17 de noviembre de 2008

Sobre endorfinas y lunes por la mañana

Ayer, volviendo al piso, se me ocurrió llamar para avisar de que en una hora estaría allí, y de paso saber si me encontraría o no la casa vacía. Al colgar me disculpé con mi acompañante, porque me pongo bastante cursi cuando hablo con él por teléfono, y sé que la gente puede sentirse algo violenta cuando ve a alguien más basto que una mula de carga hablando como si la hubiese poseído media docena de princesas Disney.
Exactamente, las palabras que usé para disculparme fueron estas:
"Perdona que esté tan ñoña. Si te sirve de consuelo, cuando no tengo pareja soy una amargada de la vida"
Pero tras un silencio en el que pensé lo que había dicho, rectifiqué.
"Bueno, de hecho, soy una amargada de la vida aunque tenga pareja. Lo que pasa es que las endorfinas me cambian el ánimo"

En el autobús de vuelta a casa le estuve dando vueltas a esa afirmación. Es verdad que últimamente, aunque no me noto más animada ni tengo menos líos en la cabeza, la gente de mi alrededor me ve más... relajada (sí, relajada es la palabra, que no feliz). Soy totalmente consciente de que la causa de éste estado de ánimo tan ajeno a mi es una segregación masiva de endorfinas. Y me puse a meditar sobre qué es lo que ha hecho que en mi sangre haya tal cantidad de hormonas que esté a punto de recibir una demanda por abuso en el sindicato de Glándulas.

"Bueno, lo mejor de todo, de lejos, es el subidón que me da al despertarme y verle tumbado a mi lado", pienso. "Es como una droga, solo que mejor, porque no tiene efectos secundarios (bueno, de hecho sí que los tiene, pero al menos no son perjudiciales para mi salud) y es gratis".
Y esta afirmación me desvía del objetivo principal de mi reflexión.

Porque me paro a pensar... El hecho innegable es que me resulta totalmente imposible estar de mal humor (Señores, que es lunes por la mañana, ¡y me he levantado de buen humor! Si esto es normal, que venga Dios y lo vea) por muchos problemas que tenga, sólo por el simple hecho de ver a una persona tumbada a mi lado cuando me levanto. Y esto me pasa a mí, que soy la persona más amargada que conozco.
Entonces... ¿por qué toda esa gente que lleva anillos de oro en el dedo anular está tan enfurruñada?

La respuesta es obvia, al menos para mi. Y me hace sentir afortunada y muerta de miedo a partes iguales.

Pero está en mi mano no caer en lo que ellos han caído. Está en mi mano buscar la felicidad ante todo, porque a fin de cuentas nadie lo va a hacer por mi.

...

Cuando trabajaba en Indra, en la cafetería en la que desayunaba coincidía con una pareja bastante mayor, que desayunaban juntos antes de salir cada uno a sus tareas diarias. Se les veía felices siempre, y a veces dejaban de hablar y simplemente se miraban sonrientes, el uno al otro, cogidos de la mano. Eran realmente mayores para mostrarse tan enamorados, por lo que deduje que no llevarían mucho tiempo. Y me alegré de ver una pareja de personas mayores tan felices de estar juntos.
El amor es algo tan frágil, tan difícil de mantener, y tan fácil de perder... Que es inevitable que esa pareja me diera envidia.

Me apuesto a que esas dos personas también se levantan de buen humor los lunes por la mañana.

3 comentarios:

  1. Bueno...
    Ya tienes más que muchos.
    Te felicito por ello
    (y no te calientes tanto la cabeza >.<)

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  2. Ya bueno, pero es que si no lo hago no tengo nada que escribir en el blog, y ayer Trini me regañó por no actualizar con nada nuevo ._.

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  3. Así me gusta, que hagas los deberes ;-)

    En cuanto al tema, solo puedo decir que me alegro muchísimo por ti, guapa. Y también por Juan.

    http://www.enbuenasmanos.com/articulos/muestra.asp?art=293

    Que no decaiga la ñoñería! ^0^U

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