hacer mención al apasionante mundo de las entrevistas laborales.

Debido a que en las últimas semanas he asistido a más entrevistas de trabajo que veces visto E.T., he podido observar ciertas "similitudes" entre los diferentes entrevistadores, y entre las entrevistas en sí.

En primer lugar, una envía un curriculum con sus estudios y su experiencia laboral, a modo carta de presentación, esperando que la llamen para una entrevista en la que pueda ampliar la información que da en él, y responder a las dudas que puedan presentárseles a los entrevistadores respecto a sus conocimientos y aptitudes.

A una la llaman de la empresa a la que envió el currículum, y lo primero que le dicen es "falta información".
¿Cómo que falta información? Ah, que debo describir de una manera más exhaustiva las tecnologías y lenguajes de programación con los que he trabajado... Bien, pensaba decir eso durante la entrevista, pero ya que insisten... Sí, redacto de nuevo el currículum y se lo envío.

Nueva llamada de la empresa. ¿Que tengo que describir de forma más exhaustiva los proyectos en los que he trabajado? Bueno, pensaba darles esa información durante la entrevista, pero si insisten... Sí, redacto de nuevo el currículum y se lo envío.

Siguiente llamada de la empresa. ¿Que tengo que desglosar qué asignaturas me quedan para acabar la carrera, y cuándo pienso acabarla, además de decir el curso en el que estoy? Bueno, esa información me parece bastante innecesaria, y en cualquier caso pensaba dársela durante la entrevista, pero en fin, si me lo piden, yo no tengo ningún inconveniente en añadirla a mi currículum. Sí, lo redacto de nuevo y se lo envío.

Sí, vale, he leído en muchas revistas y periódicos que el currículum es lo que va a hacer que te cojan o no en una empresa... Pero vamos a ver, un trozo de papel con una foto y cuatro líneas, por muy bien redactado (y "exhaustivamente" redactado, que parece ser la palabra favorita de los de recursos humanos) que esté, no puede sustituir a una entrevista en persona. Quiero decir: Imagínate que Hannibal Lecter tuviera el mejor curriculum del mundo, y lo enviase a una empresa muy bien redactado y con un montón de información que, por otro lado, se puede obtener de manera más directa a través de una entrevista. La empresa lo ve, y dice, "oye, este tío tiene pinta de ser un buen trabajador. ¡Contratémosle!".

Lo mejor de todo es cuando a una la llaman para hacer una entrevista. Se presenta allí con el discurso de "soy responsable, asertiva, y tengo una gran capacidad de autoaprendizaje" (cosa que me recomendaron poner en el currículum, pero que me negué en redondo a hacer), y cuando el entrevistador se sienta enfrente suya...
En primer lugar, quien le hace la entrevista no tiene ni papa de informática, por lo que no está en condiciones de juzgar si los conocimientos de los que una habla son reales, o se los está inventando ("Sí, soy experta en la plataforma Squarenix" "Tengo tres años de experiencia programando en J6RT").
En segundo, la persona que te entrevista se tira la mayor parte del tiempo hablándote de lo que la empresa te ofrecería en el caso de contratarte... antes incluso de saber si te van a contratar a ti. Vale, está muy bien saber que a sus contratados les hacen un seguro médico con Asisa, y que les dan tickets restaurante, pero si le soy franca, estaría más interesada en saber si me van a contratar a mi.
Y en último lugar, después de tragarte toda la información superflua que te dan sobre su empresa (que a fin de cuentas no es más que otra empresa más, y a efectos prácticos, una nomina a fin de mes), te sueltan que les has dado muy buena impresión, que pasarán tu curriculum al jefe de proyecto a ver qué pasa...
¿¡Qué!? ¿Que el jefe de proyecto NO ha visto mi curriculum? ¿Entonces para qué me dicen que se han interesado en mí para hacerme una entrevista, por el amor de Dios? ¿Para qué me cuentan todo ese rollo sobre si son pioneros en proyectos de innovación y desarrollo, o sobre los tickets restaurante, si resulta que el verdadero interesado ni siquiera ha visto mi curriculum? ¿No deberían haberme llamado si el interesado hubiese sentido interés en contratarme, y no al tuntun, como si aquello fuera una agencia de contactos en vez de una empresa de consultoría tecnológica?

Y bueno, cuando el jefe de proyecto ve tu curriculum... en fin. Que podrían haberse evitado toda la parafernalia de las veinte llamadas de teléfono para que retocaras el currículum, y de la misma entrevista.

Yo creo que los de recursos humanos se aburren mucho, y por eso conciertan entrevistas con gente que saben que no van a contratar. Para estar ocupados, y de paso, conocer gente.
Lo que yo digo, una agencia de contactos.

... Y la niñita se emancipó

Como alguno de vosotros ya sabréis, muy recientemente me he independizado.

Sí, volé del nido materno. Últimamente en mi vida han cambiado demasiadas cosas, tanto a mi alrededor como dentro de mi, y como consecuencia de estos cambios he conocido un montón de gente nueva, he recuperado viejas amistades, he retomado los estudios, y quizá lo mejore de todo, he recordado antiguos sueños que dejé abandonados en la cuneta ya ni me acuerdo cuándo.

Todas estas cosas, que han afectado mi vida y mi modo de ser en mayor o menor grado, me hicieron plantearme que había llegado el momento de elevar los cambios a un nivel superior... Me sentía lista para emprender el vuelo, lista para salir de debajo del ala protectora de mis padres, para empezar a valerme por mí misma. No solo me sentía preparada, sino que lo deseaba como nunca he deseado algo en la vida. Deseaba depender sólo de mí, ponerme a prueba, demostrarme que era capaz de llevar a cabo el más difícil todavía. Porque si no estaba preparada para hacerlo en ese momento, entonces nunca lo estaría.
Así que hice aquello con lo que fantaseaba desde hacía ya algunos años: Me puse de acuerdo con algunos amigos, buscamos algo que se ajustase a nuestra capacidad adquisitiva, y me mudé.

Llevo dos semanas viviendo en un pisito precioso en Fuenlabrada, que necesitó algo más que un barrido para estar presentable - y aún lo sigue necesitando -. Tengo un cuarto pequeñito con una cama empotrada que cuando se abre no deja espacio para nada más en la habitación. Cada vez que hago un viaje a mi casa para traer más cosas, me pregunto dónde diablos voy a meter tantos libros en un cuarto tan endiabladamente pequeño.
Pero es mi cuarto. Es mi piso. Es mi vida.

Por fin puedo decirlo: Es mi vida.

5 de octubre de 2008

Imagínate...

Imagínate que estás pasando el verano en un chalet. Uno de esos chalets de dos plantas, con solarium en el tejado, y un enorme jardín en la parte de atrás, con piscina y todo. De noche, el cielo despejado se ve repleto de estrellas, la luna brilla en todo su esplendor, apenas sí se oye ruido alguno que te recuerde que aún estás en la civilización...
Te encanta salir al jardín de noche con una tumbona, y sentarte cerca de la piscina, contemplando las estrellas mientras el sonido del agua mecida por la brisa te amodorra, hasta que caes dormida. Cada noche te duermes disfrutando del paisaje, y despiertas más relajada aún cada día.

Una noche, de madrugada, llevas dormida ya un rato cuando de pronto un ruido te despierta. Por un momento no sabes dónde estás, miras confundida a un lado y a otro, mientras tus ojos se acostumbran a la oscuridad. Comienzas a distinguir la forma de los muretes que separan tu jardín del de loschalets adyacentes, y la puerta de la parte de atrás del tuyo. Oyes un rumor de agua, y miras a la piscina que hay al lado de tu tumbona, pero el agua está totalmente en calma y apenas se oye el ruido de las pequeñas ondas chocando contra las paredes. Mientras aún tienes la vista puesta en tu piscina, vuelves a oír el ruido. Seguramente sea alguna de las piscinas de los vecinos, te dices, y vuelves a acomodarte en la tumbona, dispuesta a retomar tu rutina de todas las noches.
Y de pronto oyes una voz. Bueno, no exactamente una voz... lo que oyes es un gemido. Te sobresaltas, giras la cabeza de un lado a otro, pero aparte del rumor constante de la piscina del vecino, no ves ni oyes nada fuera de lo normal. Sea de quien sea esa voz, no está en tu jardín.
Vuelves a cerrar los ojos, sueltas un profundo suspiro, y te abandonas de nuevo al sueño.
Y de nuevo oyes un gemido.
Esta vez te incorporas en la tumbona, intrigada. Afinas el oído, y por debajo del rumor del agua te parece adivinar una respiración... una respiración acelerada. Te levantas y te acercas al murete que separa los dos jardines. Asomas la cabeza lentamente, no más de unos centímetros sobre la pared, temerosa de ser vista, pero no lo suficiente como para no mirar...
Y ves dos figuras oscuras en la piscina que hay en el jardín del chalet de al lado. La luz de la luna hace brillar las olas que levantan en el agua en la que estánsemisumergidos . Están pegados el uno al otro, y ahora que ves la escena, percibes más claramente sus respiraciones. Una es más fuerte que la otra, más entrecortada, y es esa la que gime de vez en cuando, aunque, ahora que te das cuenta, es cada vez más a menudo, y más fuerte.
No deberías estar mirando, te dices. Deberías volver a tu tumbona, o si no eres capaz de dormirte, entrar en tu habitación y dormir en tu cama. Pero sigues mirando a la pareja, cada vez más juntos, cada vez moviéndose más deprisa, removiendo el agua de la piscina más violentamente. Ves las manos de una de las figuras aferrar las escaleras de metal en las que están apoyados, a la par que el volumen de los gemidos aumenta un poco más.

Consigues al fin apartarte del murete, y prácticamente corres hasta tu cuarto. Te metes bajo las sábanas, e intentas olvidar lo que acabas de ver y conciliar el sueño. Pero no solo no consigues quitártelo de la cabeza hasta que te duermes, sino que, cuando lo haces, sueñas con ello.

Sueñas que estás sumergida en la piscina, que una figura oscura te sujeta firmemente contra su cuerpo. A través del agua helada, notas como su calor envuelve tu piel. Notas que el placer invade cada poro de tu cuerpo, mientras comenzáis a balancearos suavemente hacia adelante y atrás. Sientes deseos de gemir, de gritar, y sólo te contienes porque de hacerlo llamarías la atención de todo el vecindario.
Al aumentar la violencia del balanceo, notas contra tu espalda el frío de la pared de la piscina. Un escalofrío recorre tu columna, te arquea la espalda, se te escapa un gemido. Tu boca se abre en un grito mudo, un grito que no podrás contener por mucho tiempo...

Sí, imagínate que te sucede todo esto.

24 de septiembre de 2008

Un quinto teletubbie

Hoy, para variar, he decidido tomarme el café del desayuno viendo la televisión.
He puesto las noticias; pero cuando han empezado a hablar de mujeres degolladas el café ha empezado a forcejear por salir de mi estómago, así que he cambiado de canal.

Le doy a cierto canal (al azar), y en la pantalla del televisor aparece un bucólico paisaje, con césped tan uniforme y tan verde que salta a la vista que es artificial, y con árboles tan lindos y cuidados que no puede uno dejar de pensar que son de plástico. Hay un puentecillo sobre un sendero (si, sobre un sendero. Porque los arroyos son para los débiles), y el sendero desembocaba en una especie de caverna de la que de pronto sale...

Un bicho inmundo con dos zurullitos - tipo las cacas de Arale - donde debería tener las orejas, otro zurullito por gorro, y otro por cola. El bichín, que parece un teletubbie con problemas de sobrepeso, anda con pasitos cortos y torpes, empujando una cosa con ruedas que a primera vista parece un triciclo... "No irá a montarse en bicicleta, si apenas puede andar... ¿verdad?", pienso, mientras la curiosidad me hace no cambiar de canal (ya se sabe, la curiosidad mató al gato...)
Cuando el teletubbie celulítico llega debajo del puente, sonríe, y coge algo que estaba adosado al "manillar", y que resulta ser una trompetilla. La suena, se ríe, la vuelve a colocar en el manillar, y sigue con sus ortopédicos andares empujando el supuesto triciclo. Pensé que igual estaba llamando a alguien, pero claro, cuando la imagen cambió y seguía sin aparecer nadie, quedó claro que había tocado la trompetilla así, porque sí, sin más...

Ahí me empecé a preguntar por qué no había cambiado de canal aún...

El teletubbie - que por cierto, era color cieno -, de pronto se para delante de unas piedras, y una voz en off exclama, "¡Oh, mira, unas piedras!". Yo me empiezo a temer lo peor, porque el bicho aquel deja de empujar el triciclo, se acerca dando saltitos (no por nada, sino porque el pobre hombre que está metido dentro no puede caminar de otra manera con tanta gomaespuma por todos lados del disfraz), y comienza a dar palmadas.
Y ahora viene la apoteosis. La voz en off exclama, "¡Ahora, hay que limpiar las piedras!"

...

¿Por qué? ¿Por qué hay que limpiar unas piedras que hay tiradas por el bosque? Si además, ¡ya están tan limpias que hasta mi madre las usaría de plato! ¿Y con qué va a limpiarlas?
Pero mientras pienso aquello, veo al engendro de la naturaleza correr - o algo parecido - al triciclo... y despegar el supuesto sillín de él. Resulta que lo que yo tomé por sillín es una esponja... Y sí, lo habéis adivinado. Se pone a limpiar las piedras con ella.
Pero no contento con ello, cuando termina de limpiarlas, la voz en off exclama, "Ahora, hay que secar las piedras".
Pero por Dios, ¿Por qué hay que secar las piedras? ¡Si encima la esponja estaba seca!.
Así que el bicho color diarrea vuelve al carrito, y coge lo que yo tomé por caja de cambios, que ha resultado ser un fuelle, y se pone a "hacer como que lo acciona" apuntándolo a las piedras.

Muy bien, pienso, ya están las piedras limpias y secas. A ver con qué me sorprende ahora.
Total, que el teletubbie mutado aquel, coge la primera piedra, la levanta, y la voz en off dice: "Una". Y yo pienso, ah, muy bien, nos está enseñando a contar. Pone la piedra en el suelo. Coge la segunda, y de nuevo se oye, "Dos", mientras el bichejo ese pone la segunda piedra sobre la primera, y se ríe.
... De dos piedras puestas una sobre la otra, se ríe. Bueno, no soy quién para cuestionar el sentido del humor de la gente.
Coge la tercera piedra, se oye, "Tres", y el pedrusco es colocado, para jolgorio del teletubbie, sobre las otras dos.
Ahora bien, no contento con ello, coge de nuevo la trompetilla, y la hace sonar. Muy bien, o sea que la cosa va de hacer sonar la trompetilla de vez en cuando, empujar un carro con una esponja y un fuelle, y limpiar cantos rodados del tamaño de mi cabeza... que por cierto, no sé yo qué pintan en un bosque sin arrollo, y agrupadas de tres en tres.

El final de la escena es un plano general del bosque, con montoncitos de tres piedras, una sobre la otra, por todas partes. Yo ahí ya estoy pensando que para qué quiere una drogas duras teniendo esos programas. Aparece el bicho por una esquina, y la voz en off dice, "¡mirad, ha limpiado todas las piedras!", a lo que él responde aplaudiendo, y yo añadiendo un sentido "¡matadme!".

Y yo que pensaba que después de haber visto lo del semáforo en mitad de la pradera con los teletubbies ya no se podía caer más bajo...

22 de septiembre de 2008

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Sé que soy una egoísta. Siempre lo he sido.

Siempre quise el trozo más grande, el bolso más bonito, la ropa más elegante. Siempre lo he querido todo. Sentía dentro de mi un fuego necesitado de combustible, y esa era mi manera de alimentarlo: Ser egoísta.
La cuestión es que un día me di cuenta de que pedir tantas cosas sin dar nada a cambio no terminaba de ser justo. Y las cosas que conseguía no sabían tan bien si no había luchado por ellas. De algún modo, cuando me costaba conseguir algo, el propio proceso de lucha alimentaba aquel fuego. Me acostumbré a dar siempre a cambio de lo que pedía. Y como lo que quería era Todo, Todo era lo que daba.
Y volví a ver que aquello era injusto; que a pesar de ser tan egoísta, no recibía en relación a lo que daba. Y ya no bastaba con luchar para conseguir las cosas. A veces, por mucho que me esforzara para lograr algo, veía a las claras que nunca lo tendría.
En algún momento el fuego que siempre había tenido dentro se apagó. Dejé de desear nada, pero también dejé por completo de dar. Siempre he sido una firme defensora del principio de intercambio equivalente, y si no había nada que recibir, nada devolvía.

¿Qué sucede últimamente? Que en ocasiones vuelvo a notar la llamita prender en mi pecho. Son fogonazos momentáneos, no se le puede llamar fuego en el estricto sentido de la palabra. Pero quiere alimento. No desea apagarse otra vez. Y siento cómo el antiguo egoísmo vuelve, cómo de pronto vuelvo a quererlo Todo.
Pero ahora ya sé que muchas cosas de las que quiero, por mucho que me esfuerce, no las voy a tener. Sé que luchar es una tontería. Sé que el intercambio equivalente es cosa de los laboratorios de química y de cuentos para niños.
Entonces, ¿Por qué narices no puedo dejar de luchar? ¿Por qué me empeño en seguir dando, si sé que nunca habrá recompensa? ¿y por qué me empeño en tener lo que sé que nunca será mío?

¿Por qué sigo siendo tan egoísta?

20 de septiembre de 2008

Marineros (1)

Por el catalejo vislumbraba la línea de la costa. No estaba lejos, quizá a un día escaso. El viento había soplado a su favor durante toda la travesía, y ni una sola tormenta les importunó durante la semana que llevaban navegando.
- ¿Algo interesante, mi capitán?
El capitán del barco le alargó el catalejo, y señaló hacia el Noreste.
- Tierra. A menos de un día de viaje. - Sin esperar contestación, se giró y volvió a su camarote, dejando al anciano intentando ver algo por el catalejo con sus ojos casi ciegos.

Cerró la puerta del camarote y, con la espalda apoyada contra la plancha de madera, soltó un suspiro de alivio. Menos mal, se dijo. No sabía si había sido suerte, o las precauciones tomadas, pero todo indicaba que iban a llegar a puerto sin haber sido interceptados por piratas.
Sacó del armario el diario, y se estaba sentando frente a su mesa para escribir estas buenas noticias, cuando oyó gritar al vigía.

- ¿Qué sucede? - le preguntó al primer bracero que se cruzó cuando salió del camarote.
- Ha avistado un barco tras del nuestro - el marinero señaló al vigía, que seguía gritando encaramado al palo mayor - Lleva bandera negra izada.

El bracero salió corriendo por la cubierta en dirección a la bodega. El capitán se colocó las manos alrededor de la boca haciendo bocina.
- ¡Sander! - el vigía dejó de gritar y miró hacia abajo - ¿A cuánto está el barco?
- ¡Unas mil yardas, señor!
- ¿Llegaremos a tierra antes de que nos alcance?
- ¡No es seguro, señor! - el vigía señaló hacia el Noreste - ¡Ellos también tienen el viento a favor!
- ¡Entonces deja de berrear y ven aquí abajo a echar una mano! - Se giró hacia los marineros que trajinaban por la cubierta - ¡Desplegad las velas de los tres palos! ¡Y vosotros, a los remos! ¡Tenemos que llegar a tierra antes de que nos tengan a tiro!

El anciano llegó hasta él renqueando por la cubierta, y le agarró de la manga de la levita.
- ¿Qué sucede? - su voz estaba llena de miedo. El capitán se lo quitó de encima sacudiendo el brazo.
- Nada que deba preocuparos, señor. Vos seguid en vuestro camarote, y procurad que vuestra hija tampoco salga del suyo. Vamos a aumentar la velocidad.
- Pero... ¿por qué motivo?
- Para llegar antes al puerto. - El capitán se dirigió a zancadas hacia el timón, y comenzó a maniobrar hacia donde había visto tierra hacía unos minutos.
- ¿Estamos seguros? No le sucederá nada a mi hija, ¿verdad?
- Tened por seguro, señor, que su hija llegará sana y salva a puerto - el capitán le lanzó una mirada de odio al anciano - y ahora, idos a vuestro aposento, os lo ruego.

16 de septiembre de 2008

Estudio de las especies (1): El Familiar de Informático

Hoy vamos a analizar los usos y costumbres de ese ser mitológico comúnmente denominado "familiar de un informático", que es conocido en algunos círculos como "¿peroesquetunosabesenviarunmail?", y al que en adelante nos referiremos como FI.

El FI abunda en hábitats cercanos a las tecnologías de la información. Nótese que no en dichos lugares, sino en zonas cercanas a ellos. Porque el FI adolece de cierta alergia a todo lo que tenga enchufe y teclado, ya sea este numérico, alfabético, o con formas de animales.

Se reconoce al FI por su mirar hosco cuando dirige la vista a torres de ordenadores, móviles de última generación, módems, equipos de audio, y similares. Dado que puede haber espécimenes de mirar hosco por naturaleza, si se quiere identificar a uno de ellos, cuando se crea detectar el rasgo anteriormente mencionado, se le deberá preguntar: "Qué, ¿Te gusta?" refiriéndonos al aparato tecnológico en cuestión. Si responde "¡Pero qué dices! ¡Ni borracho!", estamos indudablemente ante un FI.

En sus guaridas, el FI raramente tendrá conexión a Internet o un ordenador - ni nada que se le parezca -. Su móvil, en caso de tenerlo, será el más barato que había en la tienda.

Un comportamiento común que se puede observar en el FI es su orgullo por su total incompetencia con todo lo relacionado con las tecnologías de la información. Cuando un FI necesita echar mano de estas "totalmente inútiles" tecnologías - cosa que sucede bastante a menudo, por cierto -, su comportamiento tipo es echar mano de ese hábitat cercano que hemos mencionado al principio, y que él denomina como "hermano", "hermana", "cuñado", o similar.

Elocuciones típicas del FI son del tipo "Voy a casa de mi padre a que me imprima estas fotos, que yo no tengo ordenador", o "Le voy a decir a mi hermana que le mande un correo a la secretaría de la facultad para pedir un certificado de notas". Cobra cada vez más fuerza la teoría de que esas frases forman parte de su ritual de apareamiento.

Normalmente, el FI no se comporta así por naturaleza, aunque se han registrado casos en los que sí se da esta concordancia. Los FI no suelen nacer perteneciendo a esa especie, sino que un factor externo a ellos les hace desarrollar ese potencial: Un familiar suyo se hace informático.

Actualmente, si se puede dejar de pertenecer a la especie (análogamente a como se empieza a pertenecer a ella) es objeto de investigaciones exhaustivas por parte de los científicos de las tribus urbanas.

No se dispone de más datos fiables con respecto al FI, aunque muchas teorías no contrastadas pueden enunciarse al respecto.

15 de septiembre de 2008

Nana - Rose

Yo me he leído el manga de Nana, y me puedo imaginar de qué trata la canción, que es el opening del anime, sin saber exactamente lo que dice. De todos modos, antes de leeros la versión traducida (eso sí, al inglés solamente), escuchad la canción. A mi me parece que está bastante claro lo que la canción quiere decir...
Y os recomiendo el manga.



Info sacada de: http://www.designchronicle.com/memento/archives/annainspinana_rose.html

Nana - Rose

Romaji version

When I was darkness at that time fueteru kuchibiru
Heya no katasumi de I cry
Mogakeba mogaku hodo tsukisasaru kono kizu
Yaburareta yakusoku hurt me

Nobody can save me
Kamisama hitotsu dake
Tomete saku you na my love

I need your love
I'm a broken rose
Maichiru kanashimi your song
Ibasho nai kodoku na my life

I need your love
I'm a broken rose.
Oh baby, help me from frozen pain
With your smile, your eyes, and sing me, just for me

I wanna need your love...
I'm a broken rose
I wanna need your love...

When you were with me at that time
Anata no kage wo oikakete
Hadashi de kakemekete stop me
Tozaseba tozasu hodo motsureteku kono ai
Yuruyaka ni yasashiku kiss me

Nobody can save me
Kogoeru bara no you ni
Yasashiku nemuritai my tears

I need you love.
I'm a broken rose.
Kareochiru kanashimi my soul
Kuzureochiru kodoku na little girl

I need you love.
I'm a broken rose.
Oh baby, help me from frozen pain
with your smile, your eyes,
and sing me, just for me

I wanna need your love…
I'm a broken rose
I wanna need your love…

I need your love
I'm a broken rose
Maichiru kanashimi your song
Ibasho nai kodoku na my life

I need your love
I'm a broken rose.
Oh baby, help me from frozen pain
With your smile, your eyes, and sing me, just for me

I wanna need your love…
I was a broken rose
I wanna need your love…


Translation:

When I was darkness at that time, trembling lips
In a corner of the room, I cry
The more I struggle the more my wound jabs
A broken promise hurts me

Nobody can save me
There's only one god
As if stopping and splitting my love

I need your love
I'm a broken rose
Scattering sorrow, your song
My lonely life that has no place to be

I need your love
I'm a broken rose
Oh baby, help me from frozen pain
With your smiles, your eyes, and sing me, just for me

I wanna need your love...
I'm a broken rose
I wanna need your love...


14 de septiembre de 2008

Parejas

Siempre he pensado que la pareja era más un accesorio que otra cosa. Un bonito adorno, pero para nada funcional: Como las joyas para la manicura, o los clips para el pelo. Basándonos en que uno esté con una persona de la cual no dependa, o a la que no necesite, porque si uno necesita a su pareja para vivir, la cosa pasa de ser accesoria a ser enfermiza.
Una persona debería ser capaz de llevar una vida totalmente al margen de las demás, sin depender de nadie ni necesitar a alguien de tal manera que no sea capaz de pensar en nada más. El problema es que si lleva ese tipo de vida, una pareja no le resultará más que una molestia: Algo que le quitará tiempo de las cosas que realmente le interesen.
Planteemos ahora que nuestra pareja comparta aficiones con nosotros. De este modo, estar con ella no supone perder el tiempo... Pero entonces la relación se basará en esas aficiones comunes, y dejará de ser una relación pareja. Porque estamos en las mismas: Para dedicar tiempo a "cosas de novios", hace falta dejar de dedicar tiempo a algo que nos hubiera apetecido más.
Y claro, si uno crea una dependencia hacia su pareja, entonces la cosa va al revés: Hacer esas cosas que antes tanto nos gustaban pasa a ser una pérdida del tiempo que podríamos pasar con ella. Lo malo de esto es que uno se convierte en una sombra de lo que era, pierde sus gustos, opiniones y aficiones - aquello que le caracterizaba - y se convierte en un zombie con una sola idea en la cabeza: Estar con la persona amada. Claro que eso ni es amor ni es nada, pero si esa persona es feliz pensando que lo es...

Conclusión: Para mantener una relación satisfactoria, en la que pasar tiempo con la pareja no nos haga sentir como si nos estuviésemos perdiendo algo, el truco está en tener, o muy pocas aficiones, o mucho tiempo libre.

12 de septiembre de 2008

Historia de un Papa

Tras mi visita a Peñíscola, en la cual aprendí un poco más de historia de Europa y de España, y me convencí aún más si cabe de que los españoles siempre hemos tenido (hablando en plata) los huevos cuadrados, se me ocurrió que podía ser interesante empezar a documentarme sobre el castillo y sus habitantes, en concreto sobre Benedicto XIII, el Papa Luna, con el objetivo de hacer una historia de ficción histórica sobre ello. Respetando al máximo todo el contexto histórico y los acontecimientos del cisma de occidente, y de la vida de los personajes, claro.
Esta historia corta se me ha ocurrido esta mañana mientras iba en el metro camino del trabajo. Aún no he recogido suficiente información del momento histórico, por lo que puede que no sea del todo rigurosa, pero como esto solo es una pequeña prueba, a ver qué tal puede resultar la historia, de llevarla a cabo, si queda bien ya la retocaré cuando reuna más datos.
Por cierto, se agradecerá toda aportación o corrección en lo tocante a los acontecimientos o a bibliografía que pueda consultar (aparte de Internet)

*********

Pedro se encontraba sentado sobre la base de la ventana, con la vista fija en el infinito. Forzaba la vista, imaginando que si se concentraba lo suficiente, lograría ver Roma. Había pasado la mayor parte de su convalecencia en esa habitación, mirando por aquella ventana, que había hecho construir para poder rezar con la vista dirigida hacia el Vaticano.

Aún se encontraba débil después de que los herejes de Roma enviasen a Peñíscola a su asesino, cuyo fracaso Pedro había interpretado como una señal divina. Dios le consideraba a él, y no a ese Martín, como el el auténtico representante de la fe católica en la tierra, y por ello no había permitido que muriera después de ingerir aquel veneno.

Al recordar aquello elevó una plegaria silenciosa al Cielo, de nuevo agradeciendo la misericordia del Señor para con su humilde siervo. Alargó la mano hacia la mesilla que había junto a la ventana, y recogió su rosario, dispuesto a pasar un agradable rato de oración. La vista que ofrecía aquella ventana, con la inmensidad del Mediterráneo abajo y del cielo arriba, le inspiraba. De hecho, aquel era su lugar favorito para rezar, porque el paisaje le hacía aún más consciente de la insignificancia de los seres humanos frente al resto de las creaciones del Señor.

Unos ligeros golpes en la puerta del cuarto interrumpieron su meditación. La puerta se abrió suavemente, y un monje entró llevando entre sus manos una enorme jarra de metal.
- Es la hora de tomarse la infusión, su Santidad - el monje, humildemente, depositó la jarra, cuyo contenido humeaba, en la mesita donde había estado el rosario. Pedro alargó el brazo para que el monje pudiera besarle el anillo de oro que llevaba en el dedo.
- Muchas gracias, hijo - el monje le besó el anillo e hizo una profunda inclinación antes de irse - ve con Dios.

La puerta se cerró, y Pedro volvió a quedarse solo con sus pensamientos. Miró con hastío la infusión que el monje había dejado junto a él, en la mesa. Ese mejunje apestaba a hierbas y anís, y no sabía a nada. Le entraban nauseas sólo de pensar que tenía que tomarse cinco de esas jarras al día, sin ni siquiera un poco de azúcar. Que un hombre tan importante como él tuviera que pasar por aquello - los dolores de huesos, las diarreas, la fiebre, ese potingue imbebible - le resultaba insultante. A veces se indignaba tanto que le entraban ganas de gritar a sus sirvientes, y en ocasiones, incluso, de gritar al propio cielo. Simplemente, no quería beberse aquello. Quería quedarse en aquella ventana, mirando hacia Roma mientras meditaba, el resto de su vida. Que otros se ocupasen de abanderar la Iglesia, él ya estaba harto de desprecios y herejías hacia él. Que se quedasen con todo esos hombres débiles que se dejaban llevar por intereses tan vacuos como el dinero o el placer físico. Si realmente la Iglesia quería aquello, él prefería desentenderse.

"Pero no puedo hacerlo", se dijo, mientras alargaba la mano hacia la jarra de metal con la infusión humeante. "Dios me mantuvo con vida. Me quiere vivo. Sabe que soy el único que puede dirigir su Iglesia... No debo ser débil, no puedo defraudar a mi Señor..."

Y lentamente, a pequeños sorbos, se bebió aquella hirviente sopa insípida con olor a hierbas, mientras miraba por la ventana, hacia el mar, hacia Roma... y se preguntaba por enésima vez si vería el Vaticano por dentro antes de que Dios se le llevara.