30 de julio de 2008

Destripando cuentos de hadas

El apuesto príncipe, engalanado con su brillante armadura, se ciñe la espada al cinturón, se monta en su brioso corcel, y parte al rescate de la dulce e inocente doncella, hija del posadero, que raptó de la aldea un dragón. La luz del alba reluce en su plateada armadura mientras se aleja hacia el acantilado donde reside la malvada bestia.
Ese mismo día, el príncipe vuelve a la aldea, con la luz del ocaso relumbrando de nuevo sobre el metal de su coraza, sujetando por la cintura a la doncella, que va sentada en la silla del caballo delante de él, e inundando de alegría los corazones de los aldeanos, que rebosan de agradecimiento y amor hacia su señor.

Una historia muy bucólica, ¿verdad? Pero vamos a repasarla punto por punto. En primer lugar, ¿qué es eso del apuesto príncipe de brillante armadura? Qué pasa, ¿que por haber nacido hijo de un rey tienes que ser apuesto, y convertirte en un caballero andante musculoso y solidario con tus súbditos? No puede haber nacido bajo o feo, o ser gordo, o un cobarde, no. Si es un príncipe, tiene que ser apuesto y valiente. Y haberse sacado de la manga un brioso corcel, una brillante armadura, y una espada Vorpal, por cierto.
En segundo lugar... ¿Alguien se cree que la hija del posadero vaya a seguir siendo doncella, trabajando de camarera en la posada de su padre? Por favor, que ya tenemos una edad. O la chica pesa ciento veinte kilos, tiene cara de cardo y no ha visto una pastilla de jabón desde que la bautizaron, o está más pasada por la piedra que un cuchillo de carnicero.
Y bueno, en lo tocante a los hechos... Reconstruyo la escena: Llega un dragón a una aldea de mala muerte rodeada de bosques y campos de cultivo, coge a una muchacha con una de sus zarpas sin hacerle un solo rasguño, y se la lleva volando por donde ha venido, sin causar ningún daño a la aldea ni a sus alrededores. Y unos quince minutos después, cuando los aldeanos aún son presa del pánico, aparece el príncipe (cuyo castillo queda a tres días de viaje a caballo) dando un "paseo matutino", y se les acerca solícito preguntándoles qué es lo que tanto les aflige, en lugar de reprenderles por estar de cháchara en vez de cultivando los campos cuyo tributo es el sustento de su padre y de su reino.
¿Y qué interés mueve a nuestro ideal príncipe azul para rescatar a una muchacha que ni siquiera supone fuerza de trabajo para cultivar los cereales con los que él comerá ese invierno? Porque un puñado de agricultores y ganaderos poco le puede ofrecer al príncipe que él no tenga ya... además de que si ese algo existiera, él lo cogería sin más, no necesitaría que los aldeanos se lo ofrecieran a cambio de nada.

Así que el príncipe, de modo totalmente desinteresado, decide ir a salvar a una camarera, cuyo segundo oficio es el de ser la ramera del pueblo, de las garras de un dragón que podría dar sombra a todo su castillo si llegara a sobrevolarlo. Y por supuesto, no tarda ni un día en hacer el camino hasta la guarida del dragón, matarlo, liberar a la muchacha, y devolverla al pueblo... en donde decide que va a llevarse con él a la chica al castillo, puesto que una doncella de tan singular belleza se merece un destino mejor que trabajar el campo durante toda su vida.
Al castillo. Se la lleva al castillo. ¿Suponemos que para desposarla? Mal supuesto. Porque un príncipe no se casaría con la ramera de una aldeucha de su feudo ni aunque le prometieran a cambio la vida eterna. Seguramente se la lleve para que se dedique exactamente a lo mismo que se dedicaba en su aldea natal, es decir, servir mesas y dar placer a los hombres, pero en vez de en la posada de su padre, en las cocinas del castillo. Pero claro, eso no lo saben ninguno de los aldeanos, que jamás podrán entrar en la ciudadela de su señor para comprobarlo, y que piensan, inocentes ellos, que el príncipe desposará a la muchacha y la hará feliz el resto de su vida.
Y por supuesto, la muchacha también lo cree. Hasta que llegan al castillo y el príncipe se la entrega a los mozos de cuadra para que hagan con ella lo que quieran, claro. Ahí ya empieza a darse cuenta de que algo va mal.

Está claro que este pequeño trato entre "apuesto príncipe" y "abominable dragón" les beneficia a los dos. Al reptil le dejan en paz, porque todo el mundo da por hecho que el príncipe le ha matado (de hecho, le mata cada vez que al dragón le da por "robar doncellas"). Y el príncipe tiene forma lícita de tener contento a su ejército, a su servidumbre y a sus vasallos, ya que cada vez que necesita una ramera nueva no tiene que cogerla a la fuerza de una de sus aldeas, sino que se la dan encantados los propios campesinos...

Y así todos están contentos. Incluido aquel que quiera creerse la versión romántica del cuento.

29 de julio de 2008

Cena en casa

En el frigorífico ya solo queda media docena de huevos, las cebollas y los tomates que había comprado hacía unos doce días. Había planeado comprar algo de comida al llegar a casa esa tarde, pero al entrar en casa de pronto las fuerzas la habían abandonado. Puso al fuego la sartén con aceite que no había usado el día anterior, sacó la bolsa de croquetas de la nevera, y mientras esperaba a poder freírlas puso la lavadora.
Sacó un par de latas de conserva por si se quedaba con hambre, y al sacar un plato del armario vio el bote con la mezcla de pimientas, aún sin usar. No se le ocurrió cómo estrenarlo con unas croquetas y unos palitos de merluza (había decidido tirar la casa por la ventana, y gastar todo lo que quedaba en la nevera), así que no la tocó.
Mientras cenaba puso la televisión. Era la hora en la que todas las cadenas daban las noticias, así que tuvo que conformarse con verlas. Parecía ser que el gobierno andaba diciendo cosas como que levantar el pie del acelerador generaba empleo... No escuchó más de dos frases; cuando oyó que se iban a regalar bombillas de bajo consumo a los ciudadanos, decidió que para cuentos ya leía ella muchos tebeos.
Al terminar de cenar, de nuevo la total falta de fuerzas se apoderó de ella. Decidió que no había nada malo en dejar los platos sucios en el fondo del inundado fregadero - le tenía que echar un ojo al desagüe - e ir a tumbarse al sofá a leer un poco mientras escuchaba la radio.
Miró el reloj. ¿Cuándo y cómo habían llegado las once de la noche? Pero si apenas acababa de llegar a su casa... Da igual, se dijo, encogiéndose de hombros. Para lo que estaba haciendo...
Se levantó del sofá, apagó todas las luces y aparatos eléctricos que había encendidos por la casa, y tras poner el despertador, se dejó caer en la cama.
Hacía eones que no se acostaba tan pronto. Se preguntó si sería capaz de dormirse pese a lo temprano que... zzzzz......

24 de julio de 2008

Pero mirad qué cosita más linda

Uno puede pensar que sus mejillas están hechas de porcelana, de lo blancas y brillantes que lucen. Sin una sola mancha o imperfección en su superficie, con ese cutis que sólo los niños muy pequeños pueden presumir de tener. Y fijaos en la curva que describen sus pómulos, sobresaliendo los rotundos mofletes, que luego caen suavemente hasta la naricita y los labios, como dos benévolas colinas protegiendo el tesoro que hay en el valle. Porque su nariz, pequeñita y ligeramente respingona, y sus labios, tan bien dibujados y simétricos que parece que alguien los haya retocado, son tan bonitos que deberían guardarse en un cofre y cerrarlo con llave, para que nadie pudiera estropearlos nunca. Unas largas y pobladas pestañas negras marcan dos semicírculos sobre sus párpados cerrados, la suave piel tensada sobre unos ojos que cuando están abiertos inundan de alegría a todo aquel que los mira.
La blanca carita destaca en el centro de un mar de rizos negros; bucles perfectos y brillantes, que parece que atrapen toda la luz que les llega de la sala y la devuelvan convertida en destellos negros y azules.
Lleva colocado el vestido blanco y rosa de tal manera que no se arrugue aunque esté tumbada. Las manitas blancas y regordetas sobresalen de los ribetes de encaje de las mangas, y relucen con un brillo nacarado, al igual que la cara. De hecho, toda ella parece emitir un leve destello, negro y azul en sus cabellos, de nácar en su piel de porcelana, y rosado en el resto de su cuerpo, que cubre el vestido más hermoso con el que nunca he visto a una niña.

Intento retener cada detalle durante el breve espacio de tiempo que la contemplo, apoyada sobre la madera blanca y rozando con mis dedos la tela satinada que la rodea. Fijo mis ojos en sus párpados cerrados, convencida por un instante de que si la miro con la suficiente fuerza, abrirá los ojos y volverá a mirarme como solo ella sabe hacerlo. Alargo el momento el máximo posible, llegando a resultar hasta maleducada para el resto de familiares y amigos que hacen cola tras de mi. Así que al final, a regañadientes, me enderezo y lentamente me aparto a un lado, mientras intento grabar a fuego en mi memoria esta última visión de ella.

Por fin, todos se han despedido. Cierran el ataúd, y tras un corto discurso del párroco, lo empujan hacia una de las salidas laterales, que da al crematorio. Muchos de los presentes están llorando, la madre solloza desconsolada en los brazos de su marido, y una de sus tías tiene que sentarse, mareada y exhausta de aguantarse las lágrimas. Miro la puerta por la que ha desaparecido la caja blanca que la contiene, con su cruz de plata incrustada en la tapa, y de pronto me acuerdo de algo que nunca le dije, y que ya jamás podré decirle. El desconsuelo que ya sentía comienza a crecer incontroladamente en mi pecho, y por primera vez desde que me dieron la noticia siento deseos de llorar. Cierro los ojos y pienso, si lo deseo con la suficiente fuerza, ella me oirá. Esté donde esté, me oirá. Solo tengo que concentrarme con todas mis fuerzas.
Y le dedico mi último pensamiento coherente antes de deshacerme yo también en llanto.

"Te quiero, hermanita"

Aún sigo guardando fotos de lolcats

... eso mismo

Dejando el World of Warcraft

He dejado mi comunidad de raids en el World of Warcraft.
Lo he hecho con todo el dolor de mi corazón, porque les tengo mucho cariño y me lo pasaba muy bien con ellos. Pero no tengo casi tiempo para jugar, y no consigo mantener el nivel necesario para estar donde estoy. He dejado un post bastante lacrimógeno - a mi al menos se me han saltado las lágrimas al escribirlo - en el foro de la comunidad, diciéndoles lo mucho que les voy a echar de menos y todo eso. Otras veces, cuando un miembro de la comunidad se ha ido, al dejar el post de despedida la gente le ha respondido, le ha deseado suerte, o le ha expresado su pesar ante su marcha. Después de postear mi despedida, y tras un tiempo prudencial, he vuelto a entrar en el foro a mirar mi post.
Nadie lo ha respondido.

He vuelto a caer en lo mismo de siempre: Sólo porque alguien sea importante para ti, no quiere decir que tú seas importante para ese alguien.

23 de julio de 2008

"Fábulas"

Ultimamente me he enganchado a la novela gráfica (que es como se suele llamar a un comic para adultos, por si alguien pregunta qué es eso) "Fábulas". Trata sobre los personajes de los mundos de fábula (como su nombre indica), que han tenido que huir de su mundo natal porque un "Enemigo" les ha invadido y masacrado, y ahora están en nuestro mundo, como lo llaman ellos, "de los mundanos", y tienen que apañarse para sobrevivir. Las historias son bastante crudas, los personajes muy reales y creíbles, sus problemas muy jodidos, y los finales casi nunca felices. Vamos, que tiene de cuento de hadas los nombres de los personajes, y poco más. Cada historia tiene un dibujante distinto, y además de los tomos que siguen la historia principal, hay tomos autoconclusivos que complementan a la primera, pero que no son necesarios para seguir el hilo. Algunas de las historias no brillan por la pericia de su dibujante, pero el argumento las salva a la mayoría.

Ahora bien, aparte de mi opinión personal sobre el argumento y el dibujo de Fábulas, tengo que añadir que me gusta leerlo, porque viendo que a los supuestos personajes de los cuentos de hadas les pasan las mismas cosas que a todo hijo de vecino me siento un poco menos timada. Quiero decir, muchas niñas de mi generación crecimos escuchando esos cuentos en los que la princesa - porque siempre es una princesa - encuentra al principe azul, y el final siempre es feliz, y viven felices y comen perdices... Y bueno, las habrá más crédulas y menos, pero cuando una abandona la niñez y la pubertad, y se da de boca con que la realidad se parece a lo que le contaron de pequeña como un huevo a una castaña... ¿Alguien más, aparte de mi, sintió ganas de pedir que le devolvieran el dinero?
Pero ahora es diferente. El Príncipe Azul le puso los cuernos a Blancanieves con su hermana RosaRoja. Los Siete Enanitos solo eran una panda de bándalos que se dedicaban a raptar doncellas para violarlas, y al final vieron su muerte a manos de la última de sus víctimas. Ricitos de Oro es una nazi reaccionaria con sed de sangre que se dedica a matar a todo el que no está de acuerdo con ella. Jack, el de las judías mágicas, es un timador al que todos sus intentos por hacerse rico le salen del revés.

Oye, eso sí se parece un poco más al mundo en el que me han soltado. Ese es el tipo de cuento que haría que una niña no se sintiera timada cuando dejase de ser niña. Bueno, igual le traumatizaría un poco la infancia, pero seguro que luego no se sentiría timada.

Mira, ahora, cuando piense en Blancanieves, no haré un mohín y me lamentaré porque a mi no me puedan pasar las cosas que le pasan a ella. En vez de eso, pensaré "Bueno, ella está igual de jodida que yo; mal de muchos..."

22 de julio de 2008

Diario de un chulo cualquiera

- Mus
- No hay mus
Siento la mirada de odio de mi compañero como si me estuviera disparando con un cañón antitanque, pero me da igual. Soy segunda mano, tengo rey caballo y treinta y dos, y eso solo en la primera dada. Es casi imposible que perdamos esta mano.
Pero perdemos.
Qué se le va a hacer, juego fatal al mus, y mi compañero juega casi tan mal como yo. Eso sí, todo el mundo está de acuerdo en que a faroles no nos gana nadie.
Cuando volvemos de la barra con cuatro tercios - dos para nosotros, dos para los ganadores de la mano, a los que tenemos que invitar - se nos han unido otras dos personas. Resulta que ya son las tres. Y eso que supuestamente solo iba a echar una partida después del desayuno, y luego iba a subirme a la biblioteca...
En fin, me digo, qué le vamos a hacer. Ya le echaré un vistazo al temario por la noche, porque he quedado para comer y la tarde la tengo pillada. Recojo mi mochila, le doy un último trago a mi cerveza, y me despido, no sin apreciar la desilusión en los rostros femeninos que se nos acaban de unir. Una de las chicas me lanza un guiño, y yo le correspondo pasándome la mano por el pelo y lanzándole una sonrisa pícara. A las tías les encanta esa sonrisa, aunque en mi opinión me hace parecer retrasado mental. Pero oye, si a ellas les gusta, mejor para mi.
Saliendo de la facultad, intento recordar el nombre de la morenita que me ha guiñado el ojo... Tenía un nombre corto, a juego con ella: Muy poquita cosa. Aunque es muy mona. Seguramente tenga su número de teléfono en la memoria del móvil, si es que consigo recordar cómo se llama. Igual la llamo este viernes, si me aburro.

Ella ha llegado puntual, como siempre, y me está esperando sentada en una mesa con dos bandejas de comida, una con su menú, y otro con el mío. Le gustará parecer servicial, en alguna especie de regresión al tiempo en que la misión fundamental de las mujeres era tener la casa limpia y la comida siempre a punto para su hombre. A mi me parece más servil que servicial, y me pone enfermo, pero aún así le dedico mi mejor sonrisa al agradecerle el detalle de pedirme la comida - que me voy a comer fría, por cierto, gracias a ella - antes de que llegara.
Parece ser que el estar juntos en el grupo de prácticas le ha hecho pensar que somos algo más que simples compañeros de clase, porque se toma ciertas licencias conmigo que es evidente que no se toma con el resto de tíos. A veces me entran ganas de gritarle que deje de poner cara de ahorcado y se comporte conforme a la edad que tiene, cuando me pone ojitos mientras moja una de sus patatas fritas en el kepchup que tengo yo para las mías. A saber quién demonios le ha dicho que aquello era sugerente....
Pero oye, después de que se haya tomado tantas molestias, vistiéndose - o desvistiéndose, porque con la cantidad de tela que lleva encima no sale ni un cleenex - como se ha vestido, y haciendo todo el numerito de los labios fruncidos cada vez que bebe, y poniendo los ojitos saltones y todo lo demás, no me sentiría bien si no la correspondiera... Soy un firme defensor de que el esfuerzo debe tener siempre recompensa.
Justo en ese momento no hay nadie en la planta de arriba, así que después de recoger las cosas le cojo el antebrazo y, con un guiño y mi sonrisa de deficiente - quiero decir, de pícaro -, le señalo los aseos con la cabeza. Ella tarda unos cinco segundos en comprender. Luego se pone roja, pero sonríe y me vuelve a poner ojitos - si vuelve a hacerlo una sola vez, me marcho por donde he venido -.
Duda un poco, pero me da que está fingiendo pudor, porque durante la comida lo único que le ha faltado es tirar las cosas de la mesa, tumbarse encima y abrirse de piernas, así que ahora que no me venga con que se lo está pensando. Tiro de su brazo con un poco más de fuerza y, efectivamente, su resistencia era de palo, porque se dirige hacia los baños bastante más rápido que yo.
Anda que... menudo zorrón.
Espero que luego no me pida que la llame, porque ahora que caigo, tampoco sé cómo se llama...

He quedado con Elena en la ludoteca; me prometió que me daría la revancha, y como ha estudiado durante el curso puede tomarse una tarde libre en época de exámenes. Y como yo no estudio, también puedo tomármela.
Ha llegado antes que yo, y está en una de las enormes mesas redondas, con una jarra de cerveza a medias y un libro.
- ¿Cuál es esta vez? - me siento enfrente suya, y le quito el libro. Ella me responde con un bufido y me perdona la vida con la mirada mientras señala el reloj - si, vale, lo siento. Pero esta vez solo han sido veinte minutos... Ajá, éste aún no me lo he leído - lo devuelvo a su regazo - ya me lo prestarás.
- Claro, en cuanto me devuelvas los otros tres que te presté. Anda, haz algo útil y pide el tablero.

Estamos toda la tarde jugando. Bueno, en honor a la verdad, Elena se tira toda la tarde machacándome. Y también hablamos. No sé cómo surge, pero le cuento el numerito de la hora de la comida, y se parte de risa. Me llama de todo - aunque siempre desde el cariño, añade al final de cada frase - entre carcajada y carcajada. Aunque no sé qué se podía esperar de mi en aquella situación. Quiero decir, si una tía viene pidiéndome sexo a gritos, ¿yo quién soy para negárselo? Si la chica se hubiera limitado a comer y hablar, es decir, a comportarse como una persona normal, yo nunca me la habría llevado a los servicios.
Le explico mi opinión, y lo único que consigo es que se ría aún con más fuerza. No creas, me dice, entiendo tu punto de vista. Pero sigue riéndose. Y bueno, bien pensado, es que tiene gracia.

Cuando nos estamos despidiendo comenta si algún día comenzaré a darme cuenta de que las tías son algo más que muñecas hinchables articuladas. Lo comenta de buenas, con una sonrisa en los labios. Y luego se marcha por donde vino, sin mirar atrás una sola vez.
Ya sé que las mujeres son algo más que muñecas hinchables articuladas, joder. Pero es que yo solo conozco a una mujer. El resto de tías que conozco se comportan de un modo más parecido a perras en celo que a seres humanos... ¿así que cómo puedo yo tomármelas por otra cosa?

21 de julio de 2008

Salir de tapas

Hoy en el trabajo, a eso de la una y media, me ha dado un antojo. Aprovechando la jornada intensiva, se me ha antojado irme de tapeo con los amigos a la salida del curro.
He cogido el móvil, dispuesta a hacer un par de llamadas telefónicas, o quizá mandar un par de smss.
La primera persona que me ha venido a la cabeza, hoy ha pasado todo el día en el hospital porque su hermana está de parto, así que la he descartado mentalmente.
He desistido de mandar un sms a la segunda persona que se me ha ocurrido incluso antes de empezar a escribirlo. Es una persona bastante ocupada, con una vida social perfectamente comparable a la de uno de estos reyes europeos que tanto salen en la prensa rosa. Lo cual viene a decir que seguramente no podría quedar hoy, porque ya tendría planes. Además, siempre que quedo con él le acabo contando mis penas, y me da vergüenza darle un toque por si se piensa que ya le quiero usar de paño de lágrimas de nuevo.
He pensado en más posibles candidatos. Se me han ocurrido unos cuantos, pero no tengo suficiente confianza con ellos, y además no trabajan, por lo que a) ya habrían comido para las tres de la tarde, cuando yo salgo, y b) no tendrían dinero para salir de tapas un lunes sin venir a cuento.
Así que he seguido pensando. Y pensando. Y pensando.

Veinte minutos después estaba bastante consternada. No se me había ocurrido nadie a quien llamar para salir a tomar unas cervezas. Y eso a pesar de que conozco a bastante gente, y con la mayoría de ellos no me llevo mal en absoluto. Pero no había nadie de ellos con quien "quisiera" ir de cañas.
Así que han dado las tres, he recogido mis cosas, y me he ido a casa.

Necesito tener la cabeza ocupada. Pero ocupe mi tiempo como lo ocupe, si no estoy con más gente siempre acabo volviendo a mortificarme. Así que es gracioso que no se me ocurra nadie a quien llamar cuando realmente me apetece salir, y no es una simple maniobra para no comerme la cabeza.
Y lo peor es que no se me ocurre nadie a quien llamar porque no soporto estar con gente.

He pasado de ir de tapas sola, por mucho que me apeteciera, porque me parecía demasiado triste hasta viniendo de mi. Tan solo espero que, como resultado del antojo de hoy, no vaya a salirme mi primer hijo con un tercio de mahou en la frente.

16 de julio de 2008

Me pasa todos los veranos

Me lleva pasando todos los veranos, desde aquel primer año que mis padres se fueron al pueblo en Julio y Agosto, y me dejaron la casa para mi solita. Como bien enuncia la ley de Murphy, al igual que en época de exámenes siempre surge algo que te impide estudiar lo suficiente, cuando tienes todo el tiempo del mundo para holgazanear (obviando las ocho horas diarias de trabajo, claro), te da pánico tener la cabeza desocupada.
Siempre me surge algún tipo de problema que hace que tema los momentos de inactividad como si fueran la peste. Más o menos me las apaño durante el día, leyendo, navegando por Internet, yendo de compras o saliendo con los amigos. Pero cuando llega la noche ya no hay actividad que valga... Siempre intento acostarme tarde, y lo suficientemente cansada como para caer dormida según me tumbe en la cama. Pero como realmente no hago ningún esfuerzo físico, es totalmente imposible que me canse lo suficiente como para conseguirlo. Y me quedo tumbada en la cama, dando vueltas yo y dándoselas a mi cabeza, hasta que Dios sabe qué fuerza benévola decide hacerme caer en la inconsciencia.
Aunque luego están las pesadillas. Una vez me duermo, mi entrañable amigo el cerebro parece negarse a dejar de funcionar, y sueño todo tipo de cosas desagradables. Con suerte simplemente serán pesadillas normales, pero algunas veces son sueños relacionados con los temas que he estado ahuyentando durante todo el día a base de no parar quieta.
El resultado es que ni duermo ni descanso lo suficiente, y suelo dormirme por las mañanas. Cuando no trabajaba esto no era un problema grave. Pero desde que me tengo que levantar a las seis y cuarto para ir al trabajo, está empezando a resultar un problema más que grave. Y lo peor es que tanto pensar y tan poco dormir me van destrozando poco a poco los nervios, lo cual me causa insomnio... Que lo que me sucede a mi en verano es un círculo vicioso, vaya.

Hoy he pasado toda la tarde temiendo el momento de tener que volver a casa. Cuando parecía evidente que tendría que hacerlo, intenté por todos los medios no pasar la noche sola: Me aterra la sola idea de tumbarme en la cama y empezar a pensar.
Pero no ha habido suerte, supongo que porque es miércoles y mañana la gente tendrá que madrugar (y yo también, todo sea dicho).

Y ahora estoy sola en mi cuarto, a la una de la mañana, mirando con miedo el colchón en el que antes o después me tumbaré para intentar dormir un par de horas, y en el que seguramente pase la primera hora de "sueño" dando vueltas de un lado a otro, pensando.
Por eso escribo esto, para no tener que acostarme todavía.

En fin

No es por quitarle dramatismo a los culebrones que la gente sin vida se monta para sentir su existencia un poco menos vana, pero en mi opinión, las personas que sí tienen asuntos importantes de los que preocuparse no pierden el tiempo urdiendo intrigas contra ellos, sino que se preocupan por lo que les sucede en su vida, que además de real, es de mayor relevancia que los desvaríos de alguien con demasiado tiempo libre.
También en mi opinión, hay gente que no debería ver tantas telenovelas hispanoamericanas. Se acaban creyendo que la vida es como en ellas. Y ya cuando tienen el ego suficiente como para creerse los héroes de su propio culebrón, y empiezan a hablar como en ellos...

15 de julio de 2008

Pensamiento del día XDD

Ahora que oficialmente ya soy programadora, puedo salir a la calle con ese pantalón pareo fucsia con flores bordadas que tanto me gusta, sin miedo al ridículo.
Oh, se me olvidaba comentarlo. La mayoría de los programadores son unos horteras.

11 de julio de 2008

Lobo y la Caperucita Feroz (parte 8 - Final)

A partir de aquel día, el guardabosques procuró tratar lo menos posible a Caperucita y a su madre. Todo el mundo sabía que la niña era caprichosa, maleducada y alborotadora. La mitad de las madres de la aldea la odiaban porque arrastraba a sus hijos con ella en sus travesuras. Y respecto a su madre, era un claro ejemplo de ceguera condicionada: Nada malo que le dijeran sobre su hija podía ser cierto. Desde que su esposo muriera, Caperucita se había convertido en una especie de apóstol al que ella idolatraba y consentía. Todo el que conocía a hija y madre estaba de acuerdo en que si la niña era así, era en gran parte gracias a la educación que había recibido.

Pero lo que jamás se le ocurriría a nadie en la aldea es que la muchacha fuera una asesina. Y menos al guardabosques. Admitía que la niña era bastante irascible, y que los días que visitaba a la anciana y estaba ella en la casa, su actitud hacia él y hacia su abuela siempre había sido de odio mal disimulado. Claro que el comportamiento de aquella señora tampoco era como para cogerle cariño. Seguramente iba en los genes.

Realmente, el guardabosques se negaba a creer que todo aquello fuera un ardid de Caperucita. Pero había demasiadas evidencias... El rastro de sangre que se había encontrado en el sendero pertenecía, sin lugar a dudas, al lobo que había encontrado medio muerto en la casa de la anciana. Y ese camino era el que tomaba Caperucita para ir a ver a su abuela. Por otro lado, la niña le había dicho que la pistola con la que intentó defenderse de aquel monstruo la había puesto allí su madre, para que la pobre anciana tuviera con qué defenderse en caso de necesidad. Pero la madre no sabía nada de un arma. Y por el reguero se sangre, el lobo había sido herido mucho antes de llegar a la casa de la vieja. Y además, ¿como es que devoró a la vieja masticando minuciosamente cada bocado, y a la niña se la tragó entera? La abuela estaba medio digerida, así que estaba claro que se la había tragado bastante antes que a Caperucita, al contrario de lo que ella había dicho. Por último, el lobo estaba casi desangrado cuando lo encontró, y si la niña acababa de dispararle, por las heridas que tenía era totalmente imposible que hubiera perdido tanta sangre en tan poco tiempo.

Todo eran incongruencias. Pero si realmente era aquella niña el verdadero monstruo... Al guardabosques le daba verdadero terror pensar qué sería capaz de hacer con él una niña que había dado buena cuenta de su abuela y de una bestia como la que había visto en aquella casa, y había sido capaz de disfrazarlo todo de trágico accidente.

Mejor hacer como que se había tragado el cuento, e intentar tratar lo menos posible a Caperucita en el futuro... Y si era totalmente obligatorio volver a verla, ya se procuraría él no disgustarla, si es que realmente apreciaba su vida.

10 de julio de 2008

Hoy en Barrio Sésamo: Preservativos

Imagínate la siguiente situación:
Entras en la farmacia para comprar preservativos. Cruzas las puertas del establecimiento, y te colocas frente al estante en el que los tienen expuestos. Por lo pronto hay de dos marcas, pero eso no importa realmente, con que no se rompa te da igual la marca que sea. Pero aparte de haber dos marcas, en el estante hay como dos docenas de cajas de diferentes colores. En una primera criba ves que están los que se colocan fácilmente y los que no. Vale, obviamente, uno prefiere los que se colocan fácilmente, hasta aquí no es tan difícil discriminar.
Pero luego están los que retrasan. Y luego los que aceleran. Y los estriados. Y los extrafinos. Y los de efecto frío (¿?). Y los XL. Y los XXL. Y los lubricados. Y los impregnados con espermicida. Y los de sabores.
Qué pretenden los fabricantes de preservativos haciéndolos de tantos tipos, ¿confundirnos con tanta variedad? ¿Para qué se supone que sirven las estrías? ¿Y qué narices es eso del efecto frío? ¿Para qué narices quiere uno que el preservativo sepa a chocolate, por Dios? ¿Cómo se supone que un trozo de plástico va a acelerar el proceso? ¿Y cómo va a retrasarlo?
Te decides: Quieres unos que se pongan fácilmente, pero que no tengan nada más. No quieres estrías, ni grosor extra, ni grosor de menos, ni sabor a fresa, ni tamaño grande, ni tamaño extra grande. Unos normalillos y cómodos, ya está. Buscas el paquete en la estantería.
Y no hay de esos. No hay preservativos normales y corrientes, sin ningún extra. Bueno, de hecho, sí hay preservativos normales, pero no de colocación fácil. Y la última vez que compraste unos que no eran de colocación fácil, tiraste media caja a la basura.
Te preguntas si los fabricantes de preservativos serán todos unos pervertidos fetichistas, o si pensarán que los que somos unos pervertidos fetichistas somos los usuarios. ¿Por qué te obligan a comprar todas esas excentricidades, si tu lo único que quieres es echar un polvo normal y corriente?
Y ahora, el final de la escena... ¿Sales de la farmacia sin comprar nada, confundido y contrariado? ¿O compras algún paquete de los estrambóticos, porque total, todos sirven para lo mismo, al fin y al cabo?

8 de julio de 2008

Lobo y la Caperucita Feroz (parte 7)

La alfombra que se hizo con la piel del lobo era tan inmensa que hubo que recortarla, y aún así cubría el suelo de todo el salón. El pelaje de la bestia era muy suave, e invitaba a caminar descalzo sobre él. Caperucita se acostumbró a quitarse los zapatos al llegar a casa, solo para poder disfrutar de la suavidad del pellejo curtido de aquel animal.
Ese pequeño gesto solía alegrarle el día, por malo que hubiera sido, porque le hacía recordar cómo había llegado al suelo del salón aquella alfombra: Cómo había podido deshacerse de la carcamal de su abuela quedando absuelta de toda culpa.
En su plan original para acabar con la vieja, Caperucita contaba con que la descerebrada de su madre, que no distinguía entre un caniche y una tetera, creyera la versión de su hija a pies juntillas y no hiciera preguntas sobre la desaparición de su madre. Pero había demasiados cabos sueltos, y corría el riesgo de que alguien terminara agarrando uno. Sin embargo, como fue el lobo quien mató a su abuela, devorándola, entonces sí que nadie podría sospechar nunca de ella.
También tuvo la suerte de que pasara por ahí el guardabosques, porque así hubo un testigo que respaldó su historia. Además, se suponía que ella era una niña indefensa. ¿cómo iba a haber matado a un lobo de tamaña envergadura ella sola, por muy armada que estuviera?
"Lo mejor vino cuando llegamos a casa, y monté el numerito de las lágrimas y la histeria", pensó mientras salía del salón y se dirigía a su cuarto. No cabía duda de que había sido una gran interpretación, la de aquella tarde. Y la de los sollozos al día siguiente, cuando su madre la despertó con un cuenco de fresas con nata y medio bizcocho de yogur.
Caperucita decidió fingir que tardaba en superar lo que sucedió aquel día, en parte porque se suponía que alguien tan sensible como ella no se repondría de inmediato, y en parte porque aunque ella ya era una niña mimada de por sí, estaba disfrutando de lo lindo con los cuidados extra que recibía de su madre: Pudo faltar a clase durante casi dos meses, durante los cuales no tuvo que limpiar ni ordenar su cuarto ni una sola vez, y pudo comer cuanto quiso a cualquier hora del día.
Sí, definitivamente, aquel día en el bosque la suerte le había sonreído.

7 de julio de 2008

Simone de Beauvoir & Sartre

Cuando estaba en tercero de carrera, me cogí como asignatura de libre configuración "Perspectivas del Feminismo Contemporáneo". No fui a más de siete clases, porque en seguida me di cuenta de que aquello más que una asignatura era una excusa para que una feminista recalcitrante disertara sobre sus ideas, no sobre las ideas de las mujeres que debíamos estar estudiando.
No obstante, algo aprendí de la primera mujer sobre la que estudiamos, Simone de Beauvoir. Como en el instituto estudié minimamente a Jean Paul Sartre, me quedé con el dato de que, de jóvenes, estos dos personajes habían estado juntos. Me costó asimilar el hecho de que, pese a dejar de ser pareja, estuvieran "juntos" durante el resto de su vida, y fuera ella la que le cuidara cuando él se quedó ciego y ya no podía valerse por sí mismo.
Parece ser que Sartre introdujo a Simone de Beauvoir en los círculos intelectuales del momento, algo bastante extraño teniendo en cuenta que era una mujer. Y también le enseñó filosofía, por lo visto. O sea que, dejando a un lado la relación carnal, Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre estaban unidos por sus inquietudes intelectuales.
Es curioso. Una relación sentimental que no duró mucho más de lo que dura un caramelo en la puerta de una escuela, pero una intelectual que se alargó durante toda su vida, y fue muchísimo más fuerte que la primera.
Y es que no sólo en los tiempos que corren es difícil encontrar a alguien que nos estimule intelectualmente. Parece ser que siempre ha sido bastante complicado. No me extraña que Simone, al encontrar a alguien así, no quisiera separarse de él en toda su vida, por mucho que ya no fueran amantes.

4 de julio de 2008

Lobo y la Caperucita Feroz (parte 6)

La madre de caperucita estaba destrozada. No podía creer lo que estaba oyendo. Su madre había muerto devorada por un lobo gigantesco, y su queridísima hija, que había corrido la misma suerte, había estado también a punto de morir.
Casi le dio un ataque cuando vio a caperucita llegar a su casa, con las ropas cubiertas de sangre y la piel llena de ronchas, y justo detrás de ella al guardabosques, con cara de pocos amigos y la escopeta al hombro en vez de colgando a la espalda. La niña, que temblaba como una hoja, se abrazó a su madre llorando desconsoládamente, y por más que le preguntó, lo único que salió de su garganta fueron sollozos e hipidos.
Cuando logró tranquilizar a la niña, gracias en parte a una dosis de calmantes que habría sido capaz de adormecer a un elefante, y acostarla en su cuarto, el guardabosques le contó cómo había encontrado al lobo en la casa de la anciana, tumbado en la cama y con la tripa abultada por el festín que se acababa de dar. Le contó también cómo le había pegado un tiro en la cabeza antes de que se despertara y le había rajado el vientre para encontrar a la niña cubierta de sangre y con la piel quemada por los ácidos del estómago de la bestia, y los restos a medio digerir de lo que había sido la anciana.
Mientras duró la historia, la madre de caperucita se las apañó para mantenerse serena, pero en cuanto el guardabosques terminó de hablar, se deshizo en llanto. Su pobre hija había tenido que pasar por todo aquello. La niña de sus ojos, a la que tanto mimaba y consentía, y que no conocería la adversidad mientras ella pudiera evitarlo, devorada por un monstruo, y digerida junto con los despojos de su abuela... Incluso imaginarlo era ya demasiado terrible.
- ... y menos mal que la niña tuvo la presencia de ánimo como para coger el arma que usted le había dejado a su madre por si necesitara defenderse...
La mujer levantó la cabeza, que hasta ese momento había tenido gacha y sujeta entre las manos.
- ¿qué arma?
El guardabosques arqueó una ceja, pero no dijo nada más. La mujer estaba demasiado conmocionada para entender nada, así que al ver que él no pensaba seguir hablando, volvió a bajar la cabeza.
Notó las manos del guardabosques en sus hombros.
- No se preocupe señora. La niña está a salvo. Ha sufrido una pérdida, pero al menos la pequeña ha salido con vida. Olvidará rápido, a los jóvenes las cosas malas en seguida se les olvidan - las palabras de consuelo tuvieron el efecto contrario en la pobre mujer, que se puso a llorar con más fuerza. El guardabosques la abrazó, solícito, intentando tranquilizarla, pero la mujer no podía parar de llorar.
No se podía ni imaginar qué habría sido de ella si su hijita, que ahora mismo dormía inocente en su cuarto, hubiese muerto...

3 de julio de 2008

Prensa y Eurocopa

Fascinante. Cómo cambian las cosas dependiendo de lo que haga uno... XD
No tiene desperdicio, echadle un ojo.


http://blog.franlopez.es/2008/07/02/la-prensa-deportiva-y-la-seleccion/

Ética profesional

Él era el resultado de un experimento fallido. Aproximadamente el ochenta por ciento de los experimentos del laboratorio pueden considerarse "Fallidos" de un modo u otro. Todos los días, cuando recorro el trecho de pasillo desde la entrada hasta las taquillas, oigo sus gritos a través de las paredes. Unos gritan de dolor, otros rugen de rabia... aunque la inmensa mayoría carece del intelecto deseado, y simplemente aulla porque lo hace el resto.

Él fue el primer intento de crear desde cero al soldado perfecto. En vez de inducir cambios en el adn de un adulto por medios artificiales y altamente agresivos, se modificó la estructura genética de una sola célula madre, y se indujo su autorreplicación hasta conseguir un espécimen completo. La técnica era totalmente nueva, y como primera prueba sólo se introdujo un cambio: Genes de felino. En teoría, el individuo resultante sería totalmente humano, pero vería en la oscuridad, y tendría el oído, la agilidad y la rapidez de un felino.

Los resultados prácticos comenzaron a diferenciarse de los teóricos desde la etapa de feto: Las orejas del espécimen estaban situadas en lo alto de la cabeza, y eran de felino, no de ser humano.

Yo fui la encargada de vigilar el comportamiento y capacidades del ser cuyo nombre era AR-46, que pasó a considerarse Fallido desde el momento en que el supervisor distinguió aquellas orejas anómalas. Se forzó el crecimiento del espécimen hasta la fase adolescente, y se estableció un periodo de estudio de dos meses antes de su eliminación.


AR-46 se comportaba, en todos los aspectos, como un gato. Las pruebas encefálicas revelaron que, efectivamente, el niño tenía el intelecto de un felino. No suelo encariñarme con los experimentos que superviso, pero aquel ser me tocó la fibra sensible. En el mes y medio que duró la observación, simpaticé tanto con él que incluso guardo una fotografía suya en la cartera. Él no era agresivo ni repulsivo, como lo son la mayoría de los Fallidos. Era un niño inocente al que no se le consideró nunca un ser vivo porque en vez de nacer, había sido creado artificialmente por unos cuantos científicos que jugaban a ser Dios.

AR-46 hizo que me planteara si lo que hacíamos, jugar con la vida de tantos seres humanos, era realmente ético. Cada vez que miro la fotografía que guardo de él en la cartera, de aquella vez que una mariposa se coló en su contenedor, me pregunto si los motivos que me hicieron firmar el documento de adscripción a aquel proyecto siguen valiéndome ahora.

Cada vez que miro sus ojos de niño asombrado ante la belleza de las alas del insecto, que en la fotografía está posado sobre su hocico de gato, pienso que lo que le hicimos fue muy cruel. No solo eliminarlo como si fuera un simple documento caducado, sino modificar sus genes de la manera más irresponsable, "por ver qué pasaba", y crearlo de aquel modo, sin tener en cuenta lo que realmente era: Un ser humano.