24 de junio de 2013

Sepulveda 2013

Este fin de semana acudí a mi primer curso de kyokushin en toda regla, con kimono y protecciones y toda la parafernalia - aunque las protecciones de pecho y yo aún tenemos una relación de amor-odio muy complicada de explicar -. Fuimos a Sepúlveda, donde las Hoces del Duratón, solo que no fuimos a hacer turismo precisamente. Nos alojamos en un albergue que hay en la falda del puñetero monte Atlas donde está colocado el pueblo, y desde el viernes por la noche cuando llegamos hasta el domingo por la tarde cuando nos fuimos, basicamente no paramos de entrenar. Lo cual tiene bastante sentido, porque era un curso de fin de semana de entrenamiento de competición.

¿Sabéis estos días que uno hace tantas cosas que le parece que ha pasado más de un día? Pues fácilmente pude haber estado en Sepúlveda una semana, de la cantidad de cosas que hicimos.

Podría escribir media docena de blog con las cosas que hicimos, la gente que conocí, los que ya conocía y volví a ver, lo inspiradores que fueron los monitores, la camaradería de la gente, y todo lo que experimenté, pensé y sentí durante el fin de semana. Pero la mitad de las cosas resultarían aburridas de leer, y otras se convertirían en absolutas chorradas en cuanto las pusiera por escrito, así que ya veremos qué escribo al final.

Antes de poner en orden las cosas para escribir algo coherente y apetecible de leer voy a comentar qué me pareció el curso, mi opinión personal como cinto blanco con la peor forma física que hayáis visto nunca en vuestra vida en un practicante de karate.

Y lo que pienso es que no debería haber ido ni loca, pero que no me lo habría perdonado si no hubiera ido.

Fue mi primer curso en regla de este tipo, y supongo que al final terminan siendo todos un poco lo mismo, aunque siempre es una oportunidad de ver a compañeros de dojos de fuera de Madrid,  pasar un buen rato y entrenar un poco más fuerte de lo habitual, pero claro, ya sabéis que las primeras veces son las que más lo marcan a uno, y la verdad es que me tiré todo el fin de semana pensando que no debía estar allí. Simplemente no tengo suficiente nivel para estar en el mismo saco que la gente que fue al curso, en serio, hasta el niño de 12 años me dejaba atrás. Y las charlas motivacionales de los instructores... bueno, no tenía muy claro si yo podía incluirme entre los destinatarios de sus palabras. Pero como ya estaba allí y no podía volverme a Madrid hasta el domingo por la tarde - y encerrarse en la habitación no era una opción porque a) no se podían cerrar las puertas con llave, y b) compartía cuarto con siete de las ocho mujeres que fueron al curso además de mi - decidí que por el mismo precio podía fingir que era parte de aquello.

Y chicos, he de decir que quiero más. No puedo apenas moverme, creo que tengo una lesión bastante fea en las lumbares, no hay un solo músculo del cuerpo que no me duela, pero qué queréis que os diga, la experiencia ha sido fantástica, la gente ha sido fantástica, las vistas han sido fantásticas, las gramíneas han sido fantásticas... todo ha sido realmente genial. Aunque sea ese tipo de "genial" de las cosas que te gustan una vez han terminado pero matarías por huír de ellas mientras las estás viviendo.

Solo espero que para el próximo esté en mejor forma y no vaya muriéndome por las esquinas tan a menudo.

A ver si mañana cuento un poco cómo fueron las actividades.

Saludos.



1 comentario:

  1. Parece duro, no te tengas en tan baja estima, que hay que tener mucho valor para estas cosas, y lo digo como vaga profesional que soy XD

    ResponderEliminar