19 de febrero de 2008

Conflictos

Con la vida pasa como con los libros.
Lo primero que me enseñaron en el grupo de teatro al que fui de pequeña era que para que una escenificación le resultara interesante al público, debía plantear algún conflicto. Llámese argumento, nudo, hilo conductor... Llámese como se desee, pero al final no hay interés si no hay conflicto. A nadie le interesa un simple discurrir de acontecimientos. Una película sobre la vida de una adolescente a la que no le surgen conflictos no va a gustar. Una obra de teatro sobre una familia que vive una vida apacible no va a tener público.
Por eso los culebrones gustan tanto. Porque plantean muchisimos conflictos. Conseguirá Cristina Alberta, a pesar de los maquiavelicos planes de su medio prima hermana Roberta Andrea, hacerse con el amor de su querido Juan Francisco Alberto?
Con los libros pasa igual. Y con la vida. Una vida plena, en la que a uno no le falte nada, en la que tenga amor, salud y dinero asegurados, no interesa a nadie. Por eso la gente que no tiene problemas se los inventa. Por eso las adolescentes cuestionan la autoridad paterna. Por eso los niños ricos se hacen militantes comunistas. Por eso las amas de casa buscan amantes, y sus maridos queridas.
No nos engañemos. Todos pedimos una vida plena en nuestras oraciones, pero la vida no tiene interés sin argumento.
Sin conflicto, no interesa. Ni al público, ni al actor.

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