1 de marzo de 2008

De pequeña era muy tonta

Yo de pequeña era bastante tonta.
Me acuerdo de cierta convención a la que fui disfrazada. Recuerdo la sensación del maquillaje corporal azul en la cara, el pelo rígido y acartonado a consecuencia del spray de color plateado, la capa y la ropa blanca, la presión de las vendas en torno al pecho. Y mi grupo de amigos, también disfrazados. Yendo con tanta gente, lo único que recuerdo aparte del disfraz, es que buscaba a alguien.
Había gente que no conocía, otros al que el destino quizá me tuviera reservada. Seguramente nos cruzamos, seguramente se fijaran en mi disfraz. Y seguramente hablaran de mi. Y yo buscando a otro, sin saber que las marionetas no pueden elegir cómo va a acabar la obra.
Todos mis pensamientos estaban con él, aunque todos sus pensamientos estaban con otra cuyos pensamientos solo pertenecían a ella misma. Eramos dos idiotas buscando a alguien que nunca llegaría a ser nuestro.
Me lo encontré en un pasillo. Gracias a dios el maquillaje corporal ocultó que me puse roja como la sangre cuando le reconocí. Alabó mi disfraz, y siguió buscándola. Yo sabía lo que buscaba, sabía que esa nunca sería yo. Pero no podía dejar de buscarle a él. Y él no podía dejar de buscarla a ella. Es una lástima que ella no buscara a nadie, así uno de nosotros dos habría conseguido lo que ansiaba.
Él estaba allí, pero yo aún no le conocía. Seguramente me lo crucé, pero estaba demasiado ocupada en mis pensamientos. Él me vio; quién no habría podido verme con aquel disfraz. Años después me confesó que me confundió con un hombre. Quizá fue lo mejor. Estaba demasiado ocupada buscando a otro, pese a saber que nunca sería mio, y no le vi a Él. Igual que el otro estaba demasiado ocupado buscando a otra, pese a saber que ella no le buscaba a él.
Porque yo de pequeña es que era muy tonta...

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