30 de septiembre de 2009

Conversaciones de cafetería y Paddle

Dios santo, hoy el tiempo se ha convertido en mantequilla o alguna sustancia igual de viscosa, porque sólo son las dos menos veinte y me da la sensación de que llevo aquí sentada dos días. No hay nada como llegar a la hora al trabajo para que a una se le haga eterna la mañana... menos mal que el viernes con la tontería de ir al médico ya tiro de dos a tres horitas.

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Lo que más me fascina de mis compañeros de trabajo es lo redomadamente pijos y ricos que son. Sinceramente, si yo fuera así de rica, en primer lugar no trabajaría de técnico de sistemas. Me buscaría un trabajo más acorde con mi posición social, mi estatus económico, y mi bagaje cultural. Como por ejemplo anunciante de Ferrero Rocher.
En fin, que a uno de mis compañeros le han instalado una pista de paddle en la zona común de su comunidad de vecinos. Qué gran idea, pensé cuando lo oí, una pista de paddle en mitad de la zona ajardinada de mi comunidad de vecinos. Creo que lo voy a proponer en la próxima junta... ehm... ahora que lo pienso... yo no tengo zona ajardinada en la comunidad de vecinos... y tampoco soy propietaria del piso en el que vivo...
Pero si tuviera piso con zona ajardinada, estoy segura de que durante las reuniones de la comunidad abogaría por instalar una pista de paddle.

Hablando sobre este insigne juego, reflejo de la sociedad culta y floreciente en la que la mayoría de los españoles nos vemos inmersos, alguien llega a la conclusión de que para poder jugar bien al paddle hay que ser matemático.

Que no se me ofenda ningún matemático, pero no me imagino a un tipo delgado, con gafas y camisa a cuadros, y la potencia muscular de un michirón con reuma, jugando a nada que no implique una silla y un tablero (los dados son opcionales).

Pero con eso y con todo, le vi la lógica. Porque para poder jugar con propiedad hay que saber hacia dónde va la pelota, y eso implica calcular ángulos, fuerza de golpeo, rozamiento del aire... Sí, todas esas cosas en las que seguro que piensa cualquier jugador de tenis durante un partido. Estoy segura de que Nadal es un genio del cálculo mental de derivadas tangenciales y gradientes de rozamiento. ¡Y encima saca tiempo para correr tras la pelota! ¡Menudo crack!

Ya puestos, el jugador ideal de paddle podría ser un estadista. Porque después de haber visto el suficiente número de partidos, siempre podría anticipar la trayectoria y fuerza de la pelota en el siguiente lanzamiento, y por tanto adelantarse a su oponente.
Excepto por la salvedad de que la potencia física tampoco suele ser el fuerte de los estadistas, es un planteamiento perfecto.

O sea, que para ser buen jugador de paddle tienes que ser de ciencias.

¿Pero qué pasa si eres filósofo, y te da por jugar al paddle? Porque uno también puede jugar mientras se pregunta por las necesidades intrínsecas de la pelota, y si estas se verán satisfechas en mayor o menor grado dependiendo de hacia dónde y con qué fuerza se dirija.
Puedo visualizar al filósofo con su raqueta y cara de profunda concentración, durante un partido, preguntándose cosas como "¿Qué impulsará a la pelota a ir de un lado a otro de la pista?", o "¿En qué estará pensando la pelota en este instante, para dirigirse hacia la derecha en vez de hacia la izquierda?"
Aunque seguramente la respuesta a esta última pregunta sea "¡No me pegues!"

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Al loro con la tetera del averno:

Death

Según cierto personaje, este dibujo es el culmen de los fallos anatómicos, debido a que cuando dibujo, como "calco" de referencias, ni me entero de lo que estoy haciendo. Vosotros me diréis si el dibujo está calcado o no, y si realmente está tan amorfa como para considerar que no tenía ni idea de lo que estaba dibujando.
Imagen que tomé de referencia


29 de septiembre de 2009

Frases célebres

Frases célebres:

- Mira a tus diez en punto.

- Pero... ¿de la noche?

...

- ¿Desde dónde me llamaste el otro día?

- Desde el móvil del trabajo

- Vale, pero... ¿desde dónde?

...

- Me acabo de hacer un esguince

- Pero... cómo?

- Me he torcido el tobillo


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En una casita multicolor...

Me he vuelto a mudar.
El lector avispado notará que ya lo dije en una entrada anterior, pero por si acaso yo aviso.

El caso es que llevo poco más de una semana en un piso del tamaño de una estrella gigante roja, con más pasillo que el laberinto de detrás de casa de Lara Croft, y con seis habitaciones, cinco de ellas del tamaño de un estadio de futbol cada una. La sexta no está mal de tamaño, aunque en líneas generales es algo pequeñaja.

Adivinad la que me ha tocado a mi. Una pista: No suelo jugar al fútbol en mi cuarto.

Pero bueno, que la cosa pinta bien. He podido dejar gran parte de mis libros en las estanterías del pasillo interminable, descartando aquellos libros que podrían causar una primera impresión desastrosa sobre mis otras cinco compañeras. Por poner un ejemplo al azar, el tomo de Man de Universitarias se quedó en mi cuarto. Y el libro de masaje erótico oriental tampoco ha visto más paredes que las de mi habitación. Y para que no penséis que soy una pervertida - ya me gustaría a mi serlo, ya -, que sepáis que en general todos mis cómics se han quedado en mi cuarto.

Pero recapitulemos: ¡Seis chicas en un piso! Bien, con dos cuartos de baño completos y una planificación adecuada, la cosa no tiene por qué acabar en holocausto nuclear. Pero es que la lista de la casera no ha puesto mampara en el plato de ducha de uno de los cuartos de baño, por lo que ducharse en él viene a ser lo mismo que abrir los grifos del lavabo y dejar rebosar el agua hasta la altura de los tobillos. Que no digo yo que como spa no esté bien, pero cuando una llega tarde al trabajo y su mayor prioridad es lavarse el pelo lo más rápido posible, pues pierde bastante atractivo.

Total, que somos seis chicas y una ducha. Un título genial para una sitcom americana, lo mires por donde lo mires.
Nos vamos apañando por ahora, mientras la casera nos promete todos los días que al día siguiente vendrá alguien a instalar la otra mampara. Por las mañanas, cuando una de las seis no logra entrar en la ducha antes de tener que salir corriendo al trabajo, se recoge el pelo y punto, tampoco vamos a declarar el estado de emergencia.

Aún.

En otro orden de cosas, el piso es una ricura: Está totalmente reformado, y la verdad es que se nota. Las paredes están blancas y relucientes, cuando nos instalamos tuvimos que quitar kilómetros y más kilómetros de plástico de embalar de todos los muebles, y habían cambiado totalmente la instalación de las tuberías del agua.

Inciso: Soy hija de un arquitecto de obra. La mitad de mi infancia me la tiré haciendo de peón de obra en las reformas que mi padre hacía en la casa. Tengo unas nociones básicas sobre instalaciones de luz y agua, y sé, positivamente, que conectar la tubería de desagüe de la lavadora con el desagüe de un fregadero que se atasca NO es buena idea.

Pero el cafre que hizo la instalación de las tuberías en este piso no compartía mi opinión.

Fin del inciso.

En un primer momento, como todo, tampoco supuso ningún problema. Al desagüe del fregadero parecía que le pagaban por horas cuando de soltar agua se trataba, y cuando se ponía la lavadora, cada vez que ésta desaguaba, la pila del fregadero se llenaba hasta casi el borde con una rapidez pasmosa. Realmente no era muy grave, mientras la ropa saliera limpia y medianamente centrifugada...
Hasta que la lavadora dejó de centrifugar, y el fregadero se atascó totalmente.

Bucólico, que no?

Lo divertido fue que la tarde que vino el fontanero a arreglar el desastre del desagüe, lo que hizo fue cambiar la cisterna del water de los cuartos de baño, con la consecuente inundación de ambos.

Llegados a este punto, le pregunté a Susana a qué gimnasio iba. Ya que no podía ni lavar mi ropa, ni hacer mis necesidades, ni fregar los cacharros, que al menos pudiera ducharme en condiciones.

Pero la diversión duró poco, porque unas cuantas amenazas telefónicas y un día después, los fontaneros volvieron, y esta vez cuando se fueron todo funcionaba bien, y no soltaba agua más que por donde debía hacerlo.

Aunque la mampara de la ducha seguía sin estar puesta.

Pero dejemos la contienda de la mampara imponible por un momento, y centrémonos en algo que no por no verse es menos importante: Internet.
Tenemos un router wifi monísimo en el salón, a unos tres kilómetros de la habitación más cercana - recordemos el tamaño del piso -, y un bonito repetidor wifi en el pasillo. Muy bien, pensarás, menos mal que hay un repetidor, porque a la que a una de estas les de por poner el emule con solo el router transmitiendo, adiós conexión. Pero la cosa tiene truco, porque el repetidor no sólo está desenchufado, sino que ni siquiera está configurado para sincronizarse con nuestra red.
"Porque no era necesario, se coge internet desde todas las habitaciones", dijeron los caseros. Y oye, yo no tengo ningún motivo para no creerlos. Pero durante una semana nos hemos tenido que estar conectando a redes no seguras para tener Internet, porque no había manera de dar con la señal de la nuestra. Y encima no sé qué narices le pasa a mi ordenador, que será muy legal o algo por el estilo, pero no me deja conectarme a las redes no seguras.
Jamás debí dejarle ver toda aquella publicidad sobre condones.

Menos mal que a día de hoy, gracias a la técnica ninja infalible de apagar y volver a encender el router, tenemos acceso a la red - eso sí, con la intensidad de señal que yo te diga, que parece que hemos vuelto a los tiempos del rdsi -.

O sea, que en el plazo de una semana nos han inundado los cuartos de baño, nos han desgraciado la lavadora y el fregadero, nos han imposibilitado el acceso a Internet, y seguimos con una sola ducha para abastecer las necesidades de seis mujeres.

No se vosotros, pero yo no puedo parar de reírme...

En un futuro no muy lejano...

Ya tenía yo ganas de escribir algo de ficción. Es el comienzo de una historia que gesté cuando comenzó a gustarme el manga, allá por los 15 años. La historia pretendía ser un cómic, e incluso tengo la primera página dibujada. Pero la coloreé con lapiceros de colores, y al ver el resultado llegué a la conclusión de que mejor lo dejaba para otro día.
Hace cosa de un año le prometí a alguien que iba a ponerme con este proyecto - que enterré en el olvido, debido a que a los quince años yo apestaba como dibujante y escritora - y creo que ya va siendo hora de mostrar el primer resultado. Supongo que él por su parte no habrá avanzado nada con lo que me prometió, pero no puedo culparle, es una persona muy ocupada. Y yo ya estoy crecidita como para ir mosqueándome porque la gente no cumpla sus promesas


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Era noche cerrada.
Y no porque no hubiese luna. Un enorme círculo plateado derramaba su luz, que reflejaba del sol, sobre las calles de la ciudad. Pero esta luz era bloqueada por las capas de nubes de polución primero, y por los altos edificios y paneles protectores después.
Del brillo plateado que debería haber llenado las calles, apenas se filtraban algunos hilos por las ranuras de los paneles, en rincones en los que el nivel de radiación les hacía ondular de manera extraña. Cuando alguien veía un rayo de luz de luna moverse como si bailara, no necesitaba detector: Sabía que lo más sensato era correr en la dirección contraria y rezar para no haberse acercado lo suficiente para que su adn resultara afectado.
Pero la gente no solía pasear de noche por callejones desconocidos buscando jirones de luna; de hecho, no paseaba en absoluto. A ninguna hora del día.
Las calles estaban tan desiertas como podían estarlo, y ni siquiera los pocos vigilantes que patrullaban las calles, equipados con las reglamentarias capas de protección contra rayos gamma, hacían el más mínimo ruido al caminar sobre los suelos enlosados. Hacía algunos meses esos guardias ni siquiera habrían sido necesarios: La amenaza de los focos de radiación no señalizados y lo que pudiera habitar en la total oscuridad de algunas callejas era suficiente para mantener a la población a raya.
Habría sido diferente si en la población hubiese habido una concentración más alta de adolescentes, que de buen seguro no habrían temido tanto los rincones oscuros, sino que se habrían sentido irremediablemente atraídos hacia ellos, para descubrir hasta el último de sus secretos. Ellos se habrían reído en la cara de quienes les advirtieran de las mutaciones que la radiación provocaría en su ADN, habrían hecho burla de los monstruos - antes humanos que también se rieron de sus advertencias - que poblaban las calles; quizá habrían cogido un paraguas y, con inexpertos movimientos de esgrima, habrían ejemplificado lo que les harían a esas aberraciones de encontrarse alguna. Los adolescentes no tienen miedo, nunca lo han tenido. Y tampoco tienen reglas. Para ellos las reglas son meras directrices deseosas de que se las incumpla.
Si hubiese habido adolescentes las cosas se habrían puesto mucho más complicadas para los guardias que patrullaban las calles, para los mutantes que las asolaban, e incluso para los charcos de radiación residual que hacían bailar a los rayos de luna.

Pero los adolescentes se habían ido. Habían crecido, o muerto. Y los que sobrevivieron habían aprendido la lección.
La población había sido esterilizada por su propio bien, y la reproducción se había convertido en un proceso de laboratorio que comenzaba con dos diminutas células y terminaba con un espécimen adulto que sabía todo lo que había que saber, ignoraba todo lo que había que ignorar, temía todo lo que había que temer, y respetaba todo lo que había que respetar.
No había escapadas nocturnas, manifestaciones de ningún tipo, inconformismos, o siquiera leves preguntas retóricas del tipo "¿Y por qué tenemos que vivir así?". La sociedad amansada de este modo no corría peligro, y se recuperaba dentro de edificios de paredes de diez metros de hormigón, casi podría decirse que en estado de letargo, a la espera de que los milenios hiciesen su labor y limpiasen lo suficiente la atmósfera para que, quizá sus tátara tataranietos, pudieran volver a ver la luz del sol como sus tatarabuelos la recordaban.

Pero si algo nos ha enseñado la literatura futurista, es que siempre que una sociedad es homogénea y perfecta, eso es que tiene un error por algún lado.

Y el error de esta sociedad, a esas horas, está llenando su mochila con los rudimentos necesarios para pasar la noche fuera por enésima vez: La linterna y las baterías van por separado, no fuera que se encendiera por error. La cena está debidamente desnaturalizada y empaquetada para no emitir ningún olor ni dentro ni fuera de su bolsa. La botella de plástico de agua, ligeramente derretida por haberse acercado demasiado a los charcos de radiación. Una manta de amianto, sólo por si acaso.
Y la cámara de video.

Este error de la sociedad conoce un angosto pasadizo que atraviesa los diez metros de hormigón que separan los cubículos climatizados que son su hogar del viciado aire de las calles desiertas. Y se prepara una noche más, tras veintiocho días esperando, para atravesarlo. Nadie más conoce el pasadizo, seguramente porque a nadie más le importa lo que haya al otro lado de las paredes.
Atraviesa el túnel a oscuras, porque conoce cada esquina, cada recoveco. Y porque una luz a aquellas horas significaba su muerte inmediata. En la negrura del hormigón perforado sólo lucen dos ojos plateados que desaparecen en ocasiones, cuando la ayuda visual es totalmente inútil.

Sale a la calle por una trampilla que no se diferencia en nada del resto de losas del edificio, salvo por el hecho de que puede bascular si se le empuja del modo adecuado. En total silencio se desliza por los bloques de hormigón pulido, y sus deportivas apenas suspiran al tocar suavemente el suelo. No necesita traje de protección, la radiación ya le hizo todo lo que podía hacerle en el vientre materno, así que la única preparación que necesita es recogerse la larga melena plateada para evitar que ningún pelo furtivo la delate.
Durante unos instantes, se mantiene quieta, al acecho. Pero ningún ruido le advierte de la presencia de los vigilantes. Eso es algo que también controla bastante bien: Las rutas de los vigilantes.

Ha recorrido la ciudad varias veces, y salvo cucarachas, no ha encontrado más monstruos que los pobre soldados, semiaplastados bajo capas y capas de aislante, con un campo de visión semejante al de un topo ciego, patrullando las calles. Nunca ha encontrado otro ser vivo, y ahí incluía a los guardias, que no se mereciera ser pisoteado.
Sabe que está sola. Es la última nacida de manera natural en un mundo en que la ingeniería genética es la única fuerza reproductora, y lo sabe. Lo sabe, porque ella misma es parte del sistema de día. Porque su cerebro está intacto, y precisamente por eso es lo suficientemente lista como para no ir por ahí presumiendo de que su adn no ha sido manipulado por ningún ácido de laboratorio, y que su cerebro tiene todas las piezas.
Sabe que su supervivencia depende de no hacerse notar, y sus cabellos y ojos plateados ya son lo bastante llamativos de por sí.
Pero a las salidas nocturnas no puede renunciar; es algo que le pide el cuerpo, salir de aquellos ataúdes de hormigón, observar lo que queda del cielo, aunque solo sea una vez al mes.
Sabe que los monstruos mutantes no son más que cuentos chinos para ayudar a mantener el estado de catarsis de la población. Sabe que nunca encontrará nada que realmente merezca la pena, por no mencionar alguien más como ella.
Sabe que está sola.

Pero esta noche se equivoca.

28 de septiembre de 2009

Mudarse puede ser divertido!

Que me lo digan a mi, que llevo cuatro mudanzas en menos de un año (el uno de octubre hará un año que me mudé por primera vez. Y jamás olvidaré mi primera noche fuera de casa de mis padres sabiendo que no tenía que volver al día siguiente, ni al otro, ni al otro... *snif!*)

Mudarse, si se practica del modo apropiado, puede elevarse al rango de arte. La primera vez que uno se acerca a una maleta y a un montón de cajas de cartón no sabe cómo afrontar realmente el problema. Es todo ilusión y energía, pero no sabe hacia dónde dirigirla. Es con la práctica como se llega a la perfección.

El planteamiento inicial suele ser bastnate simple: Se hacen pilas y pilas en el cuarto con todas las pertenencias de uno: ropa, libros, figuras, peluches, útiles de higiene y belleza... y cuando en la habitación ya no cabe nada más y uno se da cuenta de que necesita hacer sitio sobre la cama para poder dormir, es cuando nota que algo no anda bien. Porque para trasladar todo su bagaje personal, monstruosamente abultado teniendo en cuenta la edad del dueño, sólo dispone de una maleta, tres mochilas, y el transporte público de Madrid.
Y entre la casa de los padres de uno y lo que será su primer hogar hay una distancia de - sí, los madrileños medimos las distancias en tiempo. Es lo que tiene moverse en transporte público, que los kilómetros nos suenan a nuevo helado de frigo - hora y media en renfe.

En mi caso concreto, con ayuda del novio, del mejor amigo, y puntualmente del coche de algún amigo que fue presa del chantaje psicológico más vil, la mudanza fue llevándose a cabo... en aproximadamente un mes y medio. Menos mal que en casa de mis padres siempre pueden quedarse cosas "que ya pasaré a recoger", porque si no, se habría liado parda.

Durante la mudanza, la interfecta descubrió que toda su vida no cabía ni en la mansión de Paris Hilton. Lo cual estaba muy bien, porque significaba que si en 25 tristes años había conseguido almacenar tantas mier... cosas, a saber lo que le esperaría en los que vienen por delante. Igual tiene que plantearse ir ahorrando para una nave idustrial, o algo de tamaño similar.
También descubrió que mudarse sin ayuda de un camión de mudanzas es muy parecido a apuntarse a un gimnasio, solo que en vez de pagar facturas por usar la sala de musculación, se pagan por los billetes de renfe.
Y por supuesto, también descubrió, la primera mañana que despertó en su nuevo hogar y gracias a esa maravilla que son los teléfonos móviles, que todos los insultos y referencias a que era un parásito de los que había sido objeto por parte de la autoridad materna durante los últimos años no era más que un farol.
Quizá mi madre debería haber sabido que se me da de culo jugar al mus y al poker antes de marcarselo...

La segunda mudanza me llevó aproximadamente cinco meses, y eso fue porque a) las casas estaban a sólo quince minutos andando una de otra, y b) nadie me metía prisa. Además, me tiraba casi más tiempo en mi antiguo hogar que en el nuevo, así que tenía sentido que guardase ciertas cosas, como ropa, enseres de higiene personal - aunque luego siempre salía oliendo a Boss for Men a la calle, para qué negarlo -, mi ordenador... y cosas de primera necesidad por el estilo.

Aquí haré una aclaración: Mi casa no es donde está mi cama. Es donde está mi ordenador. Me da igual dormir en el suelo y comer sándwiches del chino de la esquina, yo vivo en la casa en la que está mi ordenador. De hecho, si mi ordenador está en un almacén, yo vivo allí con él.

Uno puede entender que me mostrase reticente a la segunda mudanza - que fue sólo cinco meses después de la primera -, entre otras cosas, porque al no haber transporte público entre las dos casas, debía moverlo todo con la fuerza de mis brazos y piernas - que ya estaban empezando a coger tono, porque con las palizas que les daba... -. Y por mucho que entre los dos edificios hubiera solo un cuarto de hora, como que no me daba la gana volver a hacer de mozo de carga.

Ah, pero he aquí que cinco meses después me vuelvo a mudar. Y esta vez sí tengo fecha tope para sacar las cosas de la casa. Así que mi quincena de vacaciones se convirtió en un frenético ir y venir cargada con una maleta y dos mochilas de una casa a otra - esta vez sí separadas por transporte público, y también por hora y media de viaje -. Esta vez fui ayudada sólo ocasionalmente por el mejor amigo de una, porque el ex novio ya no quería tener nada que ver con mujeres desquiciadas ni con mudanzas express.
Me destrocé los hombros, las rodillas, los codos, las muñecas, y ni siquiera llegué a trasladarlo todo a tiempo, así que el último día tocó meter el sobrante a presión en una habitación libre en mi primer - y hasta ahora el único al que he llamado así - hogar, a la espera de que pudiera volver algún día a por todo ello.
También alquilé una furgoneta sin conductor para mover los muebles, lo que fue toda una mejora, comparado con la primera mudanza. ¿Veis? Ya iba cogiéndole el tranquillo.

Y cuando parecía que me estaba instalando en el proyecto de armario empotrado en el que me había ido a vivir- esto es, llevaba quince días viviendo en él - resulta que me tengo que volver a mudar.
Esta vez, fruto de tres traslados de muebles y enseres varios, ya le tengo cogido el punto, y la mudanza se realiza totalmente en un día. Como los pisos están separados escasos quince minutos, y yo con pisos a esa distancia ya me conozco lo que sucede, me proveí de un coche "con conductor" - otra gran lección que aprendí de la última mudanza - un carro, un montón de cajas de cartón y una maleta. Y comencé, junto con mis dos acólitos - que muchos denominarían "padres" - a llenar y vaciar el maletero del coche una y otra vez, llevando ropa, libros, peluches, libros, comida, utiles de higiene personal, libros, muebles, y más libros de una casa a otra, hasta que no quedó en el piso origen ni uno solo de los pelos de mi melena - y mira que es difícil, porque se me cae el pelo cosa mala -.
Total, que a las diez de la noche ya habíamos acabado. ¡Y habiendo comenzado sólo a las once de la mañana! ¡Todo un record teniendo en cuenta la duración de mis anteriores mudanzas!

Si es que con el tema de mudarse es como con el de los pilotos de avión: Es cuestión de acumular horas de vuelo. Me apuesto a que la próxima mudanza me la apaño yo sola en una tarde.

Noticias, noticias...

Hay gente que opina que voy dando bandazos por la vida. Hoy en concreto los voy dando por la oficina, chocándome con toda pared y mueble que se me pone a tiro. Los que me conocen saben que eso es síntoma de que me acabo de levantar, pero son más de las diez y cuarto y llevo despierta desde las siete... Lo de la lengua de trapo, como no lo podéis comprobar de primera mano - aunque mis sufridos compañeros de trabajo sí lo están padeciendo... esto... comprobando -, os lo digo yo. Y lo de las ganas de trabajar me parece que puedo obviarlo, dado que en vez de currar estoy haciendo... esto.

Hoy, en vez de mi lírica desatada o mis desesperados e infructuosos intentos por parecerme a un clon entre Javier Veiga, Angel Martín, Hugh Laurie y Terry Pratchett (o quizá su hija, eso aún no lo he decidido), os traigo unas cuantas noticias de interés. Quizá no de vuestro interés, pero sí del mío.

La primera - aunque no por ello más importante XD - es que Singergia sin Control cumple 100 tiras, y lo ha querido conmemorar con una macrotira en la que explica los orígenes de la saga de informáticos frikis más delgados y cabezones del mundo. La tira ya está en Menéame, y creo que una bonita manera de felicitarle por haber llegado a tan insigne número es hacer que llegue a estar en portada, no os parece? O sea que ya estáis todos yendo a Menéame y votándole (meneándole)!

Preparaos porque la segunda noticia tiene cola:

Por fin ha abierto sus puertas - literalmente no, solo metafóricamente - el portal de CineMaverick, página en la que podréis encontrar todo lo relativo al cine, podréis ganar premios relacionados con las últimas superproducciones, y además también podréis discutir si Diablo II es o no un juego de rol... ay no, que eso es en Meristation... Bueno, que podréis discutir sobre series de televisión, videojuegos, películas de cualquier tipo... en su fantabulástico y nuevo foro.




La página tiene poco más de una semana de vida, así que os podréis acercar a ver cómo se parece a su madre, si ha sacado los ojos del padre, el temperamento del tío... esto... si, ya paro de desbarrar.

Como toda página que se precie, CineMaverick tiene facebook y twitter, así que ya sabéis, si queréis estar a la última en lo que a la gran - y pequeña - pantalla se refiere, no perdáis el tiempo, pasaros por su página, y haceros sus seguidores en facebook y en twitter.

No, que va en serio, que dejéis de perder el tiempo con el solitario de windows y os paséis por su página. Lo del facebook y el twitter vale que lo pospongáis hasta que lleguéis a casa, que en la mayoría de los trabajos el proxy no deja conectarse a esos sitios. Pero para lo otro no tenéis excusa. O sea que ya sabéis: CineMaverick

Y la última noticia (que no por ello la menos importante) es la Presentación de Comics 2.0





Será en Madrid, el día 7 de octubre, a las 18:30 horas, en el Colegio Mayor Fundación SEPI "el Negro" (cerca del metro de metropolitano). Allí, aparte de poder adquirir, por unos míseros 10 euros de nada, 160 paginas de los mejores autores del webcómics del panorama mundial (bueno vale, quizá no tanto, pongamos Español. Bueno vale, madrileño... vale, vale, de Leganés pabajo...), podréis conocer a varios de los autores y pedirles que os dibujen monigotes u os firmen - en dónde, ya lo dejo a elección del fan. -

Además de la presencia de Ender Wiggins (porque esta información la estoy copiando de su blog, basicamente, y como tiene un ego que se lo pisa se pone a él el primero), podréis disfrutar de las firmas y dibujos de David Prieto, Guido-Kun, Aitor Eraña, Willy Galleta, Katakraos (con chistes de morcillas), Gonzahermeg y toda la gente y novatos de el Negro.

Aquí el blog donde podéis encontrar más información

Ya sabemos que es día de diario, ya sabemos que no son horas, pero...¡si yo puedo, todos pueden! (eso lo dicen en el programa despertador de Máxima FM, y si ellos lo dicen por algo será) Además, no creáis que va a ser llegar a las seis y media, sentarse, y a las siete menos cuarto pa casa, no. Que si llegáis a las siete también van a estar ahí esperándoos (con carita de cordero degollado)

En una de las columnas laterales - porque soy la más guay y he conseguido meterle tres columnas al ioputi del blogger sin tener ni idea de css - podéis ver los días que faltan para el magno evento - widget cortesía de Ender Wiggins -. Yo estaré allí, en plan reportera dicharachera, con la cámara de fotos y la grabadora. Y pienso hacer un reportaje sobre el evento y ponerlo en el blog. Así que ya sabéis, la loca de la camiseta de Battle Royale y la grabadora seré yo. Y también firmo autógrafos, sobre todo en torsos bien formados, usando chocolate como tinta y mis dedos como bolígrafo... eh... esto... que sí, que molará mucho el evento. Y tal.

27 de septiembre de 2009

Ay Dios...

Si ya me lo decía mi madre, que no jugase con el ordenador...

Esto es lo que pasa cuando una se pone a juguetear con el código html del blog sin tener ni puñetera idea de lo que está haciendo...

He logrado salvar la mayor parte de los widgets - aunque aún no sé cómo lo he hecho - y meter la columna adicional que me proponía añadir, además de cambiar los colores y agrandar la cabecera - metiendo más gatitos! yay! - para que encaje con el nuevo ancho - ruego a los cielos que todos mis lectores tengan un monitor panorámico, porque si no las van a pasar putas leyendo mi blog... -. Pero no debí guardar a tiempo la lista de blogs recomendados...

He añadido alguno de los que me acordaba, pero sé que faltan algunos. Si alguien se acuerda - o quiere que, simplemente, añada su blog a mi lista - me lo puede escribir en los comentarios. Se agradece la ayuda ^^


If I just had a rubberband, a paperclip, and some gum...  Maybe I could get myself out of this meeting!
see more Lol Celebs

Touch my ass and I'll break both your arms
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21 de septiembre de 2009

Construyela y ellos vendrán!

A la salida de la reunión, me quedo yo sola en la mesa, esperando que vuelva una que ha salido a fumarse un cigarrillo, para avisarle que ha acabado la reunión cuando vuelva - igual si no se lo explico, la pobre ve que la sala está vacía y piensa que ha explotado una bomba nuclear mientras no estaba y que ahora es la única superviviente sobre la tierra -.
La mujer vuelve, me ve con la mirada fija en el vacío, y comete el error de preguntarme lo siguiente:

- ¿En qué piensas?

...

- En Nueva Jerusalén.

- Ah...

...

- Sí, es uno de los riesgos intrínsecos de preguntarme qué pienso cuando tengo la mirada perdida...

- ...Tomo nota.

Tena Zombie

Me toca estar todo el día reunida. Nos han dado un par de horas para comer e intentar encontrar las neuronas que han huído en desvandada a lo largo de la mañana - las que no lo han hecho es porque han cortocircuitado antes -. Creo que dejaré el libro de Mundodisco en el suelo, me iré a comer, y cuando vuelva recogeré las neuronas que hayan acudido a él. No quisiera equivocarme y colocarme por error las neuronas de otro oficinista.

A la hora del desayuno he descubierto que ninguno de mis compañeros de trabajo sabía cómo murió David Carradine. Se lo he explicado, y aparte de no creerselo - eso es la prensa sensacionalista, que se inventan de cada cosa... - han empezado a elucubrar sobre si a uno se le pone duro o no el tema al morir. Como ninguno hemos estado ahí para comprobarlo, y tampoco lo hemos experimentado en persona - aunque si es verdad, ya debe ser bueno lo que le espera a uno al otro lado, ya -, hemos seguido con la lista de cosas que "dicen que pasa" cuando uno se muere, en este caso la pérdida de control sobre los esfínteres.

Menciono de nuevo que todo esto lo hemos estado hablando mientras desayunabamos. Un sobresaliente a nuestra capacidad para retener la comida en el estómago.

Siguiendo por ese hilo, hemos acabado hablando de Concha Velasco y sus "pérdidas leves de orina", tal y como pregona en cuarenta canales la actriz, presentadora, y señora con mala baba en general.
Dedujimos que quizá a los condenados a muerte no les vendría mal una Tena Lady como última voluntad.

Y a mi se me ha ocurrido una idea para un anuncio, que sería la bomba en caso de que se produjera un apocalipsis zombie. En él saldría un zombie con cara de alivio - como si se hubiese quitado de encima el peso de seis metros de intestinos, más o menos - que miraría a la cámara y diría "¿Pérdidas leves de orina? Pruebe Tena Zombie. Tena Zombie garantiza una rápica absorción y mejora la retención, proporcionando la máxima seguridad que se puede obtener con una compresa Tena"
Y después el zombie saldría en persecución de algunos humanos estratégicamente ubicados, y se oiría de voz en off:
"Tena Zombie, para que tu vida cotidiana no se interrumpa"

...

¿Voluntarios para el cartel publicitario?


17 de septiembre de 2009

¿Qué os parece la idea? (post reflotado)

Ahora que hemos vuelto todos de vacaciones - aunque quién lo diría, porque aquí no comenta ni el Tato - refloto el famoso post. A ver qué os parece.

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Me gustaría lanzar una pregunta al aire. Todo el que pueda estar interesado , porfis que deje un comentario en este post, porque dependiendo de la respuesta lo llevaré a cabo o no, y sería una pena que os interesara pero no hubiera comentarios y no se hiciera :(

Le he estado dando vueltas a una idea que me dio una amiga (Hola Carmen!) sobre un taller de escritura que intentó organizar con unos amigos hace un tiempo. Por lo que ella me comentó, el fallo en el planteamiento - en mi opinión - fue que todos los integrantes tenían horarios dispares y a algunos les quedaba francamente mal el lugar y hora de las reuniones. Esto, junto a que se hacía por amor al arte, y que todo integrante tenía que prepararse un tema para hablar sobre ello en las reuniones, fue lo que, en mi opinión, terminó de minar la iniciativa.

Como esta que suscribe es un culo inquieto - pero ni con esas disminuye de tamaño, el hijoputa -, y tras ser coordinadora durante un año de la sección de literatura de una asociación cultural - en la que a nadie le interesaba la literatura -, le han quedado ganas de seguir organizando cositas.

Aquí va lo que propongo:
Abrir un foro en el que montar una especie de taller de escritura online.

Me explico: En el foro en cuestión la gente podría colgar sus historias - cortas a ser posible - para que los demás pudieran dar su opinión sobre ellas, fomentando la crítica constructiva y el feedback entre autores. También se hablaría de los diferentes aspectos de la creación literaria - tengo bibliografía para aburrir, y yo misma monté un curso de relato corto -, posteando las bases y hablando sobre ello, preguntando, dando ejemplos, hablando de autores que sigan - o no - las normas... También se hablaría de ideas a la hora de ponerse a escribir; el poder discutir sobre argumentos, personajes, y demás con más gente puede resultar muy enriquecedor. Se podían hacer hasta mini concursos entre los integrantes del foro. Y ya puestos, también se me había ocurrido que para fomentar la lectura se podía proponer un libro para leer cada mes o dos meses, y comentarlo/destriparlo/darnos cuenta de que nosotros lo podemos escribir mejor también a través del foro.

Como todo esto sería por Internet, no tendría el inconveniente de tener que quedar. Y sería una referencia para todo aquel que, por vocación o mera curiosidad, quiera aprender un poco más sobre la teoría de la escritura, o simplemente hablar sobre lo que él escribe y dar su opinión sobre lo que escriben otros. No habría problema geográfico ni de horarios, siempre y cuando se hable en Castellano, así que no habría ninguna necesidad de vivir en Madrid para poder participar.

No sería necesario participar asiduamente, si uno está interesado el la idea pero solo se puede conectar media hora al día un día a la semana, pues bienvenido sea, aquí la cosa es que se disfrute participando en el foro, tanto si se puede mucho como si se puede una vez al mes.

Yo lo dejo aquí. Si os pudiera interesar ya sabéis, dejad un comentario. Si hay varias personas interesadas, me pondré a ello. Aunque lo más seguro es que me ponga a hacer el foro de todos modos, y lo arranque con los cuatro gatos que ya tengo interesados... así que si os pasáis cuando esté acabado y os gusta, bienvenidos seáis. No obstante, ya digo que si os interesa la idea comentéis, porfaplis.

Ya me contaréis


De nuevo, imagen dedicada a Asbeel, Olatz, Marga, Aitor y Fonsi :3
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Atuendos varios

Hoy he visto a un señor en el metro con una camiseta del departamento de bomberos de Nueva York. Me ha extrañado bastante, porque en el metro de Madrid a las nueve de la mañana no suelen darse muchos incendios en Nueva York. Pero luego me he fijado mejor, y he decidido que quizá la camiseta, aparte de la leyenda, no tenía nada que ver con el susodicho departamento de bomberos en particular, ni con ningún departamento de bomberos en general. Porque no suele haber muchos bomberos de metro sesenta con tripilla cervecera sueltos por el mundo. O al menos yo no he visto ninguno, porque por haberlos claro que podría, pero como no salen en el calendario es normal que la gente piense que no existen.

El caso es que este señor bajito y regordete llevaba una camiseta de un departamento de bomberos de Norteamérica - Es que no se le ocurrió un lugar más lejano. Así es difícil que se encuentre a alguien que realmente trabaje allí y le desenmascare -, cuando estaba más bien claro - uno siempre puede apelar a la duda razonable, pero yo en este caso pasé de ella - que ni era de Nueva York ni era bombero. Pero seguro que llevar una camiseta del departamento de bomberos de Nueva York le hacía sentirse parte de él. Y seguro que también le hacía sentirse un poco más alto y musculoso.

Criaturita...

Pero este caso de camiseta con leyenda totalmente incongruente no es el único que he visto últimamente. En concreto hay unas sudaderas de universidades americanas que suelen abundar entre los preadolescentes que se las dan de guays (nótese el "que se las dan de"). No digo que un chaval de quince años no pueda estar estudiando en una universidad de los Estados Unidos, no me malinterpretéis. Y si ese es el caso, llevar la sudadera es totalmente legítimo. Pero es que yo de pequeña era bastante mala en matemáticas, y como que no me salen las cuentas.

Otro gran ejemplo de leyendas incongruentes en prendas de vestir es llevar números. Pero no números con sentido - como pueden ser el 69 o el 42 - sino cifras al azar como podrían ser el 47, el 12 o el 83.
Aunque siempre puede ser bueno para entablar conversación, al menos en mi caso, porque lo primero que le preguntaría a una persona que llevase una de estas camisetas es lo que significa el número que lleva estampada.

Y ahora llegamos a la parte más divertida. La de los estampados de cadenas de letras sin ningún sentido.
Uno puede llevar una camiseta en la que ponga "Meh" con todo el orgullo del mundo. Puede también llevar una que ponga "TEH" o "XKCD", e incluso encontrar a alguien que entienda a qué se refiere. Hay millones de leyendas sin ningún sentido para los profanos, pero que a uno le asciende a la posición de rey de los frikis en cuanto da con alguien que lo entiende - en este aspecto, las camisetas frikis son una especie de detector de proximidad. Si hay algún friki cerca, lo detectará -. ¿Pero qué mensaje se puede extraer de "asdfg", salvo que quien lo ha diseñado sabe mecanografía?
Quizá los diseñadores de estas camisetas son los mismos dueños de los gatos que aparecen en Internet caminando sobre el teclado del ordenador. Quizá tenían que presentar un diseño innovador y totalmente nuevo para el día siguiente, terminaron de trabajar a las tres de la mañana, y cuando se levantaron para ir al baño antes de apagar el ordenador, su gato se subió al teclado y convirtió el trabajo de dos meses en una ristra de letras sin sentido. Quizá el diseñador no lo supo hasta el momento en que lo llamó el director de la empresa para felicitarle por su originalidad, su eclecticismo, su saber hacer, y recompensarle con un ascenso y una subida de sueldo, justo antes de enseñarle al muy orgulloso - por poco tiempo - trabajador la primera de las camisetas con su - o mejor dicho, de su gato - diseño...

Yo también he pensado siempre que si les dejaran, los gatos harían nuestro trabajo mucho mejor y más fácilmente. Por eso mantengo a Zarza y Ceres lejos de mis archivos de trabajo.

16 de septiembre de 2009

Sellología

Acabo de descubrir una nueva religión.
Aún no está instaurada, por supuesto, pero creo que si a alguien se le ocurriera darle salida, podría hacerse un ídolo de masas.

Los sellos de caucho.

He comprobado que, para ciertos colectivos, la huella impresa de un sello de caucho es el equivalente a una aparición de la Virgen del Rocío para un sevillano. Si les enseñas cualquier cosa, pongamos una chancla vieja, marcada con el sello adecuado, te la cogerán de tus manos sin pensárselo dos veces, y la marcarán, clasificarán, etiquetarán y almacenarán - siguiendo un orden que solo ellos comprenden, como por ejemplo el número de bultos que hay en la suela -.

En concreto, para los trabajadores de los bancos, los papeles sellados tienen un valor incalculable, y el prestigio de sus clientes depende de cuántos de esos papeles con marcas de tinta pueden entregarles. Uno puede llegar a una oficina de un banco cargado de billetes de quinientos euros, pero si no dispone de un papel sellado, los oficinistas le harán el mismo caso que a una mota de polvo.

Los trabajadores de los bancos creen en los sellos. Los sellos son muy importantes para ellos. Los oficinistas necesitan creer en los sellos. Por eso, si alguien les habla de un sello, creerán en él, aunque sea una invención. Si les dices que el papel que les estás entregando tiene el sello del archidecanado de asuntos pleistocénicos del instituto nacional de barcología, ellos querrán creerte, porque para ellos la marca del sello de Mickey Mouse en el papel que les estás dando tiene muchisima importancia.

Por ello, creo que voy a comenzar a sentar las bases de la sellología. Y cuando la tenga más o menos perfeccionada, la presentaré ante el bulgo. Estoy segura de que voy a ganar adeptos por un tubo... O mejor dicho, por una sucursal de banco.

12 de septiembre de 2009

Estudio de los ecosistemas: El supermercado

Para esto me dio la idea Ender en una frase del Twitter en la que decía que iba a cazar la cena al super. Y he pensado que quedaría bien escribirlo al estilo del "estudio del emo marino" (del cual algún día, cuando repasar mentalmente la etapa de mi vida en la que concebí dicho documental no sea tan doloroso, también escribiré)

¡O sea que las quejas, a Ender y a Juan! XDDDDD

Gracias a mis dos musas particulares :P


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La estepa supermercadeña se encuentra habitada por numerosas especies, no todas ellas hostiles. El observador avispado podrá encontrar, en las extensas llanuras de estanterías, al pacífico queso de bola o a la social pasta fresca, famosa esta última por la jovialidad con la que se relaciona tanto con el resto de especies herbívoras como con el ser humano.
Otros rumiantes no menos numerosos entre la vegetación autóctona, si bien no tan sociables, son los condimentos. Estos pequeños vertebrados son muy asustadizos, y al igual que sus parientes lejanos la sal, el azúcar y el harina, están provistos de un mecanismo de defensa consistente en dejar escapar un puñado de especia contra cualquier posible amenaza. Dependiendo de la raza del condimento, este ataque puede ser totalmente inofensivo, como en el caso del perejil, o terriblemente molesto, como por ejemplo en el caso de la pimienta verde.

Pero como en todo ecosistema, también existen los carnívoros. Cerca de los casquetes polares puede encontrarse al violento filete de ternera, que pese a haber sido cazado durante décadas no disminuye su número, y se vuelve cada vez más huidizo y agresivo. Es esta raza muy sensible a las enfermedades, y ha sufrido varias pandemias parecidas a la que azota ahora mismo a su vecino de hábitat, el filete de cerdo. Sin embargo, estas especies parecen dotadas de una tremenda capacidad de adaptación, y siguen medrando a pesar de las condiciones adversas.
Muy cerca de estos depredadores conviven una gran variedad de aves de presa y domésticas, acomodadas a los climas fríos de las estepas refrigeradas. Dichos animales han evolucionado hasta desarrollar la curiosa característica de la ausencia total de plumas, por lo que son fácilmente distinguibles de las aves migratorias que ocasionalmente cruzan su hábitat.

También pueden encontrarse, en las llanuras congeladas, diversos peces y moluscos. Debido a las bajas temperaturas, estos animales no suelen ser agresivos; están más ocupados en intentar mantenerse calientes rodeados de tanto hielo. Constituían un gran reclamo turístico, pero debido a las cada vez más osadas incursiones de los temibles san jacobos en las tierras de dominio piscícola, que se cobraron las vidas de varios turistas, se ha prohibido el acceso a esta zona, que ahora solo frecuentan los cazadores furtivos.


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11 de septiembre de 2009

Algo es diferente...

Por fin, una historia de ficción! Ultimamente no encontraba ni inspiración ni ganas de escribir, la verdad. Debí extrabiarlas con tanta mudanza.

De nuevo, historia corta inspirada en esta imagen, obra de Tiki Llanes López. Muchas gracias por hacer esas fotos tan maravillosas, que me inspiran incluso en mis momentos más bajos ^^

Espero que os guste.


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Hoy al despertarme he notado algo diferente en el cuarto. Todo seguía en el mismo sitio en el que se había quedado la noche anterior, pero aunque no sabía decir el qué, algo era distinto.
La luz tibia de la mañana, como todos los días, envolvía los muebles con una neblina blanca, haciéndolos parecer algo irreales. Me gusta levantarme antes de que el sol comience a calentar; su luz a esas horas da una sensación de irrealidad muy acorde con cómo me siento cuando estoy recién levantada. Tomarme el café del desayuno pensando que, por una vez, el mundo está sintonizado en la emisora que debe estar, tan perezoso y remolón como yo misma ante la perspectiva de las tareas diarias, reconforta bastante.

Pero no es eso lo que estaba fuera de lugar esta mañana, al contrario, eso es símbolo de normalidad. La sensación de extrañeza me ha seguido por la casa, hasta el cuarto de baño, y no se ha ido con el agua de la ducha, ni tras treinta minutos de aplicado uso del secador y el cepillo.
Normalmente no invierto tanto tiempo en arreglarme el pelo, pero hoy quería hacerlo, no sé por qué. Y tampoco sé por qué, pasé más de un cuarto de hora delante del armario intentando decidir qué me pondría. Con la sensación de extrañeza acompañándome, por supuesto.
"¿Seguirán sentándome bien esos shorts? ¿Por qué, si todo sigue igual que lo dejé anoche, siento como si me hubieran cambiado la casa mientras dormía? Creo que tenía unas sandalias rojas a juego con este top... ¿Pero qué hago meditando sobre qué zapatos quedan mejor con una camiseta?"

Y fue entonces lo comprendí. Los muebles, las paredes, el café, la ropa, hasta el agua de la ducha... todos ellos eran diferentes, pero seguían siendo los mismos de cada día. Los veía diferentes porque lo que habían cambiado eran mis ojos. Era yo misma.
¿O sí que había cambiado el mundo entero? Porque toda la hostilidad que normalmente siento emanar de las cosas a mi alrededor había desaparecido... ¿Y esa sensación de seguridad que me embargaba, dónde había aparecido y por qué había decidido quedarse conmigo?

¿Y por qué no?, pensé. ¿Acaso no podía el mundo trabajar para mi por un día? Me sentía tan llena de... de lo que sea que uno está lleno cuando se siente seguro de si mismo, que ni me planteé que no fuera a hacerlo. Es más, si él no sabía que hoy va a girar para mi, yo misma se lo haría saber.

Vamos a ver qué me ofrece el mundo en este maravilloso día.

9 de septiembre de 2009

Justo cuando creía que lo había visto todo...

Una vez, cuando todavía asistía a las clases de la facultad - y de hecho era muy buena estudiante, os lo creais o no -, me crucé a un chaval que llevaba un polo de color rosa pastel. Comentando - a voz en grito, yo siempre en mi linea - con mis amigas que en mi opinión sólo había una cosa más pija y hortera que un polo rosa pastel, a saber, una camisa rosa pastel, casi me di de boca con mi profesor de Estructura de Computadores.
Y sí, lo habéis adivinado, llevaba puesta una camisa rosa pastel.

Dejo a mis pequeños padawans inferir las consecuencias que este hecho tuvo en mi nota a final de parcial. (pero repito que era MUY buena estudiante, eh?)

Pero hoy he encontrado algo que me ha hecho replantearme mi propio criterio. Hoy tengo que repostular mi teoría sobre el mal gusto de la gente, y de los oficinistas en particular, para dar pie a una nueva era de atrocidades vestimentiles jamás antes imaginada por el ser humano.

Porque hoy, en la misma planta del edificio en que trabajo, he visto a un señor con una corbata rosa chicle a topos rosa pastel.

...

Que Dios se apiade de nosotros...


¿Cómo que día sin gatos?

Lo he leído en el blog de Sinergia sin control, y me cuesta creerlo... ¿cómo que día sin gatos? ¿Qué sería de nosotros sin esas dulces, tiernas, peludas, abrazables, bufosas, tiranas, caprichosas, descorazonadas, y entrañables criaturas? ¿Quién guiaría nuestros pasos? Al igual que las mujeres según Schopenhauer (o como se escriba, que no me pete buscarlo en Google), los humanos no somos más que botes sin remos en la inmensidad del océnano sin la guía de estos bigotudos...

8 de septiembre de 2009

¿¿¿???

Ayer estuve limpiando el polvo del salón de mi nueva casa - ay, qué bien suena -. En una estantería muy pequeña y muy artística - pero que no tiene libros en ella, así que también muy inútil según mis estándares - había un gatazo dorado de esos que mueven la patita, como en el anuncio de Mixta. Cogí al gato, que había tenido la zarpa quieta en todo momento desde que llegase al piso - yo, no el gato -, y comencé a limpiarle una capa de polvo lo suficientemente gruesa como para considerar que no lo habían limpiado en bastante más que una semana.
Y cual fue mi sorpresa al darle la vuelta para limpiar la base, y descubrir...

¡¡Que va a pilas!!

¡Mi infancia hecha pedazos! ¡Todas mis ilusiones destrozadas! ¡Los gatos chinos que mueven la patita no son máquinas de movimiento perpetuo, simplemente son chismes a pilas!
¿Qué será ahora de mi? ¿Cómo podre seguir adelante con mi vida, sabiendo que las patitas de todos los gatos chinos del mundo no son un milagro de la física, sino un simple juguete a pilas? ¡Oh, cuán cruel es el Dios que rige nuestros destinos, cuán refinado su sentido del humor! ¡Por qué no acabas con todo este sufrimiento y me lanzas un rayo que me fulmine, o todopoderoso bromista!

¡¿Qué será lo siguiente, que los reyes magos no existen?!

Oh, espera...

Cosas que todo el mundo sabe - pero nadie dice - sobre el trabajo en oficinas

- La hora de llegada a la oficina, por contrato, es treinta minutos después de la hora que pone en el contrato.

- Si se llega antes que el jefe, sea la hora que sea, se ha llegado cuarenta minutos antes de la hora de entrada, así que se puede uno marchar antes.

- El fin de semana comienza los jueves. El viernes está socialmente aceptado llegar hasta dos horas tarde, tomarse media hora para desayunar, media hora para tomar algo a mediodía, y - si no se tiene jornada intensiva - dos horas y media para comer, sin necesidad de recuperar un solo minuto.

- Cualquier actividad laboral durante el viernes será castigada por ley.

- El tráfico en la ciudad puede ser una excusa para llegar tarde al trabajo, pero nunca debe ser un motivo para quedarse más tiempo por la tarde.

- El momento de mayor productivida del día se da entre las once de la mañana y la una de la tarde. Cualquier intento de actividad laboral fuera de esa franja se verá saboteado por a)pausas para tomar café, b)pausas para tomar una coca cola, c)pausas para fumar, d)correos con presentaciones de powerpoint sobre gatitos, e)cualquier combinación - o permutación - de los anteriores.

- En caso de duda, la culpa es del transporte público. Si la empresa quiere que se llegue a tiempo, que le pague un taxi a cada empleado.

- Los cumpleaños de los trabajadores son considerados como días libres a todos los efectos (aunque se acuda al trabajo).

- El material de oficina de la empresa está pensado para surtir de cuadernos, post-its, bolígrafos y rotuladores fosforescentes a toda la familia.

- Las pausas para tomar café son sagradas. Nunca se debe intentar disuadir a un oficinista de ir a tomar café, a no ser que no se tenga aprecio por la propia vida - o por las propias extremidades -.


Más y mejor cuando vuelva de la pausa para el café de las cuatro.

7 de septiembre de 2009

Gran Hermano 11

Ayer soñé que me tiraba a un amigo, y que otro amigo que al parecer llevaba años tras de mi le mataba en un estadio de fútbol con uno de esos cacharros que usan los médicos para examinarte el oído. Creo que gracias a ese sueño a)mi lívido ha huído a latitudes más cálidas y no volverá en unos cuantos meses, b)para mi se ha acabado asistir a partidos de futbol, y c)no pienso acercarme a un otorrinolaringólogo por lo menos hasta que se me olvide el sueño - o eso, o me esté muriendo de una infección perforante en el oído interno -.

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Tengo que daros una mala noticia. El tipo de noticia que le borraría la sonrisa a Ronald McDonald; que haría que Marisol tuviera una crisis depresiva; que volvería a Lassie antropófaga.

A mis compañeras de piso les gusta Gran Hermano.

Una de las noticias que oí el domingo en casa de mis padres fue que comenzaba la decimo primera edición de ese castizo reality chow que es Gran Hermano. Salvo por los siete minutos de despotrique materno sobre la decadencia de la televisión en España - ey, si lo ponen es porque la gente lo ve, no? - la noticia pasó sin pena ni gloria por mi cerebro, y fue rechazada como si de una bronca materna se tratase.

Pero hete aquí que cuando llegué a casa por la noche, tras cambiarme de ropa y hacerme una infusión, decidí hacer algo de vida social, y me fui al salón a tomarme mi mejunje de hierbas y leer un cómic mientras el resto de la gente veía la tele.
Sí, sé que mi concepto de socialización choca diametralmente con el de la mayoría de las personas en su sano juicio, pero hay que tener en cuenta de quién estamos hablando antes de ponerse a juzgar como si la persona en cuestión estuviera en sus cabales.

Así que fui a socializarme, y punto.

El caso es que tenían puesto el comienzo de Gran Hermano. No problemo, me dije, yo estoy con Son Goku y sus amigos, pasando de la tele, por mi como si tienen Crepúsculo.
Pero el tono de la voz de la presentadora, por algún extraño motivo, me taladraba el tímpano de tal manera que era incapaz de concentrarme en nada que no fueran sus cacareos. Así que decidí mirar la pantalla del televisor, a ver qué me ofrecía aquel programa... quién sabe, igual no me gustaba porque nunca lo había visto, no porque fuera realmente malo...

Diez minutos después, me preguntaba dos cosas:

1) ¿Qué narices hago aquí sentada todavía? ¿Por qué no me voy a mi cuarto a seguir leyendo, y así salvo las pocas neuronas que no han sucumbido aún al ataque de caspa?

2) ¿Cuándo narices comienza el holocausto zombie?

Así que me fui a mi habitación, con el estómago revuelto gracias a lo que acababa de ver en la televisión, y con la frustración añadida de no poder soltar la coña sobre Dead Set en voz alta, porque nadie la iba a entender *sigh*.

Pero lo mejor de todo estaba por llegar. Porque mi habitación da a un pequeño patio interior, y la ventana de enfrente es del salón de la casa de una señora mayor adicta a la prensa rosa y sorda como una tapia... ¿Y a que no adivináis qué estaba viendo la señora - a todo volumen, la duda ofende - cuando yo entré en mi cuarto a leer un rato antes de acostarme?

...

Nunca le he agradecido tanto a Dios mi fabulosa capacidad para aislarme del mundo cuando algo me supera...


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6 de septiembre de 2009

Si ponen estas cosas, es que no hay noticias

He encontrado un personaje en Mundodisco que es como el Doctor Manhattan, pero en muerto y en demencial! (ignoro si también en lo dotado; es lo que tienen los libros, si no hablan de ello, solo puedo imaginarmelo... Mmmm...)

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Como nada bueno dura demasiado, mis padres volvieron ayer de sus dos meses de vacaciones en la playa. Lo cual quiere decir que a partir de ahora me toca pasar los domingos en su casa.
Comer en casa de mis padres tiene sus inconvenientes, pero algunos de ellos pueden resultar provechosos. Por ejemplo, mi madre cambia de canal cada vez que en las noticias hablan de algo que no le gusta, lo cual hace que tengamos que ver las mismas noticias varias veces en los diferentes canales por los que va probando suerte. Esto hace que, de la limitada fracción de reportajes que veo - que por supuesto no tienen absolutamente nada que ver con la política del gobierno, la inmigración, o el Barça - no se me olvide ni un detalle. En concreto, la noticia que más repetida vi este domingo fue la de la depresión post-vacacional, y la de los buenos propósitos de otoño.

Siempre me he preguntado por qué dicen que la depre post-vacaciones es en Septiembre. ¿Qué pasa si te cogiste las vacaciones en Julio, o la primera quincena de Agosto? ¿Te tiras el tiempo que queda hasta Septiembre en una especie de limbo, yendo al trabajo en chanclas y bañador y comentando lo fría que está el agua de los lavabos, hasta que se acaba Agosto y de pronto al día siguiente apareces todo deprimido porque las vacaciones acabaron? O peor aún, ¿qué pasa si tus vacaciones son en Septiembre? ¿No puedes disfrutar de los días libres porque se supone que estás deprimido? ¿Debes llevarte montones de papeleo y curro contigo para no sentirte culpable por estar descansando mientras los demás trabajan? ¿O basta sólo con irse con la familia, y ya lo compensas?
Y la paradoja de las paradojas. Si no has tenido vacaciones de verano... ¿cómo narices sobrellevas la depresión post-vacacional?

Referente a los propósitos de otoño... Vamos a ver, no tenemos bastante con sentirnos culpables por no cumplir los propósitos de año nuevo, que ahora encima también en otoño tenemos que hacer una lista de cosas que no haremos? Que ahora que lo pienso, uno de mis propósitos va a ser quedarme en el paro, y otro ganar veinte kilos.

Y ahí está el propósito del que todas las cadenas de televisión hablan: Apuntarse al gimnasio y perder peso. ¿No tenéis un ligero dejà vu cada vez que veis esa notitica? Yo sí, la verdad. Porque ese mismo reportaje lo veo cuatro veces al año: Al final de las navidades, poco antes de Semana Santa, al comenzar el verano, y en Septiembre. Sinceramente, si es cierto lo que decía el monitor de gimnasio que vi hablar el domingo, según el cual la gente se apunta, va un mes o dos, y luego lo deja, los españoles debemos estar en muy buena forma, porque vamos al gimnasio ocho meses de los doce que tiene el año. ¡No sé de qué se quejan los estudios de nutrición y de peso, si debemos ser el país más saludable del hemisferio Norte!

Otro reportaje de esos que parece que los enlatan y los reponen año tras año, en el momento que toque, es el de la vuelta al cole. A mi en particular, que cuando iba al colegio lo único nuevo que tenía cada Septiembre eran libros de texto, me resulta inquietante el despliegue de compras al que la llegada del otoño arrastra a las madres.
Acepto que si los niños están en edad de crecer, la ropa de un año a otro igual no les cabe, y hay que comprarles de nuevo todo el armario.
Acepto que igual los niños de hoy en día son un pelín peculiares y se tiran todo el verano gastando los lápices y bolígrafos, pintarrajeando en folios, cuadernos, y cuadros de Rubens colgados de la pared del Hall, y hay que renovar todo el material escolar al llegar el otoño.
¿Pero una mochila nueva cada año? ¿Qué se supone que hacen los crios de hoy en día con ellas, luchas a muerte? Igual ya estoy un poco desfasada, y no me he dado cuenta de que lo más cool ahora es mascar mochilas, igual que antes se mascaba chicle... o quizá la culpa es de los recortes presupuestarios, que hacen que se tenga que jugar al futbol con mochilas rellenas de papeles porque no hay dinero para comprar balones en los colegios. Aunque al paso que vamos, no descarto que alguien le eche la culpa del desgaste de los petates a la gripe A.


Más y mejor cuando vuelva de la reunión de departamento.


Primera imagen dedicada a Asbeel, Olatzi, Marga y Aitor! XDDDD

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3 de septiembre de 2009

Dios es aficionado a la prensa rosa

Hay momentos en los que Dios, por muy omnisciente y omnipotente que sea, se aburre de hacer siempre lo mismo.

Por poner un ejemplo al azar, puede que, tras ocho meses del tirón puteando a un humano en particular, una tarde, de pura desidia, se despiste viendo Aquí Hay Tomate tras un día bastante prolífico en putadas, y se le olvide joderle el resto de la noche a la personita en cuestión.
Y si esa personita, harta de vivir en general y de hacer régimen en particular, en vez de quedarse amargada en casa baja al burguer de la esquina - para llenar el vacío de su alma con carbohidratos y grasa -, puede que, sin saber que justo en ese momento no está a merced de un ente superior con muy mala leche y un muy retorcido sentido del humor, se encuentre a algún conocido.

Pero claro, pensará la persona, tal y como me está yendo la vida ultimamente, lo normal sería que este conocido no se acordase de mi, que se hiciera el loco, o que me saludara con un ademán y siguiera a lo suyo. Pero Dios está atento a los cotilleos de Está Pasando, y con tamaño despliegue de información, se le ha extraviado la infalibilidad y se olvida de que hay platos que lavar en el fregadero.

Así que puede que el conocido no solo se acuerde de la personita, la salude efusivamente, y le presente a su pareja - que también la saluda efusivamente, por cierto -, sino que incluso, si la conjunción de los astros es favorable, se pueda sentar a cenar con ellos, y hasta se vayan a tomar una caña después.

Naturalmente, cuando El Programa de Ana Rosa termina, Dios recuerda que algo se le había olvidado hacer la noche anterior, y se dedica a hacer horas extra. Pero durante una tarde-noche entera, la personita a la cual Dios parece estar castigando por todos los crímenes de la humanidad ha podido olvidarse de sus problemas y recordar viejos - y buenos - tiempos con un ser querido.

Que de esos ya no le quedan muchos.

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Y tras estos párrafos de autocompasión - ofrecidos por M&M's. "Se derrite en tu boca, no en tu mano!" -, voy a seguir estrujándome el cerebro para encontrar algo gracioso de lo que hablar. No prometo nada, pero por intentarlo que no quede.

2 de septiembre de 2009

Pero qué cierto que es...

http://xkcd.com/601/

I can belive its not pron!! >.<

Una vez, de pequeñita, le cogí la Ragazza a mi hermana mediana, y me puse a hacer un test que te decía "lo guapa y elegante que eras". Teniendo en cuenta que estamos hablando de finales de los ochenta-principios de los noventa, el término "elegante" hace que me entre la risa floja, pero para gustos colores; a fin de cuentas Blossomm fue un hito del buen gusto en sus tiempos... gracias a Dios, las modas cambian con el tiempo.

El caso es que después de hacer el test me sentí muy decaida, porque según el resultado, no cuidaba nada mi aspecto y siempre iba hecha un adefesio. Algo muy cierto, si tenemos en cuenta que rondaba los trece años - los de antes, no los de ahora -, y mi concepto de salir mona a la calle pasaba por coger la mochila de Cuca Dolls en vez de la de Rox.
Mi hermana me vio cabizbaja con la revista entre las manos, y me preguntó que me pasaba - o quizá fuera yo quien se lo dijo directamente, no me imagino a mi hermana preocupándose por mi hasta el punto de preguntarme qué me sucede -. Le conté apenada que la revista decía que era un adefesio, porque no me depilaba ni me maquillaba ni utilizaba cremas para la cara. Ella leyó las preguntas, y me dijo: "Esto es fácil. Por ejemplo, si te preguntan si tienes pelo en las axilas, antes de responder te metes en el baño y te depilas. Y así con todas".

Mi hermana es un cúmulo de frivolidades y egoismo como pocas veces se ha visto sobre la faz de la tierra, y Dios sabe que está a un accidente de laboratorio de convertirse en una super villana. Pero pocas personas me han dado alguna vez un consejo más sabio que aquel.
Quiero decir, lo que ella me dijo era tan simple como que si me sentía poco arreglada, me arreglara. ¿Pero y si coges esa frase, y la trasladas a cualquier otro ámbito?.
Pues curiosamente, te das cuenta de que también vale.

Extrapolar es mi tercer nombre :P

Así que recientemente, tras haber sido tratada como una ignorante en todo lo tocante al mundo del cine, y después de vencer el cabreo pertinente - que tampoco duró mucho, la verdad - bajé al kiosko de la esquina, me compré una revista de cine y la Micromanía - esta última no tiene nada que ver con el cine, pero como mi fuente de información respecto a películas y videojuegos me dejó hace cosa de tres meses, de algún lugar tendré que sacar los datos - y me dispuse a empaparme de celuloide hasta poder marcar en la pregunta "¿Cuánto sabes de cine?" la casilla "Cine es lo que corre por mis venas".

Y de pronto me di cuenta de que me había equivocado de revista, porque lo único que había allí eran tías en paños menores, tías dándose el lote con tíos, tías desnudas, y más tías.

A medio camino del kiosko para pedirle al hombrecillo que me cambiase la Playboy por la revista que le había pedido, me dio por mirar la portada. Y mira tu por dónde, resulta que era la que yo había pedido.
Volví al piso, inquieta, y decidí darle una segunda ojeada a la revista, esta vez menos superficial, leyendo los artículos. Pero cuando di con uno en el que se enumeraban las diez películas con las escenas de sexo más conseguidas, decidí que o bien habían bailado las portadas con una revista - bastante cutre, por cierto - pornográfica para hombres, o el gestor de contenidos de la revista pasa mucha hambre.
O quizá las dos.

El problema fue que al comentar este curioso capítulo con mis nuevas compañeras de piso, ellas secundaron mi opinión, y no solo despotricaron sobre el alto grado de aparición de pezones femeninos en la revista de la que yo hablaba, sino también de la que había sido mi segunda opción - y que gracias a Dios no compré -.
O sea, que de pronto mis fuentes principales de cinefilia han sido relegadas al rango de FreeCartoonSex - y personalmente, pudiendo ver porno gratis, no voy a pagar por ello -. Y sigo sin poder responder a la casilla de "¿Cuánto sabes de cine?" mas que con un triste "No voy a ver Up porque no quiero ponerme a llorar en el minuto 10".

Nah, tocará tirar de Wikipedia, de IMDB, y de los guiones que encuentre por Internet. Algo es algo. Además, lo bueno de ser una completa ignorante, es que a poco que hagas ya sabes más de lo que sabías antes. Y a ver, no soy una completa ignorante en todo. O si no, ¿cuánta gente sabía, antes de que Hugh Laurie se hiciera famoso con el papel de doctor House, que había escrito un libro?
Irónicamente, mi antigua fuente de información sobre cine y videojuegos también lo sabía. De hecho, fue quien me prestó el susodicho libro. Que os recomiendo leáis, porque es muy bueno.

Ale, sed buenos, pequeños padawanes.

1 de septiembre de 2009

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Yo tenía un montón de cosas que hacer estas vacaciones. Cosas que, por no faltar al trabajo, he ido posponiendo. Cosas como ir al médico, al dentista, o al banco. Cosas que, me dije poco antes de coger las vacaciones, haría tranquilamente cuando tuviese tiempo libre para ello.

Han pasado mis dos semanas libres, y no he hecho ni una sola de esas cosas. ¿Y por qué? Pues porque se me asemejaba demasiado a una señora de la limpieza que en su día libre se dedicase a limpiar a fondo su casa. Si me he cogido vacaciones, es para hacer lo que la gente hace en las vacaciones. Esto es, nada.

Además, sólo un loco perdería tiempo de ver Lie to Me, dibujar o leer - o, en mi caso particular, arrastrar maletas y más maletas llenas de libros por medio Madrid - en hacer cosas por las que te dan un justificante de falta al trabajo. ¿Por qué vas a quitarte tiempo de vacaciones, cuando te lo puedes quitar de currar?

Back for good?

Tras dos semanas de - no sé si merecidas - vacaciones, estoy de vuelta al trabajo. Y estoy de vuelta en muchos sentidos, porque llevo una semana sin internet en casa - ah, las mudanzas... - y el único momento en que me puedo conectar es en el curro.

¿Y qué he hecho durante estos benditos quince días de poder levantarme a la hora que me diera la gana? Pues poca cosa, la verdad. Mudarme, principalmente.
Uno puede pensar que mudarse no es algo que le lleve a una quince días de dedicación completa, y puede que esté en lo cierto si está pensando en una persona sana, en sus cabales, y dispuesta a gastarse trescientos euros para que unos señores a los que no conoce de nada le lleven las cosas de un sitio a otro mientras ella se toma una clara en el bar de la esquina. Pero como a mi no me daba la gana que un montón de desconocidos cargasen con mis "cosas preciadas y rompibles", e igual se pusieran a jugar al baloncesto con ellas cuando yo no mirase, decidí que iba a ser yo quien llevase las cosas, usando a mi entrañable amigo el transporte público como motor, desde Mataporculo del Páramo hasta mi nueva casita.
Por eso, y porque estoy sin un duro y no puedo pagarlo.

Es una tarea encomiable, la de trasladar toneladas y más toneladas de libros y figuritas desde Fuenlabrada a Madrid centro, sólo con la ayuda de tus extremidades. Han sido quince días de gimnasio y sauna gratuitos. Cuando mi madre me decía que tener tantos libros y figuras en el cuarto algún día me iba a pasar factura, nunca imaginé que esa afirmación podría referirse a mi espalda y mis brazos cuando me tocara moverlo todo de una casa a otra. Y estoy segura de que ella tampoco se lo imaginaba.
Creo que los guardas de la parada de Renfe ya me tutean, y estoy casi segura de que los surcos de ruedas que hay en la parada de metro de Embajadores encajan a la perfección con los de mi maleta. Pero qué se le va a hacer, los hay que nacen ricos y vagos, y los hay que sólo nacemos vagos, y por mucho que nos joda nos toca pringar cuando hay trabajo.

Mención de honor a Iván, que me ayudó a llevar cosas, cargando con bastante más peso del que yo puedo soportar sin desplomarme, tres días. Y también a Trini y a Juan, que se pasaron toda la tarde de un bonito viernes - el último que tenían libre! :O - en una furgoneta de alquiler, trasladando mis muebles por medio Madrid - es que mis muebles no son como esos muebles pueblerinos que viven toda la vida en la misma habitación, no. Los míos son cultos, han viajado por todo Madrid. Y lo que te rondaré -.

Ahora yo, las agujetas en mis brazos, y mi nuevo y flamante vestido pijo - eso sí, negro riguroso. Hay que mantener las sanas costumbres - nos vamos a comer, que creo que después de estas dos semanitas me he ganado poder disfrutar de una comida como Dios manda.

De propina un gato con el que me siento identificada al 500%... XDDD