24 de abril de 2008

Frases que nos dicen de pequeños

Cuando somos pequeños, a todos nos han dicho aquello de "si te caes y te manchas los pantalones me enfadaré". Es una frase de lo más típica; lo que no entiendo muy bien es su intención. Cuál es la finalidad de decirle a un niño que si se mancha al caerse se le va a regañar, ¿que no se manche?
Este tipo de frases, al estilo de los traumas infantiles, suelen quedarse grabadas a fuego en nuestra memoria. En los pequeños percances que se suelen tener por el mero hecho de salir a la calle se puede comprobar: Te caes al suelo, te desollas una rodilla, y lo primero en lo que piensas es "dios, espero no haberme roto el reloj, me lo acaban de comprar mis padres". Cruzas la calle cuando no debes y te embiste un coche, lo cual te deja la cadera dolorida durante una semana, y lo único que piensas es "mierda, este restregón en la rodilla no lo quita la lavadora, con lo que me gustaban estos pantalones".
Y digo yo, ¿por qué otras frases, como "hasta que no te comas todo lo que hay en el plato no te levantas", por ejemplo, dejan de influenciarnos según pasamos la pubertad? ¿Por qué en lo primero que pensamos tras un accidente es en nuestros efectos personales, antes que en nuestra integridad personal? Porque puedo comprender que, si hay más gente involucrada en un accidente, uno se preocupe por los demás antes que por él mismo, pero por el reloj o los pantalones...
Me fascina hasta que punto somos influenciables de pequeños. Una simple frase, destinada a que tengamos cuidado de no hacernos daño, trastoca nuestra escala de valores de por vida.

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