30 de mayo de 2008

Lobo y la Caperucita Feroz (Parte 1)

Había una vez, en un país muy, muy lejano, un dulce lobo que vivía feliz en el bosque. Hacía ya muchos años que este lobo, de pelaje color gris perla, había dejado de cazar a los animales de las zonas en las que habitaba. No se sentía capaz de matar a los seres con los que convivía. Así pues, se limitaba a alimentarse de pescado y frutos del bosque.
Los herbívoros de la zona le tenían un gran aprecio, porque no solo respetaba su vida, sino que además, dado su imponente tamaño y su musculatura, ahuyentaba a los depredadores que intentaran hacer de aquel su territorio.
Un día, el lobo se aventuró más de lo que habría debido fuera del bosque, y llegó a un camino. Le llamó mucho la atención ver un raíl tan ancho y de tanta longitud y, curioso, se preguntó qué enorme animal lo usaría como ruta de paso, para haber dejado tamaño surco. Así que se colocó a una distancia prudencial del paso de animales, escondido entre unos arbustos, y se preparó a esperar a que su curiosidad se viera satisfecha.
No tardó mucho el lobo en oír unos leves pasos acercarse por aquel camino. pero los pasos eran de un ser demasiado pequeño como para devastar una extensión tan grande de terreno. El lobo observó entre las ramas de los arbustos, y vio a un animal de lo más extraño caminando por el terreno despejado.
Para empezar, no se apoyaba sobre las cuatro patas, sino solo sobre las dos traseras, y se mantenía en equilibrio con una destreza impensable. Era un ser raquítico y esmirriado, sin ningún tipo de pelaje, y cuyo cuerpo deforme era una mezcolanza de superficies lisas de color rosa, blanco, negro y rojo. Sus zarpas delanteras eran lo más extraño que el lobo había visto nunca, y en una de ellas el animal llevaba un artilugio marrón semejante a un montón de juncos secos enredados. Daba pasos pequeñitos por el camino, emitiendo un desagradable sonido por su garganta, y balanceando el objeto marrón alante y atrás.
El lobo se sintió inquieto por la suerte de aquel ser. Si el animal que había hecho aquel surco se cruzaba con él, no dejaría ni el recuerdo de aquel bulto de carne lampiña y patética. Así que, compasivo, dejó su escondite y salió al camino.
El pequeño animal pareció desconcertado al verle, y dio un par de pasos hacia atrás, temeroso. La compasión del lobo se mezcló con lástima. "Pobre", pensó. "siendo tan pequeño y estando tan indefenso, es normal que me tenga miedo".
- No tengas miedo, no voy a hacerte nada - dijo con tono amable el lobo - ¿Has perdido el rastro de los tuyos? - siendo un ser tan vulnerable, lo lógico sería que fuera en grupos.
El animalito no dijo nada, pero no siguió retrocediendo.
- ¿No deberías volver con tu manada? Este paso es de una bestia demasiado grande, deberías dejarlo y avanzar por la espesura. Supongo que te será más difícil, pero también es más seguro.
El pequeño ser cambió el gesto. Su carita sin pelo ni hocico le resultaba bastante desagradable al lobo, pero por educación le mantenía la mirada.
De pronto el animalito estiró los extremos de su boca hacia los lados, y metió la mano en el objeto marrón que portaba en el brazo. Sacó algo gris y brillante de él, que sorprendió al lobo de tal manera que no podía dejar de mirarlo. El ser levantó el objeto, y con él en la mano levantó y estiró el brazo hacia el lobo, apuntándolo, mientras su boca se hacía más y más ancha.

XD

Mi jefe de equipo se pone a la defensiva cada vez que yo comento algo sobre el proyecto con el que estamos. No debe de estar acostumbrado a que "una" programadora junior le cierre la boca tan a menudo como yo lo hago.

28 de mayo de 2008

Ya tengo cosas que hacer en el trabajo :3

Por fin me han traído el ordenador nuevo en el trabajo.
Al fin, después de tres meses pasando las ocho horas de jornada laboral metida en Internet, escribiendo, y aburriéndome lo indecible, puedo comenzar a dedicarme a aquello por lo que supuestamente me pagan.
Ha sido una sensación agradable. Sobre todo porque es entretenido y sencillo. No sé si es porque el proyecto con el que estamos es así, o porque como es mi "primer" trabajo de programadora no me quieren cargar con nada demasiado difícil hasta que no tenga un poco de antigüedad, no vaya a cagarla.
Y como siempre, en todo trabajo de programadora en el que comienzo, he empezado a sembrar el caos.
Mirándome cierto documento del que tengo que sacar información para hacer lo que me asignaron, he sacado ya tres contradicciones. Los dos compañeros de mayor antigüedad y el jefe de proyecto han tenido que reunirse para discutir sobre ello. El documento y los datos que nos han dado para las pruebas del programa son contradictorios. En el documento, en una de las partes que me han asignado, hay un precioso "No están definidas debido a una replanificación del proceso por parte de **** que todavía no está terminada".
Total, que el jefe de proyecto tiene que comentarle al cliente como seis cosas que debe o bien especificar, o bien concretar, o bien desambiguar (cosas que, como buen cliente, hará en tres plazos: Tarde, mal y nunca). Y el compañero que se ocupa de mi y de la otra nueva (que sí que tiene experiencia laboral, luego le mandan cosas más complicadas) ha tenido que tomarse un gelocatil.
¡Y solo es la una! ¡Me supero en cada nuevo trabajo!

27 de mayo de 2008

¿?

¿Por qué no soy capaz de creerme que nadie me tenga aprecio? ¿Por qué estoy tan condenadamente segura de que nadie puede quererme? Vale, la mayor parte del tiempo el mundo me ha demostrado que soy un ser insignificante; y no me extraña que lo piense, la verdad. Pero si mis compañeros de facultad me dicen que han preguntado por mí la temporada que me ausenté de clase, me extraño. ¿Por qué les importo lo suficiente como para que hablen de mí?. Nadie nunca ha hablado de mí, ni siquiera mal. Les importo demasiado poco. Y cuando son amables conmigo, suele ser un ardid para reírse un rato.
¿Y qué hago entonces, cuando alguien me ofrece su cariño sinceramente? No me lo creo. Me desprecio demasiado como para pensar que alguien pueda sentir algo hacia mí que no sea ese mismo desprecio. ¿Realmente alguien me ofreció algo de manera sincera, sin ocultar segundas intenciones? Pues mira, no lo sé. Quizá sí, quizá no. Yo desde luego, si hubiera sido alguno de ellos, no habría perdido el tiempo conmigo.
Y supongo que ese es el motivo por el que todos acaban yéndose tarde o temprano, ¿no?. Se hartan de que desprecie su amistad o su cariño. Piensan que no les valoro, cuando realmente les tengo en tan alta estima que no pienso merecer que me quieran. Pero a ver quién les explica esto. Porque a la que le sueltas a alguien "No me creo que puedas quererme", ya se lo toma como un insulto, y ni se molesta en escuchar el resto de la frase.
Y así es como acabo, sola, abandonada por personas por las que habría dado la vida sin pensármelo, porque ellos piensan que les desprecio. Y cada vez que esto pasa, mi certeza de que soy un ser mediocre que no merece ni que los demás se aprendan su nombre se hace mayor.
A veces consigo convencerme de que valgo lo suficiente como para merecer que la gente me tenga aprecio. Esos periodos suelen durar aproximadamente diez minutos. No me lo creo ni yo, se lo van a creer los demás...

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No soy dada a las entradas de blog autocompasivas, pero necesitaba soltarlo. Porque es algo de lo que me acabo de dar cuenta. Y ciertas revelaciones a veces resultan tan abrumadoras, que necesitas soltarlas para que no te consuman.
Al final resulta que los psicólogos van a servir para algo, y todo.

26 de mayo de 2008

o_O

¿Soy yo que me he vuelto más perspicaz, o de pronto las intenciones de toda la gente a mi alrededor son transparentes?

Se ha levantado

Un cosquilleo bastante desagradable le recorre las muñecas y los tobillos, que han estado quietos, en la misma postura, tanto tiempo. Pero al menos ahora es soportable. Antes era un dolor tan intenso que casi habría preferido seguir inmóvil.
¿Pero ha disminuido el dolor, o se ha acostumbrado a él? No sabría decirlo. Al igual que al principio no supo cómo conseguir desplazar sus miembros. Le resultó curioso el hecho de que algo tan instintivo como moverse se pudiera olvidar si con el paso del tiempo no se realiza.
Se recuerda a sí misma a un bebé tratando de incorporarse por primera vez, con movimientos medio espasmódicos, intentando girar la muñeca para apoyar la palma sobre el suelo e incorporarse, y acabando con el brazo tan retorcido que casi grita del dolor.
No recordaba que moverse doliera tanto.
Un par de veces está tentada de dejar de intentarlo. Se queda inmóvil, bastante incómoda, pero menos que seguir con los torpes intentos para incorporarse. Pero la sangre ha empezado a circular por su cuerpo, y por primera vez en mucho tiempo es consciente de la postura en la que está tumbada: El torso girado en un ángulo extraño, un brazo debajo de su cuerpo, el otro medio estirado frente a ella con la muñeca retorcida contra el suelo, las piernas dobladas la una sobre la otra... Se da cuenta de lo grotesco de la postura. Se avergüenza de estar tirada en el suelo de aquella manera, de haber permanecido así tanto tiempo sin que le importara. Gira el tronco para quedar totalmente tumbada. Ignorando tanto el dolor de la sangre circulando de nuevo como el de sus articulaciones, logra sacar el brazo de debajo de su cuerpo. Presa de la desesperación por incorporarse, incapaz de permanecer tumbada por más tiempo, contorsiona sus muñecas contra el suelo hasta que consigue apoyar las palmas.
El dolor en los hombros y la espalda al levantar el torso unos centímetros es tan intenso que vuelve a caer. Pero sus manos siguen apoyadas en el suelo, así que lo vuelve a intentar otra vez. Y otra. Y otra. Hasta que logra estirar los brazos totalmente. Intenta invertir el arco que forma su espalda para hacer hueco bajo su cuerpo y ponerse de rodillas, pero el dolor la tiene casi paralizada. Sin saber cómo lo ha hecho, de pronto siente su peso descansar sobre sus piernas dobladas. Relaja los brazos y estira la espalda. El dolor parece haberse mitigado, pero cuando apoya los brazos de nuevo e intenta estirar las piernas bajo ella, sus tobillos se resisten a girar para apoyar la planta en el suelo. Tras un crujido especialmente doloroso, cae de lado, golpeándose el hombro. El grito que se le escapa hace que su garganta se resienta también, después de tanto tiempo en silencio. La rabia se apodera de ella; no piensa permanecer ahí tirada ni un momento más. Bajo la desesperación con la que mueve los brazos y las piernas no se da cuenta de que esta vez le cuesta menos incorporarse. De pronto está de cuclillas, con las manos apenas apoyadas en el suelo, y cuando sus rodillas se estiran y sus piernas pasan a soportar su peso no logra mantener el equilibrio y cae al suelo tras un par de pasos vacilantes.
Tumbada de nuevo, con el tacto del suelo quemándole la piel, todo el cuerpo palpitándole de dolor, piensa en abandonar. Pero ya no puede quedarse más tiempo allí. Algo ha sucedido en la habitación que le hace insoportable permanecer más tiempo dentro de ella. El primer movimiento, el que lo desencadenó todo, le tuvo que hacer algo, porque tras él, por muy doloroso que hubiera sido, ya no quiso seguir inmóvil. Y cuando se gira para incorporarse por tercera vez, es consciente de que el cuerpo le obedece más dócilmente, que el dolor no es tan intenso.
Esta vez logra erguirse. Logra estabilizar su centro de gravedad. Se mantiene en pie, y la sorpresa que ese hecho le provoca casi hace que vuelva a caer.
Está en pie. Se ha levantado, contra todo lo que ella pudiera haber creído, y se logra mantener así.
La habitación se le ha quedado pequeña. No puede seguir dentro de ella ni un segundo más. En la oscuridad, los rebordes de la puerta dejan pasar finas líneas de luz, que queman sus ojos como un hierro al rojo al mirar hacia ellas. Sabe que va a doler, quizá más de lo que le dolió levantarse. Pero ya no puede parar. No puede volver a tumbarse y olvidar que se ha levantado. Además, todo su cuerpo le pide que siga moviéndose. Quizá se lo llevara pidiendo todo el tiempo que estuvo quieta, pero no se ha dado cuenta hasta ahora.
El primer paso es corto y doloroso. El segundo, un poco mayor. El tercero casi la hace caer al suelo.
Al apoyar por cuarta vez la planta del pie, la pierna ya no le tiembla. Y tampoco en los siguientes pasos. Llega hasta la puerta, y sujeta con fuerza el picaporte. Sus ojos empiezan a quemarle, quizá imaginándose lo que les espera, pero eso no la echa atrás. Ya nada puede hacer que se eche atrás.
Gira el pomo en su mano, y con un solo movimiento enérgico abre la puerta.

25 de mayo de 2008

What Virtue are You?

What Virtue are You?
Your Result: Diligence

You are hard working and dedicated. You make sure to do your best at every task and you aim for sucess and completion. You are not discouraged by hard work, you get it done quickly and accurately.

Discretion

Honor

Patience

Flexibility

Humility

Generosity

Courage

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What Power Do You Have?

What Power Do You Have?
Your Result: Fire

You are tough and brave.You like to wear jeans and you're cool.You are often seen at parties because you love parties.You like spicy food and enjoy hot dogs.You might be a bit too mean sometimes so try to keep it down.

Water

Earth/Nature

Air

What Power Do You Have?
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23 de mayo de 2008

Odio los días de lluvia

El día está llorando. Caen sus lágrimas con desconsuelo sobre todos nosotros que, ajenos a su llanto, seguimos con nuestras vidas, convencidos de que nuestros problemas son el centro del universo. Miro al cielo, y me pregunto qué le afligirá para que llore con tanta amargura. Antes de que me contagie su llanto, quiero preguntarle, quiero saber si puedo hacer algo para consolarle. Pero por más que le interrogue no me responde. Solo sigue llorando en silencio.
Las gotas de lluvia resbalan por el cristal de las ventanas, como cientos de ojos llenos de lágrimas.
Mis ojos se llenan de lágrimas también. Es demasiada la amargura con la que le veo llorar, como para no contagiarme. Lloro por él, por lo que sea que provoca su llanto. Y por mi misma. Porque cuando el día deje de llorar y salga el sol, cuando haya olvidado su pena, yo seguiré recordando su llanto, su amargura, y me seguiré preguntando qué la produjo.
Y me preguntaré también qué provocó mis lágrimas, que no cesaron al cesar la lluvia.

22 de mayo de 2008

Sobre slogans y logos

En la parada de metro de mi trabajo hay, entre otros, dos paneles de publicidad de dos empresas de venta de productos de informática. Son bastante diferentes: En uno el color predominante es el azulón, y en otro es el rojo. En uno el slogan es "Yo no soy tonto", y en otro "Me vicia". En uno se hace referencia a que comprar en esas tiendas es un gustazo, y en otra se hace una comparativa ofensiva contra la primera. Ah, y en la primera sale un hombre con pinta de friki con gesto de estar disfrutando, entre ridículo y gracioso, y en la segunda sale una tía desnuda que se le da un aire algo sospechoso a Cortana, pero en cutre, apoyada sobre el cartel en el que aparece el nombre de la cadena.
Una vez me comentaron que una señora no compraba en la primera tienda porque el slogan le parecía ofensivo. "Qué pasa, ¿que si no compro en esa tienda es que soy tonta?". Bueno, cada uno que piense lo que quiere, pero si esa señora prefiere comprar más caro y con peor trato al cliente (como era el caso en la tienda en la que se encontraba en el momento de formular su queja) solo porque un slogan no le gusta, yo no voy a hacer ningún comentario sobre su coeficiente intelectual, entre otras cosas porque no hace falta.
Y hablando de cosas ofensivas... ¿A cuento de qué ponen a una mujer desnuda en el cartel publicitario de una cadena de productos informáticos? Estoy acostumbrada, y hasta cierto punto inmunizada, a ver cómo usan la imagen de la mujer para anunciar productos que nada tienen que ver con ella (Un pivón camina por la acera, pasa un coche, produce una racha de aire, a la chica se le levanta la falda... y no lleva nada debajo. Conclusión: Compre este coche que es muy bueno), y a soportar anuncios con contenidos más o menos ridiculizantes para mi género (O si no mirad en qué degeneraron los anuncios de Axe). Todo eso no me termina de importar, porque a fin de cuentas son solo anuncios: Si te molesta cambias de canal y punto. Pero vamos, plantar una chica totalmente seria, desnuda, retocada con photoshop para que se le un aire a un personaje del Halo pero no lo suficiente para infringir el copyright, como todo reclamo para la cadena de tiendas... ¿Eso qué narices significa? Porque al menos en los anuncios de Axe hay un mensaje. ¿Pero qué mensaje transmite la mujer esa en bolas apoyada en el cartel? ¿Que en las tiendas hace calor? ¿Que las cajeras van desnudas? ¿Que el publicista que lo ideó es fan de la saga Halo? No me parece una muestra de machismo, sino de estupidez, la verdad. Porque aunque los anuncios sean malos, ¿no se supone que tienen que mostrar, o al menos dar a entender, las virtudes del producto anunciado, y las ventajas de usarlo?
Yo con los anuncios de compresas pensaba que ya lo había visto todo. Pero está claro que me equivoqué.

Jornada Partida

Nunca pensé que trabajar ocho horas al día fuera tan pesado.
Entro al trabajo a las nueve, trabajo hasta las dos, como en una hora, vuelvo a las tres a mi puesto, trabajo hasta las seis. No parece una mala hora, pero es que vivo a hora y media de mi trabajo... O sea que llego a mi casa a las siete y media. Bonita hora. Justo a tiempo para hacerme la comida para el día siguiente, hacerme la cena, cenar y acostarme. Y si quiero comprar algo antes de que cierren las tiendas, lo llevo claro. ¿Que haga las compras a la hora de la comida? Bueno, si trabajara en una zona normal, eso sería factible. Pero trabajo en La Moraleja. Allí, para poder comprar un paquete de compresas, tengo que hipotecar el piso de mis padres.
Y lo peor viene cuando, siempre en mis trece, decido que tener solo tres horas al día para mi ocio no va a impedir que eche las siete horas de costumbre. Sí, ya sé que las cuentas no salen, decidselo a mis ojeras. Y aún cuando mi tiempo de ocio se lo dedicaba a tareas de escritorio (leer, escribir, dibujar, y por encima de todo jugar al World of Warcraft), tenía un pase. Pero desde que tengo vida social, Dios sabe que no salgo a la calle en carretilla porque no tengo a nadie que me la lleve.
Total, que trabajar ocho horas a jornada partida es un peñazo. A ver cuándo meten la jornada intensiva, que así tendré más tiempo para hacer heroicas y conseguiré antes los pantalones de badges que tanto necesito para... Esto... Quiero decir: A ver cuándo meten la jornada intensiva para que tenga más tiempo para mis cosas.

20 de mayo de 2008

WoW Issues

Ayer tomé una decisión muy importante con respecto al World of Warcraft y mi personaje principal: Ónice.
No hace demasiado conseguí que aceptaran a mi personaje en una comunidad para hacer mazmorras de 25 personas. Eso es un triunfo por sí mismo, porque este tipo de comunidades son bastante exigentes y no aceptan a cualquiera. Lo que pasa es que estar en ella requiere cierta "constancia" en el juego. Y por constancia quiero decir no solo asistir a las fechas en las que se programan las mazmorras, sino también jugar bastantes más horas para conseguir oro - en el juego, por supuesto - para pagar reparaciones, comida, pociones de vida y de maná y pociones para aumentar tus atributos. Y hacer mazmorras de cinco personas para mejorar tu equipo para no quedarte atrás con respecto al resto de la comunidad...
Ultimamente apenas sí he podido jugar con mi personaje. Es decir, he ido a la mitad de las mazmorras de la comunidad, y punto. Como resultado, no solo me estoy quedando sin oro para pagar ya no solo pociones o comida, sino incluso las reparaciones de mi equipo. Y por descontado, me estoy quedando atrás con respecto al equipo del resto de la comunidad. Aún no me ha dicho nadie nada, pero es solo cuestión de tiempo que llegue el primer toque de atención por parte de los oficiales.
Muy bien, pues ayer, mientras matábamos al primer boss de Hyjal (épica batalla, todo hay que decirlo), decidí que hasta ahí habíamos llegado: O dejaba la comunidad, o me ponía en serio a mejorar a mi personaje. Y me gusta demasiado jugar con esa panda de viciados como para dejarlo.
O sea que, a partir de hoy, pienso volver a jugar más al World of Warcraft. Porque me encanta. Y porque mi pequeña Ónice no se merece que la trate tan mal :3

19 de mayo de 2008

Mi camarera también libra T_T

En los escasos dos meses que llevo en mi nuevo y flamante trabajo he cogido el hábito de desayunar en una cafetería, que hay enfrente del edificio donde curro, antes de entrar a trabajar. Aparte de hacer que llegue siempre de cinco a quince minutos tarde, el rato que pasa desde que entro hasta que salgo de la cafetería me ayuda a cargar las pilas. El establecimiento en cuestión tiene una concepción muy americana, pero al menos las chicas de detrás del mostrador dan un trato bastante amigable, en concreto una de ellas. Sonríe mucho, y tardó solamente tres días en quedarse con mi cara y con lo que desayuno.
No me considero una persona demasiado maniática, pero lo que desayuno, y cómo lo desayune, pueden hacer que empiece el día con una sonrisa o con ganas de querer matar a alguien. Por eso me gusta desayunar en esa cafetería, porque la camarera y su amabilidad me animan la mañana, por muchos empujones que me hayan dado en el metro hasta llegar allí.
Hoy me ha molestado un montón no verla. Tampoco pasa nada, la gente tiene derecho a librar, y más teniendo en cuenta que seguramente ella trabajó durante todo el puente. Pero es que las dos camareras que había en su lugar... En fin, que estaban a lunes. No me habría sorprendido que, con esa cara y ese tono de voz, la leche que me ha echado una de ellas en el café se agriara de camino a la taza. Naturalmente, el bollito de leche con jamón york y queso y el manchado han compensado de lejos los malos modos de la camarera, pero me he quedado con la sensación de que le faltaba algo a la mañana.
No sé si soy muy exigente, pero que te den el café con una sonrisa por las mañanas... no sé, a mí me alegra el día.

13 de mayo de 2008

No puedes huir

No puedes huir, y lo sabes. Intentas correr, fuerzas tus piernas hasta mucho más allá de su límite, te alejas, ganas distancia, pero sabes que no hay salida. Tropiezas con un obstáculo, o quizá con tu propia pierna, y caes al suelo. Intentas levantarte, pero tras el esfuerzo tus piernas se niegan a responder. A tientas, te arrastras por el suelo húmedo, buscando a ciegas un lugar donde esconderte. El miedo te sube por la garganta como la bilis y te hace vomitar. Oyes sus pasos acercándose. Intentas controlar tu respiración; la oscuridad es tan profunda para ti como para él, y si no haces ruido puede que no te encuentre. Pero no lo consigues. Has corrido demasiado, tienes demasiado miedo. Cada respiración resuena como una pequeña explosión, y el pecho y la garganta te escuecen como una herida abierta. Quizá tengas realmente una herida, o quizá sea el suelo húmedo y no tu sangre lo que hace que tus manos resbalen sobre la pared al intentar incorporarte. Has dejado de oír los pasos, pero sabes que está cada vez más cerca. Sientes cómo se acerca. Por un momento, te ves a través de sus ojos, una presa asustada hecha un ovillo en un rincón, y la visión hace que el miedo crezca dentro de ti. Tienes que huir, tienes que correr hacia algún lado. Con desesperación, intentas incorporarte una vez más, pero vuelves a caer al suelo incluso antes de conseguir arrodillarte. Intentas gritar pidiendo ayuda, pero tu garganta se niega a obedecer. Vuelves a sentir el miedo subiendo desde tu estómago, y sabes que vas a volver a vomitar. Al igual que sabes que no hay salida, que no importa cuánto luches.
Empiezas a oír, por debajo de tus resuellos, una respiración lenta, húmeda. Te das cuenta de que si oyes su respiración, es que está muy cerca. Puedes leer sus intenciones en el ritmo con el que inspira y espira. Puedes adivinar que es tu miedo, y no otra cosa, lo que buscaba. Que tu miedo le alimenta, le estimula. Intentas, a la desesperada, controlar tu miedo, con la vana esperanza de que eso le haga echar marcha atrás...
Pero cuando sientes una mano agarrándote la muñeca derecha, es el pánico el que te controla a ti.

12 de mayo de 2008

Cita de Pablo Neruda

"Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce"

Pablo Neruda

Reflexión del lunes por la mañana

Hay mujeres que necesitan que se las adule para sentirse seguras de sí mismas. El problema con estas mujeres es que normalmente le dan coba a los aduladores pero no piensan dar nada a cambio, pero el adulador, cuando ve el camino libre, suele pensar lo contrario.
Si el adulador es medianamente espabilado, se termina dando cuenta tarde o temprano de lo que hay, y o bien sigue en su papel por reírse un rato, o bien abandona la tarea. ¿Pero qué pasa cuando el interfecto es algo más lento de lo necesario, y no se entera de lo que pasa? Ah... pues en ese caso, pensando que la adulada está loquita por él, va más y más lejos en su trabajo, hasta que el objetivo de sus agasajos se harta de él y le manda a paseo. Como resultado, puede que la afectada se gane cierta fama de algo que por obvio no voy a mencionar, y el afectado fama de plasta y baboso.
¿Pero qué pasa si el adulador no se da cuenta, y la adulada no le para los pies en ningún momento? Pues que la mujer se siente cada vez más segura de sí misma y más querida, y ni por asomo quiere dejar el juego, y el pobrecillo hombre está cada vez más loco por ella, y espera ansioso el momento en el que ella le corresponda... Momento que nunca llega, por supuesto.

Y puestos a ello, la inversa también funciona. Hay hombres que necesitan gustar (si, las mujeres sólo requieren atención para ser felices. Los hombres necesitan que se vuelvan locas por ellos) a las mujeres para sentirse realmente hombres. Chica que conocen, chica a la que intentan encandilar. Sólo para demostrarse a sí mismos que pueden hacerlo, claro, no por ningún otro motivo. Y lo peor es que este tipo de personajes normalmente lo consigue...

Me parece estupendo que todos queramos sentirnos queridos e importantes, pero no al precio de jugar con los sentimientos de las personas que nos rodean. Es deleznable que para que una persona sea feliz, haga infelices a media docena al año. Si tienen tantas carencias vitales que no son capaces de sentirse plenos por sí mismos, ni ganas de intentarlo, no sé, que se compren un libro. O un ordenador. O un perro. O una muñeca hinchable, joder, que ahora vienen con voz incorporada.
Aunque yo les recomendaría que hicieran un pequeñisimo examen de conciencia, se dieran cuenta de lo que sea que les hace unas personas tan inseguras y con tal complejo de inferioridad, e intentaran reparar esa carencia - o lo que sea - para conseguir sentirse bien por sí mismos, y no necesitar que medio país llore de amor por ellos.

9 de mayo de 2008

Aburrida en el trabajo

Mi jefe, cargado con un portátil y un cuaderno, y dos de mis compañeros, pasan aceleradamente por delante de la fila donde trabajo. Parece ser que han tenido que irse de la sala donde estaban reunidos, y andan buscando otra.
La verdad es que me resulta curioso verles caminar a zancadas por el pasillo, no se parecen en nada al resto de los trabajadores de la planta. De hecho, el grupo de trabajo en el que estoy no se parece en nada al resto de los trabajadores de la planta, y creo que eso es lo que más me gusta de ellos. Ya me lo advirtieron en mi primer día de trabajo, que ellos "trabajaban de otra manera".
Y yo estoy ansiosa de que me manden algo de trabajo para descubrir cómo es esa "otra manera", porque llevo aquí ya un mes y medio, y aparte de actualizar el blog y mirar el correo, poca cosa hago.

7 de mayo de 2008

La orden de Kaester: Prólogo (titulo provisional)

Las vestiduras de los sacerdotes de Kaester están encantadas. En el proceso de fabricación del tejido, junto con el tinte, las fibras se recubren con un conjuro protector, que hace que repelan todo tipo de suciedad u olor. El hechizo se hace con sumo cuidado, y tras aplicarlo, las telas se someten a diversas pruebas de calidad, para comprobar que no hay ningún defecto en el conjuro. Tanto cuidado en crear una tela que no se ensucie ni se desgaste con el uso fue solo la reacción del pueblo llano y los hechiceros ante cierta costumbre ancestral que mantienen los sacerdotes de Kaester: Al ordenarse, a los novicios se les entrega una sola túnica, que deberán llevar todos y cada uno de los días que les queden de vida. Este gesto está cargado de simbolismo, dado que la orden de Kaester la componen clérigos mendicantes que renuncian a todo tipo de bien terrenal, y ofrecen su vida al servicio de los demás. Pero también es un gesto bastante fútil si esos 'demás' a los que pretenden ayudar huyen despavoridos ante el olor de sus vestimentas.

El hechizo protector también dota al tejido de las túnicas sacerdotales de una textura particular, y de un áura cálida. Por supuesto, las vestiduras de todo sacerdote de Kaester, salvo por el color, son idénticas, pero el verdadero modo de identificarles es rozar sus ropas. Si al acercar la mano a la túnica de un clérigo, se empieza a sentir su tacto milímetros antes de tocarla, y este tacto es más parecido al del agua tibia de un estanque que al de la tela, es indudable que se está ante un sacerdote de Kaester.

Los clérigos pueden elegir la túnica del color que ellos deseen, para ello no hay restricción alguna. Salvo para el Sacerdote Mayor, quien rige y se encarga de que la orden siga sirviendo al pueblo y no a sí misma, y ordena y educa a los aspirantes y novicios. El Sacerdote Mayor es el único miembro que no usa la misma túnica durante toda su vida de clérigo: Al ordenarle se le entrega la primera, pero al nombrarle máximo representante, se le da una segunda, que sustituirá a la primera, y que siempre es blanca. De hecho, siempre es la misma. Cuando el Sacerdote Mayor muere, o se considera que no está en condiciones de ejercer de manera correcta sus funciones - ya sea por la avanzada edad, por un accidente, o quizá incluso por algún horror presenciado que le hiciera perder la cabeza - todos los miembros se reúnen a meditar durante ochenta días en la sede de la orden, y tras ese periodo de luto y reflexión, un nuevo Sacerdote Mayor es elegido de entre ellos, y a él se le entrega la túnica del anterior máximo representante.

Dado que en el continente la medicina y las artes sanatorias son algo realmente raro, cualquier población está más que encantada de recibir a un sacerdote de Kaester. Pese a que no posea bienes con los que pagar su estancia y sus comidas, sí posee unos conocimientos que son mucho más preciados que cualquier cantidad de dinero que pudiera pagarse: Son doctos en las penas del alma y las del cuerpo, y en sus curas. Conocen las propiedades de la mayoría de las plantas, y cómo destilarlas para crear todo tipo de pócimas, elixires, venenos y antídotos. Los más letrados son capaces de curar heridas graves y enfermedades mortales sólo imponiendo sus manos sobre los enfermos. Incluso se dice que el Sacerdote Mayor conoce la manera de revivir a los muertos recientes, aunque eso nunca haya sido presenciado por hombre alguno.

Claramente, en un mundo asolado por la decadencia que sigue a una guerra, la labor de los sacerdotes de Kaester es un bien demasiado estimado como para levantarse en armas contra ellos. Los conocimientos de la orden se transmiten de manera oral, y si existe algún testimonio escrito, aún no se sabe dónde lo esconden, así que el único modo de obtener dichos conocimientos es conseguirlos de boca de uno de los clérigos. Pero quien obtuviera los secretos de la orden tendría una clara ventaja sobre todos los demás habitantes del continente, y esto no haría sino desencadenar más guerras. De este hecho son conscientes los sacerdotes, y por ello, en la ordenación de cada nuevo clérigo, junto con los juramentos de servicio y pobreza, también se hace un juramento de silencio. Y no deben tomarse nunca a la ligera, puesto que, al igual que sus ropajes, los juramentos en la orden son revestidos con un conjuro permanente, que se activa si se transgrede alguno de ellos. Gracias precisamente a esos hechizos es por lo que los secretos de la orden nunca han sido vendidos, ni ningún espía ha podido conseguirlos uniéndose a sus filas.

Feena Greywords es la actual Sacerdotisa Mayor, y la número dos mil ciento cuarenta y siete en ocupar dicho cargo. Fue nombrada tras la muerte del Sacerdote Mayor Hisako, teniendo ella tan solo veintitrés años. Su predecesor había sido un gran hombre, que desgraciadamente murió dejando en sus manos un gran problema. En los diez años que llevaba en el cargo había tenido tantos contratiempos que no le extrañaba que algunos de los sacerdotes que menos la conocían pensasen que era una incompetente. Gracias a los dioses, aquellos más cercanos a ella, los que sabían a qué se enfrentaba realmente la orden, la tenían en gran estima y la consideraban digna sucesora del Gran Hisako.

Precisamente en dar gracias a los dioses estaba ocupada mientras, sentada al borde del acantilado, observaba las olas romper contra la pared de la bahía. Sentía que había un tremendo parecido entre la mar revuelta de aquella mañana y el mundo en el que vivía. Aquella mañana la habían despertado con una mala noticia, y en cuanto había tenido un hueco se había retirado a meditar a aquel lugar, donde tanto le gustaba ir cuando se encontraba desbordada.

Oyó a alguien gritar su nombre. Mirando abajo, vio a un novicio cuyo nombre no recordaba gritando y agitando los brazos en un intento de llamar su atención. Nadie solía atreverse a subir a lo alto del acantilado, ni siquiera para buscarla. Por eso le gustaba tanto aquel lugar, porque le garantizaba la soledad que ella buscaba.

Se recogió el bajo de la túnica, y tras echar una última mirada a las olas, se levantó y comenzó el descenso hasta donde el novicio la llamaba. Iba a ser un día muy largo, pero al menos había podido retirarse unos momentos a contemplar las olas en la bahía, y eso siempre la ponía de buen humor.

5 de mayo de 2008

Mi Gran Vía

Voy caminando por la Gran Vía, y me fijo en que la mayoría de las parejas que me cruzo son de hombres besuqueandose. Siempre me ha fascinado la fauna que recorre el centro de Madrid, pero ya no me acordaba lo que me gustaba pasear por mi Gran Vía de noche. Sé que es efecto de los halógenos y las farolas, pero la acera, el asfalto y las paredes parece que tienen un brillo como de nácar, que les da un aire irreal, de cuento. Y claro, todos los cuentos tienen seres fantásticos: Los mendigos se pasean entre los transeúntes, armados con sus flautas o sus vasos de McDonalds llenos de calderilla, amedrentando a todo incauto que no les pasa de largo a la suficiente velocidad. Los heavies, reunidos como siempre frente al ya inexistente Madrid Rock, con sus peinados cardados hasta lo imposible, sus mayas y vaqueros rotos, chalecos y cazadoras, parches de grupos que pocos o ningún adolescente actual conoce, y ese aire como de estar esperando a algo que nunca llega. Los góticos, que van y vienen en parejas, en grupos o solos, luciendo sus mejores galas ante la noche, todo cuero y extravagancia, totalmente ajenos al efecto que producen en los que les rodean. Los silenciosos chinos apostados en sus cajas de cartón, cargados de bocadillos y fiambreritas de arroz, asegurándose de que a ninguno de los habitantes de aquella jungla les falte alimento. Los pijos, que nunca pueden faltar ni dejar de hacerse notar, con ese lustre que tiene la ropa cuando aún no se ha lavado por primera vez, y toda la paleta de colores en tonos pastel en sus uniformes de batalla. Los emos, cada vez más de ellos, que tampoco destacan mucho pero que hacen reír a más de uno con su manera de combinar la ropa.
Todos ellos ríen y lloran, se besan, gritan o se pelean. Como una caldera con agua hirviendo, cada uno llama la atención más que su coetáneo, grita más, corre más rápido, ríe más alto.

Y yo, que camino entre ellos, no puedo sino sentirme sobrecogida. Me hace recordar las clases de ciencias naturales en el colegio, cuando nos explicaban que en un mismo ecosistema convivían la fauna diurna y la nocturna, y lo variopinto y diferente que era el escenario con la luna en el cielo de cuando el sol lo alumbraba.
Y mi Gran Vía también tiene fauna nocturna

1 de mayo de 2008

Which Heroes character are you?

Which Heroes character are you?
Your Result: Hiro Nakamura

You are Hiro Nakamura.
You can bend space and time with your mind. You always try to do what is right and you are very innocent. Maybe too innocent. You took a trip to the future and saw NYC blow up. Now you are focused on saving the world. You also love sci-fi.

Claire Bennet

Issac Mendez

Nathan Petrelli

Peter Petrelli

Sylar

Matt Parkman

Niki Sanders

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