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Quiero escribir. Hasta el último poro de mi cuerpo desea escribir algo, lo que sea. Mis manos se posan sobre el castigado teclado de mi portátil, al que le falta la tecla del siete, y siento ese hormigueo en las extremidades que me dice que rebosan energía desaprovechada. Y es que mi cuerpo va en una dirección, y mi alma en otra. Cada vez que pienso en alguna cosa que escribir, en seguida la descarto por poco original, mediocre, difícil de desarrollar, o simplemente por vaguería. Paso horas y más horas delante del ordenador sin escribir nada, alternando entre la ventana del correo electrónico, las de los foros en los que estoy suscrita, y ocasionalmente el editor de textos, vacío, esperando que le muestre un poco de esa inventiva que creo recordar que una vez tuve.

Resulta que por una tontería, ahora tengo fecha de entrega. Y no me hace ni puñetera gracia, para ser sincera. Ojala la energía que le sobra a mis manos pudiera hacer que escribieran solas...

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Sin abono transportes

El lunes 25 de Mayo de este año pagué un abono transportes. Y digo pagué, porque como no me dieron el abono transportes, el verbo "comprar" no tiene mucho significado en la frase. Tras hablar con el operario que estaba en la taquilla en ese momento, que este efectuase las llamadas pertinentes, y que me pidiese mi DNI, mi número de cuenta, y el recibo que la expendedora me había dado, se llegó a la resolución de que, efectivamente, se había cometido un error y había que ingresarme en mi cuenta el dinero que había pagado por el abono. Aclaro a priori que yo no puse ninguna reclamación. El operario hizo él todas las gestiones necesarias, y se solucionó el problema en media hora. Yo no rellené ningún formulario de reclamación, ni me entregaron ningún justificante de reclamación. Sólo me dieron un justificante de "Comunicación de incidencias con repercusión económica en instalaciones de venta y peaje", en el que se declaraba que Metro de Madrid debía ingresarme los 60,60...

Harta

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Mi primera cita a ciegas

Como últimamente no salgo de casa, y de camino al curro y de vuelta a casa el catálogo de cosas raras que me puede pasar es muy limitado, tendré que empezar a desempolvar alguna que otra escena de mi trastorna... asoci... esto... de mi adolescencia. ........................................................ Cuando rozaba la veintena - más bien por abajo que por arriba - mi amiga Patricia me organizó un par de citas a ciegas. Citas que organizó con la mejor de las intenciones, y que tuvieron un resultado fantástico. Si es que quería que me hiciese lesbiana, claro. Un día Patri le estaba intentando organizar una cita a ciegas a un amigo de un amigo que conoció por Internet - allá por los tiempos en que tener un módem de 56Kb era lo más -. Como todas las amigas libres de Patricia le dijeron que no, supongo que antes de comenzar a proponérselo a los hombres se le ocurrió que yo también era una mujer, y me lo preguntó. Antes de proseguir, añado un dato. Unas pocas semanas antes de lo que cuen...