25 de febrero de 2011

Spoiler Alert: La Guerra de la Doble Muerte

He decidido que según me acabe cada libro que voy leyendo - o releyendo - voy a escribir mi opinión sobre él en el blog. Así la gente que tenga curiosidad pero no se termine de decidir podrá oír una opinión al respecto, y actuar en consecuencia.

AVISO: Estas críticas son EXCLUSIVAMENTE mi opinión. Y como mi opinión, son sólo eso. Puedo ser muy tajante cuando hablo, pero todo lo que digo es lo que opino, nada más. No es ni la verdad absoluta, ni cierto para todo el mundo, menos aún teniendo en cuenta que para gustos se hicieron los colores.

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Los no muertos han llegado a la península Ibérica. Parece ser que han entrado a través de un submarino inglés accidentado, aunque las autoridades, duchas en el arte de ocultar información, no sueltan prenda. Andalucía está infestada, y montones de “esas cosas” intentan acceder al resto de España a través de Despeñaperros. Los intentos de contención por parte del ejército español han sido en vano, así que se pasa a una política un tanto más “expeditiva”: Hacer arder Andalucía hasta los cimientos.

Este es el escenario en el que se nos narra “La Guerra de la Doble Muerte”, de Alejandro Castroguer. Los protagonistas, cada uno por su lado, tendrán que sobrevivir evitando la devastación del ejército, el fuego, los no muertos… y otros seres desconocidos que aparecen al caer la noche a los que incluso los zombis temen…



Pero además este libro tiene algo que lo diferencia de los demás. En primer lugar, los zombis que Castroguer describe no son no muertos al uso: Estos son practicamente iguales a un ser humano vivo: Piensan, sienten, tienen un control total de su motricidad... Vamos, que son idénticos a cuando estaban vivos salvo por el hecho de haber perdido la memoria, ser bastante más taimados que un vivo, sentir un hambre incontrolable que les empuja a comerse a todo ser vivo que se encuentren - gato, conejo, humano, lata de raviolis... - , y que, obviamente, están muertos. Y aunque el autor no lo deje muy claro, parece ser que también se van descomponiendo lentamente.

Otra cosa que lo hace bastante más original que el resto de los libros del género es el hecho de que los protagonistas son, curiosamente, algunos de esos no muertos.

Y hasta aquí llego con las cosas buenas que tiene el libro. Porque una vez que se pasa la novedad de que los protagonistas resulten ser zombis, seguir leyendo se convierte en un ejercicio de masoquismo.

Sí, el autor utiliza un lenguaje ampuloso y agobiante para dar a entender la angustia en la que se ven inmersos los protagonistas, como si fuese una pesadilla perpetua. Y está muy bien en las 50 primeras páginas. Pero cuando llevas 300 leyendo las mismas expresiones, los mismos vocablos, las mismas metáforas... pues como que cansa.

Y de las metáforas también quería hablar: Estás leyendo que un personaje camina por una calle de Sevilla, y de pronto en el siguiente párrafo te encuentras una escena totalmente diferente con una persona diferente, o simplemente desvaríos sobre la habitación de un hospital. Y cuando te quieres dar cuenta de que es una metáfora para ilustrar que el personaje ha recordado algo de su vida anterior, ya ni sabes lo que estás leyendo.

Y ya ni hablemos de las comparaciones que utiliza para describir a las personas y las escenas. Lamento no ser una persona especialmente docta, pero creo que un libro sobre zombis escrito sin más pretensiones que entretener, y principalmente para jóvenes, no debería tener referencias a un tal Ahab, ni a Judith y Holofernes. Llamadme revelde, pero no quiero tener que coger la Encarta cada vez que abro una novela.

A la sensación de confusión que me dejan las metáforas sin avisar y con menos datos de los necesarios para enterarse de lo que estás leyendo, se suma una descripción de Andalucía que se limita a los nombres de las calles. Saber que un personaje enfiló por la gran vía y luego cogió la mediana hacia la plaza Jobellanos - por poner nombres al azar, no me acuerdo de tantos detalles -, no me dice nada de nada. Agradecería que al menos me describiera un poco el terreno, más que nada para enterarme de por dónde están yendo los personajes.

A esto se suma la manía que tiene, en ciertos momentos del libro, de narrar en una misma escena los avances de dos - o incluso tres - personajes distantes entre sí en el espacio. Y no estoy diciendo que hacerlo esté mal, digo que él lo hace mal. De nuevo, la falta de detalles, seguramente con la intención de crear una atmósfera de incertidumbre y angustia, sólo consigue confundir. No sabes cuándo deja de hablar de uno y cuando comienza con el otro, y ya no digamos si le da por usar metáforas sobre habitaciones 101 entre medias. A duras penas te puedes enterar a la primera, y a mi tener que leerme cada página dos veces para saber qué está pasando no suele gustarme.

Algo que me fastidia mucho de un libro es que todos los personajes hablen con el mismo registro. Puedo entender que dos personas de trasfondos parecidos hablen parecido, pero que un adolescente con las piernas amputadas que vive enclaustrado en su casa y no hace otra cosa más que jugar a la videoconsola, se exprese igual que una profesora de arte de instituto clama al cielo. Y cuando todos hablan igual que el narrador, ya es para echarse a llorar.

Las motivaciones de los personajes no tienen ni pies ni cabeza. Sus actos tampoco. Y no me vale que el autor esté intentando dar a entender que se sienten perdidos, porque leer que un personaje se come a los vecinos pero deja vivo a su hijo, para luego empezar a seguir a una ambulancia llena de no muertos, y de pronto sin motivo alguno volver a donde está escondido el crío para llevarle arrastrando por media Andalucía por ningún motivo en concreto, a mi me hace pensar que como lector se están riendo de mi.

Una chapuza en concreto me hizo levantar la cabeza del libro y soltar un "vamos no me jodas" bien sonoro en mitad del metro: En el libro mencionan de pasada que la infección podría ser debida a una mutación del virus "Solanum". Esta variedad de planta tuberculosa, que Max Brooks usó para dar nombre al famoso virus zombi, es un plagio - supongo que el autor diría "homenaje" - descarado de la Guía de Supervivencia Zombi, por no mencionar de las ideas de Max Brooks en general.

Como los personajes han perdido la memoria, en muchos casos no se sabe su nombre. Pero en los flashbacks - que esa es otra, el hilo temporal de los hechos en el libro es la cosa más mareante que he visto nunca - sí usan sus nombres. Así que lees capítulos enteros sobre alguien que no conoces, y al seguir leyendo no descubres ninguna información sobre quién cojones era el susodicho personaje. Y los saltos temporales totalmente inconexos no es que ayuden mucho a enterarse.

Una incongruencia total sobre uno de los personajes, y que me siento en la obligación de reproducir, es que al comienzo del libro, cuando tiene el accidente en el que muere y luego resucita como zombi, está yendo al instituto para dar clase, despreocupada y preguntándose si habrá o no habrá clase. Doscientas páginas después te cuentan los últimos días del mismo personaje, en los cuales el instituto en el que trabaja cierra, las calles circundantes se llenan de no muertos, y ella está asustada y traumatizada porque los zombis se han comido a su abuela y ella llegó tarde para protegerla.
Y claro, dos días después se le pasa el trauma y va a ver si hay niños a los que dar clase como quien sale a comprar el pan. Muy coherente, dónde va a parar.

Y la guinda del pastel: Los zombis son causados por un virus, pero hay un zombi por ahí que se dedica a coger partes de no muerto muerto - qué redundancia, no? -, coserlas entre sí, y con algo que no describen muy bien pero que tiene pinta de ser magia negra - mencionan algo de códices medievales ininteligibles - les da de nuevo la vida, para que salgan por las calles y se dediquen a matar todo cuanto vean. Según parece, la vida se la da un pergamino con algo escrito que ponen bajo su lengua.
O sea, que hay zombis biológicos, y zombis creados con magia negra, que un no muerto en particular se dedica a crear sin ningún motivo en particular, para matar el rato. Y resulta que uno de los protas es el primer bicho que creó este tío, y lo necesitan desesperadamente para algo, como una Génova de la vida.

Podría seguir enumerando chapuzas de estilo y narrativas, como que el coronel al mando quiera que el creador de zombis trabaje para él porque "sabe" - no, no se lo ha dicho nadie. Simplemente lo sabe - que él es el que los fabrica; o que todos los zombis encerrados en Cádiz, que se ha convertido en una fortaleza inexpugnable donde encierran a los no muertos y los vigilan 24 horas desde helicópteros, salgan tan campantes por unas cavernas subterráneas sin que nadie lo note.
Podría seguir hasta llenar otro libro de 400 páginas.

Pero entonces tendría que volvérmelo a leer para poder habár bien de detalles que no recuerdo muy bien. Y por eso sí que no paso.

En resumen: Idea original, planteamiento innovador, mal estilo de escritura, nula planificación de la historia, Macguffins sin pies ni cabeza, personajes sin consistencia, blandos, sin motivaciones, que se mueven sin sentido por una trama inexistente, narrativa escueta hasta el punto de no dar ni siquiera los detalles necesarios para que el lector se entere de lo que le están contando... y lo que es peor, un final que claramente apunta a una segunda - y quizá una tercera, ahora que están de moda las trilogías - parte.

22 de febrero de 2011

Sobre la ley sinde, y la crisis en general

Llevo unos cuantos días leyendo en Internet toda serie de artículos de opinión, noticias, pseudonoticias y twitts - sobre todo esto último - sobre la iniciativa "Nolesvotes".
Tal y como lo veo yo, que los dos partidos mayoritarios - y CiU - votaran a favor e aprobar la "ley sinde" - porque me niego a escribirla con mayúsculas - dentro de la "ley de economía sostenible" - que otra que tal baila -, no ha sido ni de lejos el único motivo para que se creara esta iniciativa. Más bien ha sido la gota que ha colmado el vaso.

No nos quejamos - bueno, yo sí, pero no me hicieron ni puto caso - cuando aprobaron el despido libre. No nos quejamos cuando decidieron financiar a los bancos con dinero de los trabajadores. No nos quejamos cuando nos subieron el iva pero apenas tocaron los impuestos sobre grandes fortunas. No nos quejamos con la reforma de las pensiones, que por cierto NO afecta a los diputados. No nos quejamos con la subida de la luz.
No nos quejamos por nada.

No nos quejamos, aunque debimos hacerlo. Porque aunque había voces que daban la alarma, la mayoría de la población era feliz con su fútbol, su Seriesyonkis, y su tertulia sobre "lo mal que iba España" a la hora del café.

Y los políticos, como nadie les paraba los pies, dieron un paso más: Han decidido cargarse la separación de poderes.

¿Qué más da que la ley sinde se salte a la torera el poder judicial, porque si tiene que pasar por él inevitablemente no consigue su propósito? ¿Qué más da que lo que propone sea ilegal de manual? ¿Qué más da que el pueblo te esté pidiendo a gritos alternativas un poco más democráticas - qué menos pedir, ya que supuestamente vivimos en una democracia - e incluso te sugiera soluciones al problema, cuando lo que a ti te interesa es seguir llenándote los bolsillos y tener contentos a los de arriba? ¿Qué más da que tengas que mentir a diestro y siniestro? Total, la panda de borregos que se hace llamar pueblo español no se ha quejado por cosas más graves, así que no se va a quejar ahora.

Pero he aquí que la ley sinde toca el "circo" del antiguo dicho romano, y mucha gente ha comenzado a reaccionar. "¡Podrán quitarnos la libertad, pero jamás podrán quitarnos el entretenimiento!", gritarían algunos si estuvieran a caballo al frente de una horda de rebeldes frente al congreso de los diputados. Es triste que la gente haya empezado a concienciarse por algo tan trivial como el posible cierre de Seriesyonkis, cuando tanto la ley sinde como la ley de economía sostenible que la engloba son mucho más graves en tanto que se pasan la democracia por el arco del triunfo.
Pero oye, al menos el pueblo está protestando por algo, menos da una piedra. Por algo se empieza.

...

El gobierno dice que somos cuatro gatos. Puede que seamos bastantes más, porque no olvidemos que España está infestada de felinos - y menos mal, porque si no de lo que estaríamos infestados sería de ratas -, pero lo cierto es que aparte de en Internet, poca presencia tenemos en el panorama español. Como comentó Enrique Dans en su blog, a Lucía Etxebarría la lee cualquiera que compre el periódico, y MUCHA gente lo compra, mientras que a él le leen sólo en Internet - lo que por algún motivo que no llego a comprender le debe restar credibilidad, porque de no ser así la que tendría que llevar un blos sería la primera, y el que sería publicado en todos los periódicos de España sería el segundo.

Pensando en la reflexión de que no estamos haciendo nada aparte de teclear, he decidido pasar a la acción en el mundo físico. No creo que vaya a lograr mucho, eso está claro: No soy ponente, ni política, ni ninguna figura eminente dentro o fuera de Internet. Carezco del don de convocatoria necesario para organizar mesas redondas, debates o eventos para intentar decirle la verdad a la gente a gran o mediana escala. Pero puedo hablar con los que me rodean e intentar hacerles ver que la situación que estamos viviendo en España, como mínimo, no es normal.
Piensa globalmente, actúa localmente, que me dijo ayer mi novio mientras le hablaba del tema.

Así que este pasado domingo, aprovechando que iba a comer con mis padres, saqué el asunto a colación.

Mi madre es votante del PP - no de derechas, no. VOTANTE DEL PP - desde que puedo recordar, y su marido y sus hijas, bajo sus órdenes, hemos estado votando a dicho partido mientras hemos vivido bajo su techo. Así que imaginaba que sería dura de convencer, pero si argumentaba bien y le planteaba las cosas de una manera lógica y sólidamente fundamentada, acabaría por hacerle ver que el PP no es una buena opción a la hora de las elecciones.

Empecé a darme cuenta de que estaba perdiendo el tiempo cuando mi madre afirmó que Rajoy iba a sacar a España de la crisis instaurando de nuevo la familia tradicional, porque el matrimonio entre personas del mismo sexo es antinatural y no debería llamarse matrimonio. También comentó que el PSOE sólo quitaba libertades, y que si les seguimos votando dentro de diez años nos prohibirán respirar - claro, como el PP es tan liberal a ese respecto... -. Pero Rajoy, estableciendo el matrimonio tradicional e ilegalizando el aborto, iba a sacar a España de la crisis, como ya hizo Aznar en su día.

Sí, Aznar sacó a España de la cuneta en la que la había metido el PSOE, pero a base de sacárselo a los trabajadores, no de hacer que los que robaron devolvieran lo que no era suyo. Y eso no quiere decir que Rajoy pueda hacer lo mismo, porque mamá, no sé si te has dado cuenta, pero ahora a los trabajadores ya no les queda dinero que exprimir.

También comentó, cuando le dije que lo que había que hacer era evitar que el bipartidismo siguiera su curso, que en qué estaba pensando, que si no le votábamos al PP, el contingente de borregos que vota al PSOE a muerte haría que ganasen sin duda. Le contesté que el PP también tiene contingente de borregos - en una clara referencia a ella, que no pudo o no quiso entender -, y ahí mi padre apuntó, bastante acertadamente, que el número de votantes ciegos del PSOE supera con mucho el del PP.
Pero eso no es razón para no intentar cambiar las cosas, creo, así que seguí argumentando: Hay que buscar opciones viables y acordes con nuestra ideología política, no digo que cambiemos el mundo en las próximas elecciones, digo que lo intentemos. Y me respondió con un lindo "yo no voy a votar a los comunistas".
Le digo que hay más de doscientos partidos políticos actualmente en España, y que no todos tienen por qué ser comunistas, que se informe. Me responde que nosotros, que pretendemos salvar el mundo, sólo estamos haciendo el tonto desperdigando el voto en vez de votar al PP. Sólo vamos a hacerle más fácil al PSOE que vuelva a ganar, y cuando lo haga, y dentro de 4 años estemos todos viviendo en la calle y sin libertades, nos acordaremos de lo que dijo ella.
Le respondí que el PP tampoco iba a hacer otra cosa que recortar libertades, entre otras cosas porque ya han demostrado con anterioridad que benefician a los ricos y exprimen a los pobres, más que nada porque, según tengo entendido, de eso va la ideología de derechas.

Y me responde con un "Cómo se nota que te acuestas con un socialista".

Tenía que haberme callado en ese punto, porque estaba claro que aquello no estaba sirviendo de nada, pero aquella frase implicaba tantos ataques a tantos niveles hacia mi persona, que si bien seguí intentando argumentar, acabé subiendo tanto el volumen que creo que en Badajoz llegaron a escuchar parte de la conversación.

...

A raíz del intento frustrado de hacer ver a mi madre la situación en la que se encuentra el país, me he dado cuenta de algo terrible.

El problema no son los políticos, que se aprovechan de nosotros hasta decir basta porque ven que no parece molestarnos que lo hagan. El problema no son los bancos, que nos exprimen por un lado, y nos piden ayudas por otro sólo para poder acabar el año con el margen de beneficios esperado y no un poco menos. El problema no está en la burbuja inmobiliaria, que hemos favorecido todos a base de pedir préstamos sobre dinero que no teníamos y hacer negocio con terrenos que no poseíamos. El problema es mucho más grave y está tan enraizado que hace totalmente imposible que España se salve.

El problema es el sistema. El modo de pensar - o mejor dicho, de no pensar - de la gente. La educación, la cultura, los siglos y siglos de educación en el no raciocinio, en el no ejercicio del sano cuestionar lo que nos intentan imponer como verdad universal. El problema no es que la gente no vea, ES QUE NO QUIERE VER. Les han educado para que estén totalmente seguros de que las ideas que les han metido en la cabeza a base de bombardearles con televisión, prensa, cartelería, panfletos y pegatinas son suyas, y les han avisado de que cualquiera que levante la voz, que intente llevar la contraria al sistema, es alguien malvado que intenta robarles su cómodo estilo de vida y hará peligrar su ordenado mundo.

Es peor que la ignorancia: Es el jactarse de ser ignorante. Les han programado para tragarse todas las mentiras que les cuentan, para no intentar informarse, buscar otras versiones de los hechos. Y lo más trágico aún es que les han programado también para sofocar ellos mismos los posibles levantamientos de la gente que consigue pensar por sí misma, y a pensar que los borregos son precisamente esos alborotadores.

España está perdida a corto plazo. Es triste, pero es cierto. No vamos a agitar la varita mágica y a hacer de pronto que millones de personas que no han pensado por sí mismas en su vida empiecen de pronto a hacerlo. Hay que cambiar los cimientos de la casa, no los muebles. Hay que reformar el sistema educativo para que los niños, los hombres del futuro, no crezcan pensando que Tele5 contiene el saber universal y Hannah Montana y Justin Bieber son modelos a seguir. Hay que cambiar el gobierno para que cuando el pueblo pida algo, le escuche y entable diálogo para alcanzar un acuerdo. Hay que acabar con las desigualdades entre ricos y pobres, con los beneficios "porque sí" de la clase política, con las subidas de precios que van acompañadas por congelación de sueldos. Hay que dejar de pensar que por el mero hecho de que alguien escriba algo en un panfleto que se publica a nivel nacional, o que sale en la caja tonta donde millones de personas pueden verlo, lo que dice es verdad. Hay que dejar de ser el "pueblo de pícaros" que se dedica a escaquearse del trabajo, sino trabajar de manera efectiva y eficiente, eso sí, a cambio de un sueldo y unas condiciones laborales justas. Y sobre todo hay que enseñar a pensar por sí misma a la gente; a cuestionar lo que les imponen, a exigir lo que merecen. A levantarse cuando sientan que se están riendo de ellos.

Y esto lleva tiempo. Mucho tiempo. Desde luego no va a cambiar en los cuatro años que dura una legislación, en la cual el partido en el gobierno está más ocupado en que le vuelvan a votar en las siguientes elecciones que en intentar mejorar las cosas a largo plazo.

Pero hay que intentarlo.

Y el intentarlo pasa por acabar con el bipartidismo.

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Efectivamente, el pueblo que no conoce su historia está condenado a revivirla. Dudo que mucha gente sepa quiénes son esos tales Cánovas y Sagasta.

21 de febrero de 2011

Concurso en el número uno de la revista



¿Te gusta las historias sobre zombis? ¿Tus libros de cabecera versan únicamente sobre no muertos en cualquiera de sus variantes? ¿Lloraste de alegría la primera vez que viste “Orgullo, Prejuicio y Zombis” en la luna de un escaparate?

Entonces este es tu concurso.

En Pulp Comics Magazine ofrecemos lo mejor desde el primer número. Y por eso, a partir de Marzo, mes en el que verá la luz el primer número de la revista, os premiamos sólo por que nos contéis qué historia os ha gustado más.

Así es. Entre los que nos contéis qué os ha gustado más de la revista, sortearemos un lote de varios de los mejores libros de literatura zombi del momento.

Lo único que tenéis que hacer es comprar la revista, y una vez leída mandarnos un correo electrónico a pulpcomicsmgz@gmail.com diciéndonos qué autor o historia de las que habéis leído os ha gustado más, y entraréis en el sorteo de un lote de libros.

La lista de los libros que componen el lote se irá actualizando con el tiempo, pero por lo pronto lo componen:

Apocalipsis Z’ y ‘Apocalipsis Z: Los Días Oscuros’, de Manel Loureiro.

Guerra Mundial Z’ y ‘Guía de Supervivencia Zombie’, de Max Brooks.

¡Así de fácil! ¿A qué estáis esperando?

Recordad, para entrar en el sorteo lo único que tenéis que hacer es, cuando salga la revista, leerosla y mandar un correo electrónico a pulpcomicsmgz@gmail.com diciéndonos qué historia y/o autor os ha gustado más.

¡Conforme se acerque la fecha de salida de la revista os lo iremos recordando, así como actualizando la lista de los libros del premio!

¡Mucha suerte a todos!

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Concurso patrocinado por las Editoriales Dolmen, Plaza&Janés y Almuzara.

18 de febrero de 2011

Y así será la portada!



Señoras y señores, no olviden esta imagen, pues en poco más de un mes será la portada del primer número de Pulp Comics Magazine! Una portada épica para 75 páginas de epicidad!

Dibujada por el genial Pedro R. M. Andreo - al que muchos conoceréis como ElectroCeral -, y coloreada por Xabier Gaztelua.


11 de febrero de 2011

Cosas que me da por pensar

Dicen que cambio a los hombres.

El otro día le comentaba a Adrián entre risas que mi manera de ser era como un virus, que se extendía a la gente con la que pasaba suficiente tiempo. Así fue como mis dos primeros novios, que odiaban a muerte a los gatos cuando les conocí, acabaron el uno con gato, y el otro queriendo tener uno.
Luego recordé que en sendos casos, amigos del interfecto me habían comentado "lo mucho que se había centrado [INSERTE NOMBRE DE CABRÓN AQUÍ] desde que estaba conmigo". Como quiera que uno de los amigos de Adrián me comentó hace poco exactamente lo mismo, me ha dado por plantearme el por qué de esos cambios.

No puede ser que yo sea una manipuladora y me dedique a cambiar a mis parejas, porque si lo fuera lo sabría, digo yo. Quizá es esta manía que tengo de querer a la gente por lo que es, y no por lo que pretenden ser o por la pose que hayan adoptado de cara al mundo, lo que hace que se relajen y dejen de sentirse obligados a comportarse como unos gilipollas integrales sólo porque es lo que la sociedad espera de ellos. Aunque me consta que los dos primeros se cansaron de estar relajados, y vuelven a ser los gilipollas integrales que eran cuando les conocí.

Quizá son ellos los que se sienten obligados a cambiar... Y digo yo, ¿por qué? Como he dicho antes, cuando yo quiero a alguien le quiero por lo que es. Naturalmente habrá cosas que no me gusten; como por ejemplo que hablen con palabrejos altisonantes de temas de los que no tienen ni idea, confiando en que lo enrevesado de las palabras que usan esconda que en realidad no están diciendo nada. Porque yo siempre he sido más de callarme o preguntar cuando no conozco el tema del que se habla, y tal. Pero no tengo nada en contra de los posers, eh? Aquí cada uno que haga con su vida lo que quiera.

No puede ser que yo sea tan jodidamente especial que mis parejas se sientan obligadas a ser mejores. Afrontémoslo, tengo un serio problema de nervios - que a día de hoy NADIE ha sido capaz de soportar durante más de un año seguido -, me sobran bastantes kilos, no me arreglo así me maten, y la feminidad me la dejé en algún sitio que no termino de recordar. Soy soberbia, gritona, insolente y muy, muy borde. Tengo una tendencia autodestructiva tan arraigada en mi modo de ser que hasta cuando estoy contenta me dedico a mirar cosas para apagarme el ánimo.
Nadie en su sano juicio pensaría que soy un buen partido, así que menos aún un partidazo.

Tampoco es que yo note que mis parejas cambian, sinceramente. Salvo momentos muy puntuales de las relaciones, en los que el cambio siempre fue volverse hostil hacia mi persona, nunca he notado esos cambios tan grandes que dice la gente que obro en mis novios. Quizá es por eso por lo que me inclino a pensar que conmigo la gente se siente cómoda comportándose como realmente es, porque cambian sólo de cara a los demás, no de cara a mi.

Un último apunte: Cuando el trato con algo o alguien te cambia, yo más que cambio lo llamo evolución. Si cuando la influencia de ese algo o alguien desaparece, vuelves al punto de partida, lo llamo involución. Porque lo que has aprendido, lo que has vivido, te ha hecho una persona diferente. No mejor ni peor - bueno, a veces sí -, simplemente con otro punto de vista frente al mundo.

Desechar las enseñanzas de la vida y de los que pasan por nuestro lado es una estupidez. Siempre se puede aprender algo, aunque sólo sea que todo hombre que se interese por ti se aprovechará de ti durante un año y cuando se canse de tu cara se buscará a una tía sin cerebro que le de en la primera cita lo que le costó meses arrancarte a ti.

Pero todas las enseñanzas son provechosas, y todas nos cambian. Desechar el cambio es desechar la vida.


7 de febrero de 2011

A una llamada de teléfono

A una llamada de teléfono.

Hay veces, esos breves instantes que tarda en darse cuenta de que aquello que parece tan cercano es del todo imposible, que le abruma la felicidad.

Instantes en los que, con el teléfono en la mano, los dedos paseando indecisos por un número de teléfono que es incapaz de olvidar, sólo asoman a su mente los buenos momentos, y los agrios recuerdos de los últimos días, olvidados, se diluyen en la esperanza de poder recuperar la dulzura de los primeros besos, las promesas de las primeras caricias...

Y cuando está a punto de marcar el primer dígito, cuando la esperanza y la dulzura la han cegado de tal manera que piensa que con hacer una llamada telefónica va a conseguir que el pasado vuelva, surge la pregunta; la maldita pregunta que no significa nada y a la vez lo significa todo, y que siempre, sin faltar a ninguna de sus citas, derrumba sus ilusiones en momentos como este.

"¿Y qué le digo?"

¿Qué le digo?, se pregunta. Y entonces, como el agua de una presa al abrir las compuertas, inundan su mente los desplantes, las palabras agrias, los reproches, los desprecios. ¿Qué le digo?, se repite. Un montón de preguntas, que quedaron en el tintero pero para las que necesita respuesta para poder descansar, se agolpan en su cerebro junto con todas las cosas que querría gritarle a la cara.

¿Qué le digo?. ¿Que le odio por haberme hecho esto? ¿Que por su culpa no duermo, no como, y he perdido el trabajo? ¿Que sólo deseo que algún día tenga que pasar por lo mismo que estoy pasando yo? ¿Que aunque no lo admita nunca, él sabe que cometió el mayor error de su vida dejándome, y jamás va a conseguir recuperarme?

Un momento, ¿cómo que jamás va a conseguir recuperarme?
¿Pero no le iba a llamar justo para lo contrario?.

La pena sustituye a la esperanza. Una lágrima cae, tímida, hasta la comisura de la sonrisa que se le ha congelado en el rostro. La mano deja el teléfono móvil en la mesa, y se aplica a los ojos, apretando los párpados, intentando contener el llanto que amenaza con coger el testigo de esa primera lágrima.

Su cerebro se inunda de nuevo de buenos recuerdos, mezclados con la certeza de que hacer que vuelvan es imposible. Y aunque ella lograra tragarse el orgullo, cosa que sabe que es imposible, y olvidase los desprecios... ¿qué le hace pensar que él va a querer recuperar aquello? Si la dejó fue precisamente porque no lo quería tener, ¿no?.

Se sume en sus pensamientos, sabiendo que está sola en ellos, que nadie comparte el recuerdo de aquellas dichas, de aquellos llantos. Que ya sólo cuentan para ella, que para quien fuera su otra mitad están olvidados.

Y el llanto se abre paso.