30 de octubre de 2012

Una gorda en shinkyokushin

Quiero contaros una experiencia que he vivido este fin de semana. La cosa va a ser larga así que voy a dividirla según el criterio que me parezca más oportuno mientras escriba. Esto va a ser una pequeña introducción.

...

Mi novio se apuntó hace dos años a una variedad de karate llamada kyokushinkai - o Shinkyokushin, o Shinkyokushinkai, dependiendo de la federación con la que estés hablando -. Fue el típico caso del amigo pesado que a base de dar la murga consigue convencer a su presa.

Mi niño, que no es influenciable en gracia de Dios, acabó más enganchado al arte marcial que su amigo - que de hecho lleva casi un año sin pasarse -. En concreto se ha involucrado mucho en la buena marcha del dojo: Ayuda en la organización de los torneos, siempre se ofrece voluntario para cualquier cosa que haya que hacer, va a todas las convivencias y seminarios...

Precisamente en el tema de convivencias y seminarios me quedo: El fin de semana pasado hubo una especie de seminario/convivencia en Lorca impartido por Jose María Miñarro - que vosotros no sabéis quién es pero podría partiros el alma con solo daros la mano - y - juro que me lo presentaron así - "Senpai Paco Pepe", un señor que aunque ya está retirado de la competición, llegó a ser quinto del mundo en esa variedad de karate.

En el dojo de Madrid querían alquilar un autobús para ir todos. Si conseguían que se llenara, dijeron, el precio del viaje - porque el seminario era gratis - se reducía a la mitad, y a una semana del curso resultó que faltaban 10 plazas para llenarlo, así que el shihan - si oís que se refieren a alguien con ese nombre deberéis respetarle MUCHO - preguntó si algún familiar o amigo de los que iban podía apuntarse de acompañante para llegar a 50 y que el viaje costara menos.

Así que el listo de mi novio me convenció para que fuera. Que no sé para qué, porque igualmente el bus no se llenó y yo ese fin de semana tenía MUCHAS cosas que hacer. Pero una vez que dije que sí me sabía mal echarme atrás. Así que el viernes por la noche llené la maleta con las cosas de los dos, partí hacia Alcorcón - donde está el dojo del que hablo - y junto con 41 personas más cogí un autobús en dirección a Lorca para pasar dos días aburrida haciendo fotos mientras pensaba en todo lo que debería estar haciendo en Madrid.

Con lo que yo no contaba era con que la única persona que iba de acompañante además de mí pensaba asistir al curso, no ir de miranda. Y yo, que para según qué cosas no tengo sentido común ni sé de qué color es, pensé que no iba a ser yo menos que ella. No llevaba sujetador deportivo, pero sí llevaba chandal, así que por qué no...

Así que una treintañera de metro sesenta y tres de altura y noventa y cinco kilos de peso, con casi ningún fondo físico y sin experiencia en artes marciales, decidió asisitir a un seminario de kyokushinkai - el karate más bestia de lejos - centrado en la competición.

Superbien.



En la próxima entrada, fotejos y un resumen del curso.

Ah, y si queréis saber más del budo, el karate, el Shinkyokushinkai y la madre que lo parió, os recomiendo esta entrada de Crisis Creativa que mi novio escribió un día que estaba inspirado. No os dejéis influenciar por que sea "ese" blog, la entrada en concreto es muy buena.



4 comentarios:

  1. Y NI TAN MAL, EH?!

    ¡¡Que coño, si curraste más que algunos blancos!!

    Ole mi nena, que cojonazos tiene!

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  2. Sigo pensando que hice más el ridículo que otra cosa, pero en fins. Mi papada y yo pasamos un buen finde.

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  3. Osu!!

    Que grande tu novio y tu. Yo no pude ir x problemas en casa soy un tercer kyu amigo de Adrian y tan flipado del kyoku como el.

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  4. Por lo que he leído es uno de los pocos estilos de karate que siguen siendo tradicionales, si no me equivoco, así que normal que sea más "duro".

    Como le cojas el gustirrinín... XD

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