13 de marzo de 2009

Cosas que nunca debería decir (Parte 1): Mi primera depilación a la cera

Hay ciertas cosas que una nunca debería contar sobre sí misma.
Como por ejemplo, la primera vez que me depilé (aunque "intenté depilar" quizá estaría mejor dicho) las piernas con cera.

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Todo empezó con un bote de cera tibia en el estante de unos ultramarinos. El pobre me ponía ojitos cada vez que pasaba por ahí a comprar, así que al final, conmovida por su soledad, me decidí a adoptarlo y llevármelo a casa.
Coloqué a mi recién adquirida mascota en un estante del baño en el que pudiera disfrutar de todo tipo de lujos: Calor proporcionado por la tubería del agua caliente, disfrute de buenas vistas a través de una próxima ventana, ambiente perfumado gracias a la ubicación estratégica de un ambientador con aroma de rosas bajo los estantes... No le faltaba de nada.
Salvo que alguien lo usara, claro.

Un día, meses después, de pronto tuve una iluminación: Me depilaría la linea del biquini con cera. Lo veía todo claro; el pelo estaba lo suficientemente largo como para que la idea tuviese éxito, y yo me sentía lo bastante asertiva como para manejar un puñado de cera depilatoria, así que cogí el tarro del estante y me dispuse a leer las instrucciones.

Quitar la tapa y el precinto, y calentar un minuto en el microondas. Hasta ahí todo bien. Luego remover con la espátula adjunta, a la cual se le van las letras si la cera está muy caliente, lo cual es bueno, porque las quemaduras de tercer grado en la entrepierna no son nada atractivas.

Cuando la cera esté a una temperatura tolerable por el ser humano (o por mis partes íntimas, en este caso concreto), extender la cera sobre el vello siguiendo el sentido de crecimiento de este. Consigo seguir esta parte de las instrucciones a duras penas, porque a la que me descuidaba la cera goteaba hacia donde, bajo ningún concepto, debía llegar algo tan caliente.

Colocar una de las tiras de algodón sobre la cera, y cuando esté bien adherida a ella, retirar en el sentido contrario al del crecimiento del vello, con un tirón seco. Chachi, hasta hacen que parezca fácil. Coloco la tira de algodón, aprieto, y cuando tiro, contemplo cómo la cera ha decidido quedarse donde estaba (natural, en esa zona, quien ha estado nunca quiere irse).
La vuelvo a colocar, aprieto hasta que se vuelve a pegar, y tiro.
Mucho dolor, y un pedazo de cera que se va con la tira de algodón, llevándose buena parte del pelo de la zona... pero aún queda un pegote, y a mi no me han quedado ganas de volver a intentarlo, así que decido dejarlo ahí. Creo recordar, de cuando mi hermana se depilaba, que la crema hidratante quitaba la cera tibia... cojonudo, porque el único bote de crema hidratante que queda en la casa está casi vacío.
Rebaño hasta límites absurdos el bote, y saco lo suficiente como para limpiar la cera que tengo pegada a a la ingle... y de pronto, como si aún no hubiese tenido suficiente, ¡se me ocurre que sería una idea cojonuda depilarme las piernas!

Media hora después tenía mis espinillas (y SOLO mis espinillas) depiladas y llenas de pegotes de cera, la mesa en la que tenía las tiras de algodón también llena de cera, y las manos también llenas de cera.

Momento en el cual mi móvil aprovechó para sonar.

Cojo el móvil, que se apaga por falta de batería justo en ese momento, así que sólo consigo llenarlo de cera. Me voy al salón, donde dejo el teléfono fijo perdido de cera devolviendo la llamada... y cuando me lo cojen, resulta que es mi novio, invitándome a que bajase "ya" a cenar con él y sus amigos.
Recupero de algún lugar perdido de mi memoria el dato de que la cera también sale con aceite corporal, pero lo más parecido que tengo en casa es aceite de masaje "sensual". Desesperada, me hago con el bote, y poco menos que me lo derramo sobre las piernas. Consigo sacar a arañazos gran parte de los pegotes, que no todos (cosa que demuestra que usar aceite de masaje para quitar cera no es la mejor idea del mundo), y en cierto punto decido que puedo ponerme las medias sin causar muchos estragos. Las medias se me quedan pegadas a la cera que aún me queda sobre la piel, lo cual es bueno porque así no se me caerán en caso de que la silicona ceda (porque uso medias, no pantys), y con las manos resbaladizas y pegajosas (sí, es posible tenerlas así), y apestando al aceite de masaje que uso cuando quiero darle masajes a mi novio, salgo de la casa en la que NO he estado con mi novio, rezando por que no me pregunte por qué huelo así...

Y jurando por Dios que la próxima vez que se me ocurra depilarme a la cera, dejaré la tarea en manos de profesionales.

8 comentarios:

  1. Por Dios, que odisea. Todos sabemos que lo malo, siempre puede empeorar. Esperemos que jamás confundas la "cera" con el "aceite sensual" ;-)

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  2. Pues... he oido que a la cera no es tan incómodo como con cuchilla...
    Si, la cera y la cirugía, mejor para los profesionales >.<

    (joder, que odisea)
    Y gracias por postear de nuevo ^^

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  3. Lo malo de la cuchilla no es depilarse, es lo que le pasa al pelo de las piernas después XDDD

    Y todo es que hagan cera con olor a aceite sensual, y darme tiempo, para que algún día tengamos un susto... XDDDD

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  4. xDD

    Apoteósico. Con solo un poquito más de desarrollo podría ser un monólogo de Club de la Comedia. He tenido un flashback de cuando a mi se me ocurrió hacer lo mismo, pero con las axilas. Nunca mais...

    Por cierto, se escribe "vello", con uve ^_~

    Abrazos

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  5. Y no es el único gazapo que verás... no revisé la ortografía, ayer me fijé en los errores (no solo de esta, sino de la entrada anterior :S), pero estaba demasiado cansada como para ponerme a corregir... Esta noche lo cambio para que nadie pueda decir que soy una hincúlta! XDDDDD

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  6. Batallas por la belleza corporal...epico xD

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  7. Es la batalla más épica que tendrás en tu vida... la batalla por mantener el vello corporal a raya! XDDD

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  8. Si, ni la guardia de la noche oiga! xD

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