A una llamada de teléfono. Hay veces, esos breves instantes que tarda en darse cuenta de que aquello que parece tan cercano es del todo imposible, que le abruma la felicidad. Instantes en los que, con el teléfono en la mano, los dedos paseando indecisos por un número de teléfono que es incapaz de olvidar, sólo asoman a su mente los buenos momentos, y los agrios recuerdos de los últimos días, olvidados, se diluyen en la esperanza de poder recuperar la dulzura de los primeros besos, las promesas de las primeras caricias... Y cuando está a punto de marcar el primer dígito, cuando la esperanza y la dulzura la han cegado de tal manera que piensa que con hacer una llamada telefónica va a conseguir que el pasado vuelva, surge la pregunta; la maldita pregunta que no significa nada y a la vez lo significa todo, y que siempre, sin faltar a ninguna de sus citas, derrumba sus ilusiones en momentos como este. "¿Y qué le digo?" ¿Qué le digo?, se pregunta. Y entonces, como el agua de una pr...