29 de mayo de 2009

A viernes, y sin ver el dinero de mi abono

Estoy indignada.

Estoy MUY indignada.

El lunes, cuando saqué el abono transportes, el dinero que costaba me lo cobraron inmediatamente, y sin embargo a día de hoy, CINCO días después de que me dijeran que en breve me lo ingresarían, NO me han devuelto aún el dinero del abono QUE ME COBRARON AL INSTANTE, PESE A QUE NO ME LO DIERON.

Naturalmente, como las entidades bancarias no abren los fines de semana, si hoy a las dos no tengo ingresado el dinero, me quedo sin poder sacarme el abono transportes, cosa que por otro lado no pienso hacer hasta que no me devuelvan el dinero del abono que ya me han cobrado pero no me han expendido, por cierto.

O sea, que yo me saco un abono transportes, me cobran pero no me lo dan, y tengo que esperar semanas a que me devuelvan el dinero, porque parece ser que AUNQUE HAYA PAGADO, NADIE ME QUIERE DAR MI PUTO ABONO.

Yo, el lunes, si no tengo mi dinero en la cuenta, pienso pasar por los tornos con el justificante de la devolución. Y más les vale que me dejen pasar, porque si no va a arder Troya. Que vivo en Fuenlabrada, joder, que no es que me cueste veinte euros el puto abono.

He dicho.

EDITADO:

Tras llamar a información, me comunican que este tipo de incidencias tardan 15 días en hacerse efectivas. Y que puedo ir a una taquilla a poner una reclamación, pero que también tardará 15 días en tramitarse. Esto es la polla.
Lo que no voy a hacer es comprarme un abono cuando YA HE COMPRADO UNO. Y no me pienso gastar ni un duro en billetes, porque ya he comprado mi abono, así que no es necesario que gaste más dinero.

EDITADO2:

Y ahora los de la OCU me dicen que es el procedimiento, que no puedo hacer nada, que tardan quince dias si o si y no puedo hacer nada por cambiarlo. Que como me van a dar el dinero, mientras tanto le pida el dinero a un familiar o a un amigo... claaaaro, como mis familiares y mis amigos son taaaan ricos, y van por la calle escupiendo billetes de 100 euros... Y que si me gasto dinero en billetes sencillos o de diez viajes, luego interponga una demanda de reclamación de daños y perjuicios, pero que tarda un año en tramitarse...
Manda huevos, ya sé por qué en este país nadie se queja. Aunque te quejes, te quedas igual que como estabas, "porque es lo que dice la ley".

¡Pero si solo quiero mis 60 euros para volver a dárselos, joder!

¿Por qué lo llaman "leggings" cuando quieren decir mallas?

¿Os acordáis de cuando éramos pequeñas, y en cuanto llegaba el verano nos plantábamos las mallas y una camiseta talla XXL, y así nos tirábamos todo Junio, Julio y Agosto?

Bueno, para los que no sepan de qué hablo, me refiero a esos lejanos tiempos precámbricos en los que las niñas y los niños se dedicaban a jugar en el parque en su tiempo libre, y no a enrollarse (y no digo una palabra más fuerte, pero se sobreentiende) entre ellos en plan colonia endogámica. Pero bueno, con un poco de esfuerzo uno puede imaginarse esos tiempos benignos en los que tanto las niñas como los niños eran pequeños entes demoníacos dopados de Red Bull en miniatura (los niños, no el Red Bull).

El caso es que el atuendo general de las niñas era unas mallas hasta medio muslo y una camiseta ancha. Las pobres madres tenían que hacer horas extra lavando ropa, o bien el armario de ropa de verano de muchas prepúberes por aquel entonces consistía en veinte camisetas idénticas y veinte pares de mallas iguales, porque daba la sensación de que las niñas no se cambiaban de ropa en todo el verano. Pero es que era lo más práctico si pensabas tirarte el día jugando al beisbol, saltando vallas y huyendo de jardineros.

Llegó una edad, eso sí, en la que dejamos de ver las mallas y las camisetas saco como un atuendo "práctico". Vamos, que práctico seguía siendo un rato, pero lo que queríamos nosotras era estar guapas, no cómodas. Así de estúpidas éramos, pero bueno, las hormonas es lo que tienen.
Así que relegamos nuestras bonitas y cómodas mallas a ropa para andar por casa, y como mucho nos las poníamos para ir al gimnasio (aunque eso dependía del tamaño del culo que tuviese una). Podían ser mallas cortitas de las que dejaban al aire la mitad del culo, hasta mitad del muslo, mitad de la pantorrilla o largas, pero no dejaban de ser mallas. Y como tales, quedaron marginadas a ropa de casa o de deporte.

Y mira tú que hace unos años, llega un señor que se dedica a diseñar ropa para mujeres, y un día, ayudando a su mujer a limpiar el armario de su hija, encuentra unas mallas a media pantorrilla. Intrigado por una prenda de ropa que no había visto en su vida (lo cual demuestra el caso que le hacía a su hija, por cierto), le pregunta a su mujer:
"¿Y esto qué es?"
"Las mallas que usaba tu hija cuando niña", le responde su mujer.
"Uhm...", musita el personaje, y se marcha llevándose las mallas, dejando a su mujer sóla con la ardua tarea de vaciar el armario de una adolescente.

Curiosamente, la primavera siguiente, la línea de ropa diseñada por este señor del que hablo tenía como estrella una prenda tremendamente original, lo nunca visto oiga, el sumun de la elegancia y el buen gusto, que lo mismo se podía llevar con deportivas que con sandalias de tacón. Esta prenda comenzó a venderse como churros en año nuevo, y marcó tendencia entre adolescentes y no tan adolescentes.

Adivináis de qué prenda hablo, ¿verdad?. Pero claro, este hombre, que se gastaba un dineral en un buen departamento de márketing, cambió el nombre a la prenda, no fuera que alguien la reconociera al nombrarla.

Así, los "leggings", arrasaron durante años, y siguen arrasando, en el mercado. Curiosamente, aunque son en todo idénticos a unas mallas de toda la vida, al cambiarles el nombre nadie se fija en las similitudes.

Así que ahora, tras años y más años relegadas a consumo hogareño y gimnastil, las mallas vuelven a inundar las calles, pero ya no con sus camisetas XXL ni sus tops deportivos, sino con todo tipo de faldas, sandalias, botas, camisetas y vestidos. Y ahora lo que quiere decir llevar leggings es que se está a la moda y se tiene buen gusto.
Pero si sales a la calle con unas mallas te siguen llamando hortera...

El mundo se está volviendo loco.

28 de mayo de 2009

Gackt - Ghost

Estaba yo buscando videos de música que el filtro de mi pequeño proxy me deje escuchar mientras trabajo, cuando encuentro un video nuevo de Gackt. Como no lo conocía, he mirado el video mientras sonaba, y cuál ha sido mi sorpresa al ver la cabeza de un terminator en mitad del clip... En seguida he abierto otra pestaña, he escrito "Gackt Ghost BSO" en el buscador y... ¿Qué me sale? Que esta canción forma parte de "Terminator: Crónicas de Sarah Connor" XDD Para que luego digan que el niño este no es mundialmente famoso...

A mi me ha hecho gracia, y la canción me mola. Espero que os guste. En cuanto consiga la letra traducida (o consiga traducirla yo) la pongo.



ima sugu.. kowashite...
sou tsubuyaku no wa
imasara oso sugiru kami he no boutoku
Get lost

zankoku na dekigoto ga taikutsu wo iyasu
yaban na torokeru aibu ni modaero

me wo mihiraita mama oboretai nara
Get lost out of my head

You've got to find the help of GOD

Until we're allowed to be free...
tsukisasaru puragu ni modae
motto te wo nobashite hageshiku boku wo iyashite okure

I said we got no guarantee
chi kireru mukuro wo dakishime
motto me wo hiraite hageshiku kowarete okure
Untill we're allowed be free...
tsukisasaru puragu ni modae
motto te o nobashi te hageshiku boku o iyashi te okure

25 de mayo de 2009

El abono de Junio

Dicen que cuando se odia algo que no se conoce, ese odio ha surgido de la ignorancia y el miedo a lo desconocido...
Bien, entonces puedo asegurar que lo mío con los ordenadores es ODIO al 100%

Iba yo esta mañana tan feliz y campechana (sí, un lunes por la mañana. Me he metido tanto café en el cuerpo en mi vida que me pasa como a Obelix: Su efecto ya es permanente en mi) hacia el trabajo, llegando media hora tarde, y al salir del metro pensé que sería una buena idea, dado que mi cuenta corriente estaba empezando a temblar, comprar el abono transportes del mes siguiente hoy, no fuera a ser que me gastase el dinero en otra cosa durante esta semana. Como había cola en la taquilla, me acerqué a una de esas maquinitas expendedoras de las nuevas, de las que sólo aceptan tarjeta, e inocentemente introduje mi tarjeta de crédito y mi cupón de abono transportes.
Y cual fue mi sorpresa cuando veo que cae el recibo, pero no el billetito del mes siguiente.
Gracias a Dios, logré captar la atención del empleado del metro unos dos segundos antes de que una clase entera de preadolescentes, ninguno de ellos con abono transportes, entrase en el metro. El operario, todo simpatía, comprobó que la máquina estaba, efectivamente, averiada - aunque yo no le veo mucho mérito... ya se lo había dicho yo hacía un momento -, y tras volver al mostrador comenzó a hacer las llamadas pertinentes... mientras atendía a unos quince adolescentes hiperhormonados, a dos señoras mayores, a tres inmigrantes y al señor de la limpieza.
Qué pasa, que había una convención de Todos los Madrileños que no Usan Abono Transportes justo el único día que llego tarde al trabajo???

Al pobre operario le redireccionaron a tres números diferentes, y al final, tras pedirme la facturita del abono, la tarjeta de crédito, mi dni, mi grupo sanguineo y una muestra de orina, los señores con los que estaba hablando consintieron en devolverme el dinero a la cuenta corriente en "de dos a cuatro días".
¿Cómo que de dos a cuatro días? ¿He tardado yo cuatro días en pagar el abono? No, yo lo he pagado en el acto. Entonces, ¿por qué tengo que esperar cuatro putos días a que me devuelvan mi dinero? Vale que así cumplo el objetivo de no tocar el dinero del abono en todo el mes, ¿pero no habría sido más fácil darme un puñetero cupón mensual, digo yo, en vez de tenerme esperando veinte minutos frente a la taquilla con cara de lerda?

El operario, todo corazón, me dijo que si veo que pasan los cuatro días y no tengo el dinero me queje, pero que como al mes aún le queda una semana para acabar, que tampoco me encisque mucho. Claro, yo no me suelo enciscar cuando un puñado de cafres me roba el dinero que tanto me cuesta conservar hasta fin de mes para que me lo roben los del consorcio de transportes.
Sólo me altero ligeramente.
Coño.

Total, que he llegado unos cincuenta minutos tarde hoy al curro - que siempre compenso, porque nunca me tomo la hora de la comida - con un bonito justificante en el que pone que, efectivamente, se me debe la suma de 60,60 euros, y que se me ingresará en la cuenta en breve. Y con diez mil cien pesetas de menos en la cuenta bancaria, y ningún abono transportes de Junio, por cierto.

Y todo porque el bonito ordenador de la puñetera máquina decidió acabar con su mísera existencia unos cinco segundos antes de que yo metiese mi cupón de abono transportes en la ranura.

Dios, a veces juro que mataría a todos los ordenadores. Si tan solo pudiesen morir...

La chapita de marras

Por petición popular (de una persona, pero perteneciente al pueblo, al fin y al cabo), pongo la chapa de la gatita. Espero no decepcionar a nadie... (Había otra chapa de Hello Kitty colgada de un árbol, muerta, y sobre ella el logo "Goodbye Kitty", pero me pareció un poco demasiado...)
Y no me volváis a comentar que suba fotos estando en el curro, que os hago caso y no veáis la que he tenido que montar para hacerle la puta fotito a la chapa sin que se pispase nadie >.< (ahora que caigo, este blog lo leen compañeros de mi curro...)

El deporte de cerrar bocas

Hay mucha gente que desconoce las virtudes de este sano y beneficioso deporte que es el de cerrar bocas. Y sin embargo, para mi hay pocos placeres en la vida que me resulten más gratificantes. De hecho, si por mi fuera, lo haría deporte olímpico. Haría liga nacional, copa de Europa, y copa del Mundo. Haría hasta liguillas en los colegios. Y es también hay que pensar en nuestros pequeños, que son el futuro de nuestro país, e irlos introduciendo en las sanas costumbres ya desde temprana edad.

Es este deporte de naturaleza curiosa, ya que dependiendo del campo en el que se practique, exigirá esfuerzo físico o intelectual. Y sus resultados y premios no suelen ser trofeos, sino gratificantes sensaciones de triunfo.

Son muchos los pequeños gestos que podemos hacer en nuestro día a día para practicar este deporte. Por ejemplo, si un día vuestro hijo vuelve del colegio/instituto diciendo que un compañero le ha llamado tonto, o se ha metido con él porque no sabe practicar algún deporte, podéis empezar a pasar las tardes ayudándole a estudiar, o jugando con él a ese deporte en particular, y animarle a que, a final de curso, humille a ese compañero en la disciplina en la que se mofó de él.

Especialmente común si se trabaja en oficinas y se es mujer, es el cerramiento de bocas ajenas cuando alguien se mete con el tamaño del culo de una. Se requiere un poco de disciplina para hacer ejercicio y régimen, pero la ausencia de comentarios - y la cara de limón que se les suele quedar - cuando la ven a una enfundada en unos vaqueros que le hacen una figura con la que ellas solo pueden soñar, merece todo el sufrimiento anterior.

Desde tiempos inmemoriables, este deporte ha encumbrado a personajes emblemáticos del deporte, las artes y las ciencias, siendo su aportación al mundo deportivo, artístico y científico sólo efectos colaterales de su verdadero fin: Cerrar bocas.
Es por ello que no debe tomarse a broma el beneficio, no solo personal sino para la humanidad en general, de practicarlo.

Obviaré los beneficios que este deporte ha tenido en mi vida, pero diré que han sido numerosos. Y lo serán más todavía conforme vaya pasando el tiempo, eso os lo puedo asegurar.
Precisamente por lo gratificante de sus efectos, y por haber observado los beneficios que tienen tanto para la persona individual como para la sociedad en general, no puedo sino animaros a todos a practicarlo.

Día del orgullo friki

Desde el 2006, este día, el día en el que se estrenó Star Wars: A New Hope, ha sido declarado por no sé quién como el día del orgullo friki. Es este un día de reivindicación, en el que todos los autodenominados frikis (que quizá deberían echar un vistazo al verdadero significado de la palabra antes de esgrimirla con orgullo) salen a la calle a reclamar su derecho a ser raros y a poder hacer cosas raras - cosa que nadie les impide, por cierto -, y normalmente hacen esas reivindicaciones disfrazados de sus personajes de culto de cómics, películas o videojuegos.

Y yo me pregunto: "¿El que la instauración del día del orgullo friki me parezca una soberana gilipollez hace que no sea friki?"

Como vivimos en España, está claro que no necesitamos ningún motivo para montar una fiesta, y yo soy la primera que en cuanto la palabra "expo" o "salón de" aparece en algún cartel por el metro, saco mis disfraces de Zelgadiss, Alita, Alta Inquisidora Whitemane, Crimson Viper y estudiante de Bible Black, y me juego a los chinos cuál me pondré esta vez. Pero con este día me pasa un poco como con San Valentin, navidades, el día de la mujer, o el día del orgullo gay. No me disgusta que estén ahí, porque así a ciertas personas les ayudará a recordar que no hay que ir por la vida pisoteando a los que se salgan de la norma, pero las cosas que reivindican no deberían limitarse a una fiesta de órdago un día al año, que tampoco creo que sirva para que se les tenga en mayor estima sino más bien al contrario, sino a la constante y orgullosa manifestación - dentro de los límites del civismo, por supuesto - de las características que hacen diferente al colectivo que toque. No tiene por qué haber un día para serlo: Se es, y punto.

En concreto, me da un poco de grima este día, porque el término friki, igual que el término otaku, en su idioma original es un adjetivo bastante peyorativo, que no tiene nada que ver con que a uno le guste Star Wars o Naruto. Un freak es un marginado, un bicho raro, un parásito de la sociedad, en el sentido más despectivo que uno pueda imaginar. El hecho de que fueran precisamente esos "freaks" los que comenzasen a encontrar gusto en hobbies como el rol o los videojuegos no quiere decir ni que a todo el que le gusten esas cosas se le tenga que llamar freak, ni que a todos los freaks les vayan a gustar esas cosas.

Como los españoles somos así de guays, y nos encanta vestirnos todos iguales para reivindicar que somos diferentes, cogimos el término y, al igual que como lo hicimos ya con el peyorativo japonés "otaku", lo convertimos en algo no solo bueno, sino digno de sentirse orgulloso. Se ve que "eres raro", o "te gustan cosas muy raras" era demasiado largo, y ya se sabe, la economía del lenguaje es lo que tiene.

Y la degeneración no terminó ahí. El término friki se extendió de tal manera, que llegó a un punto en el que ver bricomanía era signo inequívoco de que eras un friki. Bastaba con que hubieses visto los Goonies para erigirte como estandarte de frikeza. El término se convirtió en una bandera, un santo y seña para la gente descontenta con el sistema y con ganas de sentirse diferente. Ya no solo servía para denominar a la gente realmente diferente - más por sus defectos que por sus virtudes -, sino a cualquiera que no tuviese suficiente dinero para hacerse de una tribu urbana con un poco más de clase, y aún así quisiese sentirse especial y único en esta sociedad en lo que lo homogéneo es lo que reina.

¿Y qué pasó? Pues lo que pasa con todo: Que el "frikismo" se puso de moda. Se convirtió en algo que hacía la mayoría. Se "homogeneizó", podría decirse. Si no te gustaban "cosas frikis" eras un títere del sistema, y el mero hecho de saber quién era R2D2 ya te liberaba de su yugo.
Ahora todo el mundo quiere ser friki, todo el mundo reivindica su diferencia, su rebeldía hacia un mundo al que realmente le importa un bledo su vida, pero contra el que tienen la necesidad de rebelarse, y curiosamente piensan que ir en el metro leyendo el Silmarillion es la mejor manera.

Ya casi no hay frikis. Casi todo son adolescentes con ganas de ser diferentes, que se apuntan a la moda del momento. Y ser friki y estar de moda, desde siempre, han sido antónimos.

A mi desde siempre me ha gustado el manga, y todo tipo de cómic que cayese en mis manos en general (aunque en estos ultimos años, especialmente si es pornográfico). Considero Regreso al Futuro la mejor trilogía de la historia del cine, Los Goonies es una película de culto para mi, puedo cantar los Openings de todas y cada una de las series que veía cuando era pequeña, me encanta salir los viernes y sábados vestida con traje medieval de terciopelo negro, y mi indumentaria normal cuando no voy al trabajo (ni peso media tonelada), es ropa gótica. Lo flipo con la literatura de fantasía épica (y con cualquier libro en general), entiendo y fomento las coñas informáticas, compro en Thinkgeek, me sé el monólogo del tío que vendía hamburguesas de rata en Demolition Man y el de Roy Batty en Blade Runner, pienso que Ricky O es Dios y Chuck Norris su profeta, tengo síndrome de abstinencia si no juego al World of Warcraft durante más de una semana, me tiño el pelo como Jennefer de Vengerberg, y yo también creía que Serpiente Plissken era más alto. Pero por mucho que la gente se empeñe en que soy friki, yo, aunque no lo niego, discrepo ligeramente. Simplemente soy rarita, nada más.

Y aún así, a pesar de todo lo que opino, hoy, en el uniforme de persona respetable que llevo para ir al trabajo he prendido una chapa en la que aparece Hello Kitty armada con una AK-47. Sólo por si a alguien se le ocurre pensar en algún momento que sea una persona normal.

Y os deseo a todos un feliz día del orgullo friki. Brindo porque las librerías y tiendas de rol a las que todos tenemos libre acceso y que cada vez proliferan más sigan abiertas, y por que las convenciones de cómic, películas y videojuegos, que se celebran profusamente por todo el globo y tienen seguidores hasta en Omicron Persei VIII no tengan que cerrar nunca sus puertas debido al yugo de la gente que nunca ha querido cerrarlas, y a las que les da igual que estén o no ahí.

Fuera coñas, muchas felicidades a todos, os hagáis llamar frikis o no, en este precioso día. A ver si esta tarde me animo y salgo a la calle con en uniforme de Bible Black, sólo por ver qué pasa.

22 de mayo de 2009

Inspired on "The son of man" (Spanish)

Inspirado por (que no "en") una fotografía de Andrew Farrington, llamada "The son of man", que por culpa de la patata de conexión que tenemos en el curro no estoy en condiciones de postear hasta que no llegue a casa. Por ahora dejo el enlace a donde está subida la imagen, y actualizaré el post con la imagen en sí (el autor me ha dado permiso para postearla aquí) en cuanto pueda.


Sueño con un fuerte vendabal que barre todo a mi alrededor, aislándome del mundo y de sus exigencias. Que me aleja de los gritos, de las prisas, de las lágrimas, de la ira. Me deja sola, sólos yo y la nada, y puedo por fin estar conmigo misma, observarme sin ningun filtro que distorsione mi mirada, reconocerme bajo las capas y capas de pintura con las que me han ido adornando.
Sueño que me dejo caer en el viento, que me lleva a un lugar al que nadie pueda llegar nunca, en el que pueda ser yo y nadie más, en el que todo sea posible, en el que la paz exista. Que encuentro la paz que me han robado, que se llevaron hace tiempo, junto con mi vida, y que nadie me ha preguntado si quiero recuperar.
Que me recupero a mi misma, y sólo a mi, entre todo el caos y la confusión del mundo. Que vuelvo a ser una persona diferenciada, entera y auténtica, sin temor a que nadie me dañe, sin miedo a que la vorágine del mundo me arrastre...

20 de mayo de 2009

¿Qué hace que sigamos aquí?

Ultimamente, debido a una serie de acontecimientos combinados con el alto contenido de estrógenos en sangre y mi ya de por sí voluble ánimo, han hecho que me planteara, con más frecuencia de la normal, el suicidio (¡Hola mami!).

Lo cual no está del todo bien, porque si yo me muero, ¿quién va a actualizar el blog? Pero en fin, cosas más graves han ocurrido en el mundo, como la querella contra el inventor de software para compartir archivos, los tacones en mitad del talón, o el impuesto de artículo de lujo sobre las compresas.

El caso es que esta circunstancia, tras mucha meditación, me ha hecho darme cuenta de varias cosas. En primer lugar, que tengo demasiado tiempo libre (los que me conocéis sabéis que tengo aproximadamente media hora libre a la semana... ¡Bien! ¡Sigue siendo demasiado!).

Otra cosa sobre la que he reflexionado es sobre los motivos que nos empujan a seguir viviendo, día a día, en el mundo en que nos ha tocado nacer. Porque es evidente que si me planteo el suicidio, primero tendré que sopesar si realmente me sale rentable, y para sopesarlo tengo que enumerar los pros y los contras. Y al sopesar los míos, de pronto empecé a preguntarme qué motivos tendrá la gente de a pie, esa con la que me cruzo todos los días de camino al trabajo, para seguir con sus vidas.

¿Qué motivos tendrá, por ejemplo, alguien que tenga un trabajo que deteste, y tenga que permanecer ocho horas, día tras día, en su puesto; que cuando llegue a casa por la tarde sistemáticamente ponga la televisión hasta la hora de acostarse, y que, también sistemáticamente, haga exactamente lo mismo todos los fines de semana?

¿Qué puede impulsar a vivir a una ama de casa cuyos días son todos una repetición uno del otro, donde siempre hay que limpiar, cocinar y colocar cosas para una familia que le deja sola la mayor parte del día y solo vuelve para demandarle alimento y cama, donde las únicas satisfacciones sean observar en la televisión como un montón de famosos se insultan los unos a los otros, comprovando así que no es la única que lo pasa mal en el mundo?

¿Qué anima a vivir al hombre casado con una mujer a la que odia, que anhela el calor y la cercanía de toda jovencita sonriente que se le cruza, pero que tiene que convivir con alguien que le hace sentir infeliz y amargado día tras día, y cuya única vía de escape es observar lo que no puede tener en internet?

¿Y a la mujer casada con un hombre al que odia, que le hace sentir inferior y desgraciada cada vez que se atreve a mirarlo a la cara, que cree que ella es su criada, y que, cuando los dos llegan cansados del trabajo, se sienta ante el televisor esperando que cumpla con su deber de buena ama de casa?

¿Cuál será la fuerza que empuja hacia adelante al estudiante que sabe de antemano que su destino va a ser el de toda la gente que le da tanto asco ahora?

Me gustaría saber cuál es la fuerza que nos empuja, no solo a mi sino al resto del mundo, hacia adelante. Vale que el instinto de supervivencia juega un papel importante, pero me niego a creer que sea únicamente la inercia lo que nos mueve, lo que nos motiva. Tiene que haber algo, por nimio que sea, que haga que nos levantemos con ilusión al ver que llega otro día, que haga que nos despertemos con ganas de vivir.

¿O quizá lo que falla es que nos levantamos sin ganas de vivir?

Bueno, ya paro, que tampoco quiero incitar el suicidio colectivo... Pero estaría bien que meditásemos más a menudo sobre lo que hace que sigamos aquí... y sobre lo que podemos hacer para que siga mereciendo la pena. ¿No creéis?

18 de mayo de 2009

Gatitos!!

Pero qué cositas más monas, por Dios!!! >w<

Conviértase en un Supervillano en 20 prácticas lecciones

1. Primeros pasos: ¡Tiranizar a los compañeros de clase puede ser divertido!

2. Escalón tras escalón: Comience por el barrio, termine con el mundo

3. El nombre a elegir, ese gran dilema.

4. El hábito hace al monje: Escoja su atuendo de villano de forma adecuada

5. ¿En qué clase de líder desea convertirse?: Diferentes estrategias - Tirano, especulador, lider religioso o espiritual...

6. ¿Es su plan de conquista demasiado ambicioso? Cálculo realista de sus aspiraciones

7. ¿Miedo o fidelidad?: Claves para el villano carismático.

8. Logística del poder: Gestionar un ejercito del mal, más fácil de lo que parece
8.1 Controlar rutas comerciales
8.2 Atracar sedes económicas
8.3 Monopolizar explotaciones petrolíferas
8.4 Ventajas e inconvenientes
8.5 Ejercicios prácticos

9. Perdonar la vida a los niños: Ese gran dilema.
9.1 ¿Realmente quiere que el niño crezca y se convierta en su archienemigo?
9.2 Si ya ha matado o esclavizado a media población mundial... ¿por qué matar a un niño le resulta un acto tan atroz?
9.3 Ventajas e inconvenientes
9.4 Ejercicios prácticos

10. ¿Cómo saber cuándo decir "No"?: Esbirros descontrolados y su supresión efectiva

11. Mantener el imperio del terror: Tenga contenta a la población con "Pan y Circo"

12. Plan de previsión de riesgos: Cómo evitar alzamientos antes de que se produzcan

13. Cuenta la profecía... : Grandes verdades que nos enseñan los cuentos de hadas
13.1 Evitar el alzamiento de un gran héroe: No es tan difícil neutralizarlos
13.2 Ejercicios prácticos

14. Las máquinas no son la solución: Ventajas de un ejército totalmente humano.

15. Y después, ¿qué?: Qué hacer cuando no queden más territorios por conquistar
15.1 ¿Por qué no convertirse en Dios de una nueva religión?
15.2 Cambios de nombre: Cómo acrecentar el respeto renombrando países
15.3 Castigos ejemplares: ¿Por qué torturar hombres cuando se pueden violar mujeres?
15.4 Ejercicos prácticos

16. A largo plazo: Refuerce su imagen de manera adecuada para un reinado largo y fructífero

17. Némesis, el gran dilema: ¿Conviene dejarlo con vida cuando lo humille en su primer enfrentamiento? - Desventajas de un ego desmedido

18. ¿Y si sucede?: Plan de escape en caso de caída del imperio

19. ¿Dónde está realmente el poder?: Aprenda a usar un cabeza de turco en caso de crisis

20. El botón de autodestrucción: ¿Es realmente una solución efectiva?

Las falditas fruncidas NO son para días de viento

Cuando era pequeña, mi hermana mediana, que es 7 años mayor que yo e iba al instituto de al lado de mi colegio, me recogía para volver a casa a mediodía. Por lo que me cuenta mi hermana, porque yo no me acuerdo, por aquel entonces a ella le gustaba un chico de su instituto. Cuando mi madre me ponía falda – y me consta que me la ponía muy a menudo cuando aún tenía control sobre mi vestimenta – y se daba la circunstancia de que mi hermana y yo coincidíamos en el semáforo del colegio, volviendo para casa, con el chico en cuestión, yo me levantaba la falda y gritaba “¡¡Ha llegado la primavera!! ¡¡Uuhhh!!”.
Mi hermana dice que lo hacía de mala fe, para espantar al chico. Como yo no me acuerdo, no puedo ni afirmarlo ni negarlo, pero tengo sospechas fundadas de que, en caso de ser verdad, fue más o menos por esa fecha por la que mi hermana comenzó a odiarme.

Bueno, pues ayer me acordé repetidas veces de ese capítulo de mi vida - o de la mente de mi hermana, de la que lo mismo sale un ramo de flores que un agujero negro con mala leche -. No porque mi hermana pequeña se dedicara a levantarse la falda cada vez que el chico que me gusta se parase cerca nuestra en un semáforo, entre otras cosas porque soy la menor de la familia, y porque mi concepto de la vergüenza ajena es mucho más laxo que el de mi queridísima y paranoica hermana. La razón hay que buscarla en el día anterior, cuya tarde pasé de tiendas con mi amiga Patricia.

Me parece que ya he posteado dos o tres entradas sobre el infierno que para mi supone ir de tiendas, con un culo y unos muslos que son titánicamente enormes para las tiendas de tallas normales, y minúsculamente enanos para las tiendas de tallas especiales. Pero como en el último mes y medio he adelgazado bastante, y necesitaba ropa de verano, me arriesgué a pasar la tarde atascada en pantalones que no me pasen de las rodillas.
Me probé un par de pantalones en la primera tienda, y viendo que la 46 no me pasaba de medio muslo - cuando ahora mismo estoy entre la 44 y la 46, por cierto -, decidí que para terminar la tarde llorando, mejor dejaba de probármelos.
Así que me centré en las falditas. Esta primavera se llevan un montón unas falditas a medio muslo fruncidas y con bordados, que me parecen super monas, y dediqué todos mis esfuerzos en encontrar un modelo que a) me gustase b) me cupiese c) no fuese amarillo limón con estampados en fucsia (condición esta última que, por raro que parezca, resultó ser la más difícil de cumplir).
Al final compré, entre otras cosas, dos falditas, una con un estampado de punto de cruz en tonos azules, y otra blanca con bordaditos y ribetes. Aunque al probármelas no pude pasar por alto la ligereza de la tela, cosa que me preocupó, cedí a la euforia de encontrar ropa de mi talla a buen precio, así que las compré con una sonrisa en los labios.

Al día siguiente, para fascinación mía, mi novio me llamó por la mañana para preguntarme si estaba libre para pasar el día juntos. Así que me vestí con la preciosa faldita blanca con bordados y ribetes y la camiseta verde de tirantes anchos (otra de las cosas que cayó en la tarde de compras), y salí a la calle sintiéndome monísima.

Primer indicativo de que la compra no había sido tan acertada como pensé al principio: Al mirarme en el espejo del ascensor, descubrí que la falda me quedaba por detrás, gracias a mi enorme culo, unos cuatro centímetros más corta que por delante. Bueno, me dije, mientras me bajaba la cinturilla por detrás para igualar el bajo, no pasa nada, tampoco es como si se me viera la partida de nacimiento, sólo es que no estoy acostumbrada a llevar minifalda.
Segundo indicativo: Hacía viento. MUCHO viento. Aterrada, volví a casa tras dar sólo tres pasos fuera del portal, y me coloqué la chaqueta de entretiempo - que quedaba sólo unos tres centímetros por encima de la falda - para controlar, al menos, la parte de atrás de la falda.
Pero hacía calor. MUCHO calor. Así que acabé por quitarme la chaqueta mientras me encomendaba a todos los santos.

No había mucha gente en el barrio, siendo domingo y haciendo tanto calor, pero de camino a casa de mi novio acerté a cruzarme con un par de personajes que también se fijaron en la faldita de marras... o más bien en lo que la falda debiera haber cubierto pero no hacía. Corroboré que voy en buen camino con el adelgazamiento, por cierto. Porque si me hubiese puesto ese modelito con el tonelaje de hace dos meses, en vez de soltarme comentarios obscenos, me habrían denunciado por escándalo público.

Naturalmente, a mi novio le encantó el modelito. Y no sé qué le gustó más de la falda, que me sentase bien, que a cada ráfaga de viento se me levantase, o que cada vez que me agachara se me viese todo - cosa que, una vez enterada, solventé acuclillándome cada vez que necesitaba agacharme, por cierto -.

Cuando llegué a casa esa noche, decidí que las falditas mejor no las usaba para ir al trabajo, no me preguntéis por qué.

Y también me acordé de uno de los motivos principales por los que NO uso faldas.

17 de mayo de 2009

Dicen que viven en un mundo aparte, uno imaginario. Que cuando despierten, se darán cuenta de cuan niños, cuan inocentes han sido, por creer que las cosas eran así de simples.

Yo pienso que viven en un mundo en el que, por la persona amada, se da todo. En el que su felicidad es un objetivo, y pasar los días a su lado es una prioridad. No creo que vayan a despertar desengañados de pronto una mañana, y no lo creo por el simple motivo de que sabiendo que la persona que amas lo daría todo por ti es muy difícil sentir ningún tipo de desdicha.
Saber que nunca derramarás una lágrima sin que ella esté allí para enjugártela, que siempre que desees abrazarla, ella estará deseando abrazarte, que siempre que necesites ayuda, ella estará allí para ti.

El único motivo por el que dicen eso de ellos es porque desearían tener lo que ellos tienen. Porque les envidian por tenerse el uno al otro y no necesitar nada más.

Yo tampoco necesito nada más... y lo habría dado todo porque a ti te bastase conmigo.

15 de mayo de 2009

En un Principio - Historia para el fanzine de MFS

Ahora que ya ha salido a la venta el fanzine, puedo colgar esto sin problemas en la web :P

Esta historia es parte del último Fanzine que ha sacado Marmotfish Studio, llamado "Wereminds - Made in Japan", y como su propio nombre dice, está dedicado a la cultura japonesa. Está formado por una serie de historias cortas autoconclusivas sobre la historia y el folklore japoneses, y la verdad es que tanto por guiones como por calidad de dibujo, es el mejor fanzine de los cinco que ha sacado la asociación.

El fanzine cuesta solo 2,50 €, por si os pica la curiosidad :P Si queréis más info sobre él, ya sabéis dónde dejar el comentario :P

El guión de esta historia es mío, basado en la leyenda de la creación del mundo según el Kokiji. El dibujo lo hicimos entre mi ex (antes de ser mi ex), que pintó los fondos, entintó y puso sombras, y yo, que pinté los monigotes, y puse las tramas.

Haced click sobre las imágenes si queréis saber qué pone en los bocadillos :P



14 de mayo de 2009

¿Y qué seré mañana...?

Hoy decido ser una paladina humana entregada al servicio de los demás: Con mi espada y mi escudo abato a los ejércitos invadores a miríadas, mi valor no tiene límite, mi pericia tampoco. Hoy me infiltro, junto con un pequeño grupo de elegidos de élite, en la fortaleza enemiga, para destruir su polvorín, explotar sus despensas, y abrir las puertas de sus murallas para nuestras tropas. Mi espada es afilada, mis pasos sigilosos, mis movimientos rápidos como los de un gato. Lucho por lo que mis padres murieron defendiendo, lucho por que el mundo en el que mis hijos vivan sea mejor que éste en el que yo vivo, que gracias a la lucha de mis padres es mejor que el que tuvieron que sufrir ellos.

Ayer fui una sacerdotisa. Entregada a la sabiduría, la meditación y la magia curativa, vi la sede de mi Orden, junto con un gran número de mis compañeros y amigos, caer derribada bajo el ataque de infames bestias voladoras, que escupían un fuego que derretía la misma piedra. Vago errante, advirtiendo a los monjes que encuentro por los caminos que se cuiden mucho de revelar su identidad, porque alguien les quiere muertos. Mientras tanto, oculto la mía propia viajando de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, sin permanecer mucho tiempo en un mismo sitio, intentando averiguar quién es ese alguien, y vengar la muerte de los míos.

Ayer fui una elfa, una sacerdotisa oscura. Ebria del poder de la magia oscura, la controlo con tal pericia que no tengo nada que envidiar a un brujo consumado. Mi mente, corrupta por la magia de la que tanto uso hago, me va pervirtiendo poco a poco, hundiéndome en las tinieblas de donde saco mi poder. La magia oscura es tentadora, pero es el único arma efectiva cuando se trata de sobrevivir, y para una joven elfa solitaria sobrevivir no es algo fácil. Soy una viajera errante, en busca de un amor imposible, que dicen murió hace años, pero yo sé que sigue vivo, en algún lugar del mundo, y esperándome. No quiero defraudar a mi amado, y poco a poco dreno todo pensamiento racional de mi cerebro, hasta que sólo me queda una cosa por la que seguir adelante: Encontrarle.


¿Y qué seré mañana? No lo sé, la verdad. Tanto tiempo en el transporte público, yendo de aquí para allá, realmente da mucho de sí cuando se trata de usar la imaginación.

Y hay tantos mundos que explorar, tantas vidas que vivir, tantos monstruos que matar, tiranos que derrocar, imperios que salvar...
Sería una pena malgastar el tiempo simplemente mirando por la ventana del tren, cuando hay cosas mucho más interesantes que requieren de mi atención.

13 de mayo de 2009

I need to play World of Warcraft! (Parte 1: WoW, Origins)

Hoy quiero hablaros de un videojuego. Bueno, no de "un" videojuego, sino de "el" videojuego. Del World of Warcraft, para ser exactos.

Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, unos señores que se juntaron alrededor de una mesa y, mirándose muy serios, comenzaron a hablar.
"¿Y si montásemos una compañía de videojuegos?" Dijo uno de ellos. El que se sentaba a su lado replicó "Pero, ¿qué videojuegos venderemos? No nos gustan los videojuegos, no sabemos los géneros que gustan y los que no, no podemos costearnos estudios de mercado... ¡y nuestro equipo de desarrollo se limita a una persona!"
Al acabar la frase, quien había hablado señaló a la tercera persona en la mesa, un hombre de unos treinta y pocos años, con el escaso pelo que le quedaba bajo la calva recogido en una coleta, gruesas gafas de pasta, barba de dos días, y una oronda figura embutida en una camiseta blanca con lamparones de chocolate. Éste, al sentirse señalado, sopesó la pregunta durante unos instantes, tuvo una idea, y dijo lo siguiente:
"¿Qué tal si hacemos un juego de estrategia en tiempo real con orcos y elfos, al estilo Warhammer?"

A falta de nada mejor, los otros dos decidieron usar esa idea.

Y así nació la saga del Warcraft, con sus tres bonitas entregas, y su mundo de fantasía medieval con sus elfas promiscuas y sus orcos sedientos de sangre. Original, ¿que no?

Llegó un momento en el que estos hombres, ahora al frente de una enorme compañía llamada Blizzard, con una carga de marketing y merchandising como nunca se han visto en el multiverso, volvieron a reunirse.
"Las ventas están bajando. Necesitamos algo nuevo, algo diferente,algo innovador..." dijo uno de ellos.
"Sí, hasta ahora nos hemos centrado siempre en el mismo tipo de juego... deberíamos intentar algo diferente, algo que guste de verdad, ahora que el mercado está inundado de videojuegos de estrategia..."
"¿Y por qué no hacemos otra secuela del mismo videojuego, pero en vez de en estrategia, en juego de rol on line?" Dijo el tercero, que no había cambiado un ápice en todos los años transcurridos, salvo porque su camiseta ahora rezaba "I Killed Lord British".

Y, de nuevo, a falta de algo mejor, sus compañeros decidieron desarrollar dicha idea.

Esta vez, como sí que había presupuesto para hacer estudios de mercado, se desarrolló el juego ajustando al milímetro las preferencias del jugador tipo de MMORPGs: Todos los seres de género femenino estaban de toma pan y moja, la ropa por defecto era ropa interior estándar, no una camiseta y un pantalón, las féminas tenían acciones preprogramadas sexys tales como bailar provocativamente, la ropa de las mujeres era ajustada y escotada, y para los hombres era elegante y recatada... Vamos, que no se reparo en gastos para satisfacer a los potenciales jugadores.

Y así, se lanzó al mercado la perla que todos llegarían a conocer como World of Warcraft, la cuarta parte de una saga que batía records de ventas en los cinco continentes, y que juntaba lo bueno de un mundo muy bien construido y con una historia interesante, con los componentes adecuados para que tanto los que gustaban de la saga Warcraft, como los jugadores de MMORPGs (comunmente denominados pajilleros sin vida), se sintiesen atraidos por él.

(Fin de la primera parte: WoW, Origins)

12 de mayo de 2009

Todo está negro

Sale a la calle totalmente vestida de negro; quiere ir conjuntada con su corazón. No hay luz donde mira, una sombra cubre todo lo que alcanza su vista. Los niños dejan de reír a su paso, las mujeres callan y la observan inquietas. Camina cabizbaja, observando el suelo, los pensamientos perdidos, esparciendo alrededor suya, sin darse cuenta, la oscuridad que siente por dentro. La música que truena por sus auriculares la aisla por completo de las personas con las que se cruza, los desconocidos que la miran con sorpresa, los conocidos que temen acercarse a ella. Es una música siniestra, oscura, negra como todo en ella, que apena el corazón de quienes pasan cerca y llegan a escucharla. Sus rizos negros, los pliegues de su blusa, las ondas de su falda, todo parece moverse al ritmo de esa lúgubre sinfonía.
Entra en una cafetería, y la música cesa. Con una sonrisa casi más siniestra que su gesto inexpresivo, pide el desayuno y lo espera sentada, totalmente quieta, cabizbaja. La gente se aleja de la barra y las mesas cercanas, sólo una niña sigue desayunando, tras sentir un escalofrío cuya procedencia no llega a adivinar. El café se torna de un marrón más oscuro cuando ella coge la taza y se bebe de un trago el contenido. Deja el dinero en la barra, pero el camarero se niega a cogerlo hasta que ella sale del local y se aleja.
No sabe a dónde va. No necesita saberlo, sólo quiere caminar, alejarse de no sabe qué. Irse lejos, no volver jamás. Reza a no sabe quién para que la bendiga con el don del olvido: Olvidarse de todo, y ser olvidada por todo... Las lágrimas caen por su rostro inexpresivo. Ella se las seca con el dorso de la mano, corriéndose el maquillaje, y no se molesta en limpiarse la cara. Vuelve a perder su mente en el vacío, caminando sin levantar la cabeza, sin fijarse a dónde la llevan sus pasos. No lo necesita, no necesita saber nada más.
En la oscuridad en la que empieza a trocarse el día, ella es como una mancha oscura, absorviendo la poca luz que queda en las calles, caminando sin rumbo, insuflando miedo a cualquiera que ose acercarse a ella sólo con el brillo de sus ojos. Huye de la locura que la persigue, esperando que al no saber a dónde se dirige, la demencia que amenaza con ahogarla no pueda seguir sus pasos.
No sabe dónde está, no sabe si está a salvo, pero no le importa.
Cae la noche. Se detiene y, por primera vez, levanta la cabeza. La oscuridad es total, no ve absolutamente nada, no oye ningún ruido. No puede seguir caminando, así que se sienta, en mitad de la oscuridad, a esperar que vuelva de nuevo la luz, no sabe si a las calles por las que camina, o a su vida.
Todo está negro, a juego con ella, a juego con su corazón.

11 de mayo de 2009

Estudio de las especies (2): El megalómano acomplejado

Y vosotros diréis, ¿pero eso existe? Y yo os reponderé, envidiándoos por vuestro bendito desconocimiento, que sí, que no sólo se da en la naturaleza, sino que con una frecuencia inexplicablemente alta. Y aunque antes de que Internet fuera algo corriente en nuestras vidas, estoy segura de que también existían, la red de redes les ha hecho proliferar como moscas en un estercolero (y sí, el símil está escogido aposta).

Antes que nada, y por si acaso, aclaro que un megalómano es un pequeño señor con delirios de grandeza. Y un acomplejado... bueno, eso creo que todos sabemos lo que es, ¿no?

En fin. El caso es que una personita nace con pocas o nulas capacidades para interactuar con su medio, y termina siendo la marginada en cualquier grupo. Esta persona, por motivos varios, tales como la educación recibida, una increíble fuerza de voluntad para el autoengaño, o desarreglos psicológicos no diagnosticados, ve totalmente injusto que se la de de lado, porque su tremendo ego exige que le rindan culto y pleitesía cada vez que se la cruzan por la calle.

Y no me preguntéis como un marginado de la vida consigue tener ese ego tan desmedido, porque escapa a mis capacidades cognoscitivas.

Sigamos con nuestro pequeño megalómano. Esta personita, por algún motivo que escapa a la comprensión de nosotros, simples mortales, desarrolla el convencimiento de que todo lo que ella dice y hace está bien, es lo correcto y lo inmejorable - así en plan axioma - y arde en deseos de comunicar las buenas nuevas de su descubrimiento a todo el que se le ponga a tiro, quiera o no escucharle.

Vamos, que es un plasta.

¿Qué sucede? Que mientras esta personita se junte con gente que no sepa de lo que les habla, todo irá bien, y ésta recibirá su justa ración de muy merecido ego. Pero llega un día - porque siempre llega - en el que aparece alguien que sabe de lo que nuestro amigo el megalómano está hablando... y resulta ser que lo único que suelta son paridas sin sentido.

Y claro, le contradice. Y eso no le gusta al pequeño megalómano, que como nunca se ha enfrentado a oposición, en vez de reflexionar sobre la corrección, aprender de ella, y hacerse más sabio, se empieza a sentir ofendido por la osadía del recién llegado. Nuestro pequeño amigo, acostumbrado a tener el poder, se retira ofendido, calladamente, pero convencido de que la persona que le acaba de corregir no tiene ni puta idea de lo que está hablando, y decidido a no volver a hablar con ella, dada su ostentosa falta de todo tipo de tacto, educación y conocimientos.

Y este proceso se repite, cual algoritmo, enecientas veces, hasta que se desembaraza de la gente que le contradice, y vuelve a sentirse cómodo rodeado de sus pequeños amigos los ignorantes y los pasotas.

Pero claro, mientras tanto, esa personita busca parcelas de poder, en las que ella sea el Dios que ilumina la senda de todos sus súbditos. Juega a juegos de estrategia en los que ella, con un batallón de combate de la segunda guerra mundial, hace volar por los aires a la Mesopotamia de la historia antigua. Se compra juegos en línea pero juega solo off line para regocijarse en su control total de su universo. Crea una religión cuyo objeto de culto es ella en los Sims...

Poco a poco, esas parcelas de poder, junto con la gente que le lleva la razón a) porque no sabe de lo que está hablando, o b) porque así se calla antes, le van inflando el ego hasta que vuelve a intentar recuperar su poder en el mundo real... con catastróficas consecuencias la mayoría de las veces. Y nuestro entrañable megalómano, cada vez más dolido y acomplejado, cada vez más callado y cabizbajo, y más fuertemente convencido de que los mortales somos unos ignorantes y no nos merecemos ni una mirada suya, dado que lo único que hacemos es corregirlo y contradecirlo cuando él es la Meca de la genialidad, se vuelve poco a poco más intratable y ofensivo... y, contra todo pronóstico, su ego no hace más que crecer.

Hoy en día, gracias a cosas tan entrañables como Facebook, nuestros amigos los megalómanos han encontrado una nueva parcela de poder en la que, al menos en apariencia, son los más adorados, los más admirados, y la atención de todo el mundo recae en ellos. ¡Pero si hasta pueden hacerse su propio club de fans! Y claro, en él nunca faltará gente a la que a) le haga gracia la excentricidad de su amigo o b) quiera que deje de darles la plasta con que se apunten.

Como Facebook, a diferencia de los videojuegos, incluye trato con seres humanos - bien que por chat y no en tiempo real, pero eso sólo son minucias -, nuestro entrañable amigo se hace a la idea de que aquello, aquella pantalla llena de párrafos, fotografías, y tests estúpidos, es la vida real. Y se convence de que, dado que es tan popular y querido entre tantas personas a través de Internet, eso se tendrá que reflejar por fuerza en la vida real. Dado que nadie le lleva la contraria, y a quien lo hace le puede banear sin problemas; dado que todo el mundo se interesa por lo que tiene que decir, que siempre le alagan y le animan; dado que diga las mentiras que diga, aquello es Internet, y nadie se va a enterar nunca de que lo que dice no es cierto - o eso piensa él -, y todo el mundo va a animarle y apoyarle, esta personita se crea una sensación de poder imaginaria, haciendo una bonita translación biyectiva de la pantalla de su ordenador a la vida real.

Y una vez que "sabe" que en su vida real es quien tiene el control... ahí se descontrola totalmente.


[Para más información sobre lo que opino de Facebook y similares, pinchar aquí]

Ahora viene el tinte

Ya es oficial: Soy la mujer invisible.

Este jueves por la tarde, totalmente mentalizada, me planté en un Marco Aldani - ¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pisar una peluquería de barrio! - y, con la melena de Jennefer de Bengerberg en mente, le dije a la peluquera: "Quiero teñirme el pelo de negro con reflejos morados".
La peluquera me puso una bata, me sentó en una butaca, y comenzó a pasar de mi de tal manera que me hizo dudar de si realmente estaba allí sentada, o aún seguía en mi habitación.

Tras tres cuartos de hora de espera, con solo una pila de Telvas para amenizarlos - lo cual no es bueno, por cierto - uno de los peluqueros acerca un carrito a mi silla, y comienza a cepillarme como si fuese su peor enemiga, mientras comenta que traigo el pelo totalmente virgen, y yo asiento pensando que sí, que al menos mi pelo sigue siéndolo...

A veces pienso que los peluqueros son gente resentida con la sociedad, personas a las que su entorno, en un momento dado de sus vidas, les hizo mucho daño, y que decidieron meterse a peluqueros para poder devolverle al mundo el daño que le había hecho, multiplicado por cuatro. Por ejemplo, cepillando sin ningún tipo de consideración la melena rizada de las pobres víctimas que acudan a teñirse el pelo.

Cuando el peluquero lo vio oportuno, es decir, cuando empecé a parecerme más al león de la Metro que a un ser humano, cogió del carrito una palangana con un potingue que me empezó a embadurnar en el pelo a brochazos. Eso sí, con mucho arte y sin derramar una sola gota, que ya es más decir de la que me rizó el pelo hace un mes. Luego me llevó a las butacas donde están los lavapelos esos raros, me terminó de embadurnar el pelo, y ahí me dejó una media hora.
He de decir que tener el pelo embadurnado de un potingue aromático, con la cabeza apoyada en una pila, es bastante más llevadero que aguantar con tu cuello el peso de unos quinientos bigudís mientras te tuestan las orejas con la secadora. Así que no se me hizo tan largo.

Tras lavarme el pelo, peinarme, echarme espuma y secarme el pelo lo justo para que se rizase con cierto volumen, contemplé extasiada mi reflejo enmarcado por unas ondas negras como la noche, que si bien no tenían reflejos morados (cosa que ahora, cuatro días y dos lavados después, comienzan a tener), eran la cosa más bonita que había visto alrededor de mi cara desde hacía mucho tiempo.
Así que salí realmente orgullosa de la peluquería, con mi recién teñida melena al viento, y tanto mi novio como uno de mis compañeros de piso coincidieron en que me quedaba muy bien.

Aquí tengo que hacer un inciso. Realmente no me queda del todo bien. En mi opinión, me da un aire Miercolesco de lo más siniestro. Salvo cuando sonrío de oreja a oreja. Cosa que normalmente no hago.
Pero era exactamente eso lo que quería cuando entré en la peluquería.

Y ahora empieza lo bonito. Porque al comentarle a mi otro compañero de piso si le gusta lo que me he hecho en el pelo, me pregunta qué es lo que me he hecho. Desconcertada, le digo que me lo he teñido de negro, y me responde: "¿Pero tú no tienes el pelo negro?"

Y no, no fue porque él no se fijase. De todas las personas a las que se lo pregunté, todas ellas relativamente cercanas, y una de ellas familiar directo, unas siete dijeron lo mismo que él, dos me preguntaron si me había rizado el pelo (yo les mato), y dos, a las cuales había avisado de que me había hecho "algo" en el pelo, y no eran ese familiar del que hablo antes, acertaron con que me lo había teñido.

Y hoy he llegado al trabajo, y no estando dispuesta a pasar por el "¿pero no lo tenías así el jueves?" de la última vez, he optado por dejar que se diesen cuenta ellos.

Cosa que no han hecho.

6 de mayo de 2009

Dulces sueños

Como tantos otros días, no he oído el despertador del móvil la primera vez que ha sonado, y cuando me ha despertado al sonar quince minutos después, me he encontrado espatarrada en la cama, con un brazo estirado hacia mi escritorio, y el móvil en la mano. Son extrañas las posturas en las que me sorprendo a veces por las mañanas; cualquier día abriré los ojos y estaré haciendo el pino sobre la cama.

Miro el reloj; hora de irse levantando.
Pero hoy no toca levantarse pronto, hoy toca descansar un poquito más.

Me giro, y me hago una bolita junto a él, que está durmiendo a mi lado. En sueños, él nota que no estoy tapada, echa la manta sobre mi cuerpo, y me abraza. Pego mi cara a la suya, tanto que nuestras frentes se tocan y puedo acariciar sus mejillas con mi nariz, y cierro los ojos. Noto el calor de su cuerpo, y me dejo envolver por él como si de otra manta se tratase. El aroma de su cuerpo, mezclado con su colonia y su desodorante, despierta agradables recuerdos en mi adormilado cerebro.

No quiero que suene el despertador, que me obligará a levantarme, a alejarme de su cuerpo, de su calor. No quiero tener que moverme, quiero cerrar los ojos y disfrutar del momento hasta hartarme, o hasta que él abra los ojos y me pregunte si no tenía que ir al trabajo, y yo le responda con sonrisa pícara que sí, pero que cosas más importantes, como por ejemplo abrazarle, requerían mi presencia.

Por tercera vez, suena la alarma. La obligación puede a la devoción, y me giro de nuevo, alejándome de él, pero con mis piernas aún pegadas a las suyas. Él duerme, relajado, con una bonita sonrisa dibujada en sus labios. Sonrío yo también. No me cuesta nada memorizar su gesto para que me acompañe durante todo el día, y me haga sonreír como lo está haciendo él.

Me incorporo, y él se revuelve en sueños. Le susurro si quiere seguir durmiendo o levantarse, y de nuevo en sueños él se da la vuelta y se acurruca bajo la manta. Entiendo que quiere seguir durmiendo, así que antes de irme le dejo la llave de la casa, junto a un beso escrito en un post-it, sobre mi escritorio.

Dulces sueños, mi niño.

5 de mayo de 2009

Si...

Si un desconocido te dice que es amigo de tus padres, pregúntale si es el señor que se llevaba tan bien con Spookie (nombre de mascota que te acabas de inventar sobre la marcha: Si dice que sí, corre).

Si alguien te acorrala en una calle y te mira con gesto amenazador, recuerda tus clases de Aikido, y sobre todo que no importa el sexo: En la entrepierna es donde más duele.

Si un indigente te pide una moneda, infórmale de la malversación de fondos, la evasión de impuestos, y el multazo que le puede caer si Hacienda llega a enterarse de que no declara sus ingresos.

Si alguien te dice que te amará para siempre, cambia de número.

Si alguien te asegura que puede encontrar a alguien que lo haga más rápido y por menos dinero, enséñale la puerta con una amistosa invitación a que busque a ese alguien.

Si una amiga te asegura que no te has puesto demasiado maquillaje, lávate la cara.

Si la dependienta te mira asintiendo, busca otro modelo de pantalones.

Si tu jefe te asegura que no pasa nada, vuelve a darte de alta en Infojobs.

Si tu madre piensa que vistes muy bien, consigue un asesor de imagen.

Uno caro.

Si la dependienta hace aspavientos de aprobación, pide una talla mayor.

Si alguien te pide que le ames para siempre, huye.

Si la farmaceutica entrada en años te mira mal al pedir un paquete de profilácticos, discúlpate diciendo que tu no eres ningún drogadicto, que te refieres a una caja de condones.

Si tu pareja te engaña, échale un ojo a la palabra "swinger" en la wikipedia, y descubre sus múltiples aplicaciones.

Sin que tu pareja lo sepa, claro.

...

Si te aburres en el trabajo, dedica el tiempo hasta las seis de la tarde a escribir gilipolleces tipo "Si te pasa esto, haz esto otro" en tu blog.

A mi me funciona.

4 de mayo de 2009

Gustavo Adolfo Becquer - Rima LIII

Becquer siempre ha sido mi poeta favorito. La intensidad con la que expresa el amor, el desengaño y el odio me resulta casi abrumadora, es capaz de hacer que sienta las mismas pasiones de las que habla... y siempre hay una rima con la que pueda identificarme, me encuentre como me encuentre.

RIMA LIII

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
¡esas... no volverán!.

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
¡esas... no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...; desengáñate,
¡así... no te querrán!