5 de junio de 2009

Las cosas que pasan

En el grupo de teatro en el que estaba de ñaja prácticamente todos me sacaban unos diez años o más. No me resultó un problema en absoluto, porque siempre me he sentido más cómoda entre gente bastante mayor que yo. Pero aparte de los mayores, había una chica que sólo me sacaba un año. Era muy seria, y como a mi la gente me intimida muy fácilmente (¡Hola Pilar!), me daba un poco de miedo acercarme a ella. Nos hablábamos y nos llevábamos bien, como con toda la gente del grupo, pero jamás llegamos a intimar más de lo estrictamente necesario.

Al año siguiente, esta chica dejó el grupo de teatro, y un año después lo dejé yo. Y ahí habría acabado la cosa, si no hubiera sido porque una mañana, en un cambio de clase del instituto, me la encontré en el baño.

Como la chica ya no era más alta que yo, me intimidó menos. Y como la casualidad de haber ido durante dos años al mismo instituto pero no habernos visto ni una vez nos hizo gracia, comenzamos a hablar de vez en cuando. Nada demasiado prometedor, a mi la chica seguía dándome un poco de miedo, pero al menos tenía una conversación interesante, algo que en mi instituto escaseaba bastante.

Hasta que un día, coincidiendo a la salida del colegio, le comenté que tenía prisa por llegar a casa porque no quería perderme una serie de televisión a la que le había cogido el gusto últimamente. Ella comentó que le pasaba lo mismo, y dijo en qué cadena la daban. Y era la misma cadena que la que emitía la que me gustaba a mi.

Sí, justo. Hablábamos de la misma serie.

Como de pronto surgió un interés común, comenzamos a hablar muchísimo más a menudo, y de bastantes cosas más. El último año del instituto prácticamente no hablé con nadie aparte de ella. Y como quiso la casualidad que el primer año de carrera su facultad y la mía estuvieran contiguas, me tiré todo primero metida en su club de rol.

Aún no me explico cómo pude aprobarlo casi todo, y con nota algunas.

Pero claro, con las amistades que uno hace de pequeño pasa como con casi todo lo que uno tiene de pequeño: Que se pierden.
El segundo año ella dejó esa carrera, y poco a poco quedamos cada vez más espaciadamente, hasta que perdimos totalmente el contacto. Era natural, supongo: Una crece, cambia, desarrolla intereses diferentes a los que tenía de cría, se amplían sus horizontes... y bueno, también, quizá, pierde el móvil en el que tenía guardados todos los números de teléfono de sus amigos de la infancia.

Y pasaron años. Unos cuantos. Unos diez, diría yo. Quitando que un par de veces nos cruzamos por la calle y hablamos un poco, no tuvimos ningún tipo de contacto en ese tiempo. Y de hecho, mi vida - y yo misma - cambió tanto durante esos años que a veces me preguntaba si esa chica habría sido sólo un sueño.

Hasta que un día, un amigo de mi novio, que quería hacer un corto de vampiro, describió el físico que quería para la coprotagonista de la siguiente manera: "Andrógina, estilo Trinity de Matrix". Automáticamente en mi mente saltó la imagen de esta chica, en la primera expo cómic a la que fui, en la que ella había asistido disfrazada de Trinity. Le enseñé las fotos de ella disfrazada, y aunque le advertí que se había tomado hacía más de diez años, a él le encantó, y me preguntó si podía dar con ella.

Tras casi diez años sin cruzar palabra, uno se pensará que me habría dado algo de reparo llamarla y simplemente decir "un amigo mío quiere una actriz para su corto que de el perfil físico que tienes tú, ¿te apuntas?", pero tras revisar todas mis agendas del instituto, y por fin dar con el número de teléfono de su casa (recordemos que había perdido su número de móvil), eso fue exactamente lo que hice. Y curiosamente, la respuesta que recibí fue afirmativa.

Así que nos volvimos a ver de nuevo. Dos mujeres que prácticamente no se conocían de nada - porque de las niñas que habíamos sido poco quedaba - de pronto vuelven a coincidir, gracias a un rodaje para un corto en el que al final ni siquiera se incluyó la escena en la que salía ella.

Pero eso poco importaba.

Por algún extraño motivo, conectamos exactamente igual que aquel día en el que descubrimos que nos gustaba la misma serie de anime. Y bueno, estas dos mujeres que no se conocían de nada comenzaron a verse bastante a menudo teniendo en cuenta el poco tiempo libre de que disponían.

Y así hasta la fecha.

De pequeña, cuando esta chica y yo comenzamos a tener más confianza, empecé a creer que si en vez de una chica, ella hubiese sido un chico, me habría enamorado de ella. Curiosamente, el hombre del que estoy enamorada guarda tantas similitudes con la mujer en la que ella se ha convertido, que no tengo más remedio que confirmar mi teoría. Pero aún hay algo más curioso, y es que el hombre con el que está ella guarda bastantes similitudes conmigo...

No sé si vosotros creeréis en la sincronicidad o no, pero yo empecé a creer en ella hace así como medio año, a raíz de una llamada telefónica.

2 comentarios:

  1. siempre he creído que las amistades de verdad son esas que no necesitan de un cuidado continuo; mis mejores amigos son personas a las que puede que algunas veces haya perdido de vista un año, y cuando vuelvo a cruzarme en su camino, retomamos la relación como si nos hubiésemos visto ayer.

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  2. Va a ser que es así. Siempre he pensado que mi amistad con esta chica es algo especial, quizá porque es amistad de la buena ^^U

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