30 de enero de 2009

Fanfic de Slayers

Un fanfic de Slayers que escribí cuando contaba quince años. Me había olvidado de que lo escribí, hasta que una amiga lo encontró navegando por internet. Lo posteo tal cual lo escribí, y ni lo voy a revisar ni lo voy a reescribir, por respeto a mi misma y a mi trabajo cuando era cría.
Ale, espero que os guste.

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Lina se despertó sobresaltada. Tenía un mal presentimiento. Asustada, se levantó de la cama y salió a toda prisa de la habitación, sin ni siquiera ponerse las zapatillas, y se dirigió al cuarto de Gaury. Llamó a la puerta, nerviosa.

- ¿Gaury?

No hubo respuesta. La pelirroja giró el pomo de la puerta, deseando con todas sus fuerzas que la causa de que no hubiera respuesta fuera que su compañero estaba dormido. Conteniendo el aliento, entró en la habitación.
Todo allí estaba perfectamente recogido. Parecía que la estancia no estuviera ocupada. Y de las cosas del espadachín no había ni rastro. Una criada más bien anciana y entrada en carnes barría el cuarto. Al hacer su aparición la pelirroja, la miró amigablemente.

- Si busca al joven rubio que ocupaba la habitación, se marchó anoche – torció el rostro en gesto de duda – pensaba que usted se habría ido con él. Es extraño... ¿Acaso se marchó sin avisar? – Pareció que usaba un tono condescendiente al hacer aquella pregunta.

- No, no... – Logró balbucir Lina, que no salía de su asombro – Es que no me acordaba... – Sonrió - ¡Vaya memoria la mía!. Siento molestar. Adiós.

- No ha sido molestia, querida.

Lina cerró la puerta, y volvió a su cuarto, caminando como en estado de trance. Al cerrar la puerta tras de sí, las piernas le fallaron, y cayó de rodillas al suelo.

- Gaury... ¿se ha ido?

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‘Pues no, aquí tampoco está...’ Lina había paseado por todos los pasillos de la posada y por el comedor, con la esperanza de encontrar a Gaury. Pero no lo había visto por ninguna parte.
Contrariada, se sentó en una mesa vacía para desayunar.

‘Qué raro...’ Comenzó a darle vueltas a la cabeza tras encargarle la comida a la camarera ‘¿Qué le habrá dado para que se marche de este modo?’

La pelirroja evocó la jornada anterior. Habían estado visitando las bibliotecas de la ciudad, en busca de algo apetecible a lo que echarle el guante, fuera lo que fuese. Últimamente Lina estaba muy inactiva. Ni buscaba objetos mágicos, ni asaltaba bandas de ladrones. Y esto último hacía flaquear sus reservas de dinero... Precisamente aquello fue lo último que recordaba haberle comentado a Gaury: Que pronto tendrían que salir de la ciudad para buscar “algo” con que llenar los bolsillos...

‘¿Acaso hice algo que provocase que se marchara?’

No, no podía ser eso. De ser así, él la habría dejado dos días después de conocerse. Además, el día anterior apenas sí había golpeado a Gaury... Aunque quizá no fue por pegarle... ¿Le había ofendido en algo que dijo, o...

‘¡¿Pero qué digo?! ¡Preocupada por ese tonto! Si se ha ido, sea por lo que sea, ¡Pues mejor! ¡Así no tendré que andar explicando veinte veces todo lo que haga!

Pero el caso es que Gaury no se habría ido sin un buen motivo...
Lina se levantó de la mesa sin tocar siquiera el desayuno, y salió de la posada. A lo mejor se daba una vuelta por la ciudad, para comprar algunos objetos mágicos que había visto en algunas tiendas... y a lo mejor había suerte, y se tropezaba con Gaury, que estaba dando una vuelta por la ciudad...
La hechicera pelirroja llegó a la posada donde se alojaba, caída ya la noche, bastante furiosa. No solo había recorrido la ciudad de punta a punta, sino que había preguntado por su compañero en todas las posadas que había encontrado. Gaury no era precisamente un personaje discreto, y si alguien lo hubiera visto seguro que lo recordaría.
Pero nadie en la ciudad había visto a un mercenario rubio con aire despistado. Y además Lina no había parado de reprenderse por haber invertido toda la jornada en buscar a aquella medusa, que poco o nada le importaba a ella dónde se había metido...
Aún así, estaba inquieta. ¿Y si resultaba que le había sucedido algo? A lo mejor se había metido en un lío. Salir de la ciudad para buscarlo sería una buena opción, pero... ¿y si volvía a la posada? Porque si no le había dicho que se iba, a lo mejor es que pensaba volver pronto, y pensó que ella le esperaría allí...
Subió a su habitación, y se acostó. Pero no pudo pegar ojo. No podía quitarse de la cabeza la desaparición de su compañero. No lograba echarlo de sus pensamientos, por mucho que intentara convencerse de que era estúpido preocuparse, que si se había ido, pues mira, no era su problema. Así podría dedicarse a disfrutar a su manera, sin tener que cargar con nadie.
Lo malo era que, después de tanto tiempo, se le había olvidado lo que hacía cuando viajaba sola...

Desde hacía años Lina nunca se había separado de Gaury. De hecho, desde que se conocieron nunca habían pasado más de una semana el uno sin el otro.
En un principio Gaury la había seguido porque pensaba que era una niña indefensa, y se autoproclamó su tutor. Realmente, el espadachín siempre había considerado a Lina como una niñita necesitada de ayuda, por mucho que ella demostrara una y otra vez que, si había algo que no necesitara, eso era desde luego protección.
Cuando la hechicera descubrió que Gaury poseía la legendaria espada de luz, fue ella la que decidió seguirle a él a todas partes, hasta conseguir que se la diera. Con esa excusa viajaron juntos más de un año, y realmente llegaron a compenetrarse muy bien, tanto en la batalla como en...
Desde luego, Lina había tenido una buena excusa para viajar junto a Gaury durante mucho tiempo, pero cuando el espadachín le devolvió la Gor Nova a Sirius... A partir de aquel momento las excusas se acababan. ¿Qué Gaury era muy hábil con la espada? Por supuesto. Eso nadie lo ponía en duda. Pero ella se bastaba y se sobraba para luchar contra lo que fuera. Y, desde luego, beneficio económico no le traía...
Aún así seguía viajando con él. No sabía exactamente por qué, pero no quería volver a viajar sola. El mercenario era toda la compañía que necesitaba, y, de hecho, necesitaba su compañía. Con el tiempo se había acostumbrado tanto a su presencia, que no podía imaginarse estar sin ella...
Naturalmente, Gaury la hacía enfadar casi de continuo, y su ostensible estupidez y falta de tacto la tenían frita, pero...
Claro, que si con el tiempo no había aprendido a cerrar su bocaza, eso no era problema de ella. Si él hacía todo lo posible por ganarse puñetazos de vez en cuando, ella no iba a ser tan mala como para negárselos.
En realidad, si lo pensaba bien, desde que Gaury le diera la espada de luz a Sirius, habían seguido juntos por inercia. Nunca ninguno de los dos había dicho nada con respecto a aquel tema, y lo mismo podía decirse de ellos que viajaban juntos o que simplemente tenían un trecho de camino en común en su viaje. Desde luego, Lina pensaba lo primero, pero nunca se lo había dejado claro a Gaury, que tampoco nunca le preguntó por qué seguían viajando juntos.
¿Y si el espadachín pensaba lo segundo? Como Lina nunca le dijo nada... Quizá si le hubiera dicho que “quería” seguir viajando con él, no se hubiera ido de aquel modo...
Pero si le había hecho aquello, era que realmente no le importaba demasiado, y tampoco habría servido de mucho decírselo...

‘¡Pero menudas cosas pienso! ¡¿No tengo otra cosa mejor que hacer que divagar, en vez de dormir?! ¡Estar tumbada sin nada que hacer no me sienta bien! ¡Mejor me levanto y hago algo!’

Se levantó de la cama, y fue a mirar por la ventana. Ya era de día. Como por instinto, miró a su izquierda, a la ventana de la habitación contigua. Pero no había allí nadie que empezara a meterse con ella y a llamarla cría...
Se sintió furiosa de pronto, por desperdiciar un tiempo precioso pensando en la medusa de Gaury. ¡No había que darle tantas vueltas! ¡Se había ido, y ya está! ¡Tampoco era para dramatizar!
El número de veces que la hechicera se había repetido la misma frase empezaba a preocuparla hasta a ella misma...

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‘Mierda, me he quedado sin dinero’

Lina había pasado más tiempo del que pensaba en aquella ciudad, gastando más de lo que podía en la posada. No había dejado de pensar, muy a pesar suyo, por cierto, que a lo mejor Gaury volvía en algún momento. Pero ahora no podía seguir en aquel lugar. Debía recoger sus cosas e irse en busca de “fuentes de ingresos”. Si Gaury volvía allí, ya no la encontraría.

‘¡Especie de pólipo con pelos! ¡Más te vale no regresar por esta posada cuando me haya ido!’ Llevaba toda la semana pensando cosas por el estilo. Ya había renunciado a expulsar al rubio de su cabeza, porque había quedado muy claro que no podía hacerlo. Simplemente el espadachín se negaba a irse de su mente, así que Lina se despreocupó. Si no podía pensar en otra cosa, intentaría pensar lo menos posible.
Cuando hubo recogido todas sus cosas, Lina salió de su habitación, cruzándose con la señora de la limpieza que se encontró el día que se marchó Gaury.

- ¿Se marcha ya, querida?

- Si... ¡Es hora de seguir la marcha! – Intentó parecer jovial con aquello. Siempre tomaba sus viajes con muy buenos ánimos, y aquella no iba a ser una excepción.

- ¿Ha desistido ya de esperar a su amigo, entonces?

La pregunta congeló a Lina. Se quedó parada en mitad del pasillo, mirando al vacío. La sirvienta se dio cuenta de su error, y comenzó a disculparse por su indiscreción, pero el daño ya estaba hecho. Lina bajó la cabeza para ocultar que sus ojos se empezaban a humedecer. Ante la azorada anciana, que no paraba de excusarse, derramó una lágrima.

- De veras que no hablaba en serio, señorita. No era mi intención...

Lina apretó los puños, al tiempo que se iba poniendo más y más furiosa. Otra lágrima resbaló por sus mejillas, mientras sus labios empezaban a recitar un conjuro. La sirvienta no entendió la reacción de la joven. A menos no en un principio.

- Querida, creo que no deberías ponerte así... Ningún chico merece que se destroce una posada por él...

Lina levantó la vista, y miró a la mujer que la hablaba. Sus ojos estaban empañados de lágrimas que se negaba a derramar, y destellaban furia.

- Querida, de verdad, no irás a...

- ...que todos los estúpidos que se interpongan en nuestro camino sean totalmente destruidos...

- Por favor, querida... – fue lo último que dijo la sirvienta, mientras corría a refugiarse en el piso inferior.

- ¡¡¡MATADRAGONES!!!

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Lina Inverse, conocida como “la asesina de ladrones” había estado bastante calmada en los últimos meses. No solo no había destruido ninguna ciudad, sino que tampoco había asaltado ninguna banda de malhechores. Muchos de estos últimos opinaban que era la calma que precede a la tempestad...
Y no se equivocaban.

En una espléndida mañana de primavera, la hechicera había destruido completamente una ciudad, con uno de sus conjuros más mortíferos. Además la terrorista no se conformó con uno, sino que invocó hasta tres matadragones para no dejar piedra sobre piedra, y atacó a todo el que tenía la mala suerte de cruzarse con ella mientras salía de entre los escombros de la ciudad. Los que tuvieron la suerte de salir con vida, y pudieron ver a la pelirroja, jamás olvidarían la escena que presenciaron.
Porque a Lina Inverse nunca se la había visto llorando.

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‘Menuda mierda de tesoro. Los ladrones ya no son lo que eran hace un par de años...’

Lina había tenido bastante suerte. Nada más salir de la ciudad, se había topado con una panda de indeseables que había intentado robarla. Era realmente gracioso ver la seguridad de esos patanes, cuando piensan que están ante una presa fácil. Tener aspecto de muchachita indefensa era toda una suerte.
Pero en la guarida de aquellos vándalos apenas si había dinero para subsistir un mes... Aunque, pensándolo bien, no podría usar aquel dinero en mucho tiempo. En aquel momento la orden de busca y captura que pesaba sobre ella desde hacía ya tiempo volvía a aumentar la recompensa... Hasta que pasara la furia, debería estar al tanto. Muchos cazarrecompensas intentarían atacarla.
Con un suspiro de resignación, se echó el saco de dinero que perteneciera a los ladrones a la espalda, y salió de la destartalada caseta que era su cuartel general.
Era curioso, pensó. Aquel sitio era prácticamente igual que la guarida de la banda del colmillo del dragón. Recordó que, cuando les robó sus tesoros, mucho más abundantes que los de los cutres que acababa de desvalijar, empezaron a atacarla una vez tras otra...
Rió al recordar aquello. Era tremendamente patético ver cómo se esforzaban en atraparla... ¡Les frustraba realmente estar perdiendo una batalla contra una cría de quince años! Y luego, cuando apareció el estúpido de Gaury, ya fue para partirse de risa...

‘¡Vaya! ¡Ahora que había conseguido olvidarme de él por unos días, va y aparece de nuevo!’

Siguió caminando. Como no podía entrar en las ciudades, se dedicaría a acumular riquezas. Sería divertido, y así podría darse un buen capricho cuando se volvieran a olvidar de ella... Aunque se haría menos pesado el estar prácticamente exiliada si tuviera a alguien con quien hablar, como, por ejemplo, Gaury...

- ¡¿Eres tú Lina Inverse?!

Vaaaaya. Pues sí que se han dado prisa en empezar a perseguirme’ Lina se dio la vuelta con desgana.

- Presente – soltó con ironía - ¿Quién lo quiere saber?

- ¡Estamos de suerte, chicos! ¡A por ella!

- ¡Pero qué falta de modales! – Lina no se los tomó en serio en ningún momento. Levantó los brazos, con gesto amenazante - ¿nadie os ha enseñado que hay que contestar a las preguntas que se os hacen?

- ¡¡¡¡DILL BRAND!!!!

Los asaltantes salieron despedidos por los aires, quedando fuera de juego. Tremendamente aburrido, pensó Lina, que dio un paso más, dispuesta a seguir su camino.

- No has acabado con todos, Lina Inverse.

Una voz oscura resonó por todo el bosque. La hechicera se volvió, pero no vio a nadie. Oyó ruido en los arbustos a su izquierda, pero al mirar tampoco vio nada. Se puso en guardia. Quizá había alguien realmente competente siguiendo sus pasos.
De pronto vio una sombra desplazarse a gran velocidad sobre ella, y apenas si tuvo tiempo de evitar una tremenda hacha que se echaba sobre ella.

- ¡Ey! ¡A las damas se las debe tratar con más delicadeza, animal!

- ¿Dama? Yo no veo ninguna por aquí

Antes de que pudiera ver al hombre que la atacaba, este desapareció. Se movía condenadamente rápido, demasiado para ella. Si no sabía dónde estaba, a ver cómo se lo iba a cargar... Si Gaury hubiera estado allí, seguramente no habría tenido problemas en enfrentarse a ese asaltante. Él era mucho más rápido que aquel inepto, por muy velozmente que se desplazara...

- Detrás de ti, preciosa.

Lina se dio la vuelta a tiempo para ver cómo la hoja se abalanzaba sobre su cuello, sin tener tiempo para hacer algo al respecto.

‘Me parece que la he cagado...’

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- ¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAHHHHH!!!!!!

Lina despertó sobresaltada, pegando un salto sobre la cama. Allí sentada se quedó un rato, intentando recuperar el aliento. Estaba cubierta en sudor, y el pulso le temblaba descontroladamente. No pudo moverse hasta pasados varios minutos. Miró a un lado y a otro de la... ¿habitación?
Estaba en la posada dónde...

De un bote, se levantó y salió de la habitación. Corrió por el pasillo, hasta la habitación de Gaury, y la abrió sin llamar. El cuarto estaba vacío. Solo una señora mayor barría el suelo. Lina, desesperada, entró en la estancia.

- Buenos días – la saludó la criada, más bien vieja y entrada en carnes – si busca al joven que ocupa la habitación, ha bajado a desayunar. Seguramente lo encuentre en el comedor – dijo, con una amplia sonrisa.

Sin terminar de recuperar el aliento, Lina miró a un lado y a otro del cuarto. La espada de Gaury estaba apoyada en una silla, junto a la cama.
Salió corriendo de la habitación sin decir nada, dejando a la criada totalmente perpleja, y bajó las escaleras que conducían a la planta baja. Se paró a mitad de camino, buscando entre las cabezas de la gente una que le fuera familiar.
No tardó en encontrar una larga melena rubia que estaba sentada al otro lado del comedor. Sin parar de correr, llegó hasta su lado, y prácticamente se tiró sobre él.

- ¡Ah! ¡Lina! ¡¿Pero qué estás haciendo?! – Gaury se sobresaltó al ver a Lina llegar de pronto al comedor y lanzarse sobre él, quedándose abrazada a su cuello con la cabeza agachada. - ¡Lina!

- No te has ido... – Lina levantó la cabeza, sonriente. Pero en un momento dado, se puso seria y le metió un bofetón a Gaury que le mandó al otro lado del cuarto.

- ¡Pero qué...! – El pobre Gaury no sabía lo que estaba pasando. Lina se acercó a él, y le cogió por el cuello, amenazante.

- ¡¡¡Escúchame una cosa!!! ¡¡¡Como se te ocurra volver a marcharte sin decirme nada, voy a dar contigo y te voy a matar, ¿Entendido?!!!

Y dicho esto, le soltó y volvió a subir a su cuarto. Gaury, con la cabeza dolorida, la observó irse sin entender nada.

- ¿Irme? ¿Otra vez? ¿Pero qué le ha dado a esta ahora?

2 comentarios:

  1. joooooooder! Es tuyo!?

    no me lo puedo creer!

    Me gustó hace 6 años y me vuelve a gustar ahora ^_^

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  2. Qué pequeño es el mundo ^^U
    Pues sí, lo escribí de ñaja, cuando me hice fan de Slayers. Una amiga mía lo puso en su web de fandom de Slayers, pero a la larga se me olvidó que estaba ahí ^^U

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