18 de marzo de 2008

Una de mosqueo

Hay gente que nace con estrella, y hay gente que nace estrellada. Es un refrán popular, pero mi breve experiencia en el tema me ha hecho pensar que es bastante sabio. Hay quien dice que todo va por rachas, y un amigo mio solía responder: "¿Y la buena cuándo viene?". Él es también bastante sabio.
Tras varios desencantos, cuando aún era pequeña, una vez pareció que las cosas iban a mejorar. Recuerdo que pensé: "Después de todos lo que he pasado, no creo que el universo sea tan cabrón de seguir cebándose conmigo".
Resultó que sí lo era.
Justo después de aquello, de pronto todo empezó a mejorar. Tras el palo sufrido, a pesar de que había empezado a desarrollar mi consabido cinismo, me ilusioné: Por fin parecía que dejaba de ser el blanco de la mala leche del universo...
Pero solo lo parecía.
No son las únicas veces que ha sucedido. Y cada vez que se repetía, el cinismo de una servidora crecía en proporción. Hasta el punto que ya no creo que las cosas vayan a mejorar, por mucho que lo parezca.
Por eso, ahora que parece que por fin las cosas están levantando definitivamente, el hormigueo en el estómago no me abandona - y por supuesto no me deja dormir - . Dónde está el truco, me pregunto. Cuándo se descubrirá que aunque a simple vista parecía que las cosas mejoraban, en realidad solo empeoraban de manera velada.
Pienso: Ey, igual esta vez realmente sí que es para mejor...
Pero no lo creo.

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