22 de mayo de 2008

Jornada Partida

Nunca pensé que trabajar ocho horas al día fuera tan pesado.
Entro al trabajo a las nueve, trabajo hasta las dos, como en una hora, vuelvo a las tres a mi puesto, trabajo hasta las seis. No parece una mala hora, pero es que vivo a hora y media de mi trabajo... O sea que llego a mi casa a las siete y media. Bonita hora. Justo a tiempo para hacerme la comida para el día siguiente, hacerme la cena, cenar y acostarme. Y si quiero comprar algo antes de que cierren las tiendas, lo llevo claro. ¿Que haga las compras a la hora de la comida? Bueno, si trabajara en una zona normal, eso sería factible. Pero trabajo en La Moraleja. Allí, para poder comprar un paquete de compresas, tengo que hipotecar el piso de mis padres.
Y lo peor viene cuando, siempre en mis trece, decido que tener solo tres horas al día para mi ocio no va a impedir que eche las siete horas de costumbre. Sí, ya sé que las cuentas no salen, decidselo a mis ojeras. Y aún cuando mi tiempo de ocio se lo dedicaba a tareas de escritorio (leer, escribir, dibujar, y por encima de todo jugar al World of Warcraft), tenía un pase. Pero desde que tengo vida social, Dios sabe que no salgo a la calle en carretilla porque no tengo a nadie que me la lleve.
Total, que trabajar ocho horas a jornada partida es un peñazo. A ver cuándo meten la jornada intensiva, que así tendré más tiempo para hacer heroicas y conseguiré antes los pantalones de badges que tanto necesito para... Esto... Quiero decir: A ver cuándo meten la jornada intensiva para que tenga más tiempo para mis cosas.

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