29 de octubre de 2008

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¿Aprenderé algún día a no preguntar cada vez que tenga curiosidad por saber algo?
¿Entrará en esta cabecita tan bien amueblada pero que tan poco uso, que hay cosas que, por nuestro propio bien, es mejor no saber?
¿Dejaré de pedir siempre sinceridad demoledora, en vez de contentarme con lo que realmente quiero oír?

Y lo que más me intriga de todo: Si sé que la respuesta me va a hacer daño, ¿por qué pregunto?

27 de octubre de 2008

Por qué los cuadros escoceses me sientan mal

Hoy, cuando he firmado el precontrato de mi nuevo trabajo, me ha parecido que estaba en una agencia de modelos.

La chica de recursos humanos con la que he hablado era todo elegancia y estilo: Pelo liso impecable, corte a la última, tipo escultural, ropa elegante a la vez que seductora, manicura francesa de salón de belleza, maquillaje casi imperceptible y muy elegante...

Yo había dormido mal, no me había lavado el pelo, estaba hinchada por la retención de líquidos del síndrome premenstrual - además de ser rellenita de por sí -, venía sudando porque debido a confundirme de tren en Chamartín llegaba diez minutos tarde, y me acababa de retocar el esmalte de uñas por tercera vez sin quitármelo antes.

Normalmente al compararme con mujeres de ese estilo se me hunde la moral, pero hoy, por algún extraño motivo, el resultado de la comparativa me ha hecho gracia. No sé, es que compararme con la mujer que me ha recibido hoy para firmar el contrato es como comparar las Churras con las Meninas. Simplemente, no jugamos en la misma división.

Seguramente influenciada por esta mujer, al llegar a mi barrio de vuelta a casa me he pasado por el centro comercial, me he metido en un Sfera, y he revisado meticulosamente todas las perchas, parabanes y estantes. Buscaba algo con estilo de verdad, algo que me redefiniera, que me diera una imagen nueva y radiante para mi nuevo trabajo. Quería reinventarme a mi misma, ponerme ropa que jamás me habría atrevido a llevar.
Cogí un vestido suelto de cuadros escoceses en tonos rojos y grises, un peto gris precioso y muy formal con jersey de cuello alto debajo, unos pantalones de vestir marrones (eso sí, con campana. Es lo único a lo que me niego a renunciar), una falda abullonada con cinturilla bordada, y una camiseta con el cuello anudado.

Ya en el probador, me puse primero el vestido rojo.
El aspecto que tenía ante el espejo era el de una muñeca repollo despeinada. Solo que más grotesca. Los cuadros escoceses no eran el problema, sino el vestido suelto, que me hacía parecer un saco de patatas.

El jersey negro pasó el examen, pero claro, necesitaba unos pantalones. Así que me probé los que había traído conmigo... sin demasiado éxito. No había talla 44, así que eran una triste 42, que si bien me entraba, dudo que hubiese aguantado de una pieza al sentarme.

Cuando me quité los pantalones y me puse el peto gris sobre el jersey, de pronto me pregunté desde cuándo estaba embarazada de seis meses... Cuando me di cuenta de por qué lo estaba pensando, me saqué el peto inmediatamente.

Lo siguiente fue la falda abullonada. Que al abrocharla, resultó ser la falda de la hermana gemela secreta de Steve Urkel.

La camiseta con el cuello anudado era preciosa, pero sin nada que ponerme debajo, no tenía ningún sentido comprarla...

Así que salí totalmente desanimada de los probadores, y me hundí aún más cuando me dijeron que no quedaba ninguna talla 44 de los pantalones que me gustaban.

Decidí darme otra vuelta, sólo por afán masoquista. Y encontré un parabán con vestidos negros de corte imperio. "Bueno", pensé, "no me reinventaré a mí misma, pero sigo necesitando ropa para mi nuevo trabajo". Así que me llevé al probador tres vestidos que eran básicamente iguales, salvo por los detalles del escote y las mangas. Y que eran básicamente iguales que el vestido que llevaba puesto, salvo por el escote y las mangas. Y, claro está, me encantaron, y se vinieron conmigo cuando salí de la tienda.

Para sentirme un poco mejor, además de una bonita bufanda a rayas de colores bastante llamativos, entré en la zapatería de al lado.
Bueno, realmente no fue por resarcirme, fue porque aunque los vestidos me quedaban bien, clamaban a gritos unas merceditas con tacón (calzado del que carezco).

Lo bueno fue que al menos el calzado sí que me quedaba bien: Unas preciosas merceditas de charol negro, con la suela atravesada por dos rayas blancas, con hebilla, y un tacón tremendamente alto y que se va estrechando hasta no ser más que una tira de caucho al llegar al suelo. Definitivamente, no es el tipo de zapato que llevo normalmente. Y así le añado un toque de picardía a mi manera de vestir, tan sosa y tan sobria.

La experiencia de esta mañana me ha hecho preguntarme por qué mi hermana está tan elegante con esos vestidos de estampados recargados, pero yo parezco un payaso de feria con ellos puestos... ¿No se supone que somos tan parecidas? ¿Entonces por qué la misma ropa a una le hace parecer la reina del glamour, y a otra la cerdita Peggy?

21 de octubre de 2008

Hubo un tiempo en que los dragones dominaban la tierra...

Como no lo voy a presentar al concurso, me he pasado un poco por el forro la restricción de longitud. Espero que os guste ^^

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Hubo un tiempo en el que el hombre no gobernaba sobre la tierra. Un tiempo en el que era un ser insignificante que se refugiaba en cavernas. En el que vivía atemorizado por el resto de los seres vivos, porque solamente era un raquítico ser con un cuerpo desprovisto de pelo, plumas o escamas, y con unas inútiles piernas que apenas le mantenían en pie.

Y en ese tiempo en que el hombre vivía atemorizado, en constante huida de sus depredadores, quienes reinaban en el planeta eran otros. Otros cuya sombra, al proyectarse sobre las colinas, provocaba el terror de todo ser vivo, y cuyo rugido hacía temblar las mismas raíces de la tierra.

En aquel tiempo, los dragones dominaban la tierra. Doblegaban a las mismas fuerzas de la naturaleza bajo su poder, provocando lluvias y vendavales allá donde lo deseaban, por el mero placer de ver la destrucción avanzar a su paso. Mataban, por necesidad y por placer, a todo animal que fuera lo bastante descuidado como para salir a campo abierto mientras ellos estaban observando. Elegían a unas razas como sus abanderados y luego las abandonaban, escogiendo otras a las que antes hubiesen perseguido, sólo para crear odio y envidia entre las especies inferiores.

Así de caprichosos eran estos monstruos. Caprichosos, y muy orgullosos. Pero por encima de su orgullo se alzaba el de alguien más poderoso que todos ellos, más grande en tamaño y en maldad, que con su fuerza se había impuesto a todos los demás dragones y se había ganado su respeto. Un monstruoso reptil rojo era quien gobernaba en aquellos tiempos. Rojo, con escamas que brillaban como rubíes a la luz de las llamas de su aliento. De tal envergadura, que con sus alas extendidas podían traer la noche a montañas y valles. Gustaba de demostrar su poder rugiendo, y qué rugidos eran aquellos. Si algún Dios hubiera existido por aquel entonces, habría salido huyendo al oírlos.

Como con toda raza orgullosa, el ansia de poder les trajo la destrucción a los dragones. Envidiosos por naturaleza, se unieron y alzaron contra su señor. Pero no había alianza que durara mucho, pues todos querían ser quien reinara en solitario.

Siglos y siglos pasaron, y el cielo fue testigo de las cruentas batallas que se libraron entre los reptiles, todos atacando a todos, sin bandos, sin aliados, sin piedad. Sólo les importaba matar al mayor número de ellos. Se aniquilaron los unos a los otros, hasta que el último murió desangrado por las heridas que le infringiera su último contendiente.

Aunque decir que todos los dragones murieron quizá es demasiado ingenuo, pues el gran dragón rojo, quien les gobernó a todos una vez, desapareció poco después de comenzar la guerra. Muchos se atribuyeron su muerte, pero nadie pudo acompañar su aserto con un cadáver. Aunque tampoco se le volvió a ver vivo nunca más. Desapareció junto con todos los de su raza, y con su desaparición, el resto de los dragones se olvidó de él, tan centrados estaban en matarse unos a otros.

Así que el mundo quedó libre del yugo de estos reptiles. Y muchos siglos después, es el hombre quien gobierna sobre la tierra. Esa criatura patética que, cuando se atrevió por fin a asomar fuera de sus cavernas, descubrió que su poder radicaba no en su cuerpo, sino en su inteligencia. Y que está viendo cómo su orgullo le lleva por el mismo camino que destruyó a los dragones.

A todos... salvo a uno. A uno que, quizá, está esperando el momento en que los humanos nos hayamos eliminado unos a otros, para volver a asomar su hocico al mundo, y reclamar el lugar que una vez le perteneció, y que ahora ostenta un pusilánime bípedo...

La pobre princesita - Final

Me dijeron que mi madre era una mujer bellísima. De cabellos largos y sedosos, ojos azules como el mar, modales intachables, risa cristalina...

Sí, me han contado un millar de cosas sobre mi madre, que murió dándome a luz. Me han dicho que tenía los cabellos negros como la noche más oscura, y también que los tenía dorados como un campo de maíz en verano. Que era delgada y de movimientos ágiles, y que era voluptuosa como una matrona. Que era enfermiza y delicada, y que era lozana y trabajadora...

Lo único que tiene aspecto de ser cierto es que mi madre era la criada del molinero. Y a todas luces, también su puta, porque cualquiera que nos vea juntos a él y a mi, por muy tonto que sea, es capaz de ver el parecido. Y nos ven juntos muy a menudo, porque no sé qué más habré heredado de mi madre, pero lo que sí ha pasado a mí es la condición de criado del molinero.

A veces, cuando me manda a limpiar la posada - la posadera enviudó recientemente, y a cambio de "ciertos favores", le está ayudando a llevar el local -, tengo la suerte de oír cosas interesantes mientras restriego el suelo de madera con arena y lejía. Oigo cómo caballeros bien vestidos, ataviados con capa y sombrero de ala ancha, conversan sobre la situación del reino. Reino, qué palabra más grande, cuando lo único que yo conozco es esta sucia aldea y estos suelos de madera que nunca terminan de estar limpios.

Escucho conversaciones sobre la caída de un reino. Sobre un ataque sorpresa, sobre una gran matanza en un castillo.

Parece ser que la única hija de los reyes no apareció entre las decenas de cadáveres. Nunca encontraron su cuerpo, y todos estos hombres con capa y sombrero que veo un día tras otro se dedican a buscarla desde hace muchos años. Algunos han desistido, otros siguen en su búsqueda. Porque esa niña es la heredera legítima del reino, y si ella o algún descendiente suyo les liderase, tendrían poder legítimo para levantarse contra el déspota de su actual señor.
Por no mencionar que todos y cada uno de los caballeros a los que he visto quieren desposarla, pese a que de encontrarla, podría ser la madre de la mayoría, y la abuela de alguno...

A veces fantaseo con que soy el hijo de esa mujer. He hecho cuentas, y no es del todo imposible, teniendo en cuenta que yo nací unos quince meses después de la caída de la familia real. Además, esta aldea queda muy cerca del castillo, la princesa podría haber llegado hasta aquí a pie.
Qué agradable sería ir vestido con suntuosas ropas en vez de con estos harapos, y que me sirvieran, en vez de ser yo quien sirve. Además, he visto alguno de los retratos de la princesa, y creo que me doy un aire a ella. Qué bonito sería salir de esta pocilga y ver el mundo que se extiende más allá de los campos de maíz y hortalizas...

Tengo que dejar de fantasear con estas estupideces. Me están retrasando, y aún tengo que limpiar las habitaciones y volver para prepararle la cena a mi padre antes de que vuelva de los campos, o me ganaré otra paliza...

20 de octubre de 2008

Feliz Mesversario ^^

El ron con lima me ha sentado fenomenal. La música me resulta muy agradable, me anima a bailar, a saltar al ritmo de los redobles de batería, de las melodías de las guitarras eléctricas. Me siento bien por primera vez en varios días, despreocupada, disfrutando de las sonrisas que me dirigen mis compañeros de garito cuando nuestras miradas coinciden.

Me preguntan qué tal me va. Me sorprendo de verlos tan cambiados. Me intereso por la nueva acompañante de uno de ellos. Pero el volumen de la música no da lugar a una conversación muy profunda. Así que simplemente bailamos, hacemos el ganso siguiendo la música, gritamos a pleno pulmón las letras de las canciones que estamos oyendo.

Y de repente me quedo paralizada. Es solo un momento, porque me pasa tan a menudo que he aprendido a disimular la impresión que me causa. El caso es que ahí, en mitad del garito, saltando al ritmo del Mago de Oz, y riendo mientras él despotrica sobre el grupo en cuestión, me asaltan las mismas preguntas de siempre.

¿Qué hago aquí con él?¿Es más, qué hace él aquí, conmigo? ¿Y por qué me mira de esa manera, como si estuviera viendo poco menos que a una diosa? ¿Qué narices me ha visto para querer estar conmigo? ¿Qué cable se le habrá cruzado, y cuánto tiempo tardará hasta que se arregle la avería? ¿Qué hay en mí que valga tanto como para que me quiera?
En esos momentos, le veo como un extraño que se ha equivocado de puerta, y sólo espero el momento en que se dará la vuelta en busca de su verdadera casa.

¿Y sabéis qué? Me encanta que me pase esto. Porque cada vez que le vuelvo a ver como a un extraño, cada vez que me sorprendo de verle a mi lado, de que me abrace o me bese, es como si todo empezara de nuevo. Todo lo que sentí al principio vuelve a estallarme en el pecho, con la misma fuerza, y me siento tan feliz que a veces me cuesta aguantarme las lágrimas.

Es como si llevase seis meses viviendo aquel primer día.

Feliz mesversario ^^

Trabajo fijo de funcionario, ¡Qué guay!

¡Ala! ¡qué suerte! ¡Un trabajo fijo asegurado! Qué envidia me da, y yo que aún ando con la carrera a cuestas, buscando trabajo, y siempre preocupada por el día de mañana... Debe ser una sensación genial saber que no tienes que preocuparte por el trabajo, que lo tienes asegurado para el resto de tus días. Sí, debe ser genial saber que pase lo que pase, el estado te asegurará ese puesto de trabajo durante toda tu vida...

Ehm... Sí, es genial, de veras, eso de tener el futuro resuelto, de saber que ya no tienes que preocuparte más por qué va a ser de ti, sin la preocupación de final de contrato, o reajuste de plantilla, sabiendo que vas a conservar el mismo trabajo hasta que te jubiles...

El mismo trabajo hasta que te jubiles... Día tras día, el mismo trabajo... Quiero decir, es excelente, saber que hagas lo que hagas no pueden echarte, porque tu puesto está asegurado... Ese puesto, no uno más arriba o más abajo; simplemente, ese, por los restos...

... Día tras día, repitiendo la misma tarea una y otra vez, sabiendo que nunca va a ser diferente, que mañana será igual que hoy, que ha sido igual que ayer...

Que tu vida ha llegado a su punto álgido, y a partir de ese momento va a mantenerse exactamente igual hasta el día de tu jubilación, sin estimulación intelectual, sin ambición, sin ninguna otra meta que conseguir, porque la meta era asegurarse un futuro, y ya que se ha logrado, no queda nada más que dejarse llevar por la monotonía, sin preocupaciones, sin emociones, sin...

No me malinterpretéis, sigo pensando que es genial... Dejar de preocuparse por tener que luchar para llegar vivo al final de cada día... Dejar de tener que superarse a uno mismo para que reconozcan su trabajo y su esfuerzo, quizá con un aumento, o quizá con una triste palmadita en la espalda... Poder vivir tranquilo, sabiendo que el futuro no te depara absolutamente ninguna sorpresa, ni buena ni mala, porque todo va a seguir igual a no ser que tú decidas lo contrario, y ese caso no se va a dar...

Dios Santo, no permitas que yo acabe igual...

18 de octubre de 2008

Plagiando a Shodan

Mírate, mujer. Una criatura patética llena de barreras y complejos, intentando imitar a aquellos a quien nunca les llegarás ni a la suela de los zapatos, mientras te adornas con estúpidas ropas y pinturas, pretendiendo que así podrás engañarte a ti misma. ¿Cómo te atreves siquiera a respirar el aire que les está destinado a los humanos de verdad?

No hay sitio para "Uno más"

El concepto "una más" siempre me ha molestado bastante. Me molesta pensar que he sido una más para personas que han tenido un significado especial para mi. Y me molesta porque para mi nunca ha habido alguien que fuera "uno más".
Sobre todo, tratándose de los hombres a los que he amado, no hay sitio para ese concepto. Todos ellos entraron en mi corazón, ahí se quedaron, y lo sepan o no, cuido y mimo su recuerdo, y les guste o no, no tengo ninguna intención de echarles de ahí.
Y todos ellos, aún aquellos para los que no signifiqué nada, me guardan en el suyo. Porque les di un pedazo de mi alma, y ni me arrepiento de habérselo dado ni quiero recuperarlo. Ahí está bien, con ellos, donde quiero que se quede. Lo sepan o no. Les guste o no.

14 de octubre de 2008

Entrevistas laborales

Hoy quiero hacer mención al apasionante mundo de las entrevistas laborales.

Debido a que en las últimas semanas he asistido a más entrevistas de trabajo que veces visto E.T., he podido observar ciertas "similitudes" entre los diferentes entrevistadores, y entre las entrevistas en sí.

En primer lugar, una envía un curriculum con sus estudios y su experiencia laboral, a modo carta de presentación, esperando que la llamen para una entrevista en la que pueda ampliar la información que da en él, y responder a las dudas que puedan presentárseles a los entrevistadores respecto a sus conocimientos y aptitudes.

A una la llaman de la empresa a la que envió el currículum, y lo primero que le dicen es "falta información".
¿Cómo que falta información? Ah, que debo describir de una manera más exhaustiva las tecnologías y lenguajes de programación con los que he trabajado... Bien, pensaba decir eso durante la entrevista, pero ya que insisten... Sí, redacto de nuevo el currículum y se lo envío.

Nueva llamada de la empresa. ¿Que tengo que describir de forma más exhaustiva los proyectos en los que he trabajado? Bueno, pensaba darles esa información durante la entrevista, pero si insisten... Sí, redacto de nuevo el currículum y se lo envío.

Siguiente llamada de la empresa. ¿Que tengo que desglosar qué asignaturas me quedan para acabar la carrera, y cuándo pienso acabarla, además de decir el curso en el que estoy? Bueno, esa información me parece bastante innecesaria, y en cualquier caso pensaba dársela durante la entrevista, pero en fin, si me lo piden, yo no tengo ningún inconveniente en añadirla a mi currículum. Sí, lo redacto de nuevo y se lo envío.

Sí, vale, he leído en muchas revistas y periódicos que el currículum es lo que va a hacer que te cojan o no en una empresa... Pero vamos a ver, un trozo de papel con una foto y cuatro líneas, por muy bien redactado (y "exhaustivamente" redactado, que parece ser la palabra favorita de los de recursos humanos) que esté, no puede sustituir a una entrevista en persona. Quiero decir: Imagínate que Hannibal Lecter tuviera el mejor curriculum del mundo, y lo enviase a una empresa muy bien redactado y con un montón de información que, por otro lado, se puede obtener de manera más directa a través de una entrevista. La empresa lo ve, y dice, "oye, este tío tiene pinta de ser un buen trabajador. ¡Contratémosle!".

Lo mejor de todo es cuando a una la llaman para hacer una entrevista. Se presenta allí con el discurso de "soy responsable, asertiva, y tengo una gran capacidad de autoaprendizaje" (cosa que me recomendaron poner en el currículum, pero que me negué en redondo a hacer), y cuando el entrevistador se sienta enfrente suya...
En primer lugar, quien le hace la entrevista no tiene ni papa de informática, por lo que no está en condiciones de juzgar si los conocimientos de los que una habla son reales, o se los está inventando ("Sí, soy experta en la plataforma Squarenix" "Tengo tres años de experiencia programando en J6RT").
En segundo, la persona que te entrevista se tira la mayor parte del tiempo hablándote de lo que la empresa te ofrecería en el caso de contratarte... antes incluso de saber si te van a contratar a ti. Vale, está muy bien saber que a sus contratados les hacen un seguro médico con Asisa, y que les dan tickets restaurante, pero si le soy franca, estaría más interesada en saber si me van a contratar a mi.
Y en último lugar, después de tragarte toda la información superflua que te dan sobre su empresa (que a fin de cuentas no es más que otra empresa más, y a efectos prácticos, una nomina a fin de mes), te sueltan que les has dado muy buena impresión, que pasarán tu curriculum al jefe de proyecto a ver qué pasa...
¿¡Qué!? ¿Que el jefe de proyecto NO ha visto mi curriculum? ¿Entonces para qué me dicen que se han interesado en mí para hacerme una entrevista, por el amor de Dios? ¿Para qué me cuentan todo ese rollo sobre si son pioneros en proyectos de innovación y desarrollo, o sobre los tickets restaurante, si resulta que el verdadero interesado ni siquiera ha visto mi curriculum? ¿No deberían haberme llamado si el interesado hubiese sentido interés en contratarme, y no al tuntun, como si aquello fuera una agencia de contactos en vez de una empresa de consultoría tecnológica?

Y bueno, cuando el jefe de proyecto ve tu curriculum... en fin. Que podrían haberse evitado toda la parafernalia de las veinte llamadas de teléfono para que retocaras el currículum, y de la misma entrevista.

Yo creo que los de recursos humanos se aburren mucho, y por eso conciertan entrevistas con gente que saben que no van a contratar. Para estar ocupados, y de paso, conocer gente.
Lo que yo digo, una agencia de contactos.

... Y la niñita se emancipó

Como alguno de vosotros ya sabréis, muy recientemente me he independizado.

Sí, volé del nido materno. Últimamente en mi vida han cambiado demasiadas cosas, tanto a mi alrededor como dentro de mi, y como consecuencia de estos cambios he conocido un montón de gente nueva, he recuperado viejas amistades, he retomado los estudios, y quizá lo mejore de todo, he recordado antiguos sueños que dejé abandonados en la cuneta ya ni me acuerdo cuándo.

Todas estas cosas, que han afectado mi vida y mi modo de ser en mayor o menor grado, me hicieron plantearme que había llegado el momento de elevar los cambios a un nivel superior... Me sentía lista para emprender el vuelo, lista para salir de debajo del ala protectora de mis padres, para empezar a valerme por mí misma. No solo me sentía preparada, sino que lo deseaba como nunca he deseado algo en la vida. Deseaba depender sólo de mí, ponerme a prueba, demostrarme que era capaz de llevar a cabo el más difícil todavía. Porque si no estaba preparada para hacerlo en ese momento, entonces nunca lo estaría.
Así que hice aquello con lo que fantaseaba desde hacía ya algunos años: Me puse de acuerdo con algunos amigos, buscamos algo que se ajustase a nuestra capacidad adquisitiva, y me mudé.

Llevo dos semanas viviendo en un pisito precioso en Fuenlabrada, que necesitó algo más que un barrido para estar presentable - y aún lo sigue necesitando -. Tengo un cuarto pequeñito con una cama empotrada que cuando se abre no deja espacio para nada más en la habitación. Cada vez que hago un viaje a mi casa para traer más cosas, me pregunto dónde diablos voy a meter tantos libros en un cuarto tan endiabladamente pequeño.
Pero es mi cuarto. Es mi piso. Es mi vida.

Por fin puedo decirlo: Es mi vida.

5 de octubre de 2008

Imagínate...

Imagínate que estás pasando el verano en un chalet. Uno de esos chalets de dos plantas, con solarium en el tejado, y un enorme jardín en la parte de atrás, con piscina y todo. De noche, el cielo despejado se ve repleto de estrellas, la luna brilla en todo su esplendor, apenas sí se oye ruido alguno que te recuerde que aún estás en la civilización...
Te encanta salir al jardín de noche con una tumbona, y sentarte cerca de la piscina, contemplando las estrellas mientras el sonido del agua mecida por la brisa te amodorra, hasta que caes dormida. Cada noche te duermes disfrutando del paisaje, y despiertas más relajada aún cada día.

Una noche, de madrugada, llevas dormida ya un rato cuando de pronto un ruido te despierta. Por un momento no sabes dónde estás, miras confundida a un lado y a otro, mientras tus ojos se acostumbran a la oscuridad. Comienzas a distinguir la forma de los muretes que separan tu jardín del de loschalets adyacentes, y la puerta de la parte de atrás del tuyo. Oyes un rumor de agua, y miras a la piscina que hay al lado de tu tumbona, pero el agua está totalmente en calma y apenas se oye el ruido de las pequeñas ondas chocando contra las paredes. Mientras aún tienes la vista puesta en tu piscina, vuelves a oír el ruido. Seguramente sea alguna de las piscinas de los vecinos, te dices, y vuelves a acomodarte en la tumbona, dispuesta a retomar tu rutina de todas las noches.
Y de pronto oyes una voz. Bueno, no exactamente una voz... lo que oyes es un gemido. Te sobresaltas, giras la cabeza de un lado a otro, pero aparte del rumor constante de la piscina del vecino, no ves ni oyes nada fuera de lo normal. Sea de quien sea esa voz, no está en tu jardín.
Vuelves a cerrar los ojos, sueltas un profundo suspiro, y te abandonas de nuevo al sueño.
Y de nuevo oyes un gemido.
Esta vez te incorporas en la tumbona, intrigada. Afinas el oído, y por debajo del rumor del agua te parece adivinar una respiración... una respiración acelerada. Te levantas y te acercas al murete que separa los dos jardines. Asomas la cabeza lentamente, no más de unos centímetros sobre la pared, temerosa de ser vista, pero no lo suficiente como para no mirar...
Y ves dos figuras oscuras en la piscina que hay en el jardín del chalet de al lado. La luz de la luna hace brillar las olas que levantan en el agua en la que estánsemisumergidos . Están pegados el uno al otro, y ahora que ves la escena, percibes más claramente sus respiraciones. Una es más fuerte que la otra, más entrecortada, y es esa la que gime de vez en cuando, aunque, ahora que te das cuenta, es cada vez más a menudo, y más fuerte.
No deberías estar mirando, te dices. Deberías volver a tu tumbona, o si no eres capaz de dormirte, entrar en tu habitación y dormir en tu cama. Pero sigues mirando a la pareja, cada vez más juntos, cada vez moviéndose más deprisa, removiendo el agua de la piscina más violentamente. Ves las manos de una de las figuras aferrar las escaleras de metal en las que están apoyados, a la par que el volumen de los gemidos aumenta un poco más.

Consigues al fin apartarte del murete, y prácticamente corres hasta tu cuarto. Te metes bajo las sábanas, e intentas olvidar lo que acabas de ver y conciliar el sueño. Pero no solo no consigues quitártelo de la cabeza hasta que te duermes, sino que, cuando lo haces, sueñas con ello.

Sueñas que estás sumergida en la piscina, que una figura oscura te sujeta firmemente contra su cuerpo. A través del agua helada, notas como su calor envuelve tu piel. Notas que el placer invade cada poro de tu cuerpo, mientras comenzáis a balancearos suavemente hacia adelante y atrás. Sientes deseos de gemir, de gritar, y sólo te contienes porque de hacerlo llamarías la atención de todo el vecindario.
Al aumentar la violencia del balanceo, notas contra tu espalda el frío de la pared de la piscina. Un escalofrío recorre tu columna, te arquea la espalda, se te escapa un gemido. Tu boca se abre en un grito mudo, un grito que no podrás contener por mucho tiempo...

Sí, imagínate que te sucede todo esto.