7 de diciembre de 2010

Gatuno is in da house


Hace un par de semanas, la noche del 22 de Noviembre más concretamente, recibí un sms de un número que no tenía en la gúia, de una tal María, que decía que había salvado un gato de ser comido por un perro y que Koke le había dicho que yo quería adoptar uno, que si me lo quería quedar.

Yo llevo una temporada larga queriendo adoptar un gatito y/o un perrito, pero por motivos económicos no podía hacerlo. Cada vez que aparecía un evento de gatitos o perritos en adopción en el facebook Adrián y yo nos tirábamos con la cara larga toda la tarde.
Pero hete aquí que, cuando esta chica me mandó el sms, estábamos bastante cerca de lo que podría llamarse la salida del túnel. Había empezado a trabajar esa misma semana, y algunas cosas que antes no podíamos ni pensar en hacer comenzaban a ser posibles.

Como poder comprar una cuña de queso gouda, por ejemplo.

Pero aún quedaban dos semanas, es más, un mes y medio, para que pudieramos decir que habíamos salido del bache... Así que, de primeras, le dije que no al gatito.

Y una de dos: O esta chica SABÍA que si seguía insistiendo yo iba a terminar diciendo que sí - ¡los gatos son mi criptonita! >.< -, o era más plasta que la media de españoles - que es bastante, todo sea dicho.
El caso es que siguió dale que dale. Que la - porque era gata - pobre estaba pasando el día en el veterinario, pero si nadie la quería iba a tener que llevarla a un albergue y la iban a sacrificar, que no la habíasalvado de que se la comiera un perro para luego dejarla morir, que me la quedara aunque sólo fuera hasta que encontrase alguien que quisiera tenerla, que pagaba ella todo lo que la gata necesitara mientras estuviera en mi casa...

Cuando dijo lo de "quedármela hasta que encontrase dueño" me pareció razonable, porque no podía quedarme a la gata, pero tampoco quería que se muriera. Así que le dije que aún tenía que hablarlo con la otra mitad del consejo de sabios, y llamé a Adrián para comentarle la jugada.
Él - muy pesaroso, todo sea dicho - me hizo entrar en razón explicándome que si casi no teníamos ni para comer, no podríamos hacernos cargo de un animal, que lo sentía mucho pero que no podía ser.
Yo en aquel momento estaba en el trabajo, y casi me echo a llorar cuando me dijo aquello. Vale que tenía razón, pero jo...

La tercera embestida de la chica convenció también a Adrián. Bueno, si realmente lo pagaba todo, nos la podíamos quedar, pero nada más que quince días, si pasado ese tiempo la gata seguía sin dueño, podíamos llevarla al albergue y volver a por ella en un mes, si aún no la habían adoptado. Pero nada más.

...

Llega la tal María a mi barrio con una gatina que ni tenía pinta de haber sido atacada por un perro ni de estar muriéndose, con todo lo que se supone que un gato sano debe tener, y todo en su sitio.


Yo comencé a pensar que me la habían colado, pero tampoco iba a negarme ahora que me daban una gatina desparasitada y que había dado negativo en leucemia e inmuno gatuna, y que venía como la barbie divorciada, con el set completo: Cartilla de vacunación, una bolsa de comida de nosecuantos kilos, una de arena de cinco, un moisés para gatos, un bol de comida, una caja para la arena, y veinte euros "por si sucedía algo".
Total, sólo era por un par de semanas... Por mucho que me hubiera mentido como una cosaca para que me quedase con la gata, tampoco pasaba nada...


La gata, según llegó al piso, decidió que ahí se estaba de maravilla, porque comenzó a ronronear y no paró en su buena media hora. Ni extrañó el sitio, ni extrañó a la gente, ni extrañó nada. Se dedicó a explorar sus nuevos territorios como Pedro por su casa, mientras yo intentaba por todos los medios que María - a partir de ahora "la que me la coló con todo el equipo" - se fuera, porque había sido un día muy largo y quería descansar. Luego me dediqué a hacer un poco de ejercicio y a leer un rato, siempre manteniendo las distancias con el félido de marras, que no quería tomarle mucho cariño. Para acelerar el proceso de adopción le hice una foto y la subí a mis cuentas de facebook y tuenti, puse una entrada en el blog, en twitter...


Y de pronto Adrián llegó a casa del trabajo.


La gata estaba hecha una bolita sobre el edredón que tengo en el sofá, y el otro bicho, el que llegaba a casa en ese momento, pasó olímpicamente de mi y se fue para el sofá para acariciarla y murmurarle lo guapa y lo peluda que era - pasa demasiado tiempo conmigo, está demostrado -.
A mi me pareció una monada, pero quizá un poco excesivo para un gato que íbamos a tener sólo durante quince días...

Hasta que Adrián levanta la cabeza, me mira y suelta: "Nos la quedamos".


Ah, bien. O sea que yo casi me pongo a llorar en el curro porque "la voz de la razón" me había convencido de que no podíamos quedarnos con el puto gato, ¿y según lo ves se te hace el culo gaseosa?
No me extraña que se diga que los hombres se quedan atascados en los 14 años toda su vida...

Hicimos cuentas - y juro por Dios que el Adrián que me había hablado por la mañana y el que me hablaba en aquel momento NO eran el mismo-: Teníamos comida y arena para un mes, la gata tenía dos meses y medio, y podíamos esperar a los cuatro meses, cuando tuviésemos dinero, para comenzar a vacunarla. Todo lo demás estaba cubierto. ¿Por qué no quedárnosla?

Así que, a las once de la noche, tuve que llamar a María para decirle que por Dios quitara los anuncios de "gata en adopción", y quitar yo misma los eventos que había puesto por la web. Muy feliz, por cierto.


Total, que tengo una gatina - o la gatina tiene dos humanos, depende cómo se mire -, a la que rebauticé Midna - antes Yoruichi, antes Tomasa -, y que pasó la primera noche durmiendo en la cama hecha una bola en mi nuca, sin maullar y sin extrañar ni nada.


Y por ahora la minina, aparte de pasar frío, parece más feliz que un regaliz. Además de la comidita, le damos golosinas - jamón de pavo, chorizo de pamplona, yogur todas las noches... - de vez en cuando, y jugamos con ella por las mañanas y las noches. Y la mimamos mucho, mucho, mucho...


La única pega es que, igual que el resto de habitantes de la casa, la gata se pasa la mayor parte del tiempo helada y buscando puntos donde haga un poquito más de calor. Pero eso se arreglará en cuanto me mude a un piso con calefacción, así que por lo pronto estamos muy bien los tres.

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