13 de marzo de 2008

Shhhh... Está durmiendo...

Ssshhhh... ¿No veis que está durmiendo? Un poco de consideración para con el prójimo, por favor. Me ha costado mucho que se durmiera, y no me veo con fuerzas para intentarlo de nuevo...

¿Que por qué no duermo yo? Bueno, alguien tiene que velar su sueño. Además, no me gustaría que se despertara y no encontrase a nadie a su lado. Sería muy cruel por mi parte.
Mirad cómo respira, como sube y baja la mantita sobre su pecho. El siseo de su pausada respiración es como música para mis oidos. Los sonidos de la calle se atenúan sin ninguna explicación: es como si el universo mandar callar a todo lo que en él habita, para no perturbar su sueño. Y en el silencio y la oscuridad del cuarto, con los únicos sonidos de su respiración y la mía, me siento como si alguna fuerza benigna del universo me hubiera bendecido.

Yo opino que al nacer, Dios le adjudica a cada uno de nosotros una tarea, que será nuestra meta en la vida. Y mucha gente no llega a ser feliz porque nunca descubre para qué ha venido al mundo; nunca consigue saber qué fue aquello que Dios, o como quiera que llames a la potencia creadora que nos ha regalado el don de la existencia, le encomendó al venir al mundo.

En estos breves momentos de paz, siento que quizá yo haya descubierto la tarea que me encomendaron. Desearía estar siempre así, en este estado de felicidad atemporal, en estos instantes en el que el mundo parece haberse olvidado de nosotros, y sigue girando, arrastrando en su frenesí a todos sus habitantes menos a nosotros dos...

Vaya, abre los ojos. Al final se ha despertado. Acompasado con sus parpadeos, un camión toca el claxon de forma insistente en algun lugar, lo bastante cerca como para resultar molesto. Mientras se estira cual gatito soñoliento, los ruidos del mundo vuelven a colarse por las rendijas de la puerta y las ventanas. ¿Cómo habrá sido posible que solo unos segundos antes reinara el silencio, con el barullo que hay montado? En cualquier caso, nada de eso importa. Me está mirando, me necesita. Eso es lo único que realmente importa.

Quizá entre mis brazos no le llegue tanto el ruido de la calle. Y puede que incluso se vuelva a dormir. Me encanta cómo duerme... con el sueño feliz de los que aún no saben lo que es el Mal... A veces pienso que si vigilo su sueño durante el tiempo suficiente, yo también me olvidaré de su significado...

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