29 de abril de 2008

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Quiero escribir. Hasta el último poro de mi cuerpo desea escribir algo, lo que sea. Mis manos se posan sobre el castigado teclado de mi portátil, al que le falta la tecla del siete, y siento ese hormigueo en las extremidades que me dice que rebosan energía desaprovechada. Y es que mi cuerpo va en una dirección, y mi alma en otra. Cada vez que pienso en alguna cosa que escribir, en seguida la descarto por poco original, mediocre, difícil de desarrollar, o simplemente por vaguería. Paso horas y más horas delante del ordenador sin escribir nada, alternando entre la ventana del correo electrónico, las de los foros en los que estoy suscrita, y ocasionalmente el editor de textos, vacío, esperando que le muestre un poco de esa inventiva que creo recordar que una vez tuve.

Resulta que por una tontería, ahora tengo fecha de entrega. Y no me hace ni puñetera gracia, para ser sincera. Ojala la energía que le sobra a mis manos pudiera hacer que escribieran solas...

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