27 de marzo de 2012

Fuuuuuuu

Yo una vez fui romántica, pero ya se me pasó.

Hablaba con poemas, soñaba despierta, dibujaba corazones en los márgenes de los folios. Cada día comenzaba con un susurro y terminaba con una promesa; el mundo era bondad y regocijo, solo existían dulces palabras. La vida me sonreía, el mundo era un hermoso recipiente en el que derramar mi dicha. Cada flor era un regalo, cada beso irrepetible, cada caricia digna de mil versos de amor.

Efectivamente, hubo un tiempo en el que fui romántica. Es una suerte que ya me haya curado.

Porque esas sensiblerías están muy bien cuando tienes quince años y crees que los cuentos de hadas están basados en hechos reales.

Pero yo ya no soy una niña. Y las rosas se marchitan, los besos se agrian, las palabras de amor se acaban, las promesas se rompen, y al final la culpa es tuya por haberte creído todas esas gilipolleces.

Que sirva como aviso.

2 de marzo de 2012

Las maravillosas horas extra no remuneradas

"No, si en esta empresa no somos de hacer horas extra. Bueno, salvo cuando hay que entregar el proyecto, que entonces hay que quedarse sí o sí. Pero eso es solo de vez en cuando"

"¿Cuándo puedes tener esto?"
"Pues yo sola, en 5 días. Si lo hago con Carlos, unos 2 o 3"
"Vale, pues ténmelo mañana"

"Puf, estoy hecho polvo, llevo toda la semana saliendo a las 9 de la noche (llegando a las 8am). Pero claro, esto hay que tenerlo para la fecha..."

...

Hoy, damas y caballeros, voy a hablar de las horas extra no remuneradas.

Cada vez en más empresas se está instaurando el tratamiento de las horas extra no remuneradas como algo que está ahí, que se tiene que hacer, que es normal que exista y que puede ser motivo de despido si te niegas a hacerlas. Es algo necesario para terminar los proyectos, para cumplir plazos, para no salirse de presupuesto. Y la empresa espera que las hagas sin quejarte e incluso alegre por ello, ya que es una manera de devolverle todo lo que ella te da.

Dios, ese último párrafo está tan lleno de mierda que creo que va a empezar a chorrear del monitor...

Vamos a dejar un par de conceptos claros: En primer lugar, y con este motivo debería ser más que de sobra para que nadie hiciera ni un minuto de más, las horas extra no remuneradas son tiempo que pasas trabajando GRATIS para tu empresa. La última vez que lo miré, si tú no trabajas en una empresa esta no te paga. ¿Entonces por qué la inversa se acepta con tanta alegría?

Ahora pasemos a ponernos más técnicos. Voy a hablar del caso que me atañe más directamente, el de las empresas desarrolladoras de software, centrándome única y exclusivamente en este tema.

Como mera programadora que soy - el último mono, por mucho que en mi contrato ponga "analista" -, tengo la libertad de seguir las órdenes de mi superior, y en los casos excepcionales en los que me preguntan "cuánto tardarías en hacerlo", responder con una estimación realista (más un día por si acaso, aquí no engañamos a nadie). Esas son mis atribuciones laborales, y por esas funciones me pagan.

Luego están los puestos por encima de mi. ¿Qué hacen exactamente esos señores en una empresa desarrolladora de software, si no programan?. Pues en la mayoría de los casos planifican: Cuánta gente necesitan para llevar a cabo un proyecto en tanto tiempo, cuánto tiempo necesitan para llevar a cabo un proyecto con tanta gente, cuánto dinero estiman que necesitarán para terminar el proyecto en tanto tiempo con tanta gente... Decisiones bastante cruciales a la hora de acometer cualquier tipo de trabajo, de hecho.

En la mayoría de los casos esa gente encargada de hacer las estimaciones no tienen ni puta idea de cómo hacer un "hola mundo", más de cuánto se puede tardar o cuánta gente se puede necesitar para hacer una aplicación web de complejidad media.

Pero ey, la cosa no es tan grave. En teoría - y digo teoría porque nunca he visto que pase -, esos jefes le preguntan a sus subordinados "oye, ya nos hemos leído la petición del cliente, el documento de requisitos, el funcional y el horóscopo del día para Aries. ¿Cuánto crees que se tardaría en hacer, y con cuánta gente?". Porque no saber es una enfermedad que tiene una cura tan fácil como preguntar al que sabe. Y los programadores, a base de darnos de cabezazos contra ordenadores año tras año, hemos desarrollado la maravillosa habilidad de poder estimar cuánto vamos a tardar en hacer algo.

Así que son los jefes los que tienen que estimar tiempo, recursos - gente y software - y presupuesto, basándose en los criterios que sea. Y luego organizar a los trabajadores, preocuparse porque no les falten recursos para llevar a cabo su tarea de forma óptima, controlar que se vayan cumpliendo los plazos, y pelearse con el cliente si quiere cambiar los requisitos una semana antes de la entrega porque el vidente le ha dicho que el azul elegido para los botones le cierra los chakras.

Esas son sus atribuciones, y por desempeñar estas tareas, amén de por comerse los marrones si no se llega a la fecha de entrega, les pagan.

Todo esto lo he narrado usando la misma aproximación que un profesor de física de BUP: Simplificando hasta el máximo y obviando prácticamente a todos los actores salvo a los dos que
me interesan; a saber, el que curra y el que planifica. Ahora, como si fuéramos subiendo de curso, voy a ir introduciendo uno a uno al resto de los actores de este circo que es el desarrollo de software.

Por un lado está el cliente, que quiere una aplicación que funcione perfectamente, tenga el aspecto que él quiera, y a ser posible lo más pronto y al menor precio posible. Este sujeto saca a subasta - creo que se llama así - el proyecto, para que las diferentes empresas del sector le hagan sus ofertas, y él quedarse con la que más le convenga, teniendo en cuenta los parámetros ya descritos.

En el otro lado tenemos un alto cargo de empresa que quiere ganar dinero, y que sabe cómo conseguir el contrato del proyecto software: Ofreciéndole hacerlo en menos tiempo y por menos dinero que la competencia.

Al final el contrato lo gana el que se ofreció a hacerlo por la menor cantidad de dinero en el menor tiempo, sin tener en cuenta lo realista o no de dichas estimaciones. Porque al cliente lo que le importa es tenerlo rápido y barato, no se ha parado a pensar que es imposible hacer lo que él pide en el tiempo que le han prometido y por tan poco dinero. Eso ya es problema de la empresa.

El proyecto llega a un mandamás de la empresa, que con el presupuesto en la mano - que no con el calendario - hace cuentas para calcular cuántos curritos necesita pedir para que lleven a cabo el proyecto de forma que él se quede con la mayor cantidad posible de lo desembolsado por el cliente.

En este punto tenemos un proyecto que, antes incluso de comenzar, ya tiene unos plazos incumplibles y MUCHA menos mano de obra de la necesaria gracias a la oferta de la empresa, de una cantidad menor de la necesaria, y a la avaricia de los cargos intermedios.

Llegamos a los que pringan: Jefe de proyecto y curritos. Pónganle todas las escalas intermedias que quieran si lo desean, yo voy a simplificar al máximo siguiendo con mi aproximación de profesor de física de instituto.

El jefe de proyecto, que por regla general suele ser alguien a quien han puesto allí porque es demasiado inepto para seguir ascendiendo, se encuentra un panorama bastante poco motivador: Tiene que conseguir que un escaso grupo de programadores saque adelante un proyecto en un periodo de tiempo irrisoriamente corto, y con un presupuesto con al menos 3 ceros menos de lo que él cree necesario. Pero como él lo que quiere es quedar bien y cobrar la prima de objetivos cumplidos, cuando le preguntan si podrá cumplir plazos asiente muy seguro. Y en vez de hacer lo que he explicado al principio - consultar con los trabajadores el tiempo y los medios que necesitan, pedir dichos medios, hablar con quien haya que hablar para conseguirlos... - le pasa el marrón a los programadores sin más.

Y ahora llega lo divertido. Porque a los curritos les dicen que tienen que sacar aquello adelante en tanto tiempo con tantos medios. Y esos curritos, que de toda la cadena trófica de la empresa son los únicos que saben de qué se está hablando, se llevan las manos a la cabeza. Podrían expresar su descontento pero lo mismo daría porque ya está todo firmado y sellado. Así que lo único que pueden hacer es sentarse frente a sus ordenadores y rezar al dios de las causas perdidas para que les de meses de 60 días.

Se acerca la fecha de entrega y los plazos no se cumplen, como es natural. Y el jefe de proyecto ve que se va a comer un marrón - por no mencionar que perderá su prima -, y les "pide educadamente" a sus subordinados que se muden durante un par de semanas al lugar de trabajo para poder trabajar el mayor número de horas posible al día. PERO obviamente no le comunica a sus superiores que sus subordinados están haciendo más horas extra que el chapista de Iron Man, porque eso lo haría quedar muy mal como gestor de proyecto - y perder la prima -, y él lo que quiere es una subida de sueldo, no una reprimenda. Así que no apunta esas horas extra que hacen los curritos por ningún lado para que nadie lo sepa o, en el peor de los casos, para que nadie pueda probarlo.

O sea, que al currito al que le toca quedarse hasta medianoche todos los días nadie le paga esas horas. Y tampoco puede negarse a hacerlas, porque la opción es que le echen de la empresa y contraten a alguien que SI hará horas extra.

...

Unos clientes avaros que no saben lo que piden y a los que les importa más la rapidez que la calidad; unos empresarios obsesionados con los beneficios que no piensan en que los que trabajan en sus empresas no viven del aire; unos mandos intermedios ineptos que solo piensan en las primas por objetivos; unos trabajadores cobardes que no saben decir "aquí me planto" y viven con el miedo perpetuo a perder su triste salario.

Todo ello hace que a mi me miren mal cuando me voy a las 5 del trabajo porque ya he cumplido mis 8 horas y yo NO hago horas extra. Aunque yo creo que debería ser al revés.

Porque por culpa de los que SI las hacen, yo, que hago mis horas y durante ellas trabajo como el que más, quedo mal en la empresa. Y yo, desde luego, gratis no trabajo.

Food for thought!