28 de diciembre de 2009

Y cuando se acabe la comida...

Hace ya treinta y dos días. O puede que más. Sólo tengo recuerdos sueltos de los últimos días, desde que llegamos al instituto. Y antes de ello, todo lo que recuerdo son gritos y sangre... Gente gritando, primero en la calle, luego en el edificio... Alguien tirando de mi brazo, gritando más alto que todos los demás, abriéndose paso por entre la gente espantada y arrastrándome tras de sí... Luego cayendo presa de esas cosas, desangrándose... Sólo vi sangre a partir de ese momento, más y más sangre por todos lados: Gente corriendo salpicándolo todo con su sangre, cuerpos mutilados encharcando el suelo, sangre goteando de los labios y las manos de esos seres...

Ni siquiera recuerdo cómo entré en el instituto. Está rodeado de una valla que permanece cerrada en todo momento, así que puede que trepase. O puede que alguien me encontrara y me trajera aquí. El caso es que de pronto abrí los ojos, y ya no estaba en la calle rodeada de gente espantada corriendo de un lado para otro, ni huyendo de cadáveres hambrientos. Me encontraba en un aula, y las personas a mi alrededor eran normales, y no gritaban. Estaba a salvo.

Aunque no parece que estemos a salvo aquí dentro. Todo el mundo permanece serio, apenas hablan los unos con los otros, y cuando lo hacen no levantan la voz. Casi no duermen, y en las ventanas del último piso siempre hay alguien agazapado, vigilando el exterior e intentando no ser visto, como si temiese que esas cosas fuesen a reconocerles y a intentar entrar trepando. No es que crea que esos cadáveres andantes puedan reconocer algo que esté a más de un palmo de distancia de su cara, pero prefiero no arriesgarme, y cuando me toca vigilar, yo también me agazapo tras los pupitres, como he visto hacer al resto.

Tampoco hay comida. Bueno, comida sí que hay, pero no la suficiente para todos. Y se está acabando. Por eso nadie sonríe, y cada vez están todos más tensos, porque todos saben que tarde o temprano tendremos que salir de aquí en busca de comida.

Y cuando tengamos que salir de aquí, comenzarán de nuevo los gritos y la sangre. De eso no me cabe duda.

24 de diciembre de 2009

Navidad, navidad...

Es navidad.

Sí, a estas horas, oficialmente, ya ha nacido el niño Jesús (al cual le va a tocar quedarse en el pesebre pasando frío hasta dentro de dos semanas que lleguen los reyes a adorarle, por cierto). Y eso, por algún motivo que no logro entender del todo, tiene que hacernos sentirnos felices, ser mejores personas, y ponernos a regalar estupideces a gente a la que no soportamos hasta que nos salga humo de la tarjeta de crédito.

Sí, sí, todos conocemos la convención social que dictan las navidades. Y también conocemos el efecto rebote que tiene en la mayor parte de la población española. De hecho, cada vez conozco a más gente que se siente decaída en navidad precisamente porque se siente obligada a ser feliz. O quizá la convención social esté cambiando, y ahora lo aceptable sea enfurruñarse porque las navidades se han vuelto un circo consumista... mientras se hacen las compras de rigor en El Corte Inglés, por supuesto.

...

Esta mañana he ido a retocarme el tinte. La peluquería cerraba a las dos, pero han terminado conmigo a las tres, así que seguía allí cuando han empezado a llegar amigos y compañeros de trabajo, una de ellos con una botella de champán que ha repartido amistosamente entre todos los presentes - si, clientas incluidas -, y con la que hemos brindado por las navidades, por una "merry christmas and a fucking new year", por la acera de en medio, y porque el 2010 nos traiga sexo.
Obviamente, las risas no han faltado.
Mientras estaba pagando, me han dado a probar un bizcocho que había hecho la hermana de una de ellas, de harina integral y chocolate.
Nos hemos despedido con una sonrisa en los labios, incluidos los que se deprimían en navidades, y llenos de buenos deseos hacia los demás.

Después de cenar con mi familia, al no haber transporte público disponible, he cogido un taxi para volver a mi casa. El taxista y yo hemos estado hablando amigablemente todo el viaje, y al bajar nos hemos deseado un feliz 2010 con una sonrisa en los labios.

No sé, pero a mi me da la sensación de que incluso si uno se empeña en enfurruñarse durante estas fechas, ya sea por motivos legítimos o por simple gana de salirse de la norma, algo sucede al final del año que nos endulza. Los desconocidos hablan entre ellos, los compañeros de trabajo brindan y festejan juntos, los amigos se fusilan a llamadas, smss, correos electrónicos y mensajes de twitter (y no sé lo que harán los novios, pero supongo que también pensarán mucho el uno en el otro). Y todo lo hacen con una sonrisa en los labios.

Quizá sean las menos horas de luz, que despiertan algún instinto de supervivencia primigenio en nuestra especie y hacen que, por una vez, dejemos de maquinar unos contra otros para unirnos en una improvisada hermandad. Quizá sea el frío, que nos hace buscar calor humano con más vehemencia que el resto del año. Quizá sean las luces de las decoraciones navideñas, que con sus colores chillones y sus divertidas formas, nos arrancan la sonrisa que tanto llevábamos necesitando. Quizá sea que, al hacer balance del año que se acaba, nos ponemos nostálgicos, y la nostalgia anula los malos sentimientos y alimenta la necesidad de cariño.
Quizá sea que el ser humano no es tan malo después de todo.

Pero la verdad es que, a pesar de todo el cinismo que este mundo lleva sobre los hombros, sí que somos mejores personas en navidad.

Ojalá fuera navidad todo el año...

Feliz Navidad a todos.

20 de diciembre de 2009

Cuéntame...

Háblame de ella.

Cuéntame cómo la conociste, cómo destacó sobre todos los demás en la multitud, cómo tu corazón se aceleró cuando reuniste el valor para acercarte y saludarla. Cómo su sonrisa al decirte hola iluminó la sala como la más brillante de las estrellas.

Cuéntame cómo tu corazón se negó a obedecer a tu mente cuando comenzaste a sentir algo por ella. Cómo sus palabras encendían tu alma, cómo cada conversación era una nueva cosa en común. Cómo tus ojos no podían dejar de mirarla y sus gestos te hipnotizaban, cómo luchabas entre seguir mirándola, embriagándote de ella, o interrumpir la melodía de su voz y besar esos labios que prometían tanta ternura y tibieza.

Cómo el ondear de su pelo hace que desees acariciárselo, peinarlo con tus dedos, apartárselo del rostro para poder besarla. Cómo mientras habla de sus sueños puedes verte a su lado en ellos, porque también son los tuyos. Cómo pasas cada minuto en que no está a tu lado pensando en ella, y cada minuto con ella temiendo que llegue el momento en que tenga que irse.

Cuéntame, amigo mío, porque ver brillar tus ojos mientras hablas me hace pensar que quizá aún quede justicia en el mundo. Que quizá ya es hora de que en este valle de lágrimas a alguno de nosotros nos sonría la diosa Fortuna, y que si hay que elegir, tú eres quien más se merece este rayo de luz en su vida.
Porque siempre has sido el mejor de todos.

Así que comparte tu alegría conmigo, y sigue hablándome de ella. Y que esa sonrisa, que esas lágrimas de alegría, sigan ahí por mucho tiempo.



15 de diciembre de 2009

Dragon Age: Origins / 30 Secons to Mars - This is War

Pues eso.
Si Bioware anda de por medio, el juego tiene que ser LA CAÑA *^^*
Ale, a disfrutar.



Girlgamer - 5

Conversación verídica mantenida con un amigo. No es que me molestase, pero me quedé a cuadros al oír que un amigo mío tenía las narices de decirme que "no hay mujeres frikis". Enconces yo que soy, un geranio? XDDDD


8 de diciembre de 2009

Girlgamer - 4

Es más grande!!

Es más malo!!

Ess...

Un chiste fácil sobre proxys de empresa!!!!

Y con un invitado especial!!! (porque está claro que si no empiezo a lamer culos, Girlgamer no se va a comer una rosca XD) Saluden todos a Fred, de Sinergia Sin Control!!

Ale, espero que os guste :P (y para poder leerlo sugiero que clickeeis en la imagen, y tal)