14 de julio de 2010

¿Y ahora yo qué hago?



Tengo una pequeña duda que plantearos.

Imaginaos que, por avatares de la existencia, lleváis nadando en un océano inmenso, del que no sabéis absolútamente nada, una cantidad ingente de tiempo. Tanto tiempo que ya ni recordáis qué se supone que hacíais con vuestra vida antes de estar nadando.
Cada vez que parece que avistáis tierra firme, o es un espejismo o la isla, según llegáis a ella, misteriosamente se hunde bajo las aguas, y tenéis que volver a nada de nuevo, porque es obligatorio seguir moviendo brazos y piernas, aunque sin saber exactamente hacia dónde o por qué.
El agua de este océano, además, tiene la propiedad de volverse más densa cuanto más cansados estáis, y curiosamente, los periodos de descanso en las islas antes de que estas se hundan, ojo al dato, no os hacen sentiros más descansados, sino bastante más exhaustos, cuando el suelo se hunde bajo las aguas y debéis comenzar a nadar de nuevo.



Con esta premisa planteada, imaginad ahora que, mientras manoteáis con fuerzas sacadas ya no se sabe de dónde, planteándoos seriamente dejar de moveros y permitir que las aguas os engullan, veis recortado en el horizonte un pequeño pico montañoso.
Es tierra, eso es indudable. Y no parece estar demasiado lejos, quizá si hacéis un último esfuerzo logréis llegar a la orilla antes de que las fuerzas os abandonen.



Todos vuestros músculos os duelen hasta tal punto que sabéis que jamás podrían volver a moverse si dejáis de nadar, ya sea porque os rendís en ese momento, o porque llegáis a la isla. Y ni siquiera es seguro que alcancéis la playa, tal y como os encontráis ahora... por no mencionar que todos los islotes anteriores se hundieron poco después de poner pie en ellos.

Lo más seguro es que acabéis bajo el océano, hagáis lo que hagáis.

Y sabéis que intentar alcanzar la isla a nado os producirá tal dolor que quizá deseéis estar muertos incluso antes de ahogaros.
Por no mencionar la desesperación que se apoderará de vosotros si, en el supuesto de que alcanzáseis la isla, esta comenzara a hundirse como han hecho todas las demás antes de ella.


Decidme, con esto planteado... ¿Nadaríais vosotros hacia la isla?



...

Desgraciadamente, pese a que sé que no soy ni lo suficientemente buena como para lograr llegar, ni tengo la suerte suficiente como para dar con el único suelo firme del océano, la pasta de la que estoy hecha me empuja hacia adelante.

No es que yo nade, es que mi cuerpo me obliga.

Maldito hijo de puta. Le encantan las causas perdidas.

Todas las otras veces que me la jugué a una sola carta sabiendo que las posibilidades de éxito eran practicamente nulas, obviamente la estadística triunfó sobre la fuerza de voluntad o los buenos sentimientos.
Hablando en plan Hari Seldon, con la estadística se puede predecir la historia del mundo o de un individuo, así que hay que hacerle caso cuando te dice "no hagas esto".

Pero a mi me mola más ir a mi bola.

Y así me va.

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