23 de marzo de 2009

Ultimamente

Últimamente, a la gente le ha dado por volverse guías espirituales, y a usarme a mi de cobaya.

No recuerdo cuántas veces me han dicho que tengo que calmarme y tomarme las cosas menos a la tremenda, pero haciendo una aproximación a la baja, si me diesen un euro por cada vez que me lo han repetido en los últimos tres meses, podría dejar de trabajar y vivir de las rentas por un par de años... y yo no soy de gustos baratos, precisamente.

No es que me moleste, pero cuando un montón de peña te dice que te tiene que importar un bledo lo que los demás piensen, y que las convenciones sociales son una patraña inventada por los gobernantes para mantener a raya al pueblo, y que uno debe hacer lo que le parezca que esté bien, y no lo que los demás juzguen como correcto, lo menos que esperas es que luego sean consecuente con sus palabras.

Y cuanto a la que te despistas te están demostrando que a ellos les importa mucho más el qué dirán de lo que a ti te ha importado en tu vida... ¿No te sientes un poco decepcionado?

Al final, la única que ha actuado siempre de acuerdo a sus principios, importándole un bledo lo que piensen los demás, o lo que signifiquen las cosas para la sociedad, porque para ella tienen un significado diferente, y en relación a ese significado las considera buenas o malas, he sido yo.

Dar consejos es una cosa. Predicar con el ejemplo, otra muy distinta.

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