16 de noviembre de 2009

2012: Ahora me meto a crítica de cine

Ayer, presa de la desidia del domingo por la tarde, decidí que lo mejor para convatir la depresión pre-lunes era hacer una escapadita al cine. Así que retomé la sana costumbre de ir a ver películas sola, algo que llevaba sin hacer sus buenos cinco años, y que pensándolo con perspectiva nunca debí haber abandonado.
Como era la primera vez que iba al cine sola, y no me sentía en especial buena forma como para aguantar una comedia romántica, decidí entrar a ver 2012. Película apocalíptica, me dije. El mundo se va al carajo de maneras épicas, por mucha pareja que haya, está claro que romántica no va a ser.
Y efectivamente, la cosa no parece que vaya precisamente de romanticismo... o al menos durante los diez primeros minutos de película. Y es que encima lo hacen a mala uva, porque yo ya estaba tan tranquila, convencida de que iba a disfrutar de dos horas y media de efectos especiales y monumentos yéndose a la mierda entre terremotos y tsunamis, y de pronto me aparece en pantalla John Cusack.

Miro la pantalla. Miro el ticket de la entrada. Compruebo que no me he equivocado de sala. Y vuelvo a mirar la pantalla. John Cusack sigue ahí, y ahora acompañado de una ex mujer y dos hijos.

No puede ser. No puede ser que John Cusack, que sólo protagoniza comedias románticas, esté saliendo en una película de acción apocalíptica. Esto no está sucediendo, simplemente porque si llegara a suceder el universo implosionaría, y no veo nada implosionando. Está claro que se han confundido de película, y me están poniendo una versión remasterizada de Alta Fidelidad, o algo por el estilo. O de pronto me despertaré en mi cama, y todo habrá sido un mal sueño.

Pero la peli prosiguió, y ni John Cusack moría ni yo parecía despertarme de la pesadilla.

Y los minutos iban pasando, y todo se iba volviendo más rosa, y las burbujas shojo no aparecieron porque no era de recibo que con tanta lava quedaran cerezos vivos por ahí danzando. Vale que las escenas de destrucción y caos estaban muy logradas, y vale que había momentos de tanta tensión que casi me tiraba de los pelos. Pero el total de minutos de película en el que se ve el mundo yéndose a la mierda no llega a diez, en una película de dos horas y media. Personalmente, yo me esperaba más.

Película previsible, en la que los personajes que van a morir llevan la pegatina de "cadaver" desde el momento en el que aparecen en pantalla. Facilona, tira del sentimentalismo de la familia intentando salvarse para enganchar al espectador, en una película en la que el drama social - joder, que estamos hablando del puto fin del mundo - podía haber sido de cualquier tipo, y no tenía por qué haberse reducido a la sensiblería de un tópico demasiado manido para mi gusto, por mucho que siempre funcione.

Con todo, la película me gustó, aunque salí con mal sabor de boca - por la pareja que tenía delante, que no había parado de darse el palo ni un momento, y por el cabronazo de John Cusack, que me había obligado a ver una peli ñoña en vez de la que creía que iba a ver -. Para ser más de lo mismo la verdad es que es entretenida, sobre todo las partes en las que el mundo se parte por la mitad - unos cinco minutos en total -.
Por no mencionar el detalle hilarante de que sale un personaje que "es" Paris Hilton, con perrillo incluido y todo.
Y el loco de la emisora de radio vale su peso en oro.

¿Conclusión? Película palomitera sin demasiadas ambiciones, entretenida, con momentos de tensión bien conseguidos, y una trama romántica totalmente fuera de lugar que nos recuerda que, tratándose de John Cusack, uno no puede librarse de la comedia romántica ni que se ponga a hacer la tercera de 28 días. Recomendable para ir a verla con los amigos, y echarse unas risas. Con ella, que no de ella.

1 comentario:

  1. Gracias por el aviso, no suelo llevar palomitas al cine (las dejo en el palomar), pero en este caso las llevaré para que se diviertan

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