24 de septiembre de 2008

Un quinto teletubbie

Hoy, para variar, he decidido tomarme el café del desayuno viendo la televisión.
He puesto las noticias; pero cuando han empezado a hablar de mujeres degolladas el café ha empezado a forcejear por salir de mi estómago, así que he cambiado de canal.

Le doy a cierto canal (al azar), y en la pantalla del televisor aparece un bucólico paisaje, con césped tan uniforme y tan verde que salta a la vista que es artificial, y con árboles tan lindos y cuidados que no puede uno dejar de pensar que son de plástico. Hay un puentecillo sobre un sendero (si, sobre un sendero. Porque los arroyos son para los débiles), y el sendero desembocaba en una especie de caverna de la que de pronto sale...

Un bicho inmundo con dos zurullitos - tipo las cacas de Arale - donde debería tener las orejas, otro zurullito por gorro, y otro por cola. El bichín, que parece un teletubbie con problemas de sobrepeso, anda con pasitos cortos y torpes, empujando una cosa con ruedas que a primera vista parece un triciclo... "No irá a montarse en bicicleta, si apenas puede andar... ¿verdad?", pienso, mientras la curiosidad me hace no cambiar de canal (ya se sabe, la curiosidad mató al gato...)
Cuando el teletubbie celulítico llega debajo del puente, sonríe, y coge algo que estaba adosado al "manillar", y que resulta ser una trompetilla. La suena, se ríe, la vuelve a colocar en el manillar, y sigue con sus ortopédicos andares empujando el supuesto triciclo. Pensé que igual estaba llamando a alguien, pero claro, cuando la imagen cambió y seguía sin aparecer nadie, quedó claro que había tocado la trompetilla así, porque sí, sin más...

Ahí me empecé a preguntar por qué no había cambiado de canal aún...

El teletubbie - que por cierto, era color cieno -, de pronto se para delante de unas piedras, y una voz en off exclama, "¡Oh, mira, unas piedras!". Yo me empiezo a temer lo peor, porque el bicho aquel deja de empujar el triciclo, se acerca dando saltitos (no por nada, sino porque el pobre hombre que está metido dentro no puede caminar de otra manera con tanta gomaespuma por todos lados del disfraz), y comienza a dar palmadas.
Y ahora viene la apoteosis. La voz en off exclama, "¡Ahora, hay que limpiar las piedras!"

...

¿Por qué? ¿Por qué hay que limpiar unas piedras que hay tiradas por el bosque? Si además, ¡ya están tan limpias que hasta mi madre las usaría de plato! ¿Y con qué va a limpiarlas?
Pero mientras pienso aquello, veo al engendro de la naturaleza correr - o algo parecido - al triciclo... y despegar el supuesto sillín de él. Resulta que lo que yo tomé por sillín es una esponja... Y sí, lo habéis adivinado. Se pone a limpiar las piedras con ella.
Pero no contento con ello, cuando termina de limpiarlas, la voz en off exclama, "Ahora, hay que secar las piedras".
Pero por Dios, ¿Por qué hay que secar las piedras? ¡Si encima la esponja estaba seca!.
Así que el bicho color diarrea vuelve al carrito, y coge lo que yo tomé por caja de cambios, que ha resultado ser un fuelle, y se pone a "hacer como que lo acciona" apuntándolo a las piedras.

Muy bien, pienso, ya están las piedras limpias y secas. A ver con qué me sorprende ahora.
Total, que el teletubbie mutado aquel, coge la primera piedra, la levanta, y la voz en off dice: "Una". Y yo pienso, ah, muy bien, nos está enseñando a contar. Pone la piedra en el suelo. Coge la segunda, y de nuevo se oye, "Dos", mientras el bichejo ese pone la segunda piedra sobre la primera, y se ríe.
... De dos piedras puestas una sobre la otra, se ríe. Bueno, no soy quién para cuestionar el sentido del humor de la gente.
Coge la tercera piedra, se oye, "Tres", y el pedrusco es colocado, para jolgorio del teletubbie, sobre las otras dos.
Ahora bien, no contento con ello, coge de nuevo la trompetilla, y la hace sonar. Muy bien, o sea que la cosa va de hacer sonar la trompetilla de vez en cuando, empujar un carro con una esponja y un fuelle, y limpiar cantos rodados del tamaño de mi cabeza... que por cierto, no sé yo qué pintan en un bosque sin arrollo, y agrupadas de tres en tres.

El final de la escena es un plano general del bosque, con montoncitos de tres piedras, una sobre la otra, por todas partes. Yo ahí ya estoy pensando que para qué quiere una drogas duras teniendo esos programas. Aparece el bicho por una esquina, y la voz en off dice, "¡mirad, ha limpiado todas las piedras!", a lo que él responde aplaudiendo, y yo añadiendo un sentido "¡matadme!".

Y yo que pensaba que después de haber visto lo del semáforo en mitad de la pradera con los teletubbies ya no se podía caer más bajo...

22 de septiembre de 2008

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Sé que soy una egoísta. Siempre lo he sido.

Siempre quise el trozo más grande, el bolso más bonito, la ropa más elegante. Siempre lo he querido todo. Sentía dentro de mi un fuego necesitado de combustible, y esa era mi manera de alimentarlo: Ser egoísta.
La cuestión es que un día me di cuenta de que pedir tantas cosas sin dar nada a cambio no terminaba de ser justo. Y las cosas que conseguía no sabían tan bien si no había luchado por ellas. De algún modo, cuando me costaba conseguir algo, el propio proceso de lucha alimentaba aquel fuego. Me acostumbré a dar siempre a cambio de lo que pedía. Y como lo que quería era Todo, Todo era lo que daba.
Y volví a ver que aquello era injusto; que a pesar de ser tan egoísta, no recibía en relación a lo que daba. Y ya no bastaba con luchar para conseguir las cosas. A veces, por mucho que me esforzara para lograr algo, veía a las claras que nunca lo tendría.
En algún momento el fuego que siempre había tenido dentro se apagó. Dejé de desear nada, pero también dejé por completo de dar. Siempre he sido una firme defensora del principio de intercambio equivalente, y si no había nada que recibir, nada devolvía.

¿Qué sucede últimamente? Que en ocasiones vuelvo a notar la llamita prender en mi pecho. Son fogonazos momentáneos, no se le puede llamar fuego en el estricto sentido de la palabra. Pero quiere alimento. No desea apagarse otra vez. Y siento cómo el antiguo egoísmo vuelve, cómo de pronto vuelvo a quererlo Todo.
Pero ahora ya sé que muchas cosas de las que quiero, por mucho que me esfuerce, no las voy a tener. Sé que luchar es una tontería. Sé que el intercambio equivalente es cosa de los laboratorios de química y de cuentos para niños.
Entonces, ¿Por qué narices no puedo dejar de luchar? ¿Por qué me empeño en seguir dando, si sé que nunca habrá recompensa? ¿y por qué me empeño en tener lo que sé que nunca será mío?

¿Por qué sigo siendo tan egoísta?

20 de septiembre de 2008

Marineros (1)

Por el catalejo vislumbraba la línea de la costa. No estaba lejos, quizá a un día escaso. El viento había soplado a su favor durante toda la travesía, y ni una sola tormenta les importunó durante la semana que llevaban navegando.
- ¿Algo interesante, mi capitán?
El capitán del barco le alargó el catalejo, y señaló hacia el Noreste.
- Tierra. A menos de un día de viaje. - Sin esperar contestación, se giró y volvió a su camarote, dejando al anciano intentando ver algo por el catalejo con sus ojos casi ciegos.

Cerró la puerta del camarote y, con la espalda apoyada contra la plancha de madera, soltó un suspiro de alivio. Menos mal, se dijo. No sabía si había sido suerte, o las precauciones tomadas, pero todo indicaba que iban a llegar a puerto sin haber sido interceptados por piratas.
Sacó del armario el diario, y se estaba sentando frente a su mesa para escribir estas buenas noticias, cuando oyó gritar al vigía.

- ¿Qué sucede? - le preguntó al primer bracero que se cruzó cuando salió del camarote.
- Ha avistado un barco tras del nuestro - el marinero señaló al vigía, que seguía gritando encaramado al palo mayor - Lleva bandera negra izada.

El bracero salió corriendo por la cubierta en dirección a la bodega. El capitán se colocó las manos alrededor de la boca haciendo bocina.
- ¡Sander! - el vigía dejó de gritar y miró hacia abajo - ¿A cuánto está el barco?
- ¡Unas mil yardas, señor!
- ¿Llegaremos a tierra antes de que nos alcance?
- ¡No es seguro, señor! - el vigía señaló hacia el Noreste - ¡Ellos también tienen el viento a favor!
- ¡Entonces deja de berrear y ven aquí abajo a echar una mano! - Se giró hacia los marineros que trajinaban por la cubierta - ¡Desplegad las velas de los tres palos! ¡Y vosotros, a los remos! ¡Tenemos que llegar a tierra antes de que nos tengan a tiro!

El anciano llegó hasta él renqueando por la cubierta, y le agarró de la manga de la levita.
- ¿Qué sucede? - su voz estaba llena de miedo. El capitán se lo quitó de encima sacudiendo el brazo.
- Nada que deba preocuparos, señor. Vos seguid en vuestro camarote, y procurad que vuestra hija tampoco salga del suyo. Vamos a aumentar la velocidad.
- Pero... ¿por qué motivo?
- Para llegar antes al puerto. - El capitán se dirigió a zancadas hacia el timón, y comenzó a maniobrar hacia donde había visto tierra hacía unos minutos.
- ¿Estamos seguros? No le sucederá nada a mi hija, ¿verdad?
- Tened por seguro, señor, que su hija llegará sana y salva a puerto - el capitán le lanzó una mirada de odio al anciano - y ahora, idos a vuestro aposento, os lo ruego.

16 de septiembre de 2008

Estudio de las especies (1): El Familiar de Informático

Hoy vamos a analizar los usos y costumbres de ese ser mitológico comúnmente denominado "familiar de un informático", que es conocido en algunos círculos como "¿peroesquetunosabesenviarunmail?", y al que en adelante nos referiremos como FI.

El FI abunda en hábitats cercanos a las tecnologías de la información. Nótese que no en dichos lugares, sino en zonas cercanas a ellos. Porque el FI adolece de cierta alergia a todo lo que tenga enchufe y teclado, ya sea este numérico, alfabético, o con formas de animales.

Se reconoce al FI por su mirar hosco cuando dirige la vista a torres de ordenadores, móviles de última generación, módems, equipos de audio, y similares. Dado que puede haber espécimenes de mirar hosco por naturaleza, si se quiere identificar a uno de ellos, cuando se crea detectar el rasgo anteriormente mencionado, se le deberá preguntar: "Qué, ¿Te gusta?" refiriéndonos al aparato tecnológico en cuestión. Si responde "¡Pero qué dices! ¡Ni borracho!", estamos indudablemente ante un FI.

En sus guaridas, el FI raramente tendrá conexión a Internet o un ordenador - ni nada que se le parezca -. Su móvil, en caso de tenerlo, será el más barato que había en la tienda.

Un comportamiento común que se puede observar en el FI es su orgullo por su total incompetencia con todo lo relacionado con las tecnologías de la información. Cuando un FI necesita echar mano de estas "totalmente inútiles" tecnologías - cosa que sucede bastante a menudo, por cierto -, su comportamiento tipo es echar mano de ese hábitat cercano que hemos mencionado al principio, y que él denomina como "hermano", "hermana", "cuñado", o similar.

Elocuciones típicas del FI son del tipo "Voy a casa de mi padre a que me imprima estas fotos, que yo no tengo ordenador", o "Le voy a decir a mi hermana que le mande un correo a la secretaría de la facultad para pedir un certificado de notas". Cobra cada vez más fuerza la teoría de que esas frases forman parte de su ritual de apareamiento.

Normalmente, el FI no se comporta así por naturaleza, aunque se han registrado casos en los que sí se da esta concordancia. Los FI no suelen nacer perteneciendo a esa especie, sino que un factor externo a ellos les hace desarrollar ese potencial: Un familiar suyo se hace informático.

Actualmente, si se puede dejar de pertenecer a la especie (análogamente a como se empieza a pertenecer a ella) es objeto de investigaciones exhaustivas por parte de los científicos de las tribus urbanas.

No se dispone de más datos fiables con respecto al FI, aunque muchas teorías no contrastadas pueden enunciarse al respecto.

15 de septiembre de 2008

Nana - Rose

Yo me he leído el manga de Nana, y me puedo imaginar de qué trata la canción, que es el opening del anime, sin saber exactamente lo que dice. De todos modos, antes de leeros la versión traducida (eso sí, al inglés solamente), escuchad la canción. A mi me parece que está bastante claro lo que la canción quiere decir...
Y os recomiendo el manga.



Info sacada de: http://www.designchronicle.com/memento/archives/annainspinana_rose.html

Nana - Rose

Romaji version

When I was darkness at that time fueteru kuchibiru
Heya no katasumi de I cry
Mogakeba mogaku hodo tsukisasaru kono kizu
Yaburareta yakusoku hurt me

Nobody can save me
Kamisama hitotsu dake
Tomete saku you na my love

I need your love
I'm a broken rose
Maichiru kanashimi your song
Ibasho nai kodoku na my life

I need your love
I'm a broken rose.
Oh baby, help me from frozen pain
With your smile, your eyes, and sing me, just for me

I wanna need your love...
I'm a broken rose
I wanna need your love...

When you were with me at that time
Anata no kage wo oikakete
Hadashi de kakemekete stop me
Tozaseba tozasu hodo motsureteku kono ai
Yuruyaka ni yasashiku kiss me

Nobody can save me
Kogoeru bara no you ni
Yasashiku nemuritai my tears

I need you love.
I'm a broken rose.
Kareochiru kanashimi my soul
Kuzureochiru kodoku na little girl

I need you love.
I'm a broken rose.
Oh baby, help me from frozen pain
with your smile, your eyes,
and sing me, just for me

I wanna need your love…
I'm a broken rose
I wanna need your love…

I need your love
I'm a broken rose
Maichiru kanashimi your song
Ibasho nai kodoku na my life

I need your love
I'm a broken rose.
Oh baby, help me from frozen pain
With your smile, your eyes, and sing me, just for me

I wanna need your love…
I was a broken rose
I wanna need your love…


Translation:

When I was darkness at that time, trembling lips
In a corner of the room, I cry
The more I struggle the more my wound jabs
A broken promise hurts me

Nobody can save me
There's only one god
As if stopping and splitting my love

I need your love
I'm a broken rose
Scattering sorrow, your song
My lonely life that has no place to be

I need your love
I'm a broken rose
Oh baby, help me from frozen pain
With your smiles, your eyes, and sing me, just for me

I wanna need your love...
I'm a broken rose
I wanna need your love...


14 de septiembre de 2008

Parejas

Siempre he pensado que la pareja era más un accesorio que otra cosa. Un bonito adorno, pero para nada funcional: Como las joyas para la manicura, o los clips para el pelo. Basándonos en que uno esté con una persona de la cual no dependa, o a la que no necesite, porque si uno necesita a su pareja para vivir, la cosa pasa de ser accesoria a ser enfermiza.
Una persona debería ser capaz de llevar una vida totalmente al margen de las demás, sin depender de nadie ni necesitar a alguien de tal manera que no sea capaz de pensar en nada más. El problema es que si lleva ese tipo de vida, una pareja no le resultará más que una molestia: Algo que le quitará tiempo de las cosas que realmente le interesen.
Planteemos ahora que nuestra pareja comparta aficiones con nosotros. De este modo, estar con ella no supone perder el tiempo... Pero entonces la relación se basará en esas aficiones comunes, y dejará de ser una relación pareja. Porque estamos en las mismas: Para dedicar tiempo a "cosas de novios", hace falta dejar de dedicar tiempo a algo que nos hubiera apetecido más.
Y claro, si uno crea una dependencia hacia su pareja, entonces la cosa va al revés: Hacer esas cosas que antes tanto nos gustaban pasa a ser una pérdida del tiempo que podríamos pasar con ella. Lo malo de esto es que uno se convierte en una sombra de lo que era, pierde sus gustos, opiniones y aficiones - aquello que le caracterizaba - y se convierte en un zombie con una sola idea en la cabeza: Estar con la persona amada. Claro que eso ni es amor ni es nada, pero si esa persona es feliz pensando que lo es...

Conclusión: Para mantener una relación satisfactoria, en la que pasar tiempo con la pareja no nos haga sentir como si nos estuviésemos perdiendo algo, el truco está en tener, o muy pocas aficiones, o mucho tiempo libre.

12 de septiembre de 2008

Historia de un Papa

Tras mi visita a Peñíscola, en la cual aprendí un poco más de historia de Europa y de España, y me convencí aún más si cabe de que los españoles siempre hemos tenido (hablando en plata) los huevos cuadrados, se me ocurrió que podía ser interesante empezar a documentarme sobre el castillo y sus habitantes, en concreto sobre Benedicto XIII, el Papa Luna, con el objetivo de hacer una historia de ficción histórica sobre ello. Respetando al máximo todo el contexto histórico y los acontecimientos del cisma de occidente, y de la vida de los personajes, claro.
Esta historia corta se me ha ocurrido esta mañana mientras iba en el metro camino del trabajo. Aún no he recogido suficiente información del momento histórico, por lo que puede que no sea del todo rigurosa, pero como esto solo es una pequeña prueba, a ver qué tal puede resultar la historia, de llevarla a cabo, si queda bien ya la retocaré cuando reuna más datos.
Por cierto, se agradecerá toda aportación o corrección en lo tocante a los acontecimientos o a bibliografía que pueda consultar (aparte de Internet)

*********

Pedro se encontraba sentado sobre la base de la ventana, con la vista fija en el infinito. Forzaba la vista, imaginando que si se concentraba lo suficiente, lograría ver Roma. Había pasado la mayor parte de su convalecencia en esa habitación, mirando por aquella ventana, que había hecho construir para poder rezar con la vista dirigida hacia el Vaticano.

Aún se encontraba débil después de que los herejes de Roma enviasen a Peñíscola a su asesino, cuyo fracaso Pedro había interpretado como una señal divina. Dios le consideraba a él, y no a ese Martín, como el el auténtico representante de la fe católica en la tierra, y por ello no había permitido que muriera después de ingerir aquel veneno.

Al recordar aquello elevó una plegaria silenciosa al Cielo, de nuevo agradeciendo la misericordia del Señor para con su humilde siervo. Alargó la mano hacia la mesilla que había junto a la ventana, y recogió su rosario, dispuesto a pasar un agradable rato de oración. La vista que ofrecía aquella ventana, con la inmensidad del Mediterráneo abajo y del cielo arriba, le inspiraba. De hecho, aquel era su lugar favorito para rezar, porque el paisaje le hacía aún más consciente de la insignificancia de los seres humanos frente al resto de las creaciones del Señor.

Unos ligeros golpes en la puerta del cuarto interrumpieron su meditación. La puerta se abrió suavemente, y un monje entró llevando entre sus manos una enorme jarra de metal.
- Es la hora de tomarse la infusión, su Santidad - el monje, humildemente, depositó la jarra, cuyo contenido humeaba, en la mesita donde había estado el rosario. Pedro alargó el brazo para que el monje pudiera besarle el anillo de oro que llevaba en el dedo.
- Muchas gracias, hijo - el monje le besó el anillo e hizo una profunda inclinación antes de irse - ve con Dios.

La puerta se cerró, y Pedro volvió a quedarse solo con sus pensamientos. Miró con hastío la infusión que el monje había dejado junto a él, en la mesa. Ese mejunje apestaba a hierbas y anís, y no sabía a nada. Le entraban nauseas sólo de pensar que tenía que tomarse cinco de esas jarras al día, sin ni siquiera un poco de azúcar. Que un hombre tan importante como él tuviera que pasar por aquello - los dolores de huesos, las diarreas, la fiebre, ese potingue imbebible - le resultaba insultante. A veces se indignaba tanto que le entraban ganas de gritar a sus sirvientes, y en ocasiones, incluso, de gritar al propio cielo. Simplemente, no quería beberse aquello. Quería quedarse en aquella ventana, mirando hacia Roma mientras meditaba, el resto de su vida. Que otros se ocupasen de abanderar la Iglesia, él ya estaba harto de desprecios y herejías hacia él. Que se quedasen con todo esos hombres débiles que se dejaban llevar por intereses tan vacuos como el dinero o el placer físico. Si realmente la Iglesia quería aquello, él prefería desentenderse.

"Pero no puedo hacerlo", se dijo, mientras alargaba la mano hacia la jarra de metal con la infusión humeante. "Dios me mantuvo con vida. Me quiere vivo. Sabe que soy el único que puede dirigir su Iglesia... No debo ser débil, no puedo defraudar a mi Señor..."

Y lentamente, a pequeños sorbos, se bebió aquella hirviente sopa insípida con olor a hierbas, mientras miraba por la ventana, hacia el mar, hacia Roma... y se preguntaba por enésima vez si vería el Vaticano por dentro antes de que Dios se le llevara.

11 de septiembre de 2008

La canción del buen rollito

Da igual cómo me encuentre; escuchar esta canción siempre me llena de energía positiva.
Esta noche me he acordado de que hubo un tiempo en que la escuchaba casi constantemente para lograr mantenerme a flote. Y me han entrado ganas de escucharla de nuevo.

Compra de pantalones

Visualiza esta escena: El verano se está acabando, está empezando a templar el tiempo, y salir de casa a las siete de la mañana con vestidos veraniegos ha empezado a atentar contra la integridad personal de la afectada. Más concretamente, contra sus bronquios.
Así que una tarde, al salir del trabajo, se encamina a un centro comercial para aprovisionarse de pantalones de entretiempo, dado que ha ganado unos kilos durante el verano, y necesita algo de ropa hasta que vuelva a adelgazar para caber de nuevo en la ropa que ya tenía.

Una situación totalmente normal, hasta ahora. Pero quiso la genética que yo tuviera una figura muy "mediterránea", por llamarlo de alguna manera. Tengo unos muslos bastante más gruesos que los de la mayoría de mujeres - y no es grasa, es que simplemente son así -, lo que ya de base me dificulta bastante encontrar unos pantalones que me sienten bien. Además, tengo unas caderas bastante anchas, un culo con complejo de superioridad, y una cintura, en relación con las caderas, exageradamente estrecha. Y como ya he comentado, ahora mismo no es que me encuentre en mi peso ideal, precisamente.

Y claro, la situación anterior replanteada para alguien con mi figura pasa de ser una agradable tarde de compras a un suplicio inaguantable. Cuando me veo en esta tesitura, normalmente me doy de margen hasta que no soy capaz de aguantarme las lágrimas. En el caso del que estoy hablando, fue después de revisar pantalón por pantalón tres tiendas consecutivas, no encontrar nada más que tres pantalones de la talla cuarenta y uno de la cuarenta y dos (en total, no en cada tienda), y que los cuatro se me quedasen atascados a mitad de muslo.

Tras esto, estuve pensando en las implicaciones de aquel fracaso a la hora de encontrar pantalones de mi talla: Tengo que empezar a usar ropa de tallas especiales.
Pero, ¿desde cuando la talla cuarenta y cuatro - cuarenta y seis es una talla especial? Vale, no soy un fideo, pero aún me queda mucho para llegar al nivel de mi hermana mayor... ¿no?

Al día siguiente fui a otro centro comercial. En la primera tienda, encontré un único pantalón de la talla cuarenta y cuatro. No se me quedó atascado al ponérmelo, pero me estaba bastante pequeño, sobre todo en el culo. Así que pedí una talla cuarenta y seis. Me respondieron que no tenían ningún modelo de una talla tan grande.
Totalmente hundida, salí de la tienda, sintiéndome la persona más aberrantemente sebosa del universo. ¿Cómo que no tenían tallas tan grandes?¿Desde cuándo una cuarenta y seis es una talla "tan grande"? ¿Y desde cuándo yo estoy tan gorda como para no encontrar un pantalón de mi talla en las tiendas normales de ropa? ¿Es que iba a tener que empezar a vestirme en las tiendas de tallas especiales, usando una 46 de pantalón?
Si por mi hubiera sido, me habría metido en el baño a llorar el resto de la tarde; pero como no iba sola, me animaron a probar en una tienda más. Así que entré en H&M, que tenía un cartelón publicitario que rezaba "Vaqueros para todos" en el escaparate, y que leí con más cinismo que esperanza mientras entraba.
La cosa fue bien. No busqué demasiado, y encontré dos modelos de vaqueros acampanados que me gustaron. Las tallas eran una locura, tenían dos números en vez de uno, y ni siquiera se referían al contorno de muslos o de caderas, sino a la cinturilla y el bajo de los pantalones. Pero de los cuatro vaqueros que cogí, uno me quedaba bastante bien. Irónicamente, otro de ellos, que era de una talla mayor, no me entraba. Pero en fin, al menos conseguí unos puñeteros pantalones.

En una conversación posterior con mi madre, me enteré que mi hermana compra la ropa en CIA y en H&M... por lo que, efectivamente, ha resultado ser que encontré unos vaqueros de mi talla en una tienda que trabaja con tallas especiales, y no en otra.

Ahora viene mi pregunta. ¿No se supone que habían estandarizado las tallas para que las españolas pudiéramos encontrar ropa que nos entrara? Porque a mi no me ha dado esa sensación, sino más bien todo lo contrario.
En primer lugar, de una tienda a otra, la misma talla puede variar hasta en cinco centímetros de contorno de caderas.
En segundo lugar, en mi casa tengo unos bonitos pantalones de la talla cuarenta en los que entro de manera bastante justa, que fue el motivo por el cual quise comprarme unos mayores. Pero al contrario de lo que esperaba, que era comprarme unos vaqueros de una talla mayor, me los he acabado comprando tres tallas mayores, lo cual en mi humilde opinión no tiene ni pies ni cabeza.
Y por último, ¿Quién es el que tiene la cara de echarle la culpa a la Barbie de que haya tantas anoréxicas, cuando en una tienda normal de ropa sólo se pueden encontrar pantalones que van de la talla 34 a la 38, y encima los pantalones son mucho más pequeños de la talla que pone en su etiqueta?

Evito en la medida de lo posible tener que comprarme pantalones nuevos, porque cada vez que voy de tiendas con ese propósito acabo llorando y más acomplejada aún de lo que estoy normalmente. Y es que da igual que esté más o menos gorda, no hay pantalones para las mujeres de culo grande y cintura estrecha, o de muslos gruesos. O tienes la figura de un insecto palo, o estás demasiado gorda para conseguir talla en una tienda normal.

No soy una esclava de las tallas. Si mi culo cabe en una 88, pues una 88 me compro. Me importa más caber en la ropa que tengo que la talla de la ropa en sí. Pero en mi armario hay pantalones que van de la talla 38 la 46, y todos son de idéntico tamaño, o varían mínimamente. Y eso no indica precisamente que alguien haya estandarizado las tallas, sino que quiere volver locas a las mujeres. Vamos, que el tallaje de los pantalones de mujer debe de hacerlos una panda de misóginos altamente cualificados.

8 de septiembre de 2008

La pobre princesita - Continuación

Un par de mujeres que no había visto nunca la recostaron sobre el montón de paja al que llamaba cama, le subieron el trozo de tela gastada que llevaba por vestido, y le abrieron las piernas. Comenzaron a hablar entre ellas y con una tercera a la cual su abultada barriga le impedía ver. Sintió otro latigazo de dolor en la parte baja de la espalda, que le arrancó un grito. Empezó a retorcerse con tanta violencia que las dos mujeres que la habían tumbado tuvieron que sujetarla para que no se cayera al suelo.


Tuvo suerte de que el hombre que la había perseguido a su cuarto no la matase. Cuando hubo acabado con ella la dejó donde la había alcanzado, en su camita con dosel, tumbada inmóvil bajo las gasas rasgadas, preguntándose qué le habría hecho aquel hombre malo para que hubiera empezado a sangrar tanto y tan de repente, y si acaso no pararía de sangrar nunca, y terminaría muriendo ahí tumbada.
Cuando la sangre dejó de brotar y los ruidos del recibidor cesaron, la princesa se aventuró de nuevo por los pasillos, si bien esta vez mucho más cuidadosamente. Ver el suelo de la gran sala literalmente tapizado con los cadáveres de sus familias y sus siervos le provocó tal shok, que lo siguiente que recordaba era encontrarse descalzo, con los vestidos desgarrados, en mitad del campo.
Lo único que pudo hacer la pobre niña fue llorar desconsoladamente, hasta que algún milagro hizo que un campesino oyera sus sollozos, y se la llevara a su granja. Era un hombre mayor, de aspecto desagradable, que olía siempre a cebollas y estiércol. A la niña le daba miedo, pero la había acogido en su casa y la alimentaba, aunque la obligase a limpiar la casa y las cuadras. Y aunque no hubiera estado tan asustada, ¿a dónde podría haber ido? No tenía ni idea de en qué lugar estaba, y apenas se atrevía a alejarse de la granja las pocas veces que salía. Era mejor realizar aquellas labores penosas que la pobre princesa ni siquiera sabía que existían.
No sabía con qué propósito, pero aquel hombre subía todas las noches a la buhardilla, donde ella tenía su cama, se tumbaba sobre ella, y le hacía lo mismo que le había hecho aquel soldado, allá en su castillo. La niña, por miedo a que el campesino se enfadara y la echara, no protestó ni una sola vez. De todos modos, ya no le dolía tanto, y al menos no sangraba, pero muchas veces había tenido que aguantarse las ganas de vomitar.
De pronto la pobre princesita se había encontrado indispuesta. Había empezado a vomitar casi constantemente, y pese a que apenas comía, los vómitos no cesaban. Y lo peor fue que cuando pararon, su vientre comenzó a abultarse como una pelota. La niña se asustó mucho, y le comunicó al campesino su enfermedad. Pero el viejo solamente chascó la lengua ante las palabras de la pequeña, ignorándola, y la princesita tuvo que seguir haciendo sus trabajos y soportando las visitas diarias a su cama mientras veía hichársele poco a poco el vientre.
Hasta que aquella mañana se despertara en una cama empapada en agua, y los dolores comenzaran.


Le decían que empujase, pero ella no sabía qué se suponía que tenía que empujar. Hacía ya un rato que se le había caído el trapo con el que se vestía, y estaba tumbada desnuda sobre la paja en una posición grotesca, con las lágrimas y los mocos goteándole por la barbilla, junto con la mugre que le cubría todo el cuerpo. Las dos mujeres de la cabecera la sujetaban de los hombros y le hablaban para que se tranquilizara, pero ella solo notaba aquel dolor en la base de la columna, como si la estuvieran partiendo en dos. Hacía tiempo que había perdido la capacidad de raciocinio necesaria para pedirle a Dios que aquello acabara, y lo único que podía hacer era aullar como una loca, pero ni eso ahuyentaba el dolor.

- Ya sale... Solo un empujoncito más, que ya sale...
- Oh Dios mío, se ha desmayado!
- No importa, el niño ya está casi fuera... Cuánta sangre... ¿Es normal que sangre tanto?
- A ver, deja que mire...
- No, no lo es.
- Y no para de salir... El bebé ya está fuera, ¡pero la sangre no para de salir!
- ¡Párala por Dios! ¡Se va a desangrar!

6 de septiembre de 2008

No hay palabras

Hoy estaba pensando en escribirte un sms diciéndote cuánto te quiero, pero no se me ocurría qué poner. Al final, he decidido poner "no hay palabras que logren expresar el modo en que te quiero". Pero entonces he pensado: Si no hay palabras que logren capturar la magnitud de lo que siento por ti... ¿para qué usar palabras?
Así que voy a hacer que sepas todo lo que te quiero con hechos.

5 de septiembre de 2008

Grandes defectos femeninos - parte 2: "Yo haré que cambie"

¡Mal! ¡Muy mal!
Comienzo con esta exclamación, porque el mero hecho de pensar en el tema del post me enerva. Y es que además de ser un defecto común entre las mujeres, yo lo he vivido muy de cerca. En mis dos hermanas mayores, para ser exactos.
Tu pareja no es perfecta, qué se le va a hacer. Tiene sus fallos, como tú tienes los tuyos. Si no son un problema muy grande y los aceptas, la cosa sigue adelante. Si son realmente inexcusables, pues se corta la relación y a otra cosa. ¿Pero qué hay de esa encantadora tercera opción, la de "cambiarle para que deje de tener defectos"? Porque claro, si tu novio está totalmente enmadrado, y lo que diga su madre va a misa, pero da la casualidad de que su madre te odia... tú que haces, ¿le dices desde un principio que el amor a una madre está muy bien, pero que se deje ya de coñas o se vaya olvidando de ti, o te callas como una meretriz, pensando "ya le quitaré yo el enmadramiento cuando nos casemos"?
Porque señoras, un hombre no va a cambiar sus modos de ser ni sus costumbres solo porque se lo pidamos, ya sea educadamente o a grito limpio. Si hay algo en él que nos fastidia, pues como Dios nos hizo con cuerdas vocales para algo, se habla, y si ni él está dispuesto a cambiar ni tu a soportarlo, pues se corta por lo sano y punto, que bastante poco tiempo tenemos ya como para ir malgastándolo con tonterías.
Lo que no podemos esperar es que de pronto, después de que el hombre, en su simpleza, de por hecho que si estás con él será porque estás a gusto con su manera de ser (que tontería pensar eso, ¿verdad?), vaya a cambiar sólo porque tu se lo pidas.
Además, se arriesga una a ciertas respuestas llenas de sentido común, pero enervantes para quien las recibe, del tipo "pero si no te gustaba esto, ¿por qué no me lo dijiste?" o "si no te gustaba, haberme dejado". Con el consiguiente berrinche y el consiguiente "Qué malo es mi novio" del que ya hablé con mayor detalle en la entrega anterior, y que viene provocado por la falsa creencia femenina de que los hombres pueden leer mentes, y por lo tanto no hace falta decirles las cosas.

A ver señoras, que la cosa no va de coger a cualquier mindundi por la calle y convertirlo en nuestro príncipe azul. La cosa va de encontrar a nuestro príncipe azul.
Y si resulta que el príncipe azul está enmadrado, o su higiene corporal deja bastante que desear, o es un egoísta incapaz de hacer nada por nadie que no sea él... pues ya sabéis lo que toca.

Dreaming

Esta historia la escribí en inglés. Es un idioma con el que no estoy tan familiarizada como con mi lengua materna, y me atrevo a escribir según qué cosas sin ruborizarme. Ah, y ya sé que repito mucho cierta palabra, pero es que esto es lo primero que intento escribir en inglés, y me falta aún vocabulario, sobre todo del tipo del que trata la historia...



She could not remember what she was doing when he came. She was simply standing in the middle of the room, and all of a sudden she felt his warm beside her. He embraced her and kissed her neck, making her shiver with pleasure. His hands touched lightly her arms, and lifted to her face, caressing her cheeks. He pulled her hair slightly while kissing her neck and shoulders. Then he embraced her again. Her breathing began to accelerate as she felt his body so close to hers. His hands caressed her breasts over her undershirt, and then lifted it over them. He then caressed her naked breasts and her nipples, that were hard at the time. He turned her till they were in front of each other, and kissed her neck again, then lowered down to her breasts, and kissed them. She let out a groan when she felt his tongue licking her nipple. He seemed to like it, cos he kept licking while caressing the other breast with one of his hands. His free hand lowered to her jeans, and began to unbutton them, while caressing her crotch at the same time. Turning her so he was again behing her, he let her jeans fall to the floor, and caressed her thighs with passion and tenderness. He kissed her neck again, and his hands moved from his panties to her breast, and down again, caressing all her body. He suddenly slipped his hand under her panties, rubbing her, making her groan with the pleasure...
She woke up in her boyfriend's bedroom. The first thing she saw was him sitting in front of his computer, playing a videogame. Her body still prickling with pleasure, she woke up, put her jeans on, and approached him. He stopped playing and looked at her, smiling. She hugged him, and try to kiss him with all the passion she felt at the moment, but he moved away too soon to feel any of the feelings she wanted to transmit him, though still smiling. She tried again, and tighten her embrace, as she whispered to his ear: "I want you to make love to me"
When she moved away and looked at his face, she saw him still smiling, whit that tender smile he always had when being with her, but with no desire in his eyes. She waited for any sign, but he only widened his smile, and continue playing the videogame. She felt as if somebody had thrown her a cold water bucket, and then she simply sit down, let out a low sigh, and switched on the computer next to his, in order to spend the rest of the evening playing videogames too.

Tomas frikis (vol. 1)

Una chica vestida con corpiño, calentadores de rejilla en los brazos, falda larga de seda y botas militares, todo ello negro, sube corriendo las escaleras del metro de callao, y llega sin resuello hasta un grupo de indignados veinteañeros que la recibe con quejas y comentarios sobre su impuntualidad.
- Esther, por dios, que la peli comienza a y media y ya son y cuarto!
- Ya lo sé! Lo siento! – hace una pausa para saludar con un beso a su novio, que está entre los del grupo – No he podido llegar antes!
- Si ya sabíamos que ibas a llegar tarde, pero no tanto! Que no vamos a poder cenar antes de la peli!
- Pues compramos algo de comer en el cine! Ya he dicho que lo siento, vale??
Un chico alto, delgado y con el pelo largo recogido en una coleta, se vuelve hacia otro del grupo que, salvo por la ropa, podría pasar por un clon suyo.
- Magneto, va a venir Mariu?
- Me ha llamado hace un rato. Viene de la facultad. Dijo que nos veía en el cine.
- Muy bien, pues vamos yendo entonces – alza la voz para que le oiga todo el grupo – Vamos moviéndonos, que no llegamos!
A Magneto le comienza a sonar el móvil. Es la tal Mariu
- Dime… En los Picadilly? Vale, pues nosotros llegamos al cine en nada… Que no sabes dónde es?? Pero si son los cines Callao!... Bueno, vale, espera allí, que voy a buscarte.
Con gesto de resignación, Magneto se guarda el móvil en el bolsillo, advierte con un grito que le esperen en la puerta del cine, y sale corriendo Gran Vía abajo.
Mientras el otro chico de la coleta despotrica sobre la puntualidad femenina, otro, vestido con vaqueros claros y un polo rosa palo, saca el taco de las entradas y comienza a repartirlas justo estando en mitad de la carretera.
Un chaval bajito con pinta de tener pocas luces se queda mirando fijamente su entrada – igual que Esther –, y los dos, casi a la vez, comentan.
- Por qué me das dos entradas?
- Seto, Esther… es solo una. La otra mitad se la quedan al entrar…
- Ah, qué tonto! – el tal Seto sonríe, como si su equivocación fuese el error más normal. Esther prefiere agachar la cabeza y ponerse roja en silencio mientra su novio se cachondea de ella.
El que responde al nombre de Magneto vuelve llevando de la mano a una chica con todo el aspecto de haber estado corriendo una maratón. Esta saluda al grupo con un gesto de la mano, y se une a la conversación más cercana, que mantienen el chico del polo rosa y un chaval medio calvo y con perilla.
- … parece ser que Tarantino va a dirigir una de las escenas!
- Ya he visto trailers en internet. A ver qué tal la adaptan…
- De qué habláis?
- De Sin City
- Ah, pero es que van a hacer una peli del cómic?
- Pero sabes qué es Sin City?? – el chico calvo se la queda mirando como si se acabara de tragar un limón.
- Si, claro.
- Pero tú… eres friki?
- Hombre, un poco.
El chico se vuelve hacia Magneto, que está intentando localizar a alguien en mitad del gentío, y le suelta.
- Dónde narices has conseguido a una friki delgada???
Magneto se encoje de hombros, pasa de contestar, y se vuelve hacia el chaval del polo rosa.
- Carlos, las entradas?
Carlos, que después de casi haber sido arrollado por un autobús tras ponerse a repartirlas en mitad de la Gran Vía, ha decidido quedárselas él un rato más, las vuelve a sacar del bolsillo y, como a cámara lenta, comienza a recortar una entrada del resto.
- Trae – con gesto impaciente, Magneto le arranca las entradas de las manos, separa dos del resto, y se las guarda mientras le tiende el taco de nuevo a su consternado interlocutor – Ala, nos vemos dentro – coge a Mariu de la mano, y con las mismas se la lleva a rastras hacia dentro del cine. Justo antes de entrar, se vuelve y grita
– Coque, tu a un lado mío, eh?
El clon de Magneto levanta el brazo para dar a entender que se ha enterado, y sigue esperando, junto con el resto, al lento proceso de separar las entradas una de otra que está llevando a cabo Carlos. El chico calvo de la perilla se queja de que se van a perder los trailers, pero no se sabe si por mala uva, o porque el pobre no da para más, Carlos no acelera.
Llegan a sentarse justo al comienzo de los trailers – suspiro de alivio del chico alopécico – si bien el primero se lo pierden debido al caos que montan para decidir quién se sienta al lado de quién. El resto, nada nuevo: Anuncio de Foster’s Hollywood; La Guerra de los Mundos – “Esa hay que verla!”, grita alguien –; una peli a la que nadie hizo caso, porque estaban buscando a uno del grupo que había desaparecido; Harry Potter y el Cáliz de Fuego – “Esther, tranquila, eh? Que solo es un trailer” – …
Y de repente en la sala retumba un alarido.
- Joder Esther! – todos, salvo Magneto y Mariu, se vuelven hacia ella – Demuestra tu amor por Harry Potter un poco más bajo!
- Pero si no he sido yo!
- Entonces… quién…?
- Ha sido Marcos – Mariu, partiéndose de risa, señala a Magneto, que se pone muy recto en el asiento y finge – o tal vez no – indignación.
- Lo habéis visto todos! Ha salido un dragón!
- Magneto – el chico calvo vuelve a la carga – todos sabemos que a ti solo te ponen las mujeres y los dragones… No hace falta que nos lo demuestres, en serio.
Tras el cachondeo general, y el final de los trailers, se hizo silencio – o casi – en la sala…

- Me puede explicar alguien qué pinta la pava esa en la peli?
- Muy fácil, es la novia de Tom Cruise

- Pero por qué vuela el Bat-Móvil???

- Tienen al Morgan Freeman ese ahí, en plan arsenal bélico, como si fuera una peli de James Bond?
- Se conoce que le pidió al director que por favor le diera un papel, y no se les ocurrió otra cosa…
- Hay que ver lo que hace el hambre

- Por fin sabemos el secreto de Batman: Domina la energía de la fuerza!
- Hombre, una peli de acción sin artes marciales ya sabes que no es lo mismo.
- Ya, claro. Y qué será lo siguiente, el Pingüino Kenjutsuka??

Escena final. El policía tiende a Bruce Wayne una carta – vuelta del revés – metida en una bolsa de plástico.
- Oh Dios mío, la carta, la carta! – Mariu comienza a tener algo que suena demasiado parecido a un orgasmo.
- Que va a serlo, que va a serlo! – el grupo comienza a hacer comentarios como este, sin poco sentido, pero con mucho volumen.
Bruce Wayne le da la vuelta a la carta, y el Joker aparece en la pantalla coreado por los gritos de júbilo de todo el grupo. Coque incluso se levanta y comienza a aplaudir.
Gracias a Dios la película acaba casi en ese momento, porque los gritos y comentarios – que no habrían gustado demasiado en mitad de la última escena – no cesan ni después de salir del cine.
- A vosotros qué os ha parecido el Bat-Móvil?
- Hombre, bien… pero parecía más un tanque de guerra que otra cosa.
- La película no ha estado tan mal… yo me esperaba algo peor.
- Mejor que la de George Clooney desde luego es!
- Pero como la de Tim Burton ninguna! Tim Burton es Dios!
Y así, entre alabanzas a Tim Burton – y a Jhonny Deep, que no se sabe cómo pero de repente entra a colación (aunque Coque sospecha que ha sido Esther la que ha sacado el tema) –, el grupo se dirige al Burguer King de Gran Vía a cenar, que intentar hacer comentarios ingeniosos durante dos horas y media abre el apetito.

Onice's Journal blog

Es el título que le di a la historia de mi personaje principal del World of Warcraft, Ónice, que ya presenté hace no mucho en este blog. Hay dos entradas aquí que son capítulos de esa historia, de hecho.
Como los capítulos son demasiado extensos para postearlos aquí, junto con el resto de cosas que escribo, tengo pensado hacer un blog aparte al que se pueda acceder desde éste, e ir subiendo ahí los capítulos. Pero ya en su día la historia estuvo subida en la web, y la verdad es que fue un terrible fracaso...
Me gustaría saber la opinión de la gente que visita este blog. ¿Os interesaría que subiera la historia a la web, para que pudierais leerla? Porque si no es el caso, prefiero conservarlas off-line en mi ordenador, para qué mentir.

El otro día me dijo...

El otro día me dijo algo que me dejó sin aliento.
Tardé en reaccionar, y para cuando se me ocurrió contestar a esa frase, ya se había cambiado de tema. Seguramente lo dijo sin pensar, no creo ni que se diera cuenta de ello. Mejor así, recuerdo que pensé. No quiero que se sienta violento, ni decirle nada que pueda hacer que se apague ese brillo que tanto me gusta ver en sus ojos. Además, ese tipo de cosas es muy bonito oírlas, aunque tanto quien las dice como quien las oye sepa que no son ciertas, y a pesar de que los dos hayamos evitado por todos los medios hacer ningún comentario de ese tipo.
Ay, cómo se me derritió el alma cuando oí aquello... Ninguna fuerza del universo volverá a hacerme creer en esa palabra, y sé que él tampoco cree en ella. Pero aún así, enternece pensar que la frase en la que la usó le salió del alma...

Usó la palabra "siempre".

4 de septiembre de 2008

Y este blog es rosa porque...

Elegí esta plantilla para el blog porque era todo lo contrario a lo que sentía en el momento en que lo creé. Y porque era todo lo contrario a todas las plantillas de blogs que se habían hecho mis conocidas. Todos los blogs eran negros, deprimentes, con entradas totalmente autobiográficas y autocompasivas, y con comentarios de sus muchos lectores dándoles ánimos y dorándoles la píldora.
Yo nunca he tenido visitantes en mis páginas, y la mayoría de mis amigos no suelen leer blogs, y menos aún dejar comentarios en ellos. Y quise hacerme un blog para obligarme a escribir periódicamente, mejorar mi estilo y mi creatividad, y tomar hábito de escritura, no para que la gente me compadeciera ni sintiera empatía hacia mi. Por eso quise que fuera diferente a los de mis conocidos, porque en primer lugar buscaba algo diferente a todos ellos cuando lo creé.
Y porque me gusta el rosa. Sí, qué pasa.

Hoy voy a ir al Templo a dar gracias

Hoy voy a levantarme temprano, antes de lo necesario, y me voy a vestir con mi mejor kimono de ceremonias para ir al Templo. Me voy a acercar al altar de ofrendas, voy a encender una velita, y voy a hacer sonar la campanilla y dar tres palmadas, para hacer saber a los dioses que me encuentro allí, y quiero hablarles.

Les voy a dar las gracias por haberme conducido por este camino durante mi existencia, porque si bien no ha sido lo más agradable, me ha enseñado y me ha hecho fuerte para afrontar el futuro, y todo lo que soy se lo debo a lo que he aprendido mientras avanzaba.
"Gracias por darme estos ojos con los que veo realmente el mundo", les diré, porque con ellos veo también a la gente que no puede o se niega a ver, y aún siendo más felices que yo en su ceguera, nunca llegarán a comprender nada.
Voy a agradecerles también el haber propiciado que nuestras vidas se cruzaran, porque el simple hecho de conocerte es para mí una recompensa. Y también les daré gracias por hacer que quisieras que fuéramos compañeros de viaje por un tiempo, y les prometeré no defraudarles y estar a la altura de mi compañero mientras compartamos senda.
Por último, les voy a dar gracias por haberme concedido el don de amar con toda mi alma, sin reservas, ofreciéndome por completo a mi amado, porque es la manera más hermosa de querer, y compadezco a aquel que no sea capaz de hacerlo.

Antes de irme, les voy a pedir solo una cosa. Como sé que soy débil, les voy a pedir que no me permitan olvidar lo que les he agradecido hoy. Porque doy las gracias por cosas por las que en su momento les maldije, y sé que volveré a tener ganas de maldecirles en el futuro. Por eso les pediré que me sigan permitiendo ver el mundo con mis ojos, éstos que ven la realidad tal como es y no como yo quisiera, y saber que el dolor no es una maldición, sino una prueba, y que el verdaderamente fuerte no es quien nunca cae, sino quien se levanta tras caer.
Que nunca permitan que olvide que a la larga, todo es para mejor.

3 de septiembre de 2008

Por fin me he enganchado a un foro

Si, no lo pude evitar. La verdad es que después de haber entrado, durado dos días, y salido de ochocientos mil treinta y cuatro foros, tiene mérito que me haya enganchado a uno.
Y bueno, el foro en cuestión es de la comunidad hispana que conocí en el World of Warcraft, y a muchos de los cuales conocí este fin de semana en Málaga, así que uno puede entender por qué en este caso sigo tomando parte activa...

2 de septiembre de 2008

Reseña

Hay cosas que uno se siente en la obligación de compartir con el mundo. A veces por su belleza, que es tanta que necesariamente debe compartirse entre varios, o no se podría soportar (tanta belleza que no pueda soportarse... curioso). A veces por lo feliz que le hace a uno, que siente que debe compartir esa felicidad con sus seres queridos. A veces por pura necesidad, porque si no lo hace, uno siente que le vaya a explotar el pecho. Y bueno, otras veces por otros motivos.

Escoged el motivo que queráis para explicar la necesidad en la que me veo de compartir esto con vosotros.

http://isoba-unlugarbajoelsol.blogspot.com/2008/08/apcrifo.html

Ceremonia

El brocado de su vestido le pesaba sobre el cuerpo como una lápida. Los delicados encajes que cubrían el corpiño y las mangas se le antojaron los barrotes de una cárcel, que no por hermosos dejaban de encerrarla en aquella túnica. Sus sirvientas habían apretado las cintas del corsé hasta tal punto que le costaba respirar, y mientras estaba ahí sentada, dejando que le recogieran las trenzas alrededor de su cráneo en un precioso moño, sentía que le faltaba el aliento por la angustia, como el reo que llevan al cadalso. Los zapatos eran demasiado pequeños para sus pies, pero se había pagado una gran cantidad por ellos, de manera que tendría que llevarlos. Así, pensó, cuando paseara por el pasillo central de la catedral, camino del altar, le dolerían tanto los pies que iría cojeando. No solo tendría que casarse con el contrahecho con el que le habían prometido, sino que además haría el ridículo delante de toda la ciudad.
No podía llorar, a no ser que quisiera estropear el complejo maquillaje con el que le habían pintado la cara, y estuviera dispuesta a pasar por el calvario de que le rascaran y pintarrajearan de nuevo la piel de la cara hasta dejársela dolorida. Pero de no ser por ello, se habría dejado llevar por la amargura que la embargaba. De todos modos, bastante rojos tenía los ojos después de haber llorado casi constantemente los últimos meses, rogando a su padre que rompiera aquel compromiso. Su ama la había reñido largamente al ver que se estropeaba la cara de aquella manera tan tonta, derramando lágrimas.
Las doncellas acabaron de peinarla, y le colocaron una bonita cofia bordada en la cabeza y un tocado de paño blanco sobre ella. Con la vista fija en el espejo, se levantó de su asiento, se calzó los bonitos y diminutos zapatos, y contempló su reflejo: Una doncella joven y dulce sepultada por montañas de tela y maquillaje, que la hacían parecer la vieja y gorda matrona en la que sin duda estaba condenada a convertirse.
La puerta se abrió lentamente. Las doncellas se echaron a un lado, silenciosas, dejando paso a su madre, que se acercó a ella con el rostro serio. Ella le dirigió una mirada suplicante, un último intento por librarse de aquel destino. Pero la mujer ignoró aquella súplica y, sin cambiar su serio semblante, y sin mirarla siquiera, le alargó el brazo a su hija para que lo tomara mientras decía las primeras palabras que le oía decir en meses.
- El novio está esperando.

1 de septiembre de 2008

Hoy toca reflexiones

No es que piense en ello constantemente, pero no sé si me termina de gustar sentirme diferente.

He sufrido durante toda mi vida el no poder integrarme en ningún lado. Ya no sólo era mi nombre, lo primero que me marcó en el colegio, y por el cual fui presa de multitud de bromas pesadas. Era mi manera de ser, mi manera de hablar y de comportarme, mis gustos. Todo en mi.
Lo del nombre lo superé pronto. Pero lo de ser rara lo llevé como un estigma hasta hace bien poco. Probé haciendo amistad con otro tipo de gente, también rara, que pensé que sería más afín a mi. Pero seguí sintiéndome fuera de lugar. Veía como frente a mi se hacían amistades inseparables, se formaban parejas, se compartía todo. Lo veía, y solamente eso. Yo estaba allí, y eso no les molestaba. Pero no era más que "la rara", nunca fui una más del grupo.
Y ser la rara entre una pandilla de raros ya tiene mérito.

Debido a mis inquietudes, he conocido a bastante gente peculiar en mi vida. Personas muy diferentes entre ellas, que sobresalían de la multitud por un motivo u otro, pero que se sentían integradas y a gusto en el grupo de gente a través del que yo les había conocido. A mi eso nunca me pasó. Siempre me sentí fuera de lugar, ajena a la intimidad que compartían los demás a mi alrededor.

No es que con el tiempo se me haya pasado, es que me acostumbré a este hecho. Puede que me diera cuenta que esas personas, que presumían de ser diferentes, no eran más que una copia del arquetipo de la tribu urbana a la que pertenecieran, pero yo, estuviera donde estuviese, siempre era diferente. Nunca era igual, al menos no totalmente, al resto.
Asumí el hecho de que nunca me sentiría a gusto en ningún lado.

Una vez alguien, al oír esto de mi boca, me respondió: "Encajas entre mis brazos".
Pero el tiempo ha demostrado que se equivocaba.

Y ahora que más o menos esgrimo con orgullo mi total incapacidad para integrarme en un grupo social, y que me tomo mi incomodidad cuando estoy con gente con más o menos humor, me da por preguntarme si no será más que una máscara para ocultar cuánto me duele no haberme sentido nunca parte de un grupo. No es que quisiera ser la reina del baile de graduación, entre otras cosas porque de eso no tenemos en España, pero...

Y lo peor es que, aún muriéndome de ganas de ser como los demás, yo misma me lo impido.

Grandes defectos femeninos - Parte 1: "Yo conseguiré que se enamore de mi"

Es este el error más común que se puede observar en las representantes del género femenino.

Un hombre, con ganas de pasarlo bien y poco más, le propone a una mujer (o la mujer le propone a él, aquí el orden de los factores no altera el producto) pasar un rato divertido. La mujer (o el hombre) acepta, y de hecho se divierten tanto que acuerdan "seguir divirtiéndose" del mismo modo en el futuro.
Y punto, solo eso, diversión.
Ah... pero el plan oculto de la mujer, tan segura de que el hombre ha quedado fascinado con sus encantos, es enamorarle poco a poco, en contra lo que convinieron y contra la intención de su partenaire, hasta que llegue un momento en que no pueda vivir sin ella.
Así comienza la historia. La continuación se puede adivinar, porque el que más o el que menos, si no lo ha vivido, conoce a alguien que sí. El hombre se sigue divirtiendo sin pensar en nada más, y es la mujer la que se va obsesionando poco a poco. Se siente dolida y humillada al ver que todas sus artimañas de seducción caen en saco roto. Rechazada cuando él prefiere pasar el fin de semana viendo el partido de fútbol con sus amigos, en vez de en un refugio de montaña con ella. No correspondida por todo lo que hace por él, y lo poco que recibe a cambio, y viendo que él no siente absolutamente nada - aparte de atracción física y, quizá, cierta simpatía - por ella.
Y suma y sigue, hasta que llega un punto en que la mujer, harta de que el hombre pase de ella, le eche tal rapapolvo (del que, por cierto, él no entenderá absolutamente nada) que le haga salir huyendo cual si de un atleta olímpico se tratara.
¡Oh, pobrecita mujer, qué mal la trata el hombre! ¡Cómo se ha desvivido ella por él, y que poco y que mal la ha correspondido! La pobrecita se siente tan desengañada que no querrá saber nada de los hombres en, por lo menos, dos semanas, y le contará a todo el que quiera - o no - escucharla lo mal que le trató su supuesto novio (que no era más que un amante ocasional, pero ese detalle ella lo ocultará con recelo, por lo poco conveniente), y lo mucho que la ignoraba.

Cuando un hombre dice "No me voy a enamorar de ti", ¿qué es lo que escucha exactamente una mujer? ¿Tenemos un factor proteico en nuestro adn que hace que no percibamos la palabra "no" cuando la pronuncia un hombre en ciertas frases? ¿Y qué es lo que nos hace pensar que somos tan fantabulosas que conseguiremos que cambie de idea? Porque si realmente fuéramos así, ¿no tendríamos ya pareja, y no necesitaríamos recurrir a engañar y manipular a alguien que solo quiere divertirse?
Si un hombre dice "quiero pasar un rato divertido", es que quiere sexo. En cualquiera de sus variantes, eso sí, pero nada más. Si le gusta, querrá repetir. Pero no porque se haya enamorado de su amante, sino porque le gusta hacerlo con su amante. Quizá muchas mujeres deberían consultar "amor" en un diccionario de sinónimos, y ver que entre las palabras sugeridas, "lujuria" no está entre ellas.
El resultado de la sordera selectiva de las mujeres en estos casos es que al implicado le saldrá fama de insensible y mentiroso, cortesía de la despechada en cuestión, que ni es despechada ni es nada, sino que solamente pecó de orgullosa en su momento, y no sabe reconocer que el error fue suyo por no atenerse a las normas que se pactaron. Mala fama que seguramente le cree problemas en el futuro, y que ni sabrá cómo se ha buscado ni por qué se la mereció.
Simplemente, no puedes reprocharle nada a un hombre que te dijo que no te iba a amar porque no te ame.
Que sí, que puede que tú seas esa mujer que consiga que aquel hombre superficial, hedonista, y que manifestó la primera vez que os acostasteis que aquello era sexo y nada más, caiga rendido a tus pies. No lo pongo en duda. Pero yo por si acaso, cuando un tío me diga eso, voy a optar por creerle.
Y quizá estaría bien que el resto comenzara a hacer lo mismo.