27 de marzo de 2008

How Will I die?

How will I die?
Your Result: You will die in a car accident.

Please, continue to buckle up, and try not to speed. More likely than not, it will happen very randomly and quickly. Occasionally, this result stands for death in a plane crash. Do not fear transportation. Avoid becoming a hermit, you cannot escape fate.

You will die in a nuclear holocaust.

You will die from a terminal illness.

You will die while having sex.

You will be murdered.

You will die of boredom.

You will die in your sleep.

You will die while saving someone's life.

How will I die?
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Por fin

Supo que el momento había llegado porque sintió su presencia. No imaginaba que fuera a suceder de aquel modo tan pacífico, y desde luego no se le había ni ocurrido que iba a verlo venir.
Decidió soltarse el pelo para la ocasión. Su suave melena plateada, que hacía ya bastante tiempo se había vuelto totalmente blanca, le acarició los hombros y la espalda produciéndole un agradable cosquilleo.
Oyó sus pasos. El ritmo inconfundible de sus pisadas, acercándose, haciendo crujir la vegetación y las hojas secas.
Ya hacía tiempo que le costaba respirar cuando hacía algún esfuerzo, pero pese a estar reposada, le falló la respiración. Le dolían todas las articulaciones, y al intentar recostarse sobre la mullida alfombra de hojas del suelo, le crujieron las rodillas. Parecía que Nordrassil seguía sin recuperarse, porque estaba claro que había envejecido.
Se puso cómoda, apoyada sobre una raiz, a los pies del árbol en el que había construido el que sería su hogar sus últimos siglos de vida. La humedad de la madera cuvierta de musgo la reconfortó: Se sentía muy cómoda, arrullada por el susurro del viento en las ramas, los trinos de las aves, sus pisadas cada vez más cercanas...
Respiró hondo. Estaba muy nerviosa. No esperaba que viniera a recogerle... Claro que no esperaba volver a verle. Aquello había sido toda una sorpresa. No hubiera querido que la viera tan vieja, ni con aquellas ropas de salvaje... pero en aquel momento sólo podía pensar en lo mucho que lo había extrañado, y en las ganas que tenía de besarle.
Cerró los ojos. Apoyó las manos en su regazo, una sobre la otra, y se relajó. Ya no podía tardar mucho en llegar.

De su cuerpo surgió un último suspiro. Después, nada.

Vió su mano salir de entre los arbustos, abriéndose camino entre las ramas, y contuvo el impulso de correr hacia él. Llevaba una camisa blanca y unos pantalones oscuros, con un chaleco de cuero fino. Muy austero pero encantador, como la primera vez que lo vió, allá en Darnassus hacía tanto tiempo. El pelo suelto le caía sobre los hombros, brillante y negro como el carbón. Se acercó hasta quedar tan cerca de ella que podía sentir el calor que emanaba a través de su ropa, y deslizó la mirada desde sus ojos hasta el bajo bordado de su túnica blanca, intentando retener cada detalle de su cuerpo, y como con miedo de que aquello fuera una ilusión. Levantó una mano y le acarició la mejilla. Cuánto tiempo deseando sentir su piel sobre la mía, pensó ella. Lo deseaba tanto, que casi le dolió.
Su mano se deslizó hacia su nuca, y le pasó los dedos por la abundante melena plateada. Una pequeña lágrima le asomó en la comisura de los ojos.

- Creía que no venías. Ha pasado tanto tiempo...
Música, pensó ella. Aquella voz era la música más hermosa que había escuchado nunca.
- Te dije que vendría - Se le escaparon las lágrimas - Pero pensé que no estarías...
- Ni todo el tiempo del universo sería demasiado si tú eres la recompensa.
Se abrazaron con fuerza. Él también había empezado a llorar.
- Pero ya estás aquí... - le acarició el pelo con una mano, mientras que con la otra le rodeaba la cintura, aprentándola contra él - Ya todo está bien...
Ella se abrazó con más fuerza a él. Era verdad. Después de tanto sufrimiento, de tanto odio, de tanto tiempo separados. Después de todo aquel dolor, podían volver a estar juntos. Podían volver a ser uno. Y esta vez ninguna fuerza en el universo, por poderosa que fuera, conseguiría volver a separarlos.
Se separó un poco de él, y levantó la cabeza, mirándo aquellos ojos que eran los dueños de su alma.
- ¿Y a dónde iremos ahora?
Él sonrió aún más.
- Tenemos toda la eternidad para nosotros mi reina. Iremos a donde desees.
Y volvieron a abrazarse. Por fin, se dijo la elfa, tan llena de alegría que sentía que su cuerpo era demasiado pequeño para contenerla.

"Por fin"

24 de marzo de 2008

The Zombie Survival Test

68%Well done genius

Good job.Still need a few inprovmens but a good score. You probably did something wrong but not a bad score.

The Zombie Survival Test
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Ooooohhh yeah

Oh si, una chica gato. Esas hermosuras tienen taaaanto morbo... Con qué gusto me lo montaría con una de ellas, chico. Ahora que está tan de moda eso del furry... Yo no soy como esos pervertidos que se lo harían a las pobres ardillas del retiro, pero una preciosidad con orejillas gatunas sobresaliéndole del pelo, ojillos rasgados, y una colita traviesa justo encima del respingón trasero... Joder, cómo me pongo solo pensando en ello.
Y... uhm... una guerra nuclear... no, después de la guerra nuclear. Un futuro post-apocaliptico. Con armas laser, explisiones nucleares, y lava. Mucha lava.
La preciosidad tiene que ser militar. O paramilitar. No, paramilitar suena muy mal, eso que lo sean los malos. Ella podría pertenecer a la resistencia de... digamos... ¿contra la opresión del gobierno? Pero qué más da a lo que pertenezca... la cosa es que lleve esa ropita ceñida que llevan todas las chicas de acción en las películas. Un top tan minúsculo que de perfil se le pueda ver practicamente todo, sí. Y un pantalón de camuflaje, con botas militares. Pantalones militares tan bajos que se le pueda ver el bello púbico. Ooohhh dios mio, cómo me pone.
Y... ¿cuela que sea una damisela en apuros? No, mejor una chica guerrera... con sus dos Desert Eagle bien cargadas, repartiendo leña a diestro y siniestro, los cadáveres de los dictadores paramilitares (signifique lo que signifique, tiene pinta de ser malo, así que los malos serán paramilitares) cayendo a su paso. Pero si no puedo salvarla de los malos... Ah, claro. Mucho mejor. Que me salve ella a mí.
Imaginate, aquella preciosidad matándo militares a su paso, reventando el camión donde me tienen esposado y sedado... Uhm... poco creible... mejor que vaya con refuerzos, no ella sola.
Como decía, ella y sus compañeros reventando el camión donde me tienen esposado y sedado... los malos cayendo muertos ante ella como insectos ante un matarratas... ella devolviéndome la consciencia con un apasionado beso, y luego metiéndome de nuevo en el camión, entrando tras de mi, y cerrando las puertas para dejarnos algo de intimidad...
Dios, puedo sentirla sobándome como la zorrita que es, deslizándose hasta mi bragueta... Joder qué subidón...
¿Eh? ¿Qué? Ah, mierda... Menudo momento tiene mi jefe para llamarme a su despacho... Sí, joder, ya voy. No, no estaba en las nubes, estaba haciendo cálculos mentales. Estamos a fin de mes, calculaba la prima que me tocaba con este sueldo. No, no es ningun chiste. Sí, coño, que ya voy.
Joder... y con la pedazo erección que tengo... espero que no se fije... ostia, esta es más grande de lo normal... Bueno, las manos a los bolsillos, y esperemos que nada más entrar me ofrezca asiento...

23 de marzo de 2008

Nuevo Trabajo

Estoy emocionada. Bueno, de hecho estoy bastante nerviosa. Y preocupada. Qué cojones, estoy realmente aterrada.
Mañana comienzo en un nuevo curro. Fue una decisión bastante dificil, porque supone dejar de asistir a las clases y desplazarse bastante al lugar de trabajo. También hubo división de opiniones entre mis conicidos: Unos cuantos me animaron a hacerlo, y otros me advirtieron que no lo hiciera. El caso es que al final acepté, y mañana es mi primer dia.
Y sumado al inmenso miedo al primer día, la certeza de que no voy a ser capaz de hacer lo que me asignen, y la preocupación por cómo voy a conseguir los bonometros hasta que cobre mi último sueldo de mi antiguo trabajo el dia cuatro, se suma la preocupación por haber hecho o no lo correcto. ¿Realmente habrá sido buena idea cambiar de trabajo?
Tendré la respuesta dentro de unos meses... Mientras tanto, lo único que pido es que me deseéis suerte.

22 de marzo de 2008

Literatura para mujeres

Ultimamente estoy leyendo bastante "literatura para mujeres"

¿Que por qué? Pues porque son pequeños y se pueden llevar en el bolso, principalmente. Aunque he llevado auténticas enciclopedias en mis bolsos, y nunca me he quejado... pero los años no pasan en valde, y mis hombros ya no son lo que eran. Y tampoco el pobre forro de mis bolsos.

También los leo porque son de lectura fácil: Se pueden leer mientras estás medio distraído escuchando música, o en el transporte público yendo al trabajo o a casa de algún amigo.

Y otro motivo es que me sale gratis leerlos: Mi hermana tiene docenas en su casa, y cada vez que voy a verla le cojo uno. Sí, sé que también podría sacarlos de la biblioteca, pero soy muy vaga, y la casa de mi hermana queda más cerca.

Podría enumerar una serie de razones por las que los leo, todas ellas bastante tópicas, y que he visto enumeradas en más de una revista femenina: Las protagonistas son mujeres con trabajos y vidas glamourosos (o como se escriba) : Editoras, trabajadoras en una revista femenina, organizadoras de eventos sociales... Es decir, tienen el empleo que las lectoras, aburridas de lo poco emocionante y glamuroso de los suyos, desearían tener. También son mujeres que han sufrido - o sufren durante el libro - traumas personales. Léase: Les ha dejado el novio (en ocasiones, por su mejor amiga), han sufrido un despido injusto o un cambio de trabajo para peor, su madre sufre depresión porque su marido se ha ido con su secretaria, su novio es un déspota que las trata como si su sitio fuera el cubo de basura, su amante las dejó embarazadas y luego las abandonó... Eso hace que las heroinas estén más cercanas a las lectoras (al menos a las que hayan sufrido algo parecido. Y las que no, desearán tener una vida tan llena de emociones y sofisticación, y no su balsa de aceite y monotonía). Y siempre tienen final feliz, con la heroina reencontrando el amor, la estabilidad laboral, o ya puestos, la conquista del universo, suponiendo que alguno de esos libros hubiera tratado de eso...

No quiero que nadie se ofenda, y agrego antes que nada que esos libros me gustan bastante (y que también me gusta Sexo en Nueva York, de hecho). Pero no me parecen más que panfletos machistas que versan sobre cómo debe ser la mujer perfecta: Glamurosa, delgada y elegante, siempre bien vestida y maquillada, lista siempre para cualquier contingencia, ya sea de tipo social, laboral o personal, enterada de los cotilleos de la prensa rosa y amarilla, así como de lo que está de moda cada minuto... Pero qué curioso, de todos los libros que he leido, ninguna de las heroinas tiene carrera...

Porque claro, ¿para qué necesita la mujer perfecta conocimientos de cultura general, de historia, de informática o de física cuántica, cuando su mayor aspiración en la vida es llegar a casa después de un agotador día de trabajo en el canal de televisión de moda sin que se le haya quitado el carmín de los labios?

Dicho queda.

18 de marzo de 2008

Una de mosqueo

Hay gente que nace con estrella, y hay gente que nace estrellada. Es un refrán popular, pero mi breve experiencia en el tema me ha hecho pensar que es bastante sabio. Hay quien dice que todo va por rachas, y un amigo mio solía responder: "¿Y la buena cuándo viene?". Él es también bastante sabio.
Tras varios desencantos, cuando aún era pequeña, una vez pareció que las cosas iban a mejorar. Recuerdo que pensé: "Después de todos lo que he pasado, no creo que el universo sea tan cabrón de seguir cebándose conmigo".
Resultó que sí lo era.
Justo después de aquello, de pronto todo empezó a mejorar. Tras el palo sufrido, a pesar de que había empezado a desarrollar mi consabido cinismo, me ilusioné: Por fin parecía que dejaba de ser el blanco de la mala leche del universo...
Pero solo lo parecía.
No son las únicas veces que ha sucedido. Y cada vez que se repetía, el cinismo de una servidora crecía en proporción. Hasta el punto que ya no creo que las cosas vayan a mejorar, por mucho que lo parezca.
Por eso, ahora que parece que por fin las cosas están levantando definitivamente, el hormigueo en el estómago no me abandona - y por supuesto no me deja dormir - . Dónde está el truco, me pregunto. Cuándo se descubrirá que aunque a simple vista parecía que las cosas mejoraban, en realidad solo empeoraban de manera velada.
Pienso: Ey, igual esta vez realmente sí que es para mejor...
Pero no lo creo.

17 de marzo de 2008

Cómo puede ser que les guste tanto

Los hombres no deben disfrutar en absoluto del sexo.

Para una mujer, el sexo es concentrarse en el momento, aislarse de cualquier distracción externa y disfrutar de cada una de las sensaciones del momento. Para un hombre, es enumerar los aleros de todos los equipos de primera división, los reyes godos, los aminoácidos que componen cada una de las proteínas, o cualquier lista larga de cosas aburridas.
Obviando los preliminares, cuando a una mujer la penetran, no está ni mínimamente cerca de llegar al clímax. Cuando el hombre penetra a la mujer, hace un rato que está a punto de llegar...
El tiempo que va desde que a la mujer la penetran hasta que, digamos, "termina" - si es que ese momento llega -, hasta el último poro de su piel está disfrutando. Está allí, consciente, atenta a cada movimiento de caderas, a cada sensación - incluido el dolor, claro - que le produce su pareja. El tiempo que va desde que el hombre penetra a la mujer hasta que no puede aguantar más y se corre, lo pasa imaginando que no está allí, sino en un lugar aburrido, rodeado de cosas desagradables o con gente que no le cae bien, mientras su cerebro lucha contra su biología e intenta por todos los medios no hacer lo que su cuerpo le pide a gritos desde hace un buen rato.

Debe ser horrible. Todavía no entiendo por qué les gusta tanto.

16 de marzo de 2008

El pájaro daltónico

En mi barrio vive un pájaro daltónico.

Suponte que vuelves de una noche de marcha, con más copas de las debidas en el cuerpo, y después de salir del metro, mientras caminas en dirección a tu casa, oyes cantar a un pájaro. Pero le oyes cantar con fuerza, como si acabara de salir el sol y lo estuviera recibiendo. Miras a tu alrededor, confundido, pero las únicas luces que ves son las de las farolas. Consultas tu reloj, convencido de que por muy borracho que estés, no pueden ser más de las tres de la mañana. Y tu reloj te da la razón. Pero el señor pájaro sigue cantando.
Al día siguiente, por supuesto, no te acuerdas del episodio del pájaro, entre otras cosas porque el alcohol se ocupó de borrarte la mayoría de los recuerdos de las últimas doce horas.
Pero la semana siguiente vuelves a oirlo mientras vuelves a tu casa de noche. Recuerdas que aquello ya lo has vivido, que ya has oido cantar a ese pájaro a esas horas. Y empieza a llamarte la atención.
Y de nuevo lo escuchas a la semana siguiente, y a la otra. Y por si esto no fuera poco, una noche que te acuestas tarde terminando una práctica de la facultad, mientras te estás metiendo en la cama, oyes de nuevo su canto. Y el puñetero pájaro pía con una potencia tal, que de nuevo miras confundido el reloj.

Pues eso es lo que me lleva pasando a mí durante unos cuantos años... Por eso le llamo pájaro daltónico: Porque no sabe distinguir la noche del día.
Y saber que un pájaro tan raro pulula por mi barrio, en cierto modo es un alivio. Porque sabiendo que hay seres vivos tan raros como yo, ya no me siento tan sola.

13 de marzo de 2008

Shhhh... Está durmiendo...

Ssshhhh... ¿No veis que está durmiendo? Un poco de consideración para con el prójimo, por favor. Me ha costado mucho que se durmiera, y no me veo con fuerzas para intentarlo de nuevo...

¿Que por qué no duermo yo? Bueno, alguien tiene que velar su sueño. Además, no me gustaría que se despertara y no encontrase a nadie a su lado. Sería muy cruel por mi parte.
Mirad cómo respira, como sube y baja la mantita sobre su pecho. El siseo de su pausada respiración es como música para mis oidos. Los sonidos de la calle se atenúan sin ninguna explicación: es como si el universo mandar callar a todo lo que en él habita, para no perturbar su sueño. Y en el silencio y la oscuridad del cuarto, con los únicos sonidos de su respiración y la mía, me siento como si alguna fuerza benigna del universo me hubiera bendecido.

Yo opino que al nacer, Dios le adjudica a cada uno de nosotros una tarea, que será nuestra meta en la vida. Y mucha gente no llega a ser feliz porque nunca descubre para qué ha venido al mundo; nunca consigue saber qué fue aquello que Dios, o como quiera que llames a la potencia creadora que nos ha regalado el don de la existencia, le encomendó al venir al mundo.

En estos breves momentos de paz, siento que quizá yo haya descubierto la tarea que me encomendaron. Desearía estar siempre así, en este estado de felicidad atemporal, en estos instantes en el que el mundo parece haberse olvidado de nosotros, y sigue girando, arrastrando en su frenesí a todos sus habitantes menos a nosotros dos...

Vaya, abre los ojos. Al final se ha despertado. Acompasado con sus parpadeos, un camión toca el claxon de forma insistente en algun lugar, lo bastante cerca como para resultar molesto. Mientras se estira cual gatito soñoliento, los ruidos del mundo vuelven a colarse por las rendijas de la puerta y las ventanas. ¿Cómo habrá sido posible que solo unos segundos antes reinara el silencio, con el barullo que hay montado? En cualquier caso, nada de eso importa. Me está mirando, me necesita. Eso es lo único que realmente importa.

Quizá entre mis brazos no le llegue tanto el ruido de la calle. Y puede que incluso se vuelva a dormir. Me encanta cómo duerme... con el sueño feliz de los que aún no saben lo que es el Mal... A veces pienso que si vigilo su sueño durante el tiempo suficiente, yo también me olvidaré de su significado...

10 de marzo de 2008

Duda trascendental

Me acosa una duda trascendental: No sé si suicidarme o hacerme cargo de mi existencia
...
Y no sé cuál de las dos opciones me da más miedo.

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[N. de la T. (o lo que sea). Recuérdese que lo posteado en este blog es totalmente ficticio, solo lo uso para practicar mi redacción.]

El color de la sangre

Jamás he visto una prenda de ropa que tenga exactamente el color de la sangre. El color brillante, podría decirse que provisto de vida, pulsante, cálido, de una gota de sangre. Obvio los destellos de la luz cuando se refleja en ella, porque aparte del vinilo, pocas telas he visto que reflejen la luz como si de cristal se tratara.
En eso pienso cuando veo la siguiente gota caer, lentamente, sobre el charco que se ha formado bajo mi cuerpo. Son curiosas las cosas en que piensa uno cuando se está desangrando. No puedo dejar de maravillarme por la belleza del líquido que sale de mi pecho.
Como los ventanales del almacén miran al Oeste, el sol de media tarde le va arrancando destellos dorados. Hace un rato, la luz era blanca; ahora es anaranjada. Y también la tonalidad de los reflejos en la sangre va cambiando de color.
Cómo vibra toda la superficie cuando cae una gota nueva, cómo los brillos en su superficie ondulan como si de otra capa líquida se tratase... me imagino navegando en un lago de sangre, cual siniestro gondolero, y la visión me resulta tan hermosa... Lamento que en los rios y los lagos de este mundo solo haya agua, con sus colores azul y verde pardusco.
Hace un rato que no cae ninguna gota nueva... ¿me habré desangrado entera por fin? Me sorprendo de mi propia serenidad al sopesar la cercanía de mi muerte. Leí en algún libro que cuando una persona se desangra le entra sed, pero yo estoy tan extasiada observando la belleza del charco que mi propia sangre ha formado a base de caer, gota a gota, durante horas, que no siento nada. Quizá ya estoy muerta, y por eso las sensaciones corporales me son ajenas.
Me pesan los párpados, pero no quiero cerrar los ojos. No quiero perderme un solo segundo del avance de la luz del ocaso sobre la sangre... La luz es rojiza ahora, casi se ha extinguido, y se refleja sobre el charco con un rojo negruzco, casi negro. Pronto se habrá terminado; se pondrá el sol, y ya no habrá más destellos. La sangre se apagará, y sólo será un manchurrón oscuro sobre la caliza del suelo... Pero yo quiero disfrutar de cada instante esos destellos, ese color, incomparable a cualquier otro, ese calor que parece emanar de él...
El sol se ha puesto. Permanezco atenta aún unos momentos, pero efectivamente, el color ha muerto. Es una lástima que su belleza expire tan pronto. Pero al menos ya no hay peligro de perderse algún hermoso destello si cierro los ojos, que cada vez me cuesta más tener abiertos...

4 de marzo de 2008

Despiertas

Abres los ojos de pronto, sorprendido, como si no supieras qué haces aquí. Giras la cabeza, me ves tumbada a tu lado, y tu sorpresa aumenta. Reculas un poco cuando me acurruco contra tí, te echas a un lado de la cama. Me vuelvo a acercar, buscando el calor de tu cuerpo, y tú pareces darte cuenta de pronto de que no llevo ropa encima. Justo en el mismo momento en que eres consciente de que tú también estás desnudo.
- ... Pero... ¿Qué... - comienzas a balbucir. No encuentras las palabras, pero yo sé qué vas a preguntar
- ¿Has dormido bien? - te sonrío mientras hablo, con esa sonrisa adormilada de gatita que suelo poner cuando tengo sueño
- ¿Dónde... dónde estoy?... ¿Qué haces... aquí... tú?
- Estás aturdido aún por el sueño... anda, relájate, descansa un ratito. Aquí tenemos todo el tiempo del mundo
Te incorporas en la cama, me miras aturdido
- ¿Qué es esta habitación? ¿Y por qué estamos desnudos?
Suspiro. Al final tendré que explicártelo, como a un niño pequeño. ¿No puedes simplemente disfrutar del momento?
- Dime, ¿qué suelen haber hecho las parejas si se despiertan desnudas, abrazadas, en una cama?
Te sonrojas, pero no por mucho tiempo. Tu mirada de pronto se dirige a las paredes, a la pequeña ventana por la que entra la luz del sol más benévolo. Con la mirada perdida en el horizonte, me haces la pregunta que yo estaba esperando.
- ¿Es esto... un sueño?
- ¿Acaso importa? - Alargo un brazo, poso mi mano sobre la tuya. Te giras hacia mí, aún con la mirada perdida, y la enfocas en mi cara. Con un gesto, te invito a tumbarte de nuevo, cosa que haces, y esta vez no te apartas cuando me pego a ti, sino que me abrazas con fuerza.
- ¿Vas a estar aquí cuando me despierte?
La pregunta me enternece. Te sonrío, las lágrimas asomándome a los ojos.
- Si tú quieres, estaré
Me abrazas con más fuerza. Es tan agradable estar acurrucada junto a ti...
- Entonces estáte, por favor.
Te doy un beso en la punta de la nariz, y escondo mi cabeza en tu pecho. Quiero disfrutar de cada momento antes de que se acabe...

Te despiertas sólo en tu habitación. Por un momento no recuerdas nada, y de pronto el sueño te vuelve a la memoria. Te giras a un lado y a otro, buscando. Pero no estoy ahí. Sólo está el anhelo de tenerme entre tus brazos.
Has vuelto a soñar lo mismo una noche más. Una noche más, me anhelas con más intensidad. Una mañana más, despiertas deseando que esté a tu lado, pero no estoy.

Cada noche que sueñas conmigo, cada día que tu anhelo de mí crece... cada noche que te despiertas llamándome, el sueño está más cerca de hacerse realidad...
Así que sigue soñando conmigo, por favor.

Meditando

Leyendo cierto libro cuya lectura me han impuesto, y meditando sobre los comenatios que hacen mis compañeros sobre él, y sobre mi propia opinión, he llegado a esta conclusión:

"La polémica tiene la ventaja de cosechar éxitos sin necesidad de calidad"

2 de marzo de 2008

Cuando te cansas de luchar

Cuando alguien pasa toda su infancia convencido de su fealdad, alimentando ese pensamiento con los comentarios y opiniones de familiares y amigos, lo normal es que cuando llegue a adulto se considere a sí mismo feo. En sí no es ningun problema, si además de feo, todos sus allegados le hacen ver que tienes una inteligencia prodigiosa. Pasas toda tu infancia pensando "bueno, a fin de cuentas soy inteligente", y eso no lo puede decir mucha gente hoy en dia. Y de pronto un dia, cuando tu niñez ya ha quedado lo bastante lejos como para hablar de ella con la famosa frase "cuando yo era pequeño...", alguien va y comete la torpeza de hacer que te des cuenta de que no eres ni minimamente tan inteligente como creías. Es un golpe, porque antes tenías el escudo de tu cerebro para protegerte ante un mundo en el que la buena presencia lo es todo. A partir de ese momento, no tienes nada. Eres un paria, horrendo, estúpido, a merced de las corrientes de un mundo que se niega a aceptar a desechos sociales como tú.
Te dices, "bueno, no importa, puedo conseguir que me acepten". Estudias, haces deporte, te gastas cantidades indecentes de dinero en ropa que realmente no te gusta, y cuando un día de pronto parece que la gente te acepta, cuando de nuevo su actitud hacia ti te hace pensar que lo has logrado, llega ese alguien que siempre te hace ver la verdad: Que nunca serás uno de ellos, que eres inferior, que además eres ridículo por creer que lo habías logrado.
Lo intentas de nuevo. Y otra vez. Y otra. Y siempre sucede lo mismo. Hasta que un dia te cansas de intentarlo. Decides que ya has luchado bastante, que estás harto. Y dejas de luchar.
Y a partir de ese dia, todo lo que alguna vez fuiste se desace como la arena en el viento. Pierdes tus intereses, luego pierdes tus amistades, acabas perdiendo tu trabajo, y de pronto una mañana te despiertas sin saber quién eres. Las fuerzas te han abandonado, no eres capaz de levantarte. Das vueltas en la cama, coges aire, te estiras, decides que ya es hora. Y justo en ese momento te vuelven a faltar las fuerzas.
Lo has perdido todo, incluida tu vida. No puedes moverte de la cama, y tienes la certeza de que nadie te va a echar de menos si no vuelves a levantarte. Sabes que a nadie le importa si vives o mueres.
Y lo peor de todo es que tampoco te importa a tí.

Dos siglos después

La elfa se agachó y posó dos dedos sobre la mancha roja de la roca. Se los llevó a la lengua, y su gesto se retorció de disgusto. "Sangre", pensó. En aquella selva no había depredadores, solamente animales vegetarianos y ella. Y la elfa nunca derramaba la sangre de sus víctimas las pocas veces que le apetecía comer carne. Por no mencionar que en aquel risco nunca había estado cazando.
Un crujido de ramas tras ella la hizo ponerse alerta. Se acurrucó en una grieta entre las rocas, y observó en silencio mientras aseguraba los cinturones de las dagas que llevaba en la cintura y el muslo derecho. Una sombra salió de la espesura, a unos metros de distancia de ella, y ascendió torpemente por las rocas del risco. Su silueta recortada contra el cielo nocturno le permitió a la elfa reconocer a un humano. Cojeaba de la pierna izquierda, y se esforzaba en respirar con normalidad. La elfa no vió en él ninguna amenaza, pero aún así siguió oculta. El humano se sentó en un saliente y rebuscó en su bolsa. El aroma de carne en salazón llenó el ambiente. "Solo es un caballero errante", se dijo. Cada vez había más, después de que la Legión Ardiente atacara por última vez Azeroth, antes de ser derrotada definitivamente. Sin embargo, su tierra también había recibido heridas tan graves, que dos siglos después aún estaban abiertas y sangrantes.
El humano tosió y se golpeó el pecho un par de veces para ayudarse a tragar. Por los sonidos que hacía, la elfa adivinó que era un anciano. "Anciano y herido". Salió en silencio de su escondite, colocándose tras el humano, y se estiró todo lo alta que era antes de hacer un ligero ruido con la garganta.
El hombre pegó un salto, dejó caer al suelo su bolsa, el odre y los pedazos de carne que estaba comiendo, y se volvió asustado hacia ella. Con la luna a sus espaldas, él la veía a ella claramente, aunque ella solo veía una silueta negra. Casi de inmediato el humano se relajó, y soltó un profundo suspiro.
- Menos mal - habló el hombre entre toses - Ya había desistido de seguir buscando... - dio un paso hacia ella.
- Quieto ahí - la elfa sacó una de sus dagas de la funda, y amenazó con ella al humano, que se paró en medio de un paso y levantó las manos - ¿Quién eres para hablarme así, y qué estabas buscando?
- Cierto, olvidé presentarme... - el humano, tras la impresión inicial, no parecía asustado - Mi nombre es Folkor. Folkor Demoley. Y estaba buscándote a tí, Ónice Starbreeze.
Oír su nombre completo, después de más de un siglo de aislamiento, la golpeó como una maza en el pecho. Aquel hombre sabía su nombre... pero todos los que sabían su nombre habían muerto ya hacía años. Reparó en su apellido...
- ¿Forsvik?
- Mi señor abuelo tenía el honor de llamarse así, sí - El humano bajó los brazos. - Él me habló de dónde te habías escondido tras la última Guerra.
- Y... - la elfa estaba confusa. Bajó el brazo de la daga, pero no la guardó - ¿qué te trae aquí a buscarme, si puede saberse?
- Veras... Tu eras sacerdotisa, ¿verdad? - Lo dijo con duda en su voz. Cierto, vistiendo como vestía, nadie la habría tomado por sacerdotisa - Ultimamente una nueva enfermedad está azotando el continente... no se sabe lo que es, ni se ha encontrado una cura... los sanadores cada vez escasean mas, en nuestra aldea el último curandero murió hace años...
La elfa guardó la daga. Soltó una risa amarga que no debió hacerle ninguna gracia al humano.
- ¿Me estás diciendo que has venido a molestarme sólo porque necesitáis un curandero en una aldea? ¿Para eso has venido?

- ... Mi mujer... - el humano empezó a tartamudear - ... Él siempre hablaba de ti, de... tu poder... de que siempre había podido contar contigo... Mi mujer ha enfermado, y... nadie quiere acudir a nuestra aldea, yo soy el único que resiste la infección, debo ser inmune o algo... Me acordé de...
- No voy a dejar estos bosques por nadie, menos por una humana que ni siquiera conozco - la elfa habló de la manera más dura de la que fue capaz. - Conocí a tu abuelo, conocí a un montón de humanos. Ahora todos están muertos. Y yo también. Así que mejor da media vuelta y vuelve por donde has venido.
El tono no daba lugar a réplica, pero aún así el humano cogió aire para hablar.
- ¡He dicho que te vayas! - le cortó la elfa con un grito. El humano dio un paso hacia atrás, asustado, y tropezó con una roca. Cuando recuperó el equilibrio y volvió a mirar al frente, la elfa ya no estaba.
El humano estuvo toda la noche gritando en la oscuridad, rogándole auxilio, llamándola por aquel nombre que ya no significaba nada para ella. Oculta entre las rocas, no tuvo más opción que escucharlo. No pensaba volver a tener trato con los humanos, para eso se había retirado a aquellos bosques. Y no iba a volver ni aunque el mismo Damodar volviera de la tumba y se lo pidiera.
Aún así, cuando el hombre, sollozando, desapareció del risco, no pudo evitar sentirse mal. Pero apretó los dientes, se limpió un atisvo de lágrima de los ojos, y se propuso olvidar todo aquello.
Incluido lo que aún no había podido olvidar, después de siglo y medio.

1 de marzo de 2008

De pequeña era muy tonta

Yo de pequeña era bastante tonta.
Me acuerdo de cierta convención a la que fui disfrazada. Recuerdo la sensación del maquillaje corporal azul en la cara, el pelo rígido y acartonado a consecuencia del spray de color plateado, la capa y la ropa blanca, la presión de las vendas en torno al pecho. Y mi grupo de amigos, también disfrazados. Yendo con tanta gente, lo único que recuerdo aparte del disfraz, es que buscaba a alguien.
Había gente que no conocía, otros al que el destino quizá me tuviera reservada. Seguramente nos cruzamos, seguramente se fijaran en mi disfraz. Y seguramente hablaran de mi. Y yo buscando a otro, sin saber que las marionetas no pueden elegir cómo va a acabar la obra.
Todos mis pensamientos estaban con él, aunque todos sus pensamientos estaban con otra cuyos pensamientos solo pertenecían a ella misma. Eramos dos idiotas buscando a alguien que nunca llegaría a ser nuestro.
Me lo encontré en un pasillo. Gracias a dios el maquillaje corporal ocultó que me puse roja como la sangre cuando le reconocí. Alabó mi disfraz, y siguió buscándola. Yo sabía lo que buscaba, sabía que esa nunca sería yo. Pero no podía dejar de buscarle a él. Y él no podía dejar de buscarla a ella. Es una lástima que ella no buscara a nadie, así uno de nosotros dos habría conseguido lo que ansiaba.
Él estaba allí, pero yo aún no le conocía. Seguramente me lo crucé, pero estaba demasiado ocupada en mis pensamientos. Él me vio; quién no habría podido verme con aquel disfraz. Años después me confesó que me confundió con un hombre. Quizá fue lo mejor. Estaba demasiado ocupada buscando a otro, pese a saber que nunca sería mio, y no le vi a Él. Igual que el otro estaba demasiado ocupado buscando a otra, pese a saber que ella no le buscaba a él.
Porque yo de pequeña es que era muy tonta...